Reseñas: Los Vengadores: Omnigold 7: “¡Vengadores, Reuníos!” (1975-1977)

El séptimo tomo recopilatorio de la colección de los Vengadores, pone punto final a la etapa guionizada por Steve Englehart. Ni más ni menos que durante tres tomos se ha alargado la etapa, una de las más extensas por un mismo autor en los setenta en Marvel.

Al final de la estupenda saga de la Madonna Celestial, hacía su entrada George Tuska a los lapices. Un Tuska que sigue ahí en el tramo inicial del presente tomo, y lo hace formando equipo con un nefasto Vince Colletta, completando entre ambos un trabajo grafico francamente pobre. Si a eso le sumamos el regreso del Steve Englehart más anodino, tenemos como resultado un conjunto de historias que dejan bastante que desear.

Tras la pérdida de Mantis y el Espadachín, sumado a la baja temporal de la Visión y la Bruja Escarlata, que están disfrutando de su luna de miel, los Vengadores se ven en la necesidad de reforzar sus filas.

Los tres Vengadores en activo, Thor, Iron Man y Ojo de Halcón, ponen hilo a la aguja y rápidamente logran reclutar nuevos miembros. Dragón Lunar, que ha estado ayudando al grupo en las últimas aventuras, es la primera cara nueva en engrosar las filas del grupo. Chaqueta Amarilla y la Avispa, por su parte, regresan al grupo, mientras que la gran sorpresa y segunda cara nueva, es el estreno como vengador de la Bestia, el ex de la Patrulla-X, ahora convertido en una auténtica bestia peluda.

Englehart, que siempre gusta de reutilizar personajes y montar crossovers entre las colecciones que guioniza, coloca así a un superhéroe del que se había estado ocupando en la ya concluida serie propia del mutante, en Amazing Adventures.

Pero lo más llamativo de todo ello está en el carácter de la Bestia, al que Englehart decide darle la vuelta como un calcetín. Lo que inicialmente era un personaje orientado hacia el terror, desequilibrado y marginado, pasa a ser la alegría de la huerta. La Bestia es ahora sinónimo de buen humor y diversión, y podemos asegurar que Englehart aquí dio en el clavo.

La parte escrita, por desgracia, es otro cantar. Diálogos un tanto pueriles y comportamientos muy básicos como los casos de Thor cantándole a Dragón Lunar que es una aliada muy bella, y Iron Man lanzándole piropos a la misma.

Tampoco Dragón Lunar parece bien definido como personaje, mientras que el recurso de los disfraces de la Bestia es bastante tontorrón.

En cuanto al primer villano, no va a la zaga. Que un personaje tan insignificante como el Sapo sea la amenaza a batir, ya dice mucho del guion. Pero que descubramos que tiene la capacidad de transformar su cuerpo, y que encima lo haga haciéndose pasar por el Extraño, da buena cuenta de la flaqueza de ideas.

La continuación no mejora las cosas. Aparece Torbellino sin venir a cuento y rapta a la Avispa, mientras un sobreactuado Chaqueta Amarilla entra en cólera.

El último número dibujado por George Tuska al menos es digno.

La Bestia va en busca de un suero de su invención que cura las mutaciones, con el fin de aplicárselo a un Chaqueta Amarilla que no para de crecer.

Llegamos al momento en el que el apartado gráfico incorpora a un artista que nos dará grandes alegrías durante los próximos años. Se trata de George Pérez, que entra como dibujante, aunque por desgracia lo hace también acompañado por Vince Colletta.

Entre que Pérez empieza un poco verde y que Colletta sigue en sus trece de desgraciar todo lo que toca, que los dos primeros números dejan mucho que desear a nivel visual.

El grupo vuelve a crecer con las incorporaciones de la Visión y la Bruja Escarlata, además del Capitán América. Pero Englehart vuelve a traerse otro personaje producto de sus guiones en la serie de la Bestia. En realidad, un personaje que él mismo rescató de las arcas de Marvel, Patsy Walker, la “heroína” del cómic romántico de la Timely.

