Reseñas: Caballero Luna: Marvel Héroes 1: «Cuenta atrás hacia la Oscuridad» (1976-1982)

El Caballero Luna nace en el seno de una de las colecciones que caracterizaron la apertura del Universo Marvel hacia otros géneros, concretamente la serie del Hombre Lobo, uno de los iconos del terror. El guionista Doug Moench y el dibujante Don Perlin crean al personaje como uno de tantos adversarios del monstruoso protagonista. Son un par de números, los que abren el presente tomo, en los que el nuevo personaje pasa de pseudovillano a pseudohéroe. La organización criminal conocida como el Comité, hace entrega del uniforme a Marc Spector, a quien encargan la captura del Hombre Lobo, pero lunita acaba por volverse contra los villanos.

El Caballero Luna aparece ya acompañado de su fiel Frenchie, a su vez acompañado de su helicóptero, siendo los únicos ingredientes tradicionales del universo del Caballero Luna presentados en el citado arco. Bueno, sin olvidarnos del clásico uniforme blanco y de las medias lunas cortantes que usa a modo de shurikens.

Es un año más tarde, cuando el nuevo superhéroe goza de la primera oportunidad de vivir sus propias aventuras. La cita es en el título genérico Marvel Spotlight, donde los mismos autores, Moench y Perlin, lo intentan con otro arco de dos números, esta vez, efectivamente, con el Caballero Luna como titular.

La importancia de este arco se sustenta en las muchas novedades referentes a la personalidad y entorno del superhéroe. Es aquí donde, al inicial Marc Spector, se suman otras dos identidades «de paisano». La fortuna amasada por Spector durante sus años de mercenario son el fundamento para la creación del multimillonario Steven Grant, mientras que Jake Lockley es el nombre que usa Spector en su identidad de taxista.

Ignoro si la intención de Moench era la de hacer una versión marveliana de Batman, pero la idea del alter ego millonario, sumado al héroe con capa capaz de planear y que lanza cuchillas con la forma de su logo, hacen pensar en una evidente influencia.

La nómina de secundarios también crece de forma ostensible y prácticamente definitiva. Por parte de Marc Spector ya conocemos a Frenchie, pero sus otras dos identidades también nacen acompañadas de su propio entorno. Steven Grant trae consigo a Marlene Alraune, su pareja sentimental, y a Samuels, mayordomo de la mansión en la que residen. Por su parte, Jake Lockley añade otros dos nombres a la lista, Gena Landers, propietaria de un bar, y Crawley, un desaliñado soplón de los bajos fondos.

También en este par de números, se hace referencia por primera vez a un rumor según el cual el Caballero Luna habría adoptado cierta superfuerza al ser mordido, supuestamente, por el Hombre Lobo en la citada primera aparición de héroe de blanco. Un ingrediente, dicho sea de paso, añadido sin demasiada convicción, seguramente producto de la improvisación.

Y bueno, en lo que respecta a la trama en sí, pues poco que destacar. Una aceptable historia de género policíaco y acción con cierto aroma a James Bond. La lucha final tiene su emoción, pero el villano es de risa. Difícilmente puede vestir un traje más ridículo.

The Hulk y llega Bill Sienkiewicz.

Dos años más tendrían que pasar para encontrarnos con nuevas andanzas del Caballero Luna. En esta ocasión, a Doug Moench se le concede un espacio en el magazín The Hulk!, que publicaba aventuras alternativas del gigante verde, más acordes a los episodios de la exitosa serie de televisión.

Historias de complemento dedicadas al Caballero Luna, prácticamente de la extensión de un comic-book, que, esta vez sí, dieron a nuestro personaje el empujón que necesitaba.

Y a buen seguro, la entrada de un dibujante que estaba empezando en esto del noveno arte, llamado Bill Sienkiewicz, contribuyó de forma decisiva.

Pero antes de la llegada de Bill, Moench tuvo a su disposición ni más ni menos que a Gene Colan, que se encargó del primer episodio.

