El Castigador, uno de los antihéroes por excelencia del Universo Marvel, fue creado por Gerry Conway en los años setenta dentro de las páginas de The Amazing Spider-Man. Tras numerosas apariciones en las colecciones arácnidas y en otros títulos de la editorial, no sería hasta 1986 cuando el personaje obtendría su primera serie propia: la miniserie de cinco números que recoge este volumen.
Steven Grant se encarga del guion, mientras Mike Zeck firma el dibujo a lápiz y John Beatty, entintador habitual del artista, se ocupa de los acabados. La única excepción llega en el último número, donde Mike Vosburg sustituye a Zeck al dibujo y Mary Jo Duffy colabora en los diálogos.
Desde luego, el Castigador era un tipo de personaje muy poco habitual dentro del Universo Marvel de los años ochenta. Y no sólo por su condición de antihéroe, sino también por carecer de cualquier clase de superpoder. Frank Castle no posee habilidades sobrehumanas, no viste un traje que le otorgue capacidades especiales y ni tan siquiera destaca por ser el mejor en el dominio de algún tipo de arma. Es, sencillamente, un hombre corriente armado con armas de fuego. No estoy del todo seguro, pero probablemente sea el primer personaje de estas características en protagonizar una colección propia dentro del Universo Marvel, precisamente ésta que nos ocupa.
Quizá para remarcar todavía más esa diferencia respecto al resto de la editorial, los autores optan por que no aparezca ni se mencione a ningún superhéroe del Universo Marvel a lo largo de toda la miniserie.
La historia arranca con Frank Castle ingresado en una prisión justo cuando está a punto de producirse una fuga masiva organizada por las mafias reclusas en el correccional. Un Castle que acaba envuelto en un juego de corrupción, alianzas de conveniencia, traiciones y luchas de poder con el capo mafioso Don Cervello y su mano derecha, Puzzle —viejo conocido del Castigador— en lo alto de la pirámide. Frank Castle sufre y hace sufrir al caudal de delincuencia que habita en la prisión para acabar desbaratando los planes de fuga, justo antes de verse envuelto por sorpresa en el ofrecimiento de una organización llamada el Trust. Un proyecto organizado por ciudadanos limpios y adinerados que promete facilitar recursos ilimitados al Castigador a cambio de que elimine toda la delincuencia de la ciudad a su modo, sin restricciones.
Todo ello constituye un primer número excelente que además funciona como historia cerrada. Por si fuera poco, Steve Grant nos pone en contexto de manera sobresaliente repasando el pasado de Frank Castle como marine en Vietnam y cómo el asesinato de su familia acabó convirtiéndolo en el Castigador.
Y bueno, luego está el espectacular trabajo de Mike Zeck en este número, entre lo mejorcito de su carrera.
A partir de aquí, los cuatro números restantes desarrollan la relación entre Frank Castle y el Trust, una organización que, en apariencia, comparte su misma cruzada contra el crimen.
Sin embargo, conforme avanza la historia, creo que el desarrollo del planteamiento de Grant no es todo lo fluido que podría y nos acabamos perdiendo entre un cúmulo de personajes y artimañas. Tampoco Mike Zeck mantiene el nivel del primer número y su dibujo va perdiendo fuerza a medida que avanza la serie.
El plan del Trust consiste en enfrentar entre sí a las diferentes organizaciones criminales para provocar su destrucción mutua. En un primer momento todo parece responder a una maniobra de Kingpin, pero pronto descubrimos que detrás de todos los acontecimientos se encuentra Alaric, cabeza visible del Trust. Su objetivo es erradicar la delincuencia a cualquier precio, sin reparar en posibles víctimas inocentes.
La organización lleva su fanatismo todavía más lejos creando el llamado Escuadrón de Castigo: un grupo de delincuentes sometidos mediante control mental y disfrazados como el propio Castigador, cuya función es la de asesinar a otros criminales. Ciudadanos «de bien» que utilizan a criminales para acabar con los criminales, he aquí la ironía de todo ello.
