Reseñas: Capitán América: Omnigold 6: «La Era de la Bomba Loca» (1976-1977)

En el tomo inmediatamente anterior al que me dispongo a reseñar, tras la estupenda etapa guionizada por Steve Englehart, la colección del Capitán América cayó en picado en un puñado de números sin guionista estable.

Con la serie fuera de rumbo, los editores decidieron devolvérsela a uno de los creadores del personaje, Jack Kirby, que había regresado a Marvel tras su paso por la competencia. El Rey, en esta ocasión, se haría cargo de la colección como autor completo.

El volumen abre fuego con dos números especiales que, francamente, van totalmente por libre respecto a la continuidad vigente.

El primero de ellos es el tercer anual del Capitán América. Una línea argumental totalmente kirbyana, con su habitual despliegue imaginativo de monstruos y artefactos en un escenario de ciencia ficción, donde el Halcón ni aparece ni se le nombra.

Un tipo conocido como el Cautivo es perseguido desde el espacio exterior por los Acechadores. El bendito Kirby no necesita complicarse la vida con los nombres y va directo al adjetivo calificativo.

Pero el episodio realmente especial y justificadamente independiente, lo tenemos a continuación. Se trata de uno de los cómics más singulares de Marvel de los 70, un número especial de la colección Marvel Treasury Edition, mayormente dedicada a las reediciones en formato lujoso.

Este especial fuera de numeración contiene un relato de casi 80 páginas conmemorativo del 200 aniversario de la independencia de los Estados Unidos de América. Un privilegio que cayó sobre el vengador abanderado y en las manos de Kirby.

Bajo el título «Las Batallas del Bicentenario del Capitán América», nuestro héroe emprende un viaje por un sinfín de episodios clave de la historia de los EEUU, de la mano de un funcional tipo llamado Míster Buda, hábil en los viajes en el tiempo.

La trama no tiene ninguna importancia, es tan sólo una excusa para el repaso a los dos siglos del país de las barras y estrellas.

La patria del Capi aparece retratada con sus virtudes y defectos, pero la esencia del relato se fundamenta claramente en el patriotismo, no en la crítica. Sea como fuere, hay que reconocer que estamos ante un trabajo ciclópeo y un entretenido repaso a la historia de los Estados Unidos.

La saga de la Bomba Loca y otras historias.

Retomando, al fin, el título regular, Kirby dibuja el entorno del protagonista más o menos donde lo habían dejado sus antecesores. Me refiero a que ahí está de nuevo el Halcón, además de la novia de este último, Leila, y de Sharon Carter. Pero hasta aquí llega la relación con lo visto en los números inmediatamente anteriores a su llegada. Kirby rompe con todo, hilos argumentales, tono y tipo de propuesta, para llevar a la colección a su terreno. Afirmar que el Rey rompe con el pasado sería llevarse a engaño, porque lo suyo es el pasado mismo. Es un regreso a la ingenuidad de los primeros 60 (o incluso antes), a dejar de lado lo trascendental y lo maduro en favor de la ilusión y la fantasía pura y dura.

Kirby inicia su primera saga sin rodeos, marcando territorio desde la primera página con una escena en plena acción.

El caso es que la población se ve afectada por un inexplicable impulso de violencia desmedida. El fenómeno es provocado por lo que llaman las Bombas Locas.

De esta forma entramos en una de las sagas más épicas y extensas de la colección hasta ahora. Una saga que se fundamenta en la aventura y lo fantástico, pero que sigue embadurnada de política. Concretamente, la celebración del segundo centenario es la causa principal de la trama. El Capi y el Halcón se ponen a las órdenes del mismísimo Henry Kissinger, suscitando una imagen heroica y limpia del gobierno de los Estados Unidos. Nada que ver con el espíritu crítico y el gobierno de dudosa honradez planteado por Englehart en la saga del Imperio Secreto.

Por si fuera poco, la amenaza de las Bombas Locas tiene su origen en una organización llamada las Fuerzas Monárquicas de América, que pretenden reventar la conmemoración del Bicentenario con la activación de la madre de las bombas locas, traducida aquí como la Grandullona.

Su líder es William Taurey, un descendiente de un aristócrata que luchó contra un antepasado de Steve Rogers.