Recuperar personajes olvidados es uno de los deportes favoritos de Englehart, y es que el de Patsy Walker no es el único ejemplo en el presente tomo. El guionista también se trae del pasado ni más ni menos que a los cinco principales héroes del salvaje oeste marveliano: Rayo Kid, Dos Pistolas Kid, Kid Colt, el Jinete Nocturno y Ringo Kid.

Pese al todavía bajo nivel gráfico, el apartado argumental recupera enteros gracias a dos tramas que se desarrollan de forma simultánea.

Por un lado, Ojo de Halcón desaparece tras subirse a la Máquina del Tiempo del Doctor Muerte. Recordemos que el artefacto está en posesión de los Vengadores. El grupo sospecha que Kang vuelve a estar detrás de la desaparición, así que Thor y Dragón Lunar deciden ir tras él con la ayuda del otro viajero del tiempo, Immortus. El destino cronológico no es otro que 1873, en plena era del salvaje oeste.

Por otro lado, el resto de Vengadores investigan una alianza entre la petrolífera Roxxon y la Corporación Brand, lo que desembocará en otro viaje, pero en este caso a otra dimensión. Concretamente a la Otra-Tierra en la que vive el Escuadrón Supremo, el grupo ya conocido por los lectores de los Vengadores, que aquí está al servicio de la Roxxon y la Brand.

De esta forma, tenemos a dos porciones de los héroes más poderosos de la tierra viviendo dos lances en paralelo, y en ambos casos fuera de la realidad del presente.

Los ingredientes propios del género de la aventura son garantía de diversión y entretenimiento, así que, definitivamente, la etapa Englehart resurge. Al menos en lo que respecta a su capacidad para entretener, porque a los guiones no les faltan debilidades y los diálogos no son lo que se dice muy maduros.

La verdad es que el contraste entre los tópicos del western (vaqueros, asalto al tren, forajidos…) y ver Kang por el medio instalado en su futurista base, es de lo más adrenalínico.

En el apartado gráfico, Sam Grainger y Mike Esposito completan entintados mejorables, pero aquí sí que ya poco puede importar puesto que el dibujo de George Pérez empieza a brillar en todo su esplendor.

Finalizado el hilo del viaje en el tiempo, Englehart decide meter a uno de los pistoleros, Dos Pistolas Kid, en la máquina del tiempo y meterlo en continuidad a fecha actual. Ojo de Halcón, cautivado por la vida en el oeste americano, se queda con el vaquero en Arizona, abandonando así a los Vengadores.

De forma paralela transcurre la trama que enfrenta al resto de los Vengadores a los mandamases de la alianza Roxxon-Brand, Hugh Jones y Buzz Baxter, respectivamente.

Otra aventura de lo más entretenida, en buena parte gracias a algunos caramelos. Por un lado, tenemos el nacimiento de una nueva superheroína, aunque en realidad no tan nueva. En los almacenes de la Corporación Brand, los héroes dan por casualidad con el uniforme de la Gata, la primera identidad superheroica del personaje ahora conocido como Tigra. Patsy Walker se lo enfunda y nace así la Gata Infernal. Curiosamente, la nueva superheroína pasa a combatir como si lo hubiera hecho toda la vida.

Luego, tenemos la esperada batalla entre los Vengadores y el Escuadrón Supremo, apasionante a los lápices de Pérez. Un enfrentamiento que tiene mucho de emblemático si lo leemos en clave Vengadores Vs. JLA, o incluso Marvel Vs. DC. Recordemos que el Escuadrón Supremo está inspirado en la JLA.

La batalla final, ya de nuevo en nuestra Tierra y ya con Thor y Dragón Lunar reincorporados, no le va a la zaga en espectacularidad.

La saga es realmente disfrutable, pero hay que reconocer que hay cierto desorden en el guion y algunos elementos poco definidos.