Colan hace lo que sabe hacer como nadie, dibujo realista y atmósferas tenues mediante uso del claroscuro. Un estilo que le sientan como un guante al personaje y al entorno en el que se mueve. Así que podemos decir que Colan es el primer dibujante que da en el clavo en cuanto a la estética que debe seguir el mundillo del Caballero Luna.

El acierto queda más patente al comparar el número de Colan con el siguiente, a cargo de Keith Pollard, que es un regreso al estilo más «lumínico» de Don Perlin.

En todo caso, ambos números forman una historia de intriga que no está mal, aunque promete más de lo que acaba ofreciendo. Un arco en el que Moench introduce por primera vez elementos que hacen referencia al antiguo Egipto, temática que pronto sería parte esencial de la identidad del personaje.

Pero lo más relevante de esta serie de complementos de The Hulk! es la entrada del dibujante bandera del Caballero Luna. Un Bill Sienkiewicz que inicia su carrera en el medio luciendo un estilo altamente influenciado por Neal Adams. Pero, por mucho que peque de imitador, Sienkiewicz ya demuestra un dominio de la figura humana envidiable. Sea como fuere, su estilo casa muy bien con los ambientes sombríos y los bajos fondos malolientes por los que se mueve el Caballero Luna. Un Caballero Luna que, más que nunca, aparece como un superhéroe de hábitos eminentemente nocturnos.

La llegada de Sienkiewicz no trae consigo cambios en la orientación de las tramas. El género negro y el escenario urbano siguen acaparando los guiones, mientras que los villanos se mueven entre terroristas, mafiosos y psicópatas. El único que ostenta características fuera de lo humano es Lupinar, apodado el Lobo. Un llamativo tipo mezcla de hippie, hombre lobo y D’Artagnan, aquejado de una extraña enfermedad parecida a la licantropía.

Un buen arco, el que tiene a Lupinar como villano, pero quizás el mejor sea el último. Un relato oscuro y duro sobre un psicópata que guarda un estrecho parentesco con Marc. A destacar el ambiente opresivo creado por Sienkiewicz.

La curiosidad viene por parte de un relato en el que el personaje titular del magazine, Hulk, es la estrella invitada. La historia no pasa de anecdótica, pero la doble narración, desde los puntos de vista de ambos protagonistas, por lo menos aporta algo diferente.

Tras los complementos en The Hulk!, todavía habría tiempo para que el Caballero Luna protagonizara una aventura antes de su puesta de largo definitiva. Fue en Marvel Preview, una revista en blanco y negro con protagonismo variado. El número 21 está dedicado al Caballero Luna en un cómic que continúa contando con el mismo tándem de autores, Moench-Sienkiewicz.

El relato sigue la misma línea de crimen, intriga y acción sin supervillanos. En esta ocasión, la conspiración viene por parte de una organización criminal que trabaja en una operación secreta que consiste en manipular a enfermos mentales y convertirlos en obedientes agentes. Nada que pase de ser otra buena historia más, donde lo más relevante está en las primeras dudas que surgen acerca de la estabilidad mental de nuestro protagonista, como consecuencia de su pluralidad identitaria.

La serie regular.

Unos meses más tarde, el Caballero Luna da el paso definitivo a la primera línea con la salida del primer número de su título propio.

La nueva colección empieza fuerte con un primer número donde se relata el origen del superhéroe, pero el bueno, el origen oficial.

Porque sí, aquí ocurre un hecho muy poco habitual en la Marvel clásica, diría que insólito. Un hecho o situación anterior queda sin efecto, borrado de la continuidad como si no hubiera acontecido.

De esta forma, el Caballero Luna y su traje ya no son una creación del Comité, tal como se relataba en su primera aparición en Werewolf by Night. Marc Spector es integrante de una banda de mercenarios liderada por el infame Bushman, un pintoresco asesino con la cara tatuada. Tras ser asesinado, Spector es resucitado por el dios egipcio Konshu, personificado por una estatua, recibiendo también poderes que le convierten en mucho más que un hombre. Todo ello viene en un relato en flashback que ocupa la primera parte del número y que supuestamente acaece antes del choque con el Hombre Lobo. En esta misma escena también se explica como conoce a Marlene.