El objetivo de la organización es el de controlar mentalmente a la población y convertirlos en esclavos sin cerebro al servicio del poder pues, literalmente, odian la democracia. Lo que se dice una organización terrorista en guerra con los valores de la tierra de las oportunidades y la libertad.

Un buen ejemplo de ese americanismo inherente lo tenemos cuando el Capi y el Halcón se ven obligados a participar en un violento deporte para recuperar el escudo del primero, ante lo denigrante de verlo convertido en un símbolo de corrupción.

En resumen, carácter inevitablemente panfletario sin más matices. Este apartado, francamente, resulta bastante arcaico. No faltan incluso algunos comentarios de corte machista, pero todo esto es algo que hay que perdonarle a Kirby, un hombre definitivamente anclado en otra época, en compensación por su capacidad narrativa e imaginativa.

Porque en este apartado, el del entretenimiento, Kirby ofrece lo que se espera de él. Su poder narrativo sigue en gran forma y su arte gráfico sigue siendo igual de reconocible. Por muy pueriles que puedan ser sus tramas, el Rey es único creando ilusión con su repertorio de criaturas y malvados conspiradores.

Siempre queda alguna cosa metida un poco con calzador, como el pequeño romance de Steve con una joven enferma. Pero son distintivos de la bendita inocencia de Kirby, que van con el paquete.

La siguiente línea argumental, mucho más corta, creo que está a un nivel similar.

El Pueblo Nocturno de la Calle Cero son un grupo de ancianos que aprovechan la caída del Sol para saquear el barrio. Pero lo que inicialmente apuntaba a relato urbano de terror pronto se destapa como un delirio cósmico tan inverosímil como fascinante.

Si ya el nombrecito de la tribu nocturna es de lo más ocurrente, encontrarnos con un peñasco con cuatro casas flotando en algún lugar del cosmos supera todas las previsiones.

  No faltan ingenuidades varias como la increíble capacidad tecnológica concentrada en un puñado de mendigos en un planetoide aislado, o varios giros de guion que dejan un poco descolocado. Por no hablar de la extraña incorporación de un vaquero hábil con el lazo llamado Texas Jack en una trama básicamente cósmica. Pero la inventiva y la imaginación de Kirby sobrepasan cualquier dislate.

El arco del Pueblo Nocturno tiene un inesperado epílogo en un número de Marvel Team-Up, que también se incluye en el tomo. Entre el Capi y Spiderman deben detener a una criatura del espacio que se cuela a través de un portal interdimensional. Jack Kirby no interviene en la factura de este episodio, así que podemos prescindir de él en la lectura.

Lo que llevamos de etapa en solitario de Kirby creo que llega para considerarlo, sin muchos problemas, lo mejor que hizo en el conjunto de su segunda era en Marvel.

Desgraciadamente, el resto de la etapa va deshinchándose progresivamente.

Primero tenemos la presentación de Agron, una especie de cadáver viviente con poderes ilimitados, en realidad un ser de pura energía que viene desde el futuro para adueñarse del presente.

No está mal, por lo menos algo mejor que el arco que le sucede.

En un lugar de Centroamérica llamado Río de la Muerte, un tirano que se hace llamar el Puerco tiene a sus opositores esclavizados y bajo condiciones inhumanas. Pero el perverso comandante tiene que aguantar a su prima, Donna Maria, que no ceja en echarle en cara lo poco hombre que es. Todo ello tratado de forma bastante infantil.

Por su parte, el Capitán América es secuestrado por el tirano y posteriormente el Halcón va a su rescate sin demasiada suerte. El alado compañero del Capi, sencillamente no da con el paradero de su amigo y se mete en un lío tras otro, no solo en este arco sino también en los siguientes. La situación es un poco ridícula y la sensación es que Kirby no sabe muy bien qué hacer con el Halcón y lo entretiene librando batallas con todo tipo de criaturas.

Volviendo al arco en Centroamérica, la historia da para buenas dosis de aventura y poco más. Lo más relevante es sin duda la presentación de Arnim Zola al final.

Sharon Carter entra finalmente en acción de nuevo a las órdenes de SHIELD. La razón no es otra que un expediente bajo el nombre en clave Archivo 116, que trata de poner luz a la extraña proliferación de monstruos de todo tipo.