La obsesión de Englehart de conectar las colecciones por las que ha pasado, también lleva al presente arco a coger un hilillo de continuidad de la saga de la Corona Serpiente vivida en Capitán América. Pero francamente, considero que la dichosa Corona está metida aquí un poco con calzador, y su relevancia acaba diluida como un azucarillo.

Por otro lado, Dragón Lunar le calienta la cabeza a Thor con un discurso supremacista más propio de un villano que de un héroe. Ignoro a dónde quería ir a parar Englehart, pero resulta cuanto menos chocante.

También sorprende la amenaza a modo de final que lanzan los dos magnates para derrotar al grupo. Se trata de Orka, villano recuperado de la colección de Namor, que aquí ve multiplicado su tamaño de forma notable, quizás para intentar hacerlo más amenazador de lo que en realidad es.

En todo caso, detales que no empañan el disfrute de la saga. Lo que viene ahora ya es arena de otro costal.

Tony Isabella, con la ayuda de Don Heck y Keith Pollard, se encarga de escribir una aventura en dos números a la que el calificativo de relleno se le queda corto.

Básicamente, porque los dos números van totalmente por libre. Los personajes que intervienen, especialmente Ojo de Halcón, anulan cualquier posibilidad de encajarlos en el punto cronológico en el que se encuentran, ni en ningún otro.

Y, francamente, se los podían haber ahorrado porque son un auténtico horror. Me atrevería a decir que son lo peor en lo que llevamos de trayectoria de los Vengadores.

La despedida de Steve Englehart de los Vengadores trae consigo otra profunda remodelación del grupo que sirve de excusa para la celebración del número 150 de la colección.

Pero lo cierto es que el mencionado número conmemorativo termina resultando un pegote fruto de los plazos de entrega, no sabemos si los de Englehart o los de Pérez.

La idea no es mala. Los Vengadores necesitan certificar quien está en activo y quien no, y para ello montan la habitual reunión. La diferencia está en la forma de narrarla, a modo de entrevistas televisivas, con el canal de noticias emitiendo en directo y su equipo periodístico atento a posibles filtraciones de la sala.

Desde luego, Englehart no deja a nadie indiferente con algunas de las reacciones. Empezando por Thor, que acaba comprando el relato supremacista de Dragón Lunar, y abandona el grupo porqué, como dios que es, el grupo le viene pequeño. Tras tantos años en el grupo, al asgardiano ahora le da por ahí. En fin.

Pero cuando le toca el turno de responder la pregunta al Capitán América, aparecen de golpe un montón de páginas reeditadas del clásico número 16 de la colección y nos quedamos en ascuas. Un faenón, pero la verdad es que hasta parece hecho a posta siguiendo símiles televisivos. El clásico: “…no respondas ahora Capi, hacemos una pausa para publicidad y volvemos en unos minutos…”

Por supuesto, el número que le sucede incluye las páginas que deberían haber completado ese número 150.

Dragón Lunar también se marcha, con su discurso altivo, y hasta se permite el lujo de decidir por la pobre Gata Infernal. Patsy estaba ilusionada en quedarse, pero la calva de Titán le suelta, de malos modos, que ni hablar, que no está preparada y que se viene con ella, que necesita aprender de una diosa. ¡Y la Gata acepta!

Curioso, pero parece que Englehart esté obcecado en hacer de Dragón Lunar el superhéroe que despierte más antipatías hacia los lectores.

Finalmente, el grupo queda formado por Iron Man, Capitán América, Bruja Escarlata, Visión, Chaqueta Amarilla, Avispa y Bestia. Todo ello difundido como poco menos que la noticia del año, para lo que en realidad es un grupo cuya gracia está, precisamente, en que sus miembros van y vienen cada dos minutos. Pero bueno.

Adiós a Englehart, turno para Conway.

