Reseñas: Factor-X: Omnigold 1: «Bautismo de Fuego» (1986-1987)

El sector mutante de Marvel abre, con el tomo que nos ocupa, un tercer título regular que confirma definitivamente la idea de un universo mutante. Por si todavía quedaba alguna duda tras la consolidación de las dos colecciones en curso: la Patrulla-X y los Nuevos Mutantes.

Sin embargo, en esta ocasión la nueva serie no recae en el arquitecto de la franquicia mutante, Chris Claremont. Esto se explica, en buena parte, porque Claremont no tuvo nada que ver con el planteamiento que propone el nuevo título: la recuperación de la Patrulla-X original al completo. Es más, la nueva colección choca frontalmente con algunas decisiones argumentales que Claremont había tomado, especialmente las relativas a Cíclope, por lo que el nacimiento de Factor-X es lógico que no fuera de su agrado. Pese a todo, Chris no tuvo más remedio que tragar y asumir que la nueva colección acabaría integrada en su Universo Mutante.

De entrada, la idea de recuperar a la Patrulla-X original presentaba un serio problema: uno de sus miembros, Jean Grey, estaba oficialmente muerto. Es por ello que quien inicialmente iba a ocupar su puesto era Dazzler, una idea que finalmente fue descartada.

El caso es que antes de dar inicio al nuevo título no había más remedio que inventarse algo para traer a Jean de vuelta al mundo de los vivos. Y aquí es donde entra el polémico crossover entre los Cuatro Fantásticos y los Vengadores. Una historia construida por los guionistas de ambos títulos, John Byrne y Roger Stern, que nos viene a decir que la Jean Grey que vimos fallecer en la saga de Fénix Oscura no era en realidad Jean Grey.

Dos números que, precisamente, abren el tomo que nos ocupa, pero que no merece la pena comentar puesto que ya lo hice en las correspondientes reseñas de los Cuatro Fantásticos y de los Vengadores, y porque no forman parte del título que nos ocupa, Factor-X.

El caso es que la responsabilidad cae inicialmente en Bob Layton, que se ocupa de los guiones del nuevo título en sus cinco primeros números. El dibujo corre a cargo de Jackson Guice en estos primeros números, excepto uno dibujado por Keith Pollard.

El primer número es una historia de origen del grupo, de cómo se reunifican. De hecho, es aquí donde vemos cómo Scott, Warren, Hank y Bobby se enteran de que Jean está viva. Un argumento que fácilmente calificaríamos como previsible, pero es la historia que tiene que ser dadas las circunstancias.

El motor de la reunificación no es otro que la renacida Jean, que acaba tirando de sus excompañeros, todos ellos retirados de la vida superheroica. Warren está con su novia Candy Southern, dispuesto a dejar cualquier actividad heroica; Hank y Bobby intentan integrarse en la vida laboral, mientras que Scott lleva vida de casado y de padre.

Y aquí está el caso más incómodo, porque Layton no se anda con medias tintas y decide cortar de cuajo la relación entre Scott Summers y Madelyne Pryor, siendo Scott quien deja perder a su mujer y a su hijo.

Aquí hay un detalle importante que parece hecho con toda la intención. Jean ha perdido sus poderes telepáticos y solo conserva los de telequinesis. Es una forma de dar manga ancha al infaltable culebrón, puesto que Cíclope pospone hasta el absurdo las explicaciones a Jean sobre su actual vida de casado y padre, mientras que Jean ya no tiene la capacidad de hurgar en la mente de su amado.

Creo que esta es la parte más floja de toda esta etapa, recordándonos al aburrido culebrón romántico de Stan Lee en aquellos lejanos primeros tiempos de la Patrulla-X. Ya solo faltaba la tímida incorporación de Warren en un amago de triángulo amoroso.

Y es que el tono que Bob Layton le da a la serie es en ocasiones demasiado deudor del espíritu de la Patrulla-X de Lee-Kirby, cosa que choca frontalmente con la revolución llevada a cabo por Chris Claremont durante todos estos años.

En el proceso de reunificación entra en escena Cameron Hodge, el relaciones públicas del grupo y primer personaje de apoyo creado específicamente para la nueva colección.

Hodge es el arquitecto del grupo, quien planifica la estrategia a seguir de acuerdo con los objetivos marcados. La intención es convertir a Factor-X en una agencia antimutante, evidentemente una tapadera de sus verdaderos objetivos. De este modo, ante cualquier alerta por alguna posible amenaza mutante, Factor-X recibirá a esos mutantes con el fin de protegerles y enseñarles a usar sus poderes.