Arnim Zola está detrás de la amenaza, y detrás de Zola, el mismísimo Cráneo Rojo. A partir de aquí, la locura. Pasamos de la intención de dominar el mundo con un ejército de monstruos, a revivir a Adolf Hitler insertando el cerebro del líder del III Reich, que Zola conserva en un frasco, en un nuevo cuerpo con el rostro del Capitán América. Disparatado es decir poco.

Lo mejor, las escenas de acción. El Capi y Donna Maria, que de momento se ha quedado como personaje secundario, intentando escapar de sus mortales enemigos y la huida final del castillo viviente. Ideas inconexas y pasadas de vuelta frente a adrenalina narrativa. Puro Kirby.

El último arco del tomo, que supone la despedida de Kirby de la colección, ya es el acabose.

Un sicario disfrazado, conocido con el nombre del Volador Nocturno, se presenta en SHIELD para asesinar a una importante personalidad que está gravemente herido. Desde como engañan al asesino mediante un muñeco de escayola, hasta la jaula de grillos en la que se convierte el complejo médico de SHIELD, con todo Dios contra el Volador Nocturno, que milagrosamente se escabulle de todos, es de un absurdo que echa de espaldas. Francamente, un arco de lo más flojo.

Para finalizar el tomo, todavía hay espacio para el cuarto anual del Centinela de la Libertad, que todavía baja más el listón.

La sinopsis es de traca. Atención. El Capitán y Magneto acuden al mismo lugar de cita tras haber leído un anuncio en el periódico. Un anuncio puesto por un mutante que busca un entorno hogareño que lo acoja. Tal cual.

Resulta que el mutante demandante es tamaño insecto y reside paralizado dentro del reloj de pulsera de un tipo. Por otra parte, otro mutante, tamaño gigante, con total movilidad y escaso cerebro, también ronda por ahí como protector del pequeñín. ¿Y qué nombres llevan los dos mutantes? Pues Míster Uno y Míster Dos. ¿Para qué complicarse?

Mención aparte merece también el grupo de mutantes que secundan a Magneto, a cuál más cutre.

En definitiva, el Kirby más pobre y unos guiones que no desentonarían en un cómic de la Golden Age.

Conclusión.

En su conjunto, estamos ante un volumen muy irregular. Si bien la saga de la Bomba Loca y la del Pueblo Nocturno de la Calle Cero nos traen al Jack Kirby más divertido y excitante dentro de su etapa setentera en Marvel, el resto es más discreto, siendo el tramo final bastante desastroso.

De todas formas, es Kirby al 100%, para lo bueno y para lo malo. Momentos de mucha adrenalina y otros de mucha ingenuidad, pero, en uno u otro sentido, una buena distracción.

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30 Comments

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30 Comments on “Reseñas: Capitán América: Omnigold 6: «La Era de la Bomba Loca» (1976-1977)
  1. A mí es una etapa que sí me gusta. Especialmente la saga de la Bomba Loca. Pero te entiendo perfectamente, que esta etapa, tan rupturista con la anterior de Englehart (pero estaba cantado, que Kirby siempre fue totalmente a su aire en las series en las que desembarcó en Marvel o DC) fue muy mal recibida en USA por los lectores de la anterior (lo mismo su Pantera Negra respecto al de McGregor), siendo bien visto sólo por los que no seguían el Capi de Englehart. Acá en España el lector fue más benévolo con el nuevo retorno de Kirby al personaje, pero hubo también de todo.

    • Lo de Kirby (en ambas series) es aventura pura y dura. Sin más, pero sin menos. Con su sentido de la maravilla (que tantos técnicamente más eficaces nunca lograrán) y su alocada narrativa tan dinámica.

  2. Del Especial de Las Batallas del Bicentenario conservo la edición de Forum (en rústica) por ser en formato Treasury. No es precisamente una de las grandes historias de Kirby (y probablemente algo tan especial merecía más) pero hay que reconocer que fue un currazo (y hay que respetarlo).

