Reseñas: Deathlok: Marvel Limited Edition (1974-1977)

Se puede decir que Deathlok es la creación más emblemática de Rich Buckler. Es el personaje icónico del dibujante, aquí convertido en autor completo, al menos de facto.

Por mucho que Doug Moench aporte buena parte de los guiones e intervenga ocasionalmente en los argumentos, el concepto y el trabajo argumental es obra de Buckler.

Obviamente, el apartado gráfico también corresponde a Rich Buckler. Si bien, la presión de las fechas de entrega le obligan a derivar en otros dibujantes dicha labor en tres de los números. Números que se reparten entre Keith Pollard, Arvell Jones, Bob McLeod y el propio Buckler.

Astinishing Tales es el título en el que queda insertada la serie del cíborg por antonomasia de Marvel, en sustitución de la fracasada It! El Coloso Viviente.

También cabe apuntar que Deathlok es la segunda colección del Universo Marvel que sucede en el futuro. La primera fue Killraven, que por entonces ya llevaba unos meses en el calendario.

Deathlok es un cíborg, un organismo cibernético que combina tejido orgánico y artificial. Un concepto de personaje recurrente en la ciencia ficción, pero hasta etonces inédito en Marvel.

Pero lo que quizás más llama la atención es la inclinación del personaje hacia un comportamiento abiertamente violento. Deathlok mata a sangre fría sin ningún tipo de vacilación. Algo parecido al Castigador, que no hacía demasiado que había protagonizado su debut en Amazing Spider-Man, pero yendo un paso más allá. Semejante exhibición de violencia y frialdad por aquel entonces era una apuesta arriesgada, puesto que era algo a lo que el lector Marvel no estaba acostumbrado.

Luther Manning es un estratega militar dado por clínicamente muerto tras una explosión. El comandante Simon Ryker aprovecha lo que queda del cuerpo de Manning como núcleo de un proyecto que llevaba en mente: una nueva especie de súper-soldados, máquinas asesinas creadas partiendo de organismos humanos.

La particularidad que hace de este cíborg una apuesta singular está en su cerebro y en lo que deriva de ello. La mitad del órgano original sigue estando viva, mientras que la otra consiste en una reconstrucción mediante implante tecnológico. Esto da lugar a un constante diálogo interno entre hombre y máquina, que constituye la esencia del serial.

Mientras lo que queda de Luther Manning es capaz de mostrar sentimientos como el miedo o la culpa, pero también el odio y el rencor, el lado cibernético se limita a seguir su programa, en muchas ocasiones haciendo de contrapeso al discurrir de Manning.

De esta forma, ya tenemos la sinopsis. Ryker, un militar sin escrúpulos usa a Deathlok como arma asesina. Pero la parte humana del cíborg logra hacerse con el control y se rebela contra su creador. Esto da pie a una salvaje pugna y persecución entre un vengativo Deathlok y un inflexible Ryker, que no está dispuesto a renunciar a su proyecto.

Básicamente, un cómic de ciencia ficción ambientado en un futuro decadente, vertebrado en la pugna entre un frío antihéroe y su ambicioso creador.

Los dos primeros números tienen la particularidad de ir desarrollando dos líneas argumentales en paralelo. El problema está en que, al suceder cada hilo en una línea temporal diferente, no resulta fácil seguir la cadena de secuencias. Tengo la sensación de que Buckler y Moench anteponen inventiva a eficacia en el juego de alternar las tramas paralelas.

La cuestión es que la idea de base es buena, pero a medida que va avanzando la colección, la sensación de improvisación y falta de rumbo concreto se acrecienta.

El contenido tampoco es que sea especialmente jugoso. Ryker queda representado como un villano sin apenas más matices que ser el malo de la historia.

Luego, los adversarios a los que se enfrenta Deathlok, mayormente enviados por el propio Ryker, son más bien discretos. Entre otros, un cíborg llamado Lobo de Guerra que estéticamente parece una copia del Hombre Bestia, el lupino supervillano creado por el Alto Evolucionador.

Incluso el diálogo que Deathlok mantiene consigo mismo acaba resultando reiterativo.

Es de imaginar que Buckler soñaba con completar un cómic atrevido y adulto. Pero creo que le falta ingenio y le sobran obviedades. Como ejemplo, el momento en el que, tras largos años, encuentra un libro de casualidad. Pero resulta ser Frankenstein de Mary Shelley y claro, como trata de otro monstruo construido a pedazos, lo hace trizas.

