Olvidados Marvel: Alpha Flight, de Steven T. Seagle

Alpha Flight nunca ha sido un grupo puntero, reconozcámoslo.

Su momento de gloria pasó hace mucho, y siempre ha ido de la mano de John Byrne o Chris Claremont. Sus primeras apariciones en la Patrulla-X por parte de ambos junto con su posterior serie regular a cargo del primero, recientemente editadas ambas por Panini en un voluminoso tomo de la colección Marvel Héroes, y la miniserieAlpha_Flight_Vol_2_1 de las Guerras Asgardianas por parte del segundo junto a Paul Smith,  conforman lo más importante de su trayectoria y nada de lo que se haya hecho posteriormente ha alcanzado esas cotas de popularidad.

Tras la marcha de Byrne, Bill Mantlo se hizo cargo del grupo en una defenestrada etapa que a mi modo de ver es más que digna, con colaboradores al dibujo como Mike Mignola, Dave Ross o incluso Jim Lee. Cuando la serie sufrió realmente fue cuando desapareció la mano de Mantlo y fue dando bandazos más o menos afortunados por arte de guionistas como Fabian Nicieza, Scott Lobdell o Simon Furman, hasta que la vaca no dio para más leche y fue finalmente cancelada con la nada desdeñable cifra de 130 números, que ya quisieran para sí todas y cada una de las series actuales. Aquí nos vamos ocupar del volumen 2, primer y más longevo relanzamiento de la serie, y a mi juicio más que interesante.

Si eres un poco paranoico y te van las conspiraciones, deberías leer esta serie.

Veinte números que, esta vez sí,  deberían haber sido más. Si Marvel hubiera aguantado la serie estoy convencido de que hubiera remontado y Alpha Flight no sería hoy el erial editorial en el que se ha convertido. Steven T. Seagle al guión, y Scott Clark primero y Duncan Rouleau después al dibujo, confirieron a la serie una trama que hoy día se mantiene igual de fresca que cuando se editó a finales de los 90, en plena reconversión marvelita para tratar de escapar de los dientes apretados y los grandes pistolones.

La reorganización del equipo gubernamental canadiense, Alpha Flight, se llevó a cabo mediante una revolución a medias siguiendo el modelo de éxito de la Patrulla-X: mezclar miembros nuevos con viejas glorias, con la intención de captar tanto a lectores veteranos como a nuevos. Desde que se implantó con la Patrulla, muchas series han querido seguir la estela de su esquema, aunque pocas lo han logrado, tanto comercial como creativamente.

En este caso, los veteranos serían Eugene Milton Judd “Puck” y Heather Hudson “Vindicador”, a los que se añadirían los Flex, Radius, Murmullo y Manbot (una especie de Box desprendido de toda su humanidad)… y el curioso añadido de Fuego Solar. Una aparición que tendría un spin-off en la serie de Fuego Solar & Big Hero 6, de rabiosa actualidad fílmica en Marvel, por cierto. Además estaba Sasquatch, claro, pero era un Sasquatch un tanto diferente, y el guionista jugó al engaño sobre si realmente era Walter Langkowski transformado o un personaje nuevo.

Y Guardián. En este caso sí que era James Hudson, estaba claro, pero también era diferente, más joven, menos experimentado. ¿De dónde había salido? No se sabía. Todos los protagonistas estaban a oscuras, incluido él mismo.Alpha_Flight_Vol_2_12

¿Jugar he dicho? Sí, eso fue lo que hizo Steven T. Seagle con esta serie: jugar, tanto con los protagonistas como con los lectores. Jugar a la intriga, al despiste.

Utilizó el curioso recurso de convertir al narrador en pieza fundamental de la serie, más incluso que a los propios protagonistas. No estamos hablando de un mero expositor de hechos al estilo clásico: parecía que el mismo Seagle fuera el que lanzara las preguntas, interpelara al lector, pusiera en entredicho lo que él mismo nos estaba contando. Fue una curiosa manera de mantener la tensión y de llevar al lector de la mano por caminos que quizá no se habría planteado de otra manera, además de despistarlo conscientemente: todo un trabajo de manipulación por parte del guionista.

