Cineclub Marvel: The Amazing Spider-Man 2. El poder de Electro (2014)

Aunque polémica, la ruptura del reinicio arácnido hace tres años con la saga anterior fue sobre todo aparente, quedándose bajo su novedosa superficie a medio camino entre el prometido nuevo comienzo y un remake encubierto. Una falta de personalidad comprensible, improvisándose sobre la marcha a partir del abortado embrión de Spider-Man 4. Por el contrario, ésta nueva entrega es la primera de las cinco adaptaciones cinematográficas existentes de nuestro amistoso vecino producto de una verdadera planificación a medio plazo, definitivamente consolidado el nuevo modelo de universos superheroicos exportado por Marvel Studios. Y la primera también sin el impulso de la fallecida Laura Ziskin, productora ejecutiva de toda la franquicia, ni su marido Alvin Sargent, co-guionista fijo desde Spider-Man 2, consumando ahora sí el relevo generacional de la primera saga. Marc Webb ya no puede seguir escondiéndose bajo la sombra de Sam Raimi; es la hora de que haga definitivamente suya la continuación.

Continuación, que no secuela. Ambos capítulos de The Amazing Spider-Man componen un todo integrado al menos con el tercero, esperado para 2016. No engañan a nadie, cerrando este episodio a mitad de una secuencia de acción, nada nuevo para los lectores de la gran novela-río que aspira a ser cualquier serie regular superheroica. Dicha planificación implica además que Marc Webb es el primer oficial del barco arácnido, pero el capitán es su productor ejecutivo Matt Tolmach, que por algo dejó la Presidencia de Producción de Columbia Pictures en 2010 para hacerse cargo de su araña de los huevos de oro, con nada menos que el antiguo presidente de Marvel Studios, Avi Arad, como práctico a bordo.
La continuidad de la saga es absoluta, anunciándose la segunda y la tercera cintas un año antes de estrenar la primera, sobre la base de una historia de su mismo co-argumentista, James Vardelbint, escritor de las dispares Zodiac o Asalto a poder. Tampoco ofrecían un tono definido los nuevos guionistas Alex Kurtzman y Roberto Orci, productores y guionistas de Tranformers pero también de Alias, Lost o Fringe, de la que después se les uniría Jeff Pinkner, continuando la tendencia televisiva de los autores de la Segunda Fase del Universo Cinemático de Marvel Studios, como muestra de los seriales en han trascendido las franquicias superheroicas. Kurtzman y Orci acaban de disolver su equipo creativo, si bien se espera que aún firmen conjuntamente el libreto de la tercera parte y teóricamente también el de Veneno, que dirigirá Kurtzman. La permanencia de Marc Webb no se confirmó hasta 2012 por tener la agenda comprometida para una segunda película con la Fox tras 500 días juntos, extendiendo en compensación dicho acuerdo para otra más y aún al sorprendente adelanto de X-Men: Días del Futuro Pasado tras los créditos de la presente, sin que medie contraprestación económica, pacto que nos permite soñar algún día con cruces entre estudios. También ha fichado para la tercera Amazing, siendo igualmente representativo de esta producción “en serie” que haya confirmado con aproximadamente cinco años de adelanto que no seguirá en la cuarta.
El reinicio soportó dos comparaciones tan contradictorias como Crepúsculo y El Caballero Oscuro, en gran medida injustas y desaparecidas de las reseñas de esta segunda parte, pero definitorias del conflicto central de Spidey entre los dos lados de la máscara. En contraposición a la anterior encarnación por Tobey Maguire, muy deudora de la dualidad del Superman de Christopher Reeve, Andrew Garfield reequilibra sus facetas privada y superheroica en una personalidad única. Sólo que ya no es el Peter retraído de Steve Ditko sino el nerd reservado y un punto arrogante de la versión definitiva de Brian Michael Bendis, sin descartar la comedia física de Raimi pero justificándola como tapadera de los poderes arácnidos de Peter, inspirándose en el humor mudo de Charlot o Buster Keaton y contando con el asesoramiento de veterano clown Cal McCrystal como “inventor de payasadas”.