A nivel gráfico no hay mucho que objetar. Estamos ante la versión buena de Rich Buckler, lejos de sus inicios como mal imitador de Kirby. Sin embargo, de vez en cuando el dibujante parece algo desganado, o quizás apresurado, puesto que algunos números rayan a menor altura.

En lo que respecta a las dos páginas que se leen apaisadas, sólo pueden responder a un capricho del autor o a un intento vano de ser original. No parece existir ninguna otra razón al tratarse de una cadena de viñetas de lo más corriente.

Los dibujantes invitados durante buena parte de tres números consecutivos no sobresalen por encima de Buckler en ningún caso. De hecho, las páginas pertenecientes a Arvell Jones destacan en sentido negativo.

Hacia la mitad de la colección, la trama deriva hacia el género bélico postapocalíptico. Tanques y emboscadas en medio de una ciudad derruida y desértica nutren las historias, mientras Deathlok intenta acercarse al cuartel de su mortal enemigo.

Momento en el que Doug Moench abandona el título. Su sustituto, Bill Mantlo, hereda la misma labor como asistente del cabecilla Rich Buckler.

Con Mantlo entramos en el tramo final que debe desembocar en el enfrentamiento decisivo contra Ryker.

De camino hacia el colofón, nuevas piezas entran en juego. Principalmente un personaje llamado Hellinger es quien toma buena parte del protagonismo. Se trata del cirujano que dio vida a Deathlok, que termina por no ser lo que parecía. Y ya en los minutos finales aparece otro personaje, más confuso si cabe, llamado Godwulf.

Y hasta hay espacio para colarnos un triángulo amoroso entre Deathlok, su antigua mujer y su mejor amigo.

Una serie de episodios donde reina la confusión, entrando en juego clones de Luther Manning, amigos reconvertidos a agentes de la CIA, y el esperado enfrentamiento entre Deathlok y Ryker.

Un enfrentamiento final que no es físico, sino que Ryker, convertido en una especie de Dios máquina, traslada al cíborg a un viaje astral. En una especie de viaje psíquico al pasado, hasta el inicio de la devastación, Ryker esgrime el clásico razonamiento del tirano, en el sentido de que siempre ha obrado por el bien de sus semejantes.

Pero no hay espacio para más. La serie de Deathlok cierra de forma abrupta, dejando numerosos cabos sueltos y una sensación de desorden difícil de reconducir.

Un año más tarde, cuando había pocas esperanzas de ver concluida la serie, se publicó por sorpresa un nuevo número de Deathlok, esta vez dentro del título Marvel Spotlight.

Se supone que el número debería cerrar todo lo que había quedado colgado tras la cancelación de la serie, pero no es el caso.

De entrada, un solitario episodio no parece que pueda dar para mucho. Pero además, Rich Buckler, cabeza pensante de la crónica del cíborg, queda aquí relegado a tan sólo una parte de la labor gráfica. El guion corre a cargo de David Anthony Kraft, sin aparente implicación de Buckler.

Lejos de atar cabos, Kraft introduce un nuevo personaje que casi pasa a protagonizar la historia. El Exterminador de Demonios es una creación de Kraft y Buckler para otra editorial que los autores deciden introducir en la continuidad Marvel.

Se reemprende el misterio sobre Godwulf para dejarlo prácticamente en el mismo lugar, mientras que Hellinger se erige como villano. El maléfico cíborg da el pistoletazo de salida a una nueva era gobernada por una nueva raza de humanos, más máquina que hombre, a los que bautiza como Homo ascendente. Deathlok, por su parte, tras enfrentarse al villano se desvanece con destino a un ciclo temporal desconocido.

Desconocido porque el episodio termina aquí, dejando todo abierto. Una vez más.

Para acabar de confundir al personal, el mismo mes en que se publica el citado número de Marvel Spotlight, Deathlok pasa a ser un invitado insistente en Marvel Two-in-One, la colección protagonizada por La Cosa. Pero lo hace integrado en el hilo argumental correspondiente a la serie del anaranjado superhéroe, nada que ver con la crónica perteneciente al cíborg.

Esta serie de números serán analizados en la reseña del propio título. Lo mismo para la saga que cierra el tomo, publicada ya bien entrados los 80 en la colección del Capitán América. Saga que, en este caso, sí retoma el hilo de Deathlok dejado a medias, pero que también será digna de análisis en otra ocasión.

Conclusión.

Es probable que la temática de esta colección, enmarcada en la ciencia ficción y en los futuros apocalípticos, sea del gusto de muchos de los lectores de Marvel. Otra cosa es que se puedan sentir satisfechos o no ante lo que nos ofrecen los autores en este título, que habrá opiniones para todos los gustos.