Porque si algo quedó claro desde el comienzo de la serie, es que el Departamento H que aquí se nos presentaba era mucho más oscuro, corrupto e intrigante si cabe que anteriores versiones. Todo lo que se contaba era sospechoso, todo era susceptible de manipulación, de mentira, de tergiversación, empezando por el mismo enlace de los Alphas con el Departamento H. La paranoia llegó a tal punto que llegaban a lavar el cerebro de los miembros del equipo después de las misiones si éstas comprometían los objetivos del Departamento H, objetivos que incluían tratos con un nuevo Zodíaco (la enésima encarnación) o el secuestro de antiguos miembros del grupo como Madison Jeffries o Diamante Lil.

La trama era absorbente, sin dejar de lado además el desarrollo de los personajes, sobre todo de los nuevos. Los medio hermanos por parte de madre Radius y Flex, que no conocían a sus padres y cuyo origen también estaba envuelto en un halo de misterio; Murmullo, una especie de Chica Púrpura reconvertida; Manbot, del que no se conocía cómo había llegado a esa condición de más máquina que hombre; o Sasquatch, cuyo misterio fue el primero en ser desvelado en un número dibujado por Brian Hitch cuando aún no era famoso, en el que Puck conseguía averiguar la verdad sobre él sólo para ver cómo lo olvidaba debido a un lavado de cerebro.

Esto además incrementaba la angustia del lector, ya que por culpa de los lavados de cerebro veías a los protagonistas caer en los mismos errores, confiar en las mismas personas que sabías, desde tu posición privilegiada de lector, que los estaban apuñalando por la espalda una y otra vez… sólo para ver cómo lo olvidaban sin remedio.Alpha_Flight_Vol_2_19

Por el camino se sucedieron enfrentamientos con el Zodíaco, Mesmero o Brass Bishop además de la aparición de los Micronautas, los ya mencionados Big Hero 6 y la Patrulla-X. La serie además estaba llena de guiños a los veteranos, como la decisión de continuar la tradición de matar a un miembro del grupo en el nº12 de la serie, aunque esta vez no fuera tan impactante. Y como no podía ser de otra manera siendo el Departamento H, las referencias a Arma-X también fueron constantes.

No obstante se echaba de menos a otros miembros originales: Aurora, Estrella del Norte, Shaman… y Guardián. Sí, Guardián, porque cuando por fin los caminos del viejo equipo y del nuevo se cruzaron, nos encontramos con dos Guardianes frente a frente. Los dos equipos se enfrentaron en el que fue el clímax de la serie, dejando al lector con ganas de más. La temprana cancelación hizo que aunque Seagle pudo a resolver muchos de los misterios, hubo ciertos cabos sueltos que quedaron sin atar, como el del padre de Flex o el de los dos Guardianes. Esta última trama, al menos, la resolvió Erik Larsen en su Lobezno, al mismo tiempo que trajo de vuelta a Ave Nevada.

Gráficamente, la serie se vio lastrada al comienzo por el dibujante Scott Clark, que si bien supo captar el ambiente oscuro y opresivo, tenía un estilo deslavazado, cuasi-noventero, nada definido y de acabado pobre, hasta el punto de que se agradecían los fill-ins. La serie remontó un tanto con la llegada de Duncan Rouleau, que aunque un tanto confuso en su narrativa definió perfectamente a cada personaje dando un look moderno y personal.

En cuanto al guión, además de la ya comentada habilidad de Seagle para intrigar, despistar y desafiar al lector, habría que añadir que este trabajo le proporcionó a Seagle un ascenso, ya que le sirvió para que le encargaran guionizar la Patrulla-X…¡algo haría bien para dar el salto!

Lamentablemente le serie fue cancelada antes de que pudiera dar todo el potencial que atesoraba.

Y era mucho. Nos habríamos divertido.

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