La Línea Ultimate se planteó para modernizar los personajes y como campo de pruebas cinematográfico, pero el problema de la primera trilogía no fue su clasicismo sino no superar su origen, socavándose a lo largo de las secuelas hasta la caricatura. En dicho estancamiento tuvo mucho que ver una Mary Jane que funcionaba muy bien como la idealizada Liz Allan del instituto, pero carecía de un verdadero desarrollo más allá del beso bajo la lluvia. El mismo obstáculo que representaba su matrimonio en los cómics, que Joe Michael Straczinsky trató de desatascar permitiéndoles madurar y Mefisto y Joe Quesada devolviendo a Peter a la casilla de salida. El reinicio representa esta segunda opción, pero también la apuesta por dotar a esta segunda oportunidad del arco dramático que la faltó a la primera, con todo lo que la elección de Gwen Stacy conlleva. Aunque lo de dedicarle tres películas al origen iba en serio, y en este segundo capítulo Peter se queda suspendido entre la graduación y la vida universitaria, necesitando urgentemente ampliar su círculo de secundarios.
Estéticamente, el nuevo Spiderman desecha por el contrario la distancia que marcaba la primera parte y abraza sin rubor la icónica herencia de Raimi. Debería acreditarse a Jim Acheson por el nuevo uniforme, que sigue tan de cerca las pautas del de 2002, sus mismas tonalidades, las lentes en los ojos, el relieve de la retícula, la textura tridimensional de la malla y los reflejos metálicos, que no pocos creímos cuando fue revelado que se trataba de una prueba con el antiguo. Acheson dio realmente con la clave de cómo trasladarlo fielmente a la pantalla, en una dificilísima traslación sólo comparable desde entonces a la armadura de Iron Man en 2008, como demuestran las vueltas que dio el rediseño de Amazing. La veterana diseñadora Deborah L. Scott (E.T.), en su primera cinta superheroica, no ha tenido más que abrir un cómic y buscar las diferencias con la trilogía original, agrandando y redondeando el contorno de los ojos, rebajando el relieve, eliminando el sombreado muscular y liberando ligeramente la tensión de la tela para hacerlo algo más realista, pero no deja de ser una evolución lineal que podríamos haber visto en Spider-Man 4. La más estilizada silueta de Garfield hace el resto: salvo por mantener el nuevo logo de la franquicia, podría haber salido de cualquier viñeta. Y curiosamente así ha sido, concretamente del preludio digital Amazing Spider-Man Cinematic Infinite Comic, inscrito en la continuidad fílmica, en una colaboración entre la editorial y una productora externa inédita desde el salto de Marvel a la auto-producción y su preferencia por su propio universo.
Igualmente se recupera el espíritu lúdico de la acción de la trilogía original, de manos por quinta vez de los efectos visuales de Sony Pictures Imageworks y el mismo supervisor de Amazing, Jerome Chen (Beowulf, Polar Express), pero sin perseguir el realismo de aquella. No por ninguna falta de credibilidad de los movimientos virtuales  ni de las coreografías prácticas del histórico equipo de especialistas de Vic y Andy Armstrong (Superman) sino por la total primacía del espectáculo, hasta el punto de justificar, en nuestra opinión por primera vez en ninguna adaptación Marvel, el