A mí personalmente, la colección de Deathlok se me ha hecho muy cuesta arriba. Siendo sincero, no me ha gustado. Y me da la sensación de que el problema está en que Rich Buckler ha querido meterse en un terreno que no es el suyo. La serie pide a gritos un guionista-argumentista con talento. Porque Moench y Mantlo dudo que tengan mucho peso en la dirección que deben tomar las crónicas del cíborg, ateniéndose más bien a poner textos a la aparente improvisación de ideas de Buckler.

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30 Comments

on “Reseñas: Deathlok: Marvel Limited Edition (1974-1977)
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  1. Pues a mí sí me gusta. Y bastante. Con sus momentos erráticos y todo. Pero sí, el director de pista aquí es Rich Buckler, que no cede el control de su personaje predilecto, y eso a veces se paga. Es sin duda una obra imperfecta, pero eso también es parte de su encanto.

  2. Parte de la trinidad por excelencia de los futuros apocalípticos divergentes marvelitas (que tanto conectaron con Claremont), junto con Killraven y los Guardianes de la Galaxia originales.

  3. Quizás la etapa “resolutiva” en el Capi de Zeck & DeMatteis sea más químicamente perfecta, pero aparte de no haber podido existir sin lo anterior, le falta la inventiva caótica de la saga original. Pero sin duda es la parte más equilibrada. Y un gran cómic (el Capi de DeMatteis & Zeck es además mi segunda etapa favorita de dicha cabecera tras la etapa Brubaker).

  4. Claro precedente de Robocop (casi seguro no casual). Con la diferencia de que aquí no hay meramente un programa con el que a veces entra en conflicto y simples recuerdos casi fantasmales de su vida pasada pugnando por salir de su subconsciente, NO, aquí tenemos dos personalidades cohabitando la misma cabeza, la del humano muerto usado como materia prima básica y la de la lógica máquina, con todo el potencial dramático que implica …y dialogando entre ellas, con todo el juego que pude dar (no se aprovecha su potencial humorístico, como tampoco del todo el dramático … pero, bueno, muuuuucho menos se aprovechó en revivals modernos del personaje, últimamente ya como villano manufacturado en serie desde el Lobezno de Aaron)

  5. Un mundo de ciborgs, asesinos gubernamentales y corporativos, mutantes, caníbales y máquinas de guerra. También de giros improvisados (a veces por considerarlo un proyecto totalmente personal, otras por querer innovar, con mayor o menor fortuna, según los casos).

    • Un mundo de futuro pesimista (si lo tiene, pues parece haber arrancado ya hacia el carril de la recta final hacia el desastre). En plan Soylent Green, pero con fantasía colorista en el apartado villanos.

  6. Lo de los dibujantes “invitados” fue pura necesidad (y eran amigos captados por Buckler, no por Marvel, aunque fuesen otros freelancers con los que ya trabajaba la compañía) para llegar a las fechas de entrega (y puntual, que cuando se pudo llegar acelerando el dibujo sin trabajarlo tanto se hizo). En todo caso, en esa etapa, las fechas de entrega fueron una constante preocupación, como recordaba George Pérez al mencionar las maratonianas sesiones nocturnas (en plan mangakas) en el apartamento de Buckler.

    • “Ya estaba casado (me casé el 1 de septiembre de 1973) y mi mujer no estaba nada contenta con lo que pasaba” (George Pérez).

  7. “Fue un periodo de aprendizaje pero no demasiado feliz porque, pese a aprender las bases de la narrativa visual, no tenía la sensación de estar dibujando algo realmente mío, pues debía seguir el estilo de otro. A veces me dejaba dibujar algo a mi manera, pero él tenía que cumplir con sus fechas de entrega y yo era su ayudante, no su alumno. Tenía todo el derecho a decirme: “dibuja a mi manera”, cosa que me molestó durante un tiempo y que acabó provocando el principio del fin de nuestra relación. Yo creía que así no iba a ninguna parte.” (George Pérez).