Gerry Conway, que ya había guionizado parte del número anterior, se convierte en guionista de una de las pocas series clásicas que todavía no habían caído en sus manos.

El guionista empieza fuerte trayendo de la muerte al Hombre Maravilla, un malogrado villano de los primeros tiempos, cuyas pautas cerebrales sirvieron luego de modelo para la creación de la Visión.

El misterio de la resurrección del Hombre Maravilla marca un arco que tiene a John Buscema como artista invitado en un par de números. Un arco que integra el anual número 6 de la colección, de nuevo ya con George Pérez.

Conway vuelve a echar mano de la Corona Serpiente, en esta ocasión en posesión del Láser Viviente. También recupera al Zumbador, el supuesto padre de Wanda y Pietro, que acaba bajo el control de la Corona, lo mismo que el Hombre Maravilla. Y, por último, la gran amenaza a la que deben enfrentarse nuestros héroes es Nuklo, el hijo mutado del Zumbador, también ya conocido por los lectores.

El magnífico trabajo gráfico y el misterio por el regreso del Hombre Maravilla sostienen en gran parte el arco. Porque el guion parece producto de la improvisación, sin un rumbo claro.

El anual viene complementado con una prescindible historia corta protagonizada por la Visión.

Mejor está el crossover junto a Super-Villain Team-Up, la serie coprotagonizada por Namor y el Doctor Muerte.

Attuma pretende enfrentar a los Vengadores a su archienemigo, Namor. Su finalidad, como no, es la conquista del mundo con la ayuda de su ejército. Cabe mencionar aquí la presentación de Tyrak, un poderoso atlante al servicio de Attuma.

La batalla final es un todos contra Attuma. Es decir, los Vengadores, Namor, el Doctor Muerte y hasta el Zumbador, que sigue por ahí, y el Hombre Maravilla que, lejos de ser reconocido como Vengador oficial, anda todavía desorientado tras su resurrección. No está nada mal.

El número que cierra la corta etapa guionizada por Gerry Conway, tiene la mala suerte de contar con los lápices de Don Heck, que realiza uno de sus habituales malos trabajos.

Un número francamente flojo en el que, lo que parece ser el Caballero Negro convertido en piedra, se dispone a aniquilar a los Vengadores.

Jim Shooter se presenta.

El hombre que estaba a punto de revolucionar la editorial, en su cargo de editor, inicia aquí su etapa como guionista. Una etapa que dará grandes frutos pero que, por el momento, en este tomo tan sólo promete.

Sal Buscema alarga un poco más la inestabilidad en el apartado gráfico con dos números, justo antes de que George Pérez se acomode de nuevo en el puesto.

El primer adversario de esta nueva etapa, y primera creación de Shooter, es Gravitón. Un tipo capaz de controlar la gravedad de cualquier objeto es como un Magneto sin la limitación de los metales, así que la amenaza que deben afrontar los Vengadores no es menor.

Thor y la Pantera Negra acuden al rescate del grupo en una aventura que no me parece menor.

El siguiente arco tiene más miga. Shooter decide entrar de lleno en la tensa relación entre la Visión y el Hombre Maravilla, y lo hace de una forma bastante pintoresca. Eric Williams, alias el Segador, hermano de Simon Williams, alias el Hombre Maravilla, entra en escena capturando a los Vengadores con asombrosa facilidad. Su problema está en que le sobra un hermano. Recordemos que la Visión tiene las pautas mentales de su verdadero hermano. Así que uno de los dos, la Visión o Simon, debe morir, y para decidirse, el Segador organiza un juicio en la base misma de los Vengadores, en la que los implicados testificarán y él dictará sentencia. Un Segador que en el juicio no da una, el pobre, quedando como el tonto útil de la función.

La verdad es que el planteamiento es un poco ida de olla, pero ya solo por el repaso a las clásicas sagas de la Visión, el Hombre Maravilla, Hank Pym y demás, creo que la historia lo vale. También por el esplendoroso arte de George Pérez, por supuesto.