En un principio, los planteamientos del Trust parecen coincidir con la forma de pensar de Frank Castle. Sin embargo, para alguien que perdió a su feliz familia asesinada a manos de delincuentes, los daños colaterales que significan la muerte de inocentes nunca pueden justificar el acto en sí, como tampoco la manipulación de la voluntad de otras personas mediante el suministro de drogas, por mucho que el objetivo final pueda parecer el mismo que él persigue.
Ésta es, probablemente, la idea más interesante de toda la miniserie. El Trust es el vehículo que utiliza Steve Grant para poner en valor la humanidad del Castigador y para sacar a la luz sus contradicciones. Todos ellos representan esa justicia vengativa que, en mayor o menor medida, todos llevamos dentro; esa satisfacción que produce ver en el cine cómo un criminal despiadado recibe su merecido a manos de un justiciero al margen de la ley. Pero Grant establece el límite moral que separa a Frank Castle del extremismo del Trust. Y es que el Castigador, a diferencia del Trust, es capaz de recapacitar y parar a tiempo su escalada sangrienta. Castle comprende que, cuando esa justicia pasa a convertirse en un instrumento de poder capaz de justificar cualquier medio, deja de ser justicia para convertirse en otra forma de tiranía.
Todo este proceso explicativo, como digo, no es que sea lo más clarificador que podamos esperar, pero la idea de base de esta historia acabaría definiendo la personalidad del personaje para el resto de su trayectoria. En definitiva, Frank Castle acepta que su guerra contra el crimen nunca tendrá un final, que está condenado a vivir en un interminable círculo de sangre, de ahí el título de la miniserie.
El último número, centrado en el asalto del Castigador a la fortaleza de Alaric, apuntaba a convertirse en un desenlace tan espectacular como el brillante episodio inicial de la fuga de la prisión. Sin embargo, la sustitución de Mike Zeck por el flojo Mike Vosburg en el apartado gráfico acaba pasando demasiada factura, quedando un final de saga un poco deslucido.
Regreso a Gran Nada.
El mismo equipo creativo volvería a reunirse tres años después para realizar una Epic Graphic Novel que también se incluye en este volumen.
En esta ocasión, Frank Castle investiga una trama de tráfico de armas y drogas que termina conduciéndolo hasta un viejo conocido de la guerra de Vietnam: su antiguo sargento Cleve Gorman.
La historia alterna la investigación en el presente con numerosos recuerdos del conflicto vietnamita, mostrando cómo Castle ya intuía entonces la naturaleza inmoral de Gorman.
El enfrentamiento final sirve para contraponer dos maneras completamente opuestas de entender el deber militar. Gorman representa todo aquello que la guerra tiene de corrupción, abuso y degradación moral; Castle, en cambio, encarna al soldado que, pese a vivir rodeado de violencia, conserva un código ético del que nunca se aparta. Frank no disfruta matando; simplemente considera que es un deber inevitable. Una idea que define muy bien quién es el Castigador.
En conjunto, Regreso a Gran Nada funciona como un sólido thriller de acción con la guerra de Vietnam como telón de fondo. Además, Mike Zeck vuelve a firmar un excelente trabajo gráfico que, en mi opinión, hace que esta novela gráfica resulte incluso superior a la miniserie, aunque su importancia dentro de la trayectoria del personaje sea bastante menor.
Conclusión.
Nos encontramos ante una obra fundamental en la historia del Castigador. No tanto porque sea necesariamente su mejor historia, sino porque establece de forma definitiva la personalidad de Frank Castle y fija muchos de los principios morales que definirán al personaje durante las décadas siguientes. Una colección que marcó un antes y un después para el Castigador y que abrió el camino a todas sus futuras series en solitario.
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Una joyita. Todavía de lo mejor de la larga y sangrienta carrera de Frank Castle. También de la de (afortunadamente solo con salpicaduras de tinta) MIKE ZECK (pena que fallase en la recta final …y que en la Era Shooter no esperasen por él). Y de la (menos lustrosa) de Steven Grant (el guionista con nombre de álter ego de vigilante con capa).
Y gran reseña del amigo Rockomic.👌😉