En el fondo, el planteamiento no deja de ser algo parecido a la escuela de Xavier, con un Hodge que podría entenderse como una especie de Profesor X, pero sin poderes. Digamos que la principal diferencia está en que Factor-X cobra por sus servicios, pero como quien paga es el racista de turno que quiere librarse de un mutante, parece hasta honesto hacerlo. En cualquier caso, la medida del cobro por los servicios prestados es tan desconcertante que apenas tiene recorrido.

De hecho, hay que reconocer que la misma concepción de Factor-X tiene lagunas por todos lados, empezando porque se supone que los miembros originales de la Patrulla-X son figuras públicas y deberían ser fácilmente reconocibles por mucha gente. Pero bueno…

Sin embargo, la idea del grupo de caza mutantes también presenta muchos alicientes. Principalmente en la incorporación de los mutantes que van adoptando nuestros protagonistas, los particulares «Nuevos Mutantes» de Factor-X.

El primer de ellos aparece pronto. Rusty Collins, un chaval que descubre cómo su cuerpo empieza a arder y despedir fuego. Y, a continuación, hace lo propio Arthur Maddicks, un niño mutante de apariencia monstruosa capaz de proyectar imágenes mentales de cualquier individuo. La presentación de Artie es una de las mejores noticias de esta etapa. El pequeño aparece para pronto estar en el centro de muchas de las tramas.

El arco de presentación de éste último cuenta la clásica historia sobre el padre que pretende convertir a su hijo en un ser humano normal. Un recurso manido, pero que acostumbra a funcionar bien, como es el caso. La trama también sirve para recuperar a personajes presentados en la vieja colección de la Bestia, como el Doctor Carl Maddicks y la divertida Vera Cantor, pero sobre todo nos trae de vuelta a la Bestia original, la de apariencia humana. Es la última particularidad que quedaba para tener de vuelta a la Patrulla-X original al detalle.

Lógicamente, también tenemos que hablar de la parte antagonista, como en toda colección de género superheroico que se precie. En este contexto, se nos presenta a la Alianza del Mal, un grupo de mutantes mercenarios formado por Torre, Frenesí, Sombra Temporal y Aguijón. Pero quién nos interesa es la figura que se esconde tras ellos, un sujeto a quien no alcanzamos a ver su rostro, pero al que Layton llega a poner nombre justo antes de dejar la colección: Apocalipsis.

Apocalipsis acabará siendo el gran supervillano de la colección, el archienemigo de Factor-X. Un personaje que es cierto que en este punto está totalmente por desarrollar, pero tampoco sería justo negarle a Layton su contribución en el germen del villano, en la figura y el nombre.

La etapa de Layton termina precisamente cuando la serie ha empezado a establecer sus principales elementos: la nueva organización, las bases de Factor-X, los jóvenes mutantes en prácticas y la amenaza de Apocalipsis. No diría que su trabajo sea malo, ni mucho menos; está bien escrito y sabe mantener el interés, pero la orientación que imprime a la colección no termina de ser la adecuada para la era Claremont. Aun así, Layton tiene el mérito de dejar planteadas suficientes incógnitas como para generar expectativas sobre lo que está por venir.

En cuanto al dibujo, Jackson Guice empieza regularcillo, pero su trabajo va claramente de menos a más.

Antes de pasar a la siguiente etapa hay que comentar el primer anual de Factor-X, también obra de Bob Layton, en este caso acompañado por el dibujo de Brett Breeding.

Un número autoconclusivo sin ninguna rama argumental que conecte con lo que nos estaba contando Layton en la serie mensual. Factor-X se ve obligado a hacer de espía en un feo asunto que trae ecos de la Guerra Fría y que recupera la recurrente amenaza comunista de los inicios de Marvel. De propina, el grupo se enfrenta a la Dinamo Carmesí. Correcto sin más.

Entra Louise Simonson.

Louise Simonson toma el relevo de Bob Layton para continuar desarrollando las tramas que este había dejado planteadas. Simonson, cuyo nombre real es Louise Jones, consigue poco a poco imprimir a la colección una personalidad propia, más cercana al tono que por entonces predominaba en el resto del universo mutante. Jackson Guice continúa inicialmente como dibujante, aunque no tardará en ser sustituido por Walter Simonson, que se convierte en el dibujante regular de la serie, con permiso de algunos dibujantes invitados en varios números intercalados. Concretamente, Marc Silvestri se ocupa de dos números y Terry Shoemaker de uno.

Apocalipsis se confirma rápidamente como la gran amenaza. Al menos inicialmente, Simonson parece plantearlo como una especie de equivalente de Magneto, mientras que la Alianza del Mal ejerce el papel de una nueva Hermandad de Mutantes Diabólicos. Sin embargo, poco a poco el personaje irá adquiriendo una personalidad mucho más definida y, sobre todo, una dimensión bastante más siniestra.