sobreprecio tridimensional. Spidey ya no es ningún principiante, domina completamente sus poderes pero sigue siendo un adolescente, una combinación temeraria. Ha abandonado los hábitos nocturnos de la anterior entrega (no así sus villanos), mostrándose y despidiéndose con dos grandes set pieces a plena luz del día, apoyadas en la mucho más colorida fotografía del operador habitual de JJ. Abrahms, Dan Mindel; y unas coreografías más arácnidas que nunca, con especial mención al uso de la succión de los pies en la persecución inicial y un sentido-araña con claros ecos al tiempo-bala de Matrix pero perfectamente integrado en la acción, así como por fin las telarañas; o la perspectiva subjetiva “ojo de pez” del propio Spidey, insospechada herencia de la serie de televisión de los setenta, prometida en la primera parte pero que eclosiona realmente en ésta. Y por supuesto el humor  arácnido, que Raimi nunca se atrevió a incorporar a la acción y ahora se expande a ambos lados de la máscara, que por cierto, por fin es capaz de dejarse puesta. El mejor Spiderman que hemos visto en cinco películas, aunque por eso mismo ya no sorprenda tanto como hace trece años.
La gran Manzana es su patio de juegos, en la primera entrega arácnida cuyos exteriores se han rodado íntegramente en Nueva York, reivindicándose como un personaje más del mito de Spiderman, su Ciudad. Y no sólo los exteriores, con una asombrosa recreación en estudio, ampliada digitalmente, de Times Square para la primera batalla con Electro. Un logro que no acaba de casar con la repentina teatralidad de la escenografía del doble desenlace, que nos retrotrae no ya a la sobredimensionada monumentalidad del Nueva York de Raimi sino a las fantasiosas adaptaciones comiqueras de los noventa, como si el enfrentamiento final de El Caballero Oscuro tuviera lugar en la catedral de la primera Batman. Un espíritu que resucitan asimismo unos muy caricaturizados villanos, siguiendo la referencia del murciélago, a medio camino entre Tim Burton y Joel Schumacher. No es una comparación casual, sino que como aquél, Spidey está tratando de forjarse su identidad cinematográfica en base a sus villanos, a consolidar por los anunciados Seis Siniestros que se espera protagonicen la próxima entrega de la saga, y que a juzgar por lo aquí visto bien podrían acabar homenajeando las paródicas reuniones de villanos del Batman camp de Adam West; pero si alguien es capaz de jugar con las convenciones de género es quien será su director así como showrunner del Daredevil de Netflix, Drew Goddard, como demostró en Una Cabaña en el Bosque.
La misma mezcla de tonos se extiende a una banda sonora atípica desde su composición a catorce manos, a cargo de un grupo creado para la ocasión, Hans Zimmer y los Magníficos Seis: Pharrell Williams, Johnny Marr de The Smiths, Michael Einziger de Incubus, Junkie XL, Andrew Kawczynski y Steve Mazzaro. Los tres primeros habían pasado ya por la factoría Zimmer, concretamente por Gru, Origen y Madagascar 3 y el mismo Webb proviene del video-clip, buscando en sus propias palabras un paisaje sonoro más joven y neoyorquino que las típicas fanfarrias superheroicas. Aunque precisamente Zimmer monopolice La Distinguida Competencia y sus discípulos suyos Ramin Djawadi, John Powell, Harry Gregson-Williams y Henry Jackman uniformicen La Casa de las Ideas. Amazing resulta más heterogénea, abriéndose al hip-hop, ritmos metaleros o pop melódico, pero sin concretar un estilo propio, adquiriendo paradójicamente su mayor fuerza en las más convencionales escenas de acción, a destacar el inmenso órgano en que se convierte la central energética en manos de Electro durante la batalla final.