El nuevo origen es mucho más interesante que el inicial, así que es un acierto presentarlo aprovechando el lanzamiento formal del superhéroe.

También hay cambios en el origen de la fortuna de Steven Grant. Si inicialmente eran el resultado de sus ganancias como mercenario, ahora sus millones provienen de inversiones en bolsa.

Todo lo demás sigue ahí sin cambios. Es decir, las tres identidades, Frenchie y su helicóptero, Marlene, Gena, Crawley y el mayordomo Samuels. Aunque pronto entran en nómina los dos hijos de Gena, los valientes Ricky y Ray, que se unen al grupo de colaboradores del hombre de las tres identidades, mientras que, ya hacia el final del tomo, hace su presentación el detective Flint. A destacar el personaje de Marlene, una mujer encantadora y atrevida que aporta un punto erótico.

También Bill Sienkiewicz sigue inamovible al lado de Moench. Sienki experimenta una muy lenta evolución en su arte, todavía muy influenciado por Neal Adams, pero demuestra un talento incuestionable.

La naturaleza de los relatos no sufre cambios. Género negro, crimen, policíaco, acción, espionaje, mafias… Buenas historias autoconclusivas con la jungla de asfalto como escenario y oponentes carentes de superpoderes. Los números en los que aparentemente se entra en terrenos sobrenaturales, como el de la casa fantasmal o el del Ángel Blanco de la Muerte y sus prácticas de vudú, acaban destapándose como un engaño.

Da por pensar que, quitando al propio Caballero Luna, aquí el único que ostenta superpoderes es el simpático Crawley, soplón de Jake Lockley. Increíblemente, no hay crimen o delincuente que escape a los oídos de este as de los bajos fondos.

Entre los antagonistas cabe mencionar el regreso del Comité, en un intento de encajonar el origen inicial del Caballero Luna con el ya oficial relativo a la figura de Konshu. Un intento, vía Frenchie, muy cogido con pinzas. No creo que fuera necesario.

Luego está el Hombre de Medianoche, un ratero ataviado con un disfraz negro idéntico al del fallecido Medianoche, uno de los antagonistas iniciales de Shang-Chi. Lo curioso del caso es que Moench decide obviar cualquier explicación o referencia respecto al Medianoche original, cuando salta a la vista que viste el mismo disfraz.

En definitiva, una primera parte de la colección consistente en historias más que correctas, buenas, protagonizadas por un justiciero urbanita con disfraz, donde el principal problema es el escaso avance argumental. El carácter autoconclusivo de los episodios echa en falta algún hilo común que cree mayor expectación.

En este sentido, lo más significativo está en las tímidas dudas de Marc Spector respecto a su identidad real. Y también un episodio en el que el Caballero Luna siente que sus poderes lunares, supuestamente obtenidos tras ser mordido por el Hombre Lobo, se están diluyendo.

Precisamente, el primer arco doble sirve a Moench de banco de pruebas para adentrarse en la problemática de los trastornos de personalidad, que pronto será uno de los temas recurrentes en el desarrollo del protagonista. Aunque, en este caso concreto, la locura que afecta al protagonista es producto de una droga vertida en los suministros de agua por parte de una organización criminal.

El punto de inflexión hacia una progresiva mejora de la colección viene propiciado, sobre todo, por la evolución del dibujo de Bill Sienkiewicz hacia un estilo más personal.

El dibujante pasa a entintarse a sí mismo, cosa que deriva en unos acabados distintos. Sus trazos toman ahora una estética como de abocetado, al mismo tiempo que juega más con efectos de luces y sombras.

Más notorio es el avance a nivel narrativo. De la habitual estructura de viñetas cuadriculadas, Sienkiewicz pasa a composiciones más trabajadas e imaginativas. También se atreve con perspectivas de mayor profundidad, en especial planos cenitales y picados.