Supongo que la intención de Shooter era dar carpetazo al asunto de la resurrección de Simon Williams. Ignoro cuál era la idea de Englehart, pero lo de colgarle el muerto al Segador, como artífice de ello, me suena a solución improvisada.

Casualidad o no, el siguiente arco trae de vuelta al eslabón que faltaba en la cadena de la histórica saga que confluye en la Visión: el mismísimo Ultrón.

El terrorífico robot manipula la ya inestable mente de su “padre”, Henry Pym, para que le ayude a dotar de vida a una novia que se ha fabricado. Un robot con aspecto de fémina al que Ultrón pretende que Hank, vestido con su viejo traje de Hombre Hormiga para la ocasión, traspase la mente de la Avispa.

Thor vuelve a ser quien acude al rescate. Nadie diría que hace nada el asgardiano se despidió del grupo, porque desde entonces no hace más que venir a salvar el culo a sus amigos.

La cuestión es que el arco es notable, y el dibujo de Pérez ya está dando lo mejor de sí.

El tomo finaliza con otro claro fill-in que vuelve a interrumpir la creciente trayectoria de la colección. George Tuska vuelve a ser el encargado de bajar el listón gráfico en un número muy flojo que enfrenta a Iron Man y a los Campeones. El olímpico Tifón es el malo a batir.

Conclusión.

Este séptimo volumen ciertamente es bastante irregular. Al lado del sexto, diría que está por debajo en su conjunto, puesto que aquel incluye el grueso de lo mejor de la etapa Englehart.

Pero entre la doble saga de Englehart en el oeste y en la tierra del Escuadrón Supremo, buena parte de la etapa de Shooter, e incluso el regreso el Hombre Maravilla y la saga contra Attuma de Conway, creo que es más que suficiente para considerar a éste un buen tomo. Sobre todo, por la capacidad de entretener de muchas de sus historias.

Es cierto que la primera parte de Englehart es floja, y de los fill-ins mejor no hablar, pero lo que siempre debe primar es lo bueno que ofrecen estos tomos recopilatorios.

El apartado gráfico es especialmente destacable, sobre todo desde la llegada de George Perez, pero también por el breve paso de los hermanos Buscema.

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15 Comments

on “Reseñas: Los Vengadores: Omnigold 7: “¡Vengadores, Reuníos!” (1975-1977)
15 Comments on “Reseñas: Los Vengadores: Omnigold 7: “¡Vengadores, Reuníos!” (1975-1977)
  1. que gran material…..recuerdo cuando leí por primera vez la saga de la contratierra (o saga de la corona serpiente) en clásicos Marvel (la antigua colección de Forum) y me quedé flipando….tanto por el dibujo como por la historia…..y me encantaba la Bestia….

  2. Tienes razón Erik, esa saga es pura adrenalina, y el dibujo de Pérez seguro que tiene mucho que ver.
    Aunque en realidad no se trata de la Contratierra sino de la Otra-Tierra, donde vive el Escuadrón Supremo.
    Salut!

  3. Era una etapa de cambios para la serie, y se nota. Pero hay por lo general buen material. Con momentos muy buenos. Periodo de transición también para la editorial, con Archie Goodwin ya muy quemado en el puesto de Editor Jefe, Jim Shooter ascendiendo al puesto de su brazo derecho (y a punto de ejecutar un Juego de Tronos con la ayuda de Stan Lee, al que el joven “Big Jim” seducirá con sus ideas para la compañía) y Marvel en serias dificultades económicas ya (aunque la idea de Roy Thomas de hacerse con la licencia de Star Wars sanearía las cuentas y le pondría las cosas muy fáciles al nuevo “dire”).
    El futuro inmediato de la colección: cómics realizados en comité, en los que indistintamente de la acreditación, las historias pasaban por varias manos, siendo habitualmente dictadas desde la propia oficina del nuevo jefazo. Sorprendente (todo se suele confabular para ir mal en estas situaciones de guiones que pasan por muchas manos, especialmente sí se incluyen las de los jefes), la cosa hasta fue bien…pero esa es ya otra historia.