 Bienvenido a Spoiler-Island

Entrando en detalles argumentales, el prometido triple team-up de villanos no es tal, tratándose sólo de ir ampliando el escenario de la saga. El Rino no es más que un divertimento acorde a la curiosa forma en que el papel le llegó a Paul Giamati, tomándole Marc Webb la  palabra tras citarlo como su favorito en una entrevista. Por lo menos es un chiste divertido y representa un hito en la evolución del protagonista. Ni siquiera su terrible rediseño, empeorando la ya desafortunada versión Ultimate, le perjudica demasiado dentro del tono de parodia y un rol puramente genérico que podría haber recibido cualquier otro nombre. Pero la expectativa de un actor de peso y una promoción fraudulenta juega en contra de un personaje finalmente anecdótico.
Tampoco es Electro el villano titular que se supone, puntualizando que no titula la cinta en su versión original sino sólo en algunos países (la mezcla de idiomas ya es cosa nuestra). En realidad ejerce de amenaza aparente, relacionándose muy colateralmente con la trama de fondo, lo que hace más difícil aceptar su condición de villano aleatorio en una saga que prometía centrarse en una única conspiración. Un origen único empobrece el nuevo Universo Arácnido, pero es la única justificación de que puedan surgir villanos espontáneamente en un mundo en el que sin embargo no existen más superhéroes, no dejando de ser un parche que hasta los accidentes sucedan en Oscorp e invariablemente se focalicen en Spiderman, por la simple razón de que es la única licencia marvelita en manos de Sony. Jamie Foxx compone aun así un Max Dillon muy superior a su pintoresca caracterización, aunque totalmente alejado del malvado absoluto de los cómics, provocando tanta lástima como miedo y demostrando que el  cambio de raza era irrelevante –sin que valga como precedente para el muy diferente caso de Johnny Storm-. La fábula cartoon de un marginado que adopta a Spiderman como único e imaginario amigo, hasta que el destino y Oscorp le dan el poder y la oportunidad de vengarse de la indiferencia del mundo.
El intrasladable diseño original de Steve Ditko de 1964 fue actualizado en los propios cómics de cara al reinicio en la Cacería Macabra de 2010, junto al grueso de la galería clásica de villanos arácnidos, y directamente obviado en el Universo Ultimate. La película lo homenajea en la tarta de su escalofriante celebración de cumpleaños, trasplantando Deborah L. Scott los rayos que la adornan también a su uniforme, pero muy secundariamente y careciendo de ninguna identidad más que desmontar cualquier rastro de realismo, recordando si acaso al traje contenedor de la añorada serie de animación El Espectacular Spider-Man. En cualquier caso juega un papel menor respecto al impacto visual del maquillaje de Greg Nicotero y Howard Berger, oscarizados por Las Crónicas de Narnia y responsables de los zombies de The Walking Dead, formado por veintiuna piezas de silicona translúcida azul y unas lentillas blancas sobre globos oculares negros; y sobre todo ante la pirotecnia digital del equipo de Chen, en total ciento cincuenta técnicos y un año de trabajo para crear un efecto luminiscente que deja entrever bajo la piel un sistema arterial de pura energía, así como las progresivamente más destructivas manifestaciones de su poder, incluyendo las aportaciones de una inédita visión eléctrica, reminiscente del sentido de radar de Daredevil, y finalmente una descomposición física más cercana al Dr. Manhattan de Watchmen. Espectacular, y lo que es más importante sin perder la interpretación de Foxx. Una auténtica tormenta en movimiento, aterrador al liberarse en el gran templo de la electricidad que es Times Square, pero finalmente artificial en la central hidroeléctrica del desenlace. El mejor efecto especial no logra ocultar que la historia principal podría haberse contado prácticamente igual sin él, siendo elegido sólo por el despliegue visual de sus poderes.
El verdadero villano es un “sobrevenido” Harry Osborn. Comprendiendo su ausencia de la anterior entrega para evitar paralelismos con la primera trilogía, su aparición en ésta como mejor amigo de Peter se resiente de no haber sido siquiera mencionado en aquella, y no sería por falta de ocasiones en el contexto de Oscorp. Igualmente le hace mucha sombra el fantasma de un desaprovechado Chris Cooper como Norman Osborn, que aun teóricamente muerto disminuye a su hijo a la categoría de villano intermedio. Cooper fue de hecho considerado para interpretar a Octopus en Spider-Man 2, y su única escena en tiempo presente más su flashback con el reforzado Richard Parker (Campbell Scott), dan la medida del que puede ser el villano definitivo de la saga. En Marvel sin cuerpo no hay muerto, ni a veces con él, y basta recordar la misma imagen en Lobezno Inmortal de los operarios de Yashida recogiendo su dormitorio tras su aparente fallecimiento para vaticinar su probable regreso, en un esquema argumental sospechosamente similar. La sorpresa ha sido no encontrárnoslo en la esperada escena postcréditos, de la que se había filtrado incluso una imagen de su cabeza conservada en la División de Proyectos Especiales de Oscorp, pero sigue implícita entre fotogramas.