  8. Volviendo atrás en el tiempo (para ver que no todo fue malo …y que le sacó provecho a la relación, aparte que de ahí salió su Gullivar Jones y su Man-Wolf, que eran encargos para Buckler en origen): “Cuando yo aspiraba a entrar en el mundo del cómic, pensaba que los dibujantes trabajarían todos juntos en un gran estudio con grandes mesas de dibujo. Cuando empecé a trabajar con Rich, bueno…era en su casa, y yo lo hacía en una mesa normal (había una mesa de dibujo, pero era para él). Vivía en un pequeño apartamento con su mujer y su hijo. Apenas usaba la regla y cuando necesitaba dibujar una línea recta, empleaba el lateral de un papel. Y no se entintaba a sí mismo, por lo que apenas empleaba algo aparte de lápiz y goma. Sólo se diferenciaba de cuando yo dibujaba por mi cuenta en que trabajaba en papel con el sello de Marvel (risas). Ni siquiera trabajando con Rich sabía cuáles eran las mejores herramientas para el oficio! Fue cuando me di cuenta de que las herramientas no eran tan importantes como las manos que las sujetaban, al menos en lo que a dibujar se refiere. A la hora de entintar, vale, hay cosas como el grosor de la línea y otros elementos básicos que hay que dominar. Pero entonces yo no tenía que preocuparme de eso porque Rich dibujaba a lápiz, no era entintador. Cuando entintaba lo hacía con pincel, algo que yo no podría utilizar nunca. Tengo un problema en las articulaciones de la mano que me impide controlar bien el pincel.”
    “Tras recibir la llamada de Rich Buckler y empezar a trabajar con él, empecé a presentar en las conversaciones aquellos dibujos por los que me pagaban, no los que hacía antes. Cuando trabajaba con Rich, apenas hacia otra cosa que dibujar teniendo como referencia material de The Mighty Thor y Fantastic Four realizados por Jack Kirby. Nunca dibujé a Deathlock, al menos no en la serie que hizo él. Rich me enseñó mucho sobre cómo preparar el trabajo, la forma de dar dinamismo a un personaje, a dibujar figuras en una secuencia horizontal y añadir luego un fondo para resaltar a los personajes. Sobre todo me enseñó la forma en que Jack Kirby hacía las cosas. Aprendí mucho de narrativa, pero no tuve demasiadas ocasiones de aplicarlo entonces. También me enseñó perspectiva y, sobre todo, me enseñó que una de las mejores cosas que tiene el cómic es que puedes dibujar en cualquier sitio. Aprendí a dibujar sentado en cualquier silla, tumbado de espaldas en el sofá, sentado en el retrete… Una vez, en una convención (creo que estaba con Bill Sienkiewicz y su mujer) me fui al lavabo y volví con media página dibujada (risas). Estaba completando el círculo que empezó con aquel niño de cinco años sentado en el retrete dibujando en un barreño (risas). He descubierto que el único sitio donde no puedo dibujar es la playa, porque el sol se refleja en el papel y me deja ciego. Aparte de ese sitio, puedo llevarme el trabajo a cualquier parte.” (George Pérez).

  9. Un detalle no precisamente baladí: En esta serie Buckler nos presenta el primer matrimonio interracial de la historia de Marvel. Ya sin lugar a interpretaciones. Anteriormente ya se nos había presentado alguna relación romántica (pocas y con escasa fisicidad) como la de Peggy Carter y Gabe Jones (convertida en más polémica luego por retrocontinuidad, al revelarnos años después que Gabe ya estaba casado), pero esto no tenía matices ni versos libres.

  10. Gracias una vez más por tan valuosos aportes, Suso. 😉

    Los Guardianes de la Galaxia son todavía más viejos que Killraven y Deathlok, pero digamos que su colección apareció algo más tarde. No así su primera aventura en solitario, que data del 69.
    Por desgracia, dicho número no fue incluido en el tomo que en que se recuperó su serie de Marvel Presents, y por eso he decidido hacer la reseña del tomo con fecha del número uno. De haber sido incluida esa primera aparición, la reseña ya estaría hecha hace muchos meses.

    Leyendo el tomo fácilmente me ha venido a la cabeza Robocop. Pero se me ha ocurrido buscar i la influencia del cíborg cinematográfico parece que proviene de otro cíborg más antiguo, ahora no recuerdo el nombre.

    • Será de El Hombre de los Seis Millones de Dolares. Aunque no tenía precisamente la lectura antisistema del film de Verhoeven y que comparte con Deathlock. En ese aspecto van más los tiros por la influencia del Juez Dredd que del antihéroe de Marvel, que no me consta.

      • Pues lo he buscado y el sitio donde lo encontré fue Wikipedia. Pone que estuvo inspirado, entre otros, en Iron Man y Juez Dredd.
        Que bueno, vete a saber, no sé si es una información muy fiable.

        • Lo de Dredd sí que lo había oído alguna vez. Lo de El Hombre de los Seis Millones de Dolares lo he supuesto por el tema de la mutilación y por el tremendo tirón que tuvo en la época (yo recuerdo ver capítulos pero si mal no recuerdo la ponían en horario escolar). En Deathlock creo que Buckler desmintió la influencia porque aunque la serie de TV es contemporánea al comic, habría creado al personaje antes de su emisión. La novela en que se basa no se si la habría leído.

