A mediados de los 80, y tras la friolera de 150 números a su espalda, la editorial Marvel consideró que Marvel Team-Up, la colección de Spiderman con invitados, ya había contado todo lo que tenía que contar, de modo que le dio cierre. Sin embargo, el Trepamuros seguía teniendo demasiado tirón como para dejarlo sin una sus tres series mensuales, de modo que Marvel Team-Up murió para dar a luz a un nuevo título mensual: Web of Spider-Man.
Por supuesto, esta Telaraña de Spiderman es una colección de nuestro querido Spidey tal cual, sin cabecera compartida por con otros nombres, ni ninguna otra particularidad que la diferencie de sus hermanas Amazing y Spectacular. Una colección que inauguramos con este primer volumen recopilatorio.
En el plano creativo, el nuevo título inicia su andadura sin un equipo estable, ni siquiera en el apartado escrito. Louise Simonson es quien pone en marcha la maquinaria, pero su trayecto no pasa de los tres números iniciales. Algo parecido ocurre con el dibujante Greg LaRocque que se despide tras los cuatro primeros.
La editorial reserva un caramelito para este inicio de colección. Y es que el primer número forma un crossover con Peter Parker el Espectacular Spiderman, cerrando la trama correspondiente al simbionte, ni más ni menos. Un plato fuerte, para empezar, que empuja irremediablemente a los lectores arácnidos a sumarse al nuevo título. De hecho, se puede decir que Spiderman y el simbionte de enfrentan por primera vez en este número, aunque también es cierto que los autores todavía no los desvelan hacia donde se va a dirigir todo el asunto del traje alienígena.
De nuevo enfundado en su traje clásico, el rojo y azul, que irá alternando con uno completamente negro, está vez de tela, Spiderman se enfrenta ahora a los Buitres. Se trata de un grupo de cuatro maleantes de pacotilla a quienes les cayó del cielo el secreto del mecanismo volador ideado por el clásico supervillano. Precisamente, los Buitres sirven de aperitivo para el Buitre, el original, que clama venganza contra sus suplantadores por plagiarle el invento. Cómics correctos, no más, que completan el breve paso de Louise Simonson por el título.
El turno es ahora para Danny Fingeroth que, como Simonson, no pasa de los tres números consecutivos. Tres números con sendos dibujantes, LaRocque, Jim Mooney y Mike Harris.
Fingeroth empieza trayendo de nuevo al Doctor Octopus, en estos momentos carne de psiquiátrico tras lo vivido en sus últimas apariciones. El guionista recicla la idea, ya desarrollada anteriormente por Stan Lee, de los brazos mecánicos controlados mentalmente a distancia por Octopus, y devuelve al personaje a su naturaleza malvada, tras las dudas planteadas por John Byrne dentro de su etapa en los Cuatro Fantásticos.
Una lucha más de Spiderman contra Doc Ock, y no precisamente de las mejores, que además incorpora alguna idea un tanto ridícula, como lo del robot clon de Spiderman. Mención aparte para ese derecho legal, al que puede acogerse Octopus, por el cual sus brazos mecánicos no pueden ser dañados porque forman parte sensitiva de su cuerpo. Al menos vale como explicación de por qué las autoridades no destruyen de una vez por todas los dichosos tentáculos.
A continuación, el turno es para el paso de Spiderman por el macro evento del momento, las Secreto Wars II, en un episodio doble que cruza Web of Spider-Man con su hermana The Amazing Spider-Man.
Un edificio, situado en Manhattan, que ha sido transformado en oro macizo hasta el último detalle por el Todopoderoso, amenaza con provocar una caída sin precedentes en la economía mundial en caso de que todo ese oro fuera puesto en circulación. De este modo, el Gobierno de los EEUU se apresura a hacer desaparecer todo el edificio en una fosa oceánica, algo con lo que está de acuerdo el líder del crimen de la ciudad, Kingpin, que recela de inestabilidades que hagan peligrar su reinado. Sin embargo, el orondo mafioso está dispuesto a sacar tajada del suceso procurándose unas cuantas máquinas de escribir de oro puro. Un arco de dos números que plantea algunos dilemas morales, también en el propio Peter Parker cuando aprovecha la situación para quedarse con una libreta de oro. Un muy buen arco que se lee sin problemas fuera del macroevento.
En cualquier colección de Spiderman que se precie no puede faltar ese 50% de contenido dedicado a las aventuras cotidianas de Peter Parker y, por supuesto, La Telaraña de Spiderman no es una excepción. Y lo cierto es que, al menos en estos primeros compases del nuevo título, los guionistas se cuidan de ir inyectando algunas novedades, en este sentido, y de diversificar las vivencias extrasuperheroicas de Peter respecto a Amazing y Spectacular.