También se suma al elenco de secundarios Trish Tilby, periodista que tendrá una importancia creciente en la serie y que sirve, entre otras cosas, para poner en cuestión la fachada pública de Factor-X. Mientras tanto, el triángulo formado por Scott, Jean y Madelyne Pryor sigue ocupando una parte importante de la trama, pero Simonson pronto le da un giro a la absurda y enquistada situación. Finalmente, Scott acaba confesando a Jean su realidad de hombre casado, y aunque inicialmente ella reacciona con indignación, termina comprendiendo la situación.

La colección empieza también a introducir historias de carácter más dramático. Gusano y Pesado son dos mutantes afectados por la radiación de una explosión nuclear que, sabiendo que su muerte se aproxima, intentan encontrar algún sentido a su existencia y terminan enfrentándose a Factor-X. Son historias que permiten a Simonson abordar de una manera bastante más seria las consecuencias de ser un mutante y que empiezan a alejar la serie del tono más ligero de los primeros números.

Otros que también se pasean por aquí son la Fuerza de la Libertad, la agrupación formada por antiguos miembros de la Hermandad de Mutantes Diabólicos dirigidos por Mística y formados por Spiderwoman, Mole, Destino, Avalancha, Piros y Espiral. Como bien sabemos del título de la Patrulla-X, el grupo ha llegado a un acuerdo con el Gobierno: a cambio de recibir un indulto por sus anteriores actividades, sus integrantes pasan a trabajar para las autoridades.

Al mismo tiempo, Factor-X se busca una coartada para evitar sospechas. Cuando aparecen en sus trajes superheroicos, indisimuladamente como mutantes, nuestros protagonistas adoptan el nombre de X-Terminadores, supuestos mutantes malignos a los que Factor-X intenta dar caza a ojos de la opinión pública.

Todo ello nos conduce a una situación de lo más paradójica. Los que fueran la Hermandad de Mutantes Diabólicos trabajan para el gobierno en la captura de mutantes supuestamente peligrosos, mientras los buenos, los que se hacen llamar X-Terminadores, juegan el papel de mutantes malvados. Por no hablar de que estos últimos, en su tapadera como Factor-X, juegan a ser humanos antimutantes.

A consecuencia de ello, más la suma de la  creciente hostilidad antimutante por parte de las autoridades, la prensa y los exaltados ciudadanos, la colección pasa por un tramo algo denso argumentalmente. También es cierto que todo este bullicio tiene su razón de ser dado el cúmulo de tapaderas y falsas apariencias de unos y otros, que no hacen más que complicar las cosas.

En cualquier caso, todo ello desemboca en la entrada de la colección al primer evento mutante global.

La masacre mutante.

La Masacre Mutante supone el primer gran acontecimiento que afecta de manera conjunta a las diferentes colecciones relacionadas con los mutantes. Aunque Chris Claremont es el principal responsable de la concepción de la historia, ya que el grueso del argumento se desarrolla en X-Men, el crossover implica también a Nuevos Mutantes y especialmente a Factor-X, y aquí es donde entra el matrimonio formado por Louise y Walter Simonson, los otros escritores del evento. Porque, aprovechando la ocasión, además de la esencial inclusión de Factor-X, también participan en el cruce Power Pack, colección guionizada por Louise Simonson, y Thor, guionizada por Walter Simonson.

Pese al hecho de encontrarnos con un ciclo argumental desarrollado en diferentes títulos, la colección que nos ocupa puede seguirse razonablemente bien sin necesidad de incluir el evento completo. Lo único que se incluye en esta edición son fragmentos de los números de Thor, que son los únicos que afectan directamente a la línea argumental desarrollada en Factor-X.

El caso es que la presentación de un nuevo personaje, que acude en ayuda del perseguido Rusty Collins, significa la entrada de Factor-X en el evento. Estoy hablando de Desliza, una joven morlock que acabará siendo la tercera incorporación al grupo de mutantes tutelados por el equipo.

Los responsables de la matanza son los Merodeadores, un grupo de asesinos mutantes, algunos previamente presentados, formado por Arpón, Arco Voltaico, Dientes de Sable, Vértigo, Demoledor y Disruptor. Su objetivo es eliminar a los Morlocks, los mutantes marginales que viven ocultos en las alcantarillas de Nueva York. La masacre se convierte así en uno de los episodios más brutales de la historia reciente de los mutantes y tiene consecuencias importantes para la mayoría de los Morlocks. De hecho, los únicos que aparentemente se salvan de la quema son Calibán, Sanguijuela, Ergio, Máscara, Simio, Bella Durmiente y Brea, personajes que juegan un notable papel en la trama que nos ocupa.