  4. Lo de Thor reapareciendo “in extremis” en los momentos delicados casi como un “Deus ex machina” pese a su reciente renuncia al grupo tendrá su explicación argumental en el futuro.😈

    • Si no recuerdo mal, lo de THOR fué porque el Coleccionista lo enviaba a salvar a los Vengadores, porque él sabía que se aproximaba Korvak y quería a los Vengadores “intactos” para poder llegar hasta la batalla contra el dios loco….

      • Sí, lo “tomaba” de otro punto de la corriente temporal, por eso luego Thor, cuando sí reaparece “realmente” no recuerda esas intervenciones en las que salvó a sus compañeros.

  5. Gracias, Suso.

    Veremos a ver lo de Thor. Estas cosas ni las recuerdo.
    Pero bueno, los motivos de su renuncia son de lo más raros.

    La vedad es que sorprende que Marvel tuviera dificultades económicas, porque tenían unas cuantas series de notable calidad por aquellos tiempos. Pero quizás fue cosa de mala gestión.
    También sorprende que Star Wars pasara a vender más que el resto. Lo poco que leí de la serie no me pareció que fuera nada del otro mundo.

    • Se explica durante la saga de Korvac, después de dejar pistas (Thor no recuerda algunas de esas intervenciones).

  6. Star Wars vendía por qué la gente estaba loca por las pelis (y para los chavales, a falta de droga de la buena, o sea secuelas, por las que tocaba esperar…los cómics de Marvel eran su metadona). La serie, no era precisamente de lo mejor de Marvel (más bien de perfil bajo, que empieza flojita, para luego mejorar muy de cuando en cuando).

  7. Y el mercado de los cómics ya llevaba una década achicandose (para Marvel y para DC …y los demás, que las otrora poderosas Harvey y Dell/Gold Key/Western Publishing también lo pasaban mal). No podía competir con la televisión y otros medios. Y la expansión de Marvel, así como su enorme creatividad setentera, pese a la calidad muy pocas veces se vio recompensada con el favor mercantil (estaban ganando las batallas y perdiendo la guerra … muriéndose de éxito, endeudándose para seguir creciendo …y viendo cómo sacasen lo que sacasen el mercado se reducía cada dos años). Star Wars y las “direct sales” (el creciente mercado de librerías especializadas) fueron la tabla de salvación, pero una era estaba desapareciendo (y por poco no lo cuentan).

  8. Por suerte se recuperó de camino a los 80. Y aquí sigue todavía Marvel y demás a dia de hoy. Y pensar que en uno de sus mejores momentos nos pudimos haber quedado sin nada…

    • Pues sí, estaban en su mejor momento creativo hasta entonces, pero a punto estuvieron de echar el cierre. De hecho, lo de abrirse a otros géneros (terror, artes marciales, espionaje, blaxploitation,…haciendo seguidismo de las modas cinematográficas) y volver a tirar de licencias ajenas (como en tiempos de Timely) fue porque ya nada funcionaba como antaño, ni siquiera ya Spidey y los 4F (todavía los buques enseña por delante de los mutantes de Claremont). A DC le estaba pasando lo mismo. Y ambas se plantearon el cierre.

  9. Ostras, no sabia esto….si hubiera sido así, no hubiéramos tenido las Secret Wars, ni el Thor de Simonson, ni los 4 F de Byrne, ni el DD de Miller….buffff, sólo de pensarlo…….tremendo……y por no hablar de los mutantes de Claremont….

  10. Por la época de estos últimos cómics Marvel probaba suerte hasta con el cómic religioso. Me parece que Francis Brother of the Universe (biopic sobre San Francisco de Asís) es precisamente del ’77 (John Buscema).

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