  3. Lo de que un grupo de «homeless» tengan una «ciudad» tecnológicamente avanzada construida con material desechado y/o robado en una dimensión de bolsillo bajo las calles de Nueva York es un delirio fantacientífico 100% Kirby. No hay muchos a los que se les ocurriría algo así. Dennis Dunphy, el Hombre Demolición, coleguita del Capi (antes lo había sido de la Cosa en sus tiempos en la Federación Sin Límites de Pesos, suerte de competición de lucha libre para gente con poderes que hizo rico y famoso a Dunphy) durante la larga etapa Gurenwald (formaba parte del equipo de «ayudantes» del Capi junto con El Halcón y Nómada) acabaría vinculado a esta gente tras las secuelas de la Guerra del Infinito (Dunphy sufriría daños cerebrales en combate y sería recogido por los de Zero Town), convirtiéndose en su protector. Luego lo veríamos como un «homeless» (el primer súperhéroe «homeless» de Marvel?) por las series de Bendis (investigado por Ben Urich) y por los Vengadores de Busiek (poco más que cameos en ambos casos). Creo recordar que más recientemente lo sacaron del armario.

  4. A «La Doña» (Donna María) se la recuperaría efímeramente (por sugerencia de Gruenwald) para el personal del equipo de apoyo de Los Vengadores (por allí teníamos a O’Brien como jefe de seguridad, a Fabián Stankowicz como ingeniero, a Frank/Nuklo como jardinero, a John Jameron como piloto o a Bernie como abogada).

  5. Arnim Zola (uno de esos diseños imposibles solo concebibles por Kirby) tuvo bastante más suerte. Aparte de gozar de un momento de gloria durante la etapa de DeMatteis & Zeck, sería usado con mayor o menor fortuna por guionistas como Gruenwald, Brubaker o Remender.

  6. Lo del Volador Nocturno me gustó mucho cuando lo leí por primera vez (vale que entonces era un niño). Entonces el personaje me pareció fascinante (hot de esa historia ya quizás solo destacaría la acción, con páginas que todavía cautivan). De esta historia comentaba un guionista que Kirby presentaba al personaje y se lo cargaba en un suspiro, que Kirby se lo podía permitir porque del rincón de su imaginación del que había sacado ese personaje podía sacar el Rey otros cien, pero que para él era un desperdicio pues perfectamente se podría haber pasado un año de una serie contando esa historia que Kirby te concentraba en un par de números (o en uno a veces).

  7. Ay, pobre Magneto, la Hermandad de Mutantes Diabólicos vivía sus momentos más bajos! (Como en Rusia el reclutamiento marchaba mal y se aceptaba ya a cualquiera)

  8. Gracias, amigos!

    A mí también es el tomo que menos me gusta de los seis. Bueno, quitando el primero, que tiene un tramo final genial pero el resto es discretillo.

    Pero bueno, quitando los guiones, sólo ver los dibujos de Kirby ya es un disfrute asegurado. Es un mundo en sí mismo, una estética única e irrepetible.

  9. Me hace mucha gracia lo de los guiones «inocentes», parece que la moda moderna es que el guion de un cómic de superheroes se tenga que enredar en trascendentalismos existenciales, en filosofismos baratos, en chusquería sociológica y en tormentos psicológicos de los personajes para que sean guiones «magistrales» que satisfagan el culturetismo de baratillo de los críticos.
    Para empezar, un cómic de superheroes es de superheroes, no es «otra cosa». Y partiendo de esta premisa, los guiones de Kirby en Capitán América son verdaderamente MAGISTRALES. Ni inocentes o ingenuos ni leches, a ver si lo que ocurre es que no somos capaces de ver su intríngulis.
    Por ejemplo, la primera historia de este tomo, la del Cautivo, es magnífica. Sí, no aparece el Halcón, ¿y qué? Parece que si en una historia no aparece la cuota femenina, racial, etc, ya no es conforme a los cánones de la corrección política y damos por hecho que es mala o le falta algo. Pues no le falta nada, entre otra cosa porque en la vida misma no siempre está presente el artificioso reparto de cuotas.
    En esta historia no aparece el Halcón porque el compañero del Capi en la aventura (eventualmente un granjero en este caso) está destinado a morir. Es la parte dramática de la historia. Otros guionistas de esos que tan genios parecen hoy en día juegan a matar y resucitar personajes como quien se cambia de calzoncillos. Eso sí, mediante «trascendentales» tramas, enrevesadas a más no poder. El Rey en cambio necesita una víctima propiciatoria y la crea ad hoc, siendo capaz de dotarla en unas pocas páginas de la personalidad suficiente como para impactar al lector con el desenlace inesperado de su muerte. Es decir, es ser capaz de generar dramatismo en la tragedia, sin necesidad de recurrir a sensacionalismos facilones, como el de matar personajes consolidados (para luego tener que resucitarlos de mala manera en muchos casos). Lo que hace Kirby es ser un GENIO, no un ingenuo.
    Por otra parte, la historia del Cautivo no es en absoluto «inocente». Tiene su miga, como por ejemplo dejar en evidencia el buenismo imperante, ese que lleva a la gente a tomar partido de manera sistemática e irreflexiva por el perseguido, sin detenerse a pensar en que hay veces en que el perseguido no es el bueno y los perseguidores los malos… En definitiva, es una burla contra la visceralidad en contra de la racionalidad.
    En fin, que los guiones de Kirby de inocentes o ingenuos no tienen nada, tienen mucha enjundia, otra cosa es que no todos son capaces de verlo porque solo reparan en la magnificencia de su dibujo, en el vigor de su narrativa visual. Es tan trepidante y surrealista en ocasiones, que muchos solo captan la superficie de lo que es Kirby, cuando es un verdadero genio como historietista, como autor integral de cómics, y no en vano por ello «sigue siendo el Rey».