Lo cierto es que Factor-X, como todas las demás series que forman el evento, con la excepción de la Patrulla-X, pasa de forma tangencial por la historia. Nuestros protagonistas no son parte activa de la trama principal, pero sí conviven con los efectos de la masacre y hasta sufren sus consecuencias, en especial el Ángel. El mutante alado vive aquí el primer capítulo de su caída en desgracia y posterior transformación.

Por otro lado, el grupo de mutantes tutelados por Factor-X experimenta nuevas incorporaciones que se suman a Artie y Rusty. Es el caso de la mencionada Desliza, pero también de Bum Bum, la jovencita traviesa presentada en el macroevento Secret Wars II.

Pero la Masacre Mutante también supone el inicio de otra línea argumental. Y es que Apocalipsis aprovecha la ocasión para empezar a reunir efectivos para su plan, los Jinetes de Apocalipsis. El primero es el morlock Plaga, a quien rebautiza como Peste. Luego, Abraham Lincoln Kieros, un exmilitar condenado a vivir en una máquina, que pasa a ser Guerra; y finalmente, una niña llamada Autumn Rolfson que adopta la identidad de Hambre.

Creo que es aquí cuando la colección empieza a ganar mayor interés y a resultar realmente notable. Una colección que ya tiene poco que ver con lo realizado por Bob Layton, que toma un rumbo mucho más dramático y pesimista. Buena prueba de ello es el creciente sentimiento de culpa y frustración que se extiende entre muchos de los protagonistas hasta extremos cercanos a la depresión, especialmente en los casos de Scott, Warren y Jean.

Por otro lado, la farsa de Factor-X empieza a resquebrajarse. En lo que es una bocanada de realidad por parte de la guionista, porque ya no tenía sentido alargar más una situación en la que tipos que van a cara descubierta —con la única excepción de unas gafas— no fueran reconocidos como los mismos X-Terminadores o, simplemente, los antiguos miembros de la Patrulla-X.

Para mayor desgracia de Warren, es a través de él que la prensa —la periodista sin escrúpulos Trish Tilby— descubre que el Ángel, un mutante, está financiando a Factor-X, unos cazadores de mutantes, con lo que el fin de Factor-X, de su razón de ser, parece ya inevitable.

En lo relativo a Cíclope, Louise Simonson también opta por el sentido común cuando definitivamente Scott decide ir en busca de Maddie y su hijo, que se encuentran ilocalizables. Sin embargo, nuestro hombre descubre cómo alguien ha borrado todo rastro de la existencia de Madelyne y su hijo, como si nunca hubieran existido. La aparición del cuerpo descompuesto de una pelirroja acrecienta la intriga y abre definitivamente una nueva línea argumental en una colección que no para de crecer en interés.

Por si fuera poco, Cíclope se da de bruces con la amenaza del Molde Maestro, el viejo líder de los Centinelas renacido de sus cenizas, en un espectacular enfrentamiento por obra y gracia de don Walter Simonson.

El caso es que el tramo final del tomo deja las expectativas por todo lo alto con la presentación de los, de momento, tres Jinetes de Apocalipsis, el aparente punto final para Warren y el caso Maddie. Pero todo ello no es más que un aperitivo de lo que nos espera en el siguiente tomo.

El número que cierra el tomo representa un pequeño paréntesis para las tramas centrales. Un episodio que también cuenta con dibujante invitado, el genial David Mazzucchelli. Se trata de una encantadora historia que se centra en los estudiantes en prácticas, especialmente Rusty y Desliza, más un importante papel jugado por el morlock Máscara.

A estas alturas, los jóvenes aprendices ya se han ganado un lugar en el corazón de los lectores. Y es que Artie, Desliza, Bum Bum y Rusty son personajes muy bien desarrollados ya desde su creación, además de uno de los puntos de interés de la colección de cara al futuro. Simonson sabe aprovechar las relaciones que se establecen entre ellos para introducir momentos más ligeros dentro de una etapa que, por lo demás, se está volviendo cada vez más dramática.

Mención aparte para la bonita complicidad entre Artie y el morlock Sanguijuela, puro sentido común al tratarse ambos de niños con cuerpos mutados y limitaciones en el habla.

Conclusión.

Primer tomo correspondiente a la colección Factor-X. Un volumen que va claramente de menos a más.

Si bien no considero que la etapa de Bob Layton sea mala, ni mucho menos, sí que creo que Louise Simonson sabe entender y adaptarse mucho mejor a la crónica mutante que nos viene construyendo Chris Claremont.

En cualquier caso, no se puede negar que todo el tomo es entretenido, ya desde la primera página, y que los guionistas saben mantener nuestro interés. Pero no es hasta el último tercio cuando podemos hablar de una serie de nivel más que notable.

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rockomic

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