Los guiones también crecen en interés, más que nada por el mayor carisma de los oponentes.

En otro estupendo doble arco, tenemos el regreso de Bushman, que apunta a archienemigo, y del Hombre de Medianoche, en una de las historias más crudas y siniestras. Una historia en la que, ahora sí, Marc Spector sufre la primera crisis mental severa.

Tras un relato en el que Frenchie vive su propio drama personal, nos encontramos, por fin, con el primer supervillano de la colección. Se trata de Morfeo, una víctima de un experimento fallido que tiene el poder de transformar la energía en una especie de sombra tangible. Los efectos que provoca Morfeo son un elemento más para el lucimiento de Bill Sienkiewicz, que da otro paso más hacia un estilo propio. Este arco y el número de presentación de Vidriera Escarlata elevan a Sienkiewicz como uno de los grandes dibujantes del momento. Un bello relato poético, el de Vidriera Escarlata, narrado con maestría por el dibujante.

En medio, se sitúa la primera intervención de una estrella del Universo Marvel en la colección. Se trata de Daredevil, que viene acompañado de uno de sus villanos, el Bufón. Una trama en tono humorístico que desentona un poco.

Y finalmente, el volumen cierra con otro buen número sobre un chalado nazi que pretende limpiar América de inmigrantes. En el fondo es el clásico relato con villano chiflado de quince años atrás, con la diferencia de que aquí recibe trato de enfermo mental y, en consecuencia, cierta empatía. Son (eran) otros tiempos.

Conclusión.

Estamos ante un volumen en el que la regularidad es su principal distintivo.

Apenas hay altibajos y no creo que ningún número se sitúe por debajo de un mínimo aceptable. Pero, quitando el último tramo, tampoco hay nada que destaque especialmente.

En general, el trabajo de Doug Moench es bueno sin más, mientras que Bill Sienkiewicz hace un muy buen trabajo ya desde un inicio.

Pero es en los últimos números del tomo donde creo que los autores empiezan a hacer grande al Caballero Luna y a su entorno. Sobre todo, un Sienkiewicz cuyo dibujo ya ha alcanzado el nivel óptimo.

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13 Comments on “Reseñas: Caballero Luna: Marvel Héroes 1: «Cuenta atrás hacia la Oscuridad» (1976-1982)
  1. Tengo que decir que no soy muy fan de Bill Sienkiewicz, su etapa de los Nuevos Mutantes no me gusta nada, pero en el Caballero Luna lo borda y son 2 tomos que valen mucho la pena de lo mejor del Caballero Luna.

      • Para mí sus Nuevos Mutantes son NECESARIOS (pero desde luego no eran plato del gusto de cualquiera, ahí Bill pronto se puso muy experimental…y no pocos creían que no era la serie adecuada para ello). Levantó pasiones a favor y en contra (como denotan las cartas a menudo poco favorables aquí y allá…el correero español ni se molestaba en disimular, por la selección del correo, que a él mismo no le hizo gracia la evolución del artista, en plena metamorfosis…que continuaría en sus variadas portadas de esos años para Marvel …y en trabajos más personales para Eclipse y First).

  2. Muy buen tomo. Será de los personajes favoritos de (muy) pocos, pero se compensa con el tándem Moench/Sienkiewicz, sobre todo el último. Aún así tiene un tono noir y «más adulto» bastante atractivo para estar dentro de un universo compartido y asentado.

    Lo conocí tarde, de hecho la primera vez que la leí fue gracias a estos tomos de Marvel Héroes, de la que te tientas gracias a recomendaciones y alabanzas en diversas reseñas y amantes autorizados del medio. Cuando buscas algo distinto y nuevo fuera de tu zona de confianza, al menos dentro de los cómics clásicos de superhéroes -considerando todas las editoriales-, estos dos tomos son ideales para expandirse. Recomendadísimo.

    Gracias Rockomic por esta nueva reseña.