    • Kirby había dejado claro ya que era muy capaz de mayores complejidades, pero en su retorno a Marvel, fuera de Eternos y 2001(y quizás por ello a muchos se les atraganten los guiones de estas dos series en las que se deja llevar más por esas teorías que le encantaban sobre dioses alienigenas haciendo evolucionar a las especies «dominantes» del universo) optó por tirar hacia la aventura sin pretensiones (que no tiene nada de malo, que un cómic, como una peli, debe ante todo entretener …y demasiado panfleto con mensaje de lo más aburrido circula por ahí…no hay nada malo en el mensaje o en las pretensiones artísticas o estilísticas, pero no se debe olvidar nunca la función más básica, la que sí falta falla todo) en series como Capitán América, Pantera Negra o Dinosaurio Diabólico (esta última torpedeada sin vergüenza por los propios editores de la serie, a los que no gustaba nada el cómic y que consideraban al Rey ya pasado de moda).

      • Que no es Englehart? (Y Englehart revolucionó para bien el título) Vale, lo mismo se puede decir de los otros guionistas que pasaron por la serie (Gerber incluido). Y el propio Englehart hizo historias bastante justitas, coño, que recordamos las sagas de los dos Capitanes y el Imperio Secreto, que hacen destacan notablemente su etapa, pero hubo de todo (con una media notable, eso sí). El Capi de Kirby es muy disfrutable. Y al contrario que otros que destacan más, sus peores números, los que parecen más desfasados (ya en la época lo parecían, quizás incluso más que releidos ahora), son entretenidos.

      • Respecto al debate, me quedo con este comentario de Suso.
        Que un cómic sea inocente o ingenuo no significa que sea malo. De hecho, ahí están las sagas de la Bomba Loca o el Pueblo Nocturno, como buen ejemplo de ingenuidad y gran entretenimiento.
        Pero también un cómic ingenuo puede tener guiones olvidables y como único punto a favor sus dibujos, y ahí creo que está el tramo final del tomo.
        En lo que respecta al comentario sobre el Halcón, quizás no me he explicado bien en la reseña. El apunte de que el Halcón no aparezca en el anual lo es como prueba de que Kirby va por libre y pasa de la continuidad dejada por los anteriores autores, por supuesto. Nada que ver con correcciones políticas, canones, etc.