Quizás en su condición de trabajador del Daily Bugle es dónde notamos más diferencias. Precisamente, es en Web of Spider-Man donde tiene lugar la presentación por todo lo alto de la nueva empleada de la editorial. La nueva jefa de redacción del periódico Kathryn Cushing, a quien luego vemos pasearse también por las otras series arácnidas. Pero también es en este título dónde se inaugura la nueva publicación dirigida por J. Jonah Jameson, Now Magazine. De hecho, Peter acaba por dedicar casi todos sus esfuerzos como fotorreportero a la Now de Jameson por encima del Bugle de Robertson, pero eso ya será en la segunda mitad del volumen.
En el plano sentimental y familiar, Mary Jane, que recordemos que recientemente confesó a Peter que conoce su secreto, decide aquí romper con su novio harta de estar sufriendo cada vez que se juega la vida jugando a los superhéroes. Sin embargo, la ruptura pronto pasa por ser el preludio de la consolidación de la relación en un futuro no muy lejano. Y es que Mary Jane no puede evitar convertirse en una especie de ángel de la guarda cotidiano de Peter, salvándole el culo en varias ocasiones. En lo referente al capítulo de Tía May y su mini residencia, la colección sigue la estela iniciada en los otros dos títulos.
Si en este inicio de colección la estabilidad en el plano creativo ya es escasa, entramos ahora en un periodo totalmente fuera de lógica, en este sentido, para lo que es un título en plena eclosión del que se espera una línea argumental mínimamente continuista. De este modo, a lo largo de un puñado números, en el apartado escrito se van pasando el testigo Peter David, David Michelinie, Danny Fingeroth y Bill Mantlo, mientras que en la parte gráfica el caso es todavía más extremo, siendo Sal Buscema, Geof Isherwood, Jim Mooney, Bob McLeod y Mike Harris los dibujantes implicados. Y eso sin contar el primer anual de la colección, que viene intercalado y que corre a cargo de la guionista Ann Nocenti y el dibujante Tony Salmons.
Por fortuna, entre los guionistas abundan los nombres de prestigio, por lo que el desbarajuste creativo y la falta de rumbo se redimen gracias a unos cuantos guiones de nota. Una etapa cuyos episodios podemos dividir entre suspensos y aprobados.
Empezamos por la parte negativa. El primer anual de Web of Spiderman cuenta la historia de un adolescente superdotado cuyos únicos amigos son sus robóticas propias creaciones, hasta que hace su entrada un granuja con ansias de comerse el mundo para apropiarse de un poderoso exoesqueleto del chaval. Desconozco a dónde quería llegar Nocenti con esta historia, pero personalmente apenas me ha despertado interés.
Algo parecido me ocurre con el número que trae como invitado a Dominic Fortune, un justiciero urbano de los años 40 que ya había protagonizado algunas historias solistas durante los 70 en Marvel. Ahora convertido en un anciano, Fortune vuelve a toparse con su viejo antagonista, Simon Steele, un antiguo nazi que ahora cuenta con los servicios del Conmocionador, el villano clásico de Spiderman. Un thriller del montón.
El resto de los episodios superan el aprobado sin problemas. En primer lugar, está un número escrito por Peter David que parece un apéndice del Hulk de Bill Mantlo y Sal Buscema. De hecho, la historia retoma un hilo del número 299 de la colección del gigante verde, además de estar dibujado por el propio Buscema. Spiderman se ve envuelto en las consecuencias del mencionado episodio de Hulk, cuando el villano Pesadilla sufre los efectos del asalto de un Hulk fuera de control a su reino. Un estupendo episodio muy bien escrito por PAD, que creo que escribe aquí por primera vez al personaje que más marcaría su brillante trayectoria como guionista de cómics.
Igual de interesante es la historia que desarrolla David Michelinie. Un doble episodio de corte dramático que parte de la visita de Peter a un pueblucho, enviado por Robbie Robertson, con el fin de cubrir un reportaje sobre un héroe local. Es la historia de un héroe venido a menos y convertido en un farsante, de otro tipo afectado por los mismos poderes que reclama el mismo título de héroe local y de una reportera sin escrúpulos. Ésta última, el único personaje no inocente de la historia, y aquí está la gracia. La lástima está en el apartado gráfico y el flojo dibujo de Geof Isherwood, aunque el acabado de Vince Colletta tampoco ayuda. Por desgracia, Colletta es el entintador que más repite en esta serie de números.
Luego, está otro arco que, pese a estar escrito por varios autores (Fingeroth, Mantlo y David) está muy bien desarrollado y cohesionado. Para la ocasión, Peter de enfrenta a algo inédito hasta el momento: ser distinguido como héroe fuera de su identidad arácnida. Ocurre que, tras impedir un atraco de forma heroica en un establecimiento, el nombre de Peter Parker empieza a correr como la pólvora por el vecindario y por los informativos locales. La devoción por el nuevo héroe urbano llega a tal extremo que organizaciones vecinales deciden seguir el ejemplo y hacer frente a la delincuencia organizando patrullas callejeras a las que bautizan con el nombre de «Patrullas Peter Parker«. La historia desemboca con Peter sufriendo el acoso de unos delincuentes locales, y una dinámica delictiva que casi termina en tragedia.