    • Aunque lo publicaron Vértice (en su etapa final) y sobre todo Surco (y luego muy poco Forum, salvo por las historias más modernas de Dixon y otros, que irónicamente fueron más conocidas por muchos), fue un personaje más de culto (y por tanto minoritario) que otros en similar situación (pero muy querido por esos que se rendían a su culto, claro …seguir el Caballero Luna clásico tenía entonces algo de épico, como luchar con un oso sin usar armas …una gloriosa locura, más todavía ya en la Era Fórum, donde lo de Moench no gozó de cariño editorial, pese a ser incluido en Clásicos Marvel …ay, coño, Sienki dibujando a un Jack Russell que parecía sufrir una mutación secundaria🤩😈).

  3. El referente siempre fue Batman, sí (Moench nunca intentó ni disimularlo …y ya en los ochenta preCrisis él mismo empezaría a convertirse en uno de los guionistas de referencia del de Gotham, tras sus problemas con Shooter, al que Moench odiaba con ganas, hasta lo irracional incluso …Moench seguiría vinculado a Bats bastantes años, siendo uno de sus más prolíficos escritores durante los ochenta y noventa …para bien y para mal …otro sería Chuck Dixon, que también escribiría a Marc Spector, como no, pero en el caso del de blanco lunar Doug es referencia ineludible e incluso apabullante), principalmente el Batman de O’Neil & Adams y el (breve pero excelso) de Englehart & Rogers. Y la crítica entraría a trapo en las comparaciones entre el Bats de Adams y el Luna de Sienki…y no era para menos (el propio Sienki reconocería con el tiempo que Adams era un padre artístico para él…y su sombra alargada e ineludible, aunque tuvo, claro, como todo buen artista, su etapa de «matar» al padre).

  4. Se llegó a comentar que la fuerza del Caballero aumentaba con la luna creciente (llegando a su apogeo con la luna llena) y decrecía con la luna menguante hasta volver a la normalidad (eran otros tiempos).

  5. Nadie dibujó a Crawley como Sienki…o a la sensual Marlene. O a la capa del Caballero (que como la del Bats de Adams parecía dotada de vida …y casi de personalidad).

  6. La serie regular de Marvel sería además uno de los primeros intentos de mimar las «direct sales» (intento casi tímido, pues Shooter casi que se arrepintió a media jugada y reculó con la promoción de esos primeros títulos, temiendo que primar las librerías especializadas se podría traducir en la perdida de los quioscos, lo que acabó traduciéndose en el cierre de Ka-Zar The Savage, que en cambio kioscos no se comía un rosco).

  7. Había mucho flow en estas páginas (especialmente cuando dibujaba Sienki): Marlene, Escarlata (a la caza dea mafiosos ballesta en mano), Jack Russell, Morfeo, Medianoche, Bushman y psicópatas varios (alguno más propio de las páginas de sucesos de la prensa de la época, no escasa de atrocidades cotidianas, que de las viñetas de cómics «pijameros») y un Konshu que quizás solo tenga personalidad en la cabeza de un Spector bastante lunático (por así decirlo con vulgaridad y desparpajo, sin querer denigrar a los enfermos mentales).

  8. Gracias, amigos! 🤓

    Con los saltos temporales de Marvel Spotlight a Hulk y al título propio, este tomo se mete ya bien en los 80. Y realmente se nota en el tipo de cómic. Qué diferente de lo que eran los 70 más puros.

    • Ya entramos en los días en que las librerías especializadas eran algo más que una promesa de un nuevo mercado y empezaban a amenazar la supremacía de los quioscos sobre la venta de los comic-books (al permitir asegurar ventas con el mercado de «ventas directas» …y ajustar tiradas acorde con ese sistema de «pre-orders»). Y quedaban todavía sorpresas al respecto, pero así es la vida: sorpresas (que se lo digan al presidente de la Federación Mexicana de Caza, sorprendido mortalmente en Argentina por la embestida de un búfalo …ironías del destino que te hacen creer en la «justicia» y humor macabro divinos …o en el mal karma, que ya me vale también).

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