  10. Su Pantera Negra, como Indiana Jones, no necesita de grandes temas ni aguas profundas, es el imperio de la aventura. Y en ese terreno, Sí, pese a todo (el tiempo pasado y la edad, aún el abandono de gran parte de su público): Kirby seguía siendo El REY. Salud y cómics.😎✌️

  11. A mí lo que me parece curioso de esta etapa, la cual no tengo nada en físico pero sí leída en lo virtual -nobleza obliga-, es que en la Marvel de los setenta, la cual ebullía en discursos pero siempre cuidando una estética tradicional superheroica, es que el regreso de Kirby puede ganar mucho en retrospectiva, independiente de que en su momento parecía pasado de moda y desfasado. Probablemente pocos se dieron cuenta en su época que estos números es un «back to basics» potente, recordándole a todos cómo era la Marvel de los sesentas, de la cual todos extrajeron algo. Por favor, quién no podría admirar esos dibujos y narrativa, ¡si era El Rey, el que lo comenzó todo en los dibujos, o al menos el principal de los rupturistas! «Aquí les traemos el embrión de todo lo que hacemos ahora en arte y argumentos, gracias a que él nos señaló el camino y nos hizo avanzar». Quizás así podamos leer ahora estos cómics.

    Por otro lado, independiente de los excelentes aportes y justa defensa de Kirbyano, llaman la atención Los Eternos del Rey: o se aman o se odia, o son una basura o son tan buenos como El Cuarto Mundo, etc. Pocos grises hay respecto a las opiniones que se vierten al respecto. El único dato duro es que no tuvieron la repercusión de su Cuarto Mundo, ya que renovó y reinventó la parcela cósmica, creó muchos personajes nuevos e incorporó aún más conceptos al Universo DC. Con esta obra Jack Kirby hace temblar a las estadísticas respecto de su relevancia en este cuento, porque podríamos casi asegurar que LA MITAD de los personajes de DC y Marvel fueron creados o cocreados por él. Increíble.

    • Hay mucha gente, incluso entre aquellos a los que sí les gusta Kamandi y el ciclo del Cuarto Mundo, que no tragan con los Eternos. De hecho hay gente a la que no les parecen ni entretenidos (y hablo de personas amantes de la Marvel clasicota y a los que sí les gusta Kirby). Algunos a los que todavía no les gusta ninguna de las encarnaciones de los Eternos, ni la de Kirby, ni la de Gillis (rematada por Simonson y otros) y Sal Buscema, ni la de Gaiman y Romita Jr. Hasta tiempos muy recientes se puede decir que los Eternos (un poco como los Inhumanos) nunca gozaron ni del favor del público ni de demasiada suerte siquiera (tampoco realmente de apoyo editorial …y si ahora lo tienen es probablemente solo porque Feige y compañía decidieron fijarse en ellos, que sino probablemente Cebulski y los suyos seguirían ninguneandolos).

      • En lo personal yo aplico, de partida, un bloqueo mental: soy absolutamente escéptico de las teorías seudocientífica, esotéricas y conspirativas. No me interesan para nada, en verdad. ¿Qué es lo que hago? Tomarlo como un cómic de Kirby y con eso quedo feliz. No es lo que más me gusta de él, ciertamente, pero sí me los compraré cuando llene algunos espacios en mi colección, de todas maneras.

        De hecho me parece probable que muchos no tragaron con Los Eternos más que por el concepto detrás, el de extraterrestres que crearon a los dioses terrestres -teorías que hoy gracias a la democratización de internet y youtube, son increíble y absurdamente populares, cuando en los setenta era prácticamente imposible acceder a ese tipo de «estudios» para el grueso de la población en 9/10 del orbe-; diría que más por ese riesgo de recrear retroactivamente el universo Marvel con un concepto tan potente y absoluto, después de quince años de iniciado, con lo que es muy difícil comulgar si no es una maravilla entre maravillas.

        Por esos días para haber tenido éxito con tal propósito, prácticamente debía ser su obra maestra de su vida, o la segunda. Quizás menos que Los Cuatro Fantásticos que hizo con Lee -o empatado-, pero más que los X-Men de Claremont con Cockrum y Byrne. O sea que fuera el primer o segundo título/etapa que se nos vendría a la mente como la mejor, más importante y representativa de toda la historia de Marvel, por no decir de los cómics de superhéroes estadounidenses. No alcanzó esas cotas para nada, aunque para mí es bastante entretenido y disfrutable, más que otras de sus obras en La Casa de las Ideas.

        Mi muy humilde opinión, Suso.

  12. Fe de erratas:

    Cuando me refería a que Kirby creó la mitad de los personajes de Marvel y DC, me refería a los dos universos juntos, por lo menos hasta los setenta. Pongámosle un 75% de Marvel y un 25% de DC, a grandes rasgos.

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