Pese a su forzada entrada, el Harry Osborn de Dane DeHaan barre cualquier recuerdo de su antecesor James Franco y hasta mejora el Duende Verde de Willem Dafoe, aunque quizá no tanto su propio personaje de Chronicle, cortado por el mismo patrón atormentado y familiarmente desestructurado de los Osborn. Nos encontramos ante el Harry desequilibrado de la Trilogía de las drogas, reemplazando la adicción al LSD por la herencia maldita de su padre como catalizador de su conversión en el Duende, aunque sólo se le llame así en los títulos de crédito. Que se transforme antes que Norman es una posibilidad que ya se había planteado en la animación, igual que habíamos visto otros Duendes físicos en los cómics, el último Amenaza en Un Nuevo Día o de nuevo las versiones Ultimate de Norman y Harry. Más problemático es mostrar por tercera vez en dos películas el mismo proceso de transformación del Lagarto y el propio Spidey, aunque no deja de ser el vínculo que les une y descubramos porqué sólo pudo asimilarlo Peter. Un avance menor para la atención que se le presta a dicho origen secreto y que ya podía intuirse tras la primera parte, reconociendo el juego de perspectivas de la extensión del prólogo y sobre todo que dote al Duende de una verdadera motivación contra Spiderman y un dilema moral para Peter. Deborah L. Scott depura la armadura y el deslizador originales, reincidiendo en la misma justificación de la primera trilogía para ambos y sin que echemos ni remotamente de menos su máscara pero sí un maquillaje más elaborado, especialmente tras de la exhibición de Electro. La carcajada del duende y la operística ambientación de su enfrentamiento acaba por meterlo en el mismo saco de villanos noventeros que a Rino y Electro, junto a otros secundarios del cómic igualmente estereotipados como Alistair Smythe (B. J. Novak), el “Doctor” Kafka (Marton Csokas) o Donald Menken (Colm Feore), aunque indudablemente mejor construido e interpretado que aquellos. La alianza del Duende y Electro es en esencia innecesaria pero al menos mucho más natural que las de Spider-Man 3, y sirve instrumentalmente para el fin principal de la película: introducir a Gwen en el desenlace.
“Pobre de mí”. Gwen Stacy descubrió que Peter Parker era Spiderman la primera vez que se besaron. Una revelación proveniente de la Mary Jane del Universo Ultimate, invirtiendo el juego de referencias de la trilogía original, porque en el fondo la razón de ser del reinicio es que Raimi no se atreviera a matarla. La Gwen tradicional nunca descubrió en cambio la verdadera identidad de Spiderman, y su dinámica con Peter venía determinada por la falsa atribución al trepamuros del asesinato de su padre. El fantasma del Capitán Stacy sigue separándoles, por la promesa póstuma que le hizo Peter (inversa a la del cómic) y por el miedo a que pueda pasarle lo mismo a ella; pero ya no está presente en un debate público que sólo existe en los medios pero nunca se manifiesta en la calle, con las fuerzas de seguridad incluso compadreando con Spidey en lugar de perseguirle por la muerte de su antiguo jefe. El riesgo consciente de Mary Jane también fue explotado en la colección definitiva, con homólogas rupturas temporales y hasta Peter saliendo con otras superheroínas de las que no se sintiera responsable. Y el Duende la subió al Puente George Washington a la vez que en el cine, pero tanto Bendis como Raimi decidieron salvarla, porque no era Gwen.
Poder, conocimiento y responsabilidad. Peter es responsable de desenmascararse, pero es Gwen quien decide asumir su riesgo como propio. Podría haber huido, podría haberle obligado a elegir entre ella y Spiderman. Y Peter podría dejarla, podría alejarla del peligro aún contra su voluntad. Pero no pueden, y sellarán su destino sobre el puente. Aún les queda una victoria. La dama rescatará al héroe en apuros, derrotarán juntos a Electro. Ahí es donde acaban siempre las películas de superhéroes. Pero a este cómic aún le queda una página. Snap. La muerte de Gwen marcó en 1973 el paso de la Edad de Plata de los superhéroes a la de Bronce. Y pudo haberlo hecho también en el cine, si Arad, Ziskin y Raimi se hubieran atrevido. Amazing Spider-Man llega siete años tarde. Desde Spider-Man 3 han muerto Rachel en El Caballero Oscuro, Libby en Súper o Big Daddy en Kick-Ass, y desde Los Vengadores las películas de superhéroes han dejado de ser eventos para convertirse en simples capítulos. Val no rescatará a Ilene, ni nosotros podremos recuperar la inocencia. Pero nunca había visto llorar a nadie en una película de superhéroes. Y aunque no alcance la misma repercusión que la viñeta que adapta, la caída de Gwen se vive con la misma intensidad con la que leíste el tebeo. La mano en la que se convierte la telaraña es la nuestra, nos estiramos con ella, y aunque llevemos toda la vida soñando ver este momento en la pantalla, aunque estemos convencidos de que el error de Raimi fue perdonarle la vida a Mary Jane y aunque supiéramos que Gwen estaba condenada desde que la vimos, no podemos evitar desear que esta vez la salve. Incluso han replicado en los espectadores la misma duda de los lectores sobre la causa de la muerte, que acompañará para siempre a Peter.