          Por supuesto, en su día el Deathlock era la leche. Quizá se adelantó a su tiempo. En la segunda mitad de los 80 hubiese sido uno más pero en los 70 (en realidad, aquí, principios de los 80), para mí fue lo más.

  11. Lo del matrimonio interracial es cierto. No lo he comentado porque ya había comentado otras relaciones de este tipo.
    Ahora no sé si lo de Puño de Hierro y Misty es anterior o posterior a este matrimonio.

    • No me hagas jurarlo pero diría que lo de Danny y Misty era anterior, en todo caso al principio era también más platónico y light. Aquí está claro y directo, al grano desde el principio y sin ambajes, paños calientes ni disimulos, como en sus precedentes marvelitas.

  12. Bueno, mirado: Misty es del ’75. Y todavía tarda bastante en establecer una relación con Danny pese al inmediato feeling, están bastante más de un año con el tira y afloja de si simplemente se gustan siquiera (más para entrar ligeramente en harina). Aquí en cambio ya se nos presentan desde el principio (y a las claras) hechos consumados, sin juegos ni interpretaciones.

    • Ya no es ni algo insinuado casi con temor por parte del guionista, ni una simple atracción, ni algo platónico que tardará bastante en ir a más. Fue la primera vez que en Marvel se atrevieron a dejarlo claro. Y fue empeño personal de Buckler.

  13. Volviendo al culebrón entre Pérez, Buckler y la esposa de Pérez (que consideraba que su marido pasaba demasiado tiempo con ese señor jugando a ser dibujante …y sin hacerle caso): “(…)mi mujer no estaba nada contenta con lo que pasaba. Entonces Rich me soltó algo semejante a “que le den a tu mujer”, y nadie habla así de mi mujer. Acabé cortando la relación y me fui sin saber lo que iba a ser de mí.” (George Pérez).

  14. Después de que despidieran poco después a George del banco, Buckler reapareció al rescate pasándole el encargo de Man-Wolf, salvando la carrera de Pérez (y su economía) cuando ni había empezado (y de rebote su relación). …Pero que veáis que pasaría la noche dibujando en casa de vuestros colegas puede traducirse en problemas de pareja (e incluso traer funestas consecuencias para esas amistades, ja). El primer matrimonio de Pérez (como la mayoría de matrimonios marvelitas de los setenta) no duró tampoco, por cierto.

  15. Opino que ahora que están tan de moda los cruces con personajes de otras editoriales o universos , un “TERMINATOR contra DEATHLOCK” representando el TERMINATOR a la destrucción de la humanidad, y DEATHLOCK a su salvación ¡¡¡¡HUBIERA QUEDADO LA MAR DE BIEN¡¡¡

    • Ahora tienen a los Deathlock precisamente ejerciendo de los Terminator de Marvel (o sea, de amenaza para la humanidad y su futuro …o de brazo ejecutor de la corporación privada de turno que busca gobernar la, según la línea paralela de turno).

  16. Te acuerdas, Luis, de aquella portada de don Rafael López Espí para Insuperables con Deathlock desatándose de la cruz (en plan Jesucristo cyborg belicoso ligeramente putrefacto)?

  17. Por supuesto que¡¡SI¡¡, el gran RAFAEL LOPEZ ESPI , todo un referente para cualquier eterano lector de VERTICE y otras delicias, ALGUNAS PORTDDAS SUPERABANEN ARTE Y ORIGINALIDAD A LAS DE LOS USA,

  18. Y nos situamos ya con el final de este tomo en los últimos meses del bueno de Archie Goodwin como Editor Jefe, antes de que Stan Lee lo defenestrase ante los malos resultados comerciales (y los cada vez más habituales retrasos en las fechas de entrega, lo que obligaba a recurrir a fill-ins o al encarecimiento de los costes de producción si se retrasaban las entregas del material a la imprenta) y entregase el puesto al ambicioso Jim Shooter (entonces asistente del propio Goodwin …y a la vez “negro” de Lee en las tiras de prensa de Spidey) en plenas navidades del ’77 (la cena de empresa debió ser tensa), tras el temprano fallecimiento de John Verpoorten (gerente de producción) y la negativa de un aterrorizado John Romita (al que ya se le había ofrecido el puesto de capo de tutti le capi en el pasado …y que no quería saber nada de ser el “responsable” de todo ante los jefazos) a asumir el puesto.

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