También iba a haber aparecido inicialmente Mary Jane en la película, llegando a rodar sus escenas Shailene Woodley (Divergente), pero ya durante las últimas semanas de la filmación se anunció que se quedaría fuera del montaje. Y se encendieron todas las alarmas: Amazing podía volver a tropezar en la misma piedra que Raimi, si no sabían a dónde querían llevar sus personajes. No se trataba de sustituir a la actriz, descartando el propio Webb ningún problema en ese sentido, sino que se había decidido centrar la película sólo en Gwen. Lo que es cierto sólo en parte, porque todo parece indicar que más que recuperar el triángulo original con MJ se trataba solamente de presentarla para el futuro. Emma Stone no sólo ha sido la mejor Gwen imaginable, sino posiblemente, también la mejor Mary Jane. Tras cinco películas es la hora de probar algo distinto, y podría ser ese futuro el que haya cambiado conforme se ampliaba la franquicia. Porque sí hubo sitio para introducir a cierta asistente de Oscorp, sin ninguna función inmediata en la trama, de nombre Felicia y apellido muy probablemente Hardy, interpretada por Felicity Jones. Tras caerse de Spider-Man 4, la Gata Negra podría agitar el ya conocido discurso romántico de la franquicia, poniendo por una vez en su vértice a Spidey en lugar de Peter. Nada puede volver a ser igual después de Gwen.
Pero la vida sigue. La muerte de Gwen representaba un verdadero nudo gordiano para los guionistas: un desenlace demasiado triste para una cinta obligadamente comercial, y un hito demasiado potente para no acabar la película. Kurtzman y Orci consiguen ambas cosas, marcando claramente el clímax de la muerte pero dejando suficiente espacio para explorar sus consecuencias, y nosotros recibimos como complemento un modélico Spider-Man no more homólogo al que acaba de introducir Bendis en el Spiderman definitivo. Y hasta conocemos al Niño que coleccionaba Spiderman, en un cierre en alto que es capaz de honrar a Gwen y a la vez mirar al futuro.
Ese futuro pasa por supuesto por Oscorp y el misterioso hombre en las sombras del epílogo de Amazing (Michael Massee), ahora al frente de su División de Proyectos Especiales, la gran incógnita que queda por despejar de la historia de origen. Apostábamos por el Chacal, pero si entendimos bien le llaman “Phineas”, apuntando hacia Phineas Mason, el Chapucero, como presumible armero de Los Seis Siniestros; pero la Internet Movie Data Base lo acredita como “Gustav Fliers (The Gentleman)”, y media tebeosfera parece haber oído “Fiers”, concluyendo que se trata de Gustav Fiers, El Caballero, villano de la saga de novelas de Los Seis Siniestros de Adam-Troy Castro, inéditas en castellano y que no hemos leído, pero que según las reseñas encaja ciertamente con esta “historia jamás contada”, remontándose al asesinato de los padres Peter Parker y la conspiración terrorista que menciona el vídeo de Richard Parker como agente del Cráneo Rojo comunista, aparte de reunir al prometido sexteto. En un par de años saldremos de dudas.
Cualquier valoración estará incompleta a expensas del desenlace, porque ya no estamos viendo una película sino una serie. Hasta entonces, la distancia entre el héroe y sus villanos debilita este capítulo por inconsistencia, aunque intuyamos que forma parte de la historia mayor que se está formando, y afortunadamente no sea tan acusada como para ocultar sus aciertos en el retrato del protagonista ni para descentrar un relato cuyo verdadero núcleo son Peter y Gwen. Y ése ha sido siempre el verdadero poder de Spiderman.
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8 Comments

on “Cineclub Marvel: The Amazing Spider-Man 2. El poder de Electro (2014)
8 Comments on “Cineclub Marvel: The Amazing Spider-Man 2. El poder de Electro (2014)
  1. Madre mia, impresionante reseña y en general, bastante de acuerdo en las conclusiones.

    ¡Enhorabuena!

    Saludos.

  2. Por cierto, desde que se renovó la página soy incapaz de localizar los artículos anteriores del Cineclub Marvel. ¿Cómo los localizamos? Gracias.

  3. No están accesibles, pero si no se recuperaran volveríamos a subirlos. También puedes leerlos, ampliados y más trabajados, en “El viaje del superhéroe” ;P

  4. Muchísimas gracias a Jata y Promethea por este interesantísimo artículo y por todos los anteriores, confieso que los colecciono desde la antigua web, además de haber comprado “El viaje del superheroe”, por supuesto. Enhorabuena y seguir así.

  5. Muchas gracias, RTorpe, ¡esperamos que también te gustara el libro! y si estás por Madrid, nos encantará firmártelo en la Feria del Libro, a falta de confirmar el día, caseta y hora por la editorial

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