Un arco argumental muy bien planteado en el que no faltan buenas dosis de humor y de cinismo por parte del Daily Bugle al completo y de Jonah en particular. Un Bugle que queda atrapado en la tesitura sobre si darle mayor o menor cobertura a la noticia. Una historia muy sincera y humana en la que el factor superheroico queda eclipsado por los procesos reflectivos por los que pasa Peter y el juego que aporta Mary Jane como pivote.
Finalmente, Peter David escribe otro número en el que trae de vuelta al Jameson más manipulador y cínico en su odio hacia Spiderman. Un brillante ejercicio acerca de la desinformación mediática más rastrera, sobre cómo los medios engordan una noticia a su conveniencia sin medir las posibles consecuencias de su enfermiza ambición, y con Spiderman siempre en la diana. Tan sólo el reportero del Bugle, Ben Urich, parece el único interesado en dedicarse al periodismo real y esclarecer la verdad. Un episodio que termina en un impactante cara a cara entre Spiderman y Jameson, poniéndose cada uno de ellos delante del espejo del otro.
Estos números salteados guionizados por Peter David no son, en realidad, un caso aislado, puesto que coinciden con su etapa en Peter Parker the Spectacular Spider-Man como guionista estable. Una etapa que, como estos episodios, sigue una línea de historias más netamente urbanas y callejeras, evitando la profusión de supervillanos y tipos con superpoderes.
Michelinie es el nombre, pero…
Finalmente, Web of Spider-Man parece fijar un guionista en el nombre de David Michelinie, al menos para lo que nos queda de tomo. En lo referente al apartado gráfico, la labor se la reparten entre Mike Harris y, sobre todo, Marc Silvestri, realizando ambos un muy buen trabajo.
Casualidad o no, Michelinie no se lo piensa y decide seguir la misma línea marcada en los números precedentes, de historias más terrenales alrededor del mundo del crimen local y de los bajos fondos. Una línea, seguramente, a inercia de lo realizado por Peter David en la colección hermana Spectacular, o directamente inspirada en el Daredevil de Frank Miller.
Empezamos con el regreso del Zorro Negro, el ladrón de guante blanco presentado en Amazing, que busca su retirada con un último golpe. El villano para la ocasión es un asesino a sueldo, llamado Azar, que trabaja para un misterioso capo en la sombra al que se refiere como el Forastero. Un muy buen arco argumental de crimen y acción, que además nos trae el desenlace sobre la cuestión de la libreta de oro de la historia de las Secret Wars II. La decisión tomada al respecto por Peter resuelve los problemas económicos de su tía, además de acercar, indirectamente, un poco más a una Mary Jane que siempre está ahí.
Michelinie es quien pone definitivamente en marcha la nueva publicación de J. Jonah Jameson, la revista Now, dirigida por el mismo editor, que en el título que nos ocupa toma ventaja respecto al clásico periódico. Efectivamente, Peter es arrastrado por el propio Jameson a dedicar su tiempo a los reportajes para la revista, pero no es el único. Hace así su entrada un nuevo miembro del staff del Bugle, la reportera Joy Mercado, a quien ya conocíamos de Spectacular Spider-Man por obra y gracia de Peter David. La diferencia está en que Mercado se convierte aquí en un personaje secundario fijo, hasta el punto de compartir primer plano junto a Peter Parker. Una maniobra, en definitiva, con la que Web of Spider-Man consigue al fin marcar perfil propio.
El caso es que Parker y Mercado son enviados por Jameson a cubrir una noticia en los Apalaches. Allí deberán rescatar de las garras del villano Magma a un niño retrasado que posee unas increíbles capacidades en el domino de las matemáticas. Una estupenda aventura que sirve de preludio a una calamitosa jornada para un Peter Parker al que parece haberle caído la negra. A nuestro pobre protagonista le ocurre de todo, incluida una estancia en la cárcel y el posterior papel de pieza de caza para un millonario que se divierte cazando convictos. Buena historia que, en cualquier caso, sirve como despedida simbólica para el traje clásico de Spiderman. Parece que el tirón del uniforme negro era tal, que en Marvel decidieron brindarle todo el protagonismo. Al menos durante una temporada larga.
El modesto encuentro de Spiderman con un nuevo villano llamado el Entomólogo servirá de prólogo para un nuevo ciclo argumental. El tipo es un apasionado de los insectos que ha descubierto cómo sacar partido de los sonidos que emiten. Francamente ridículo, pero creo que con toda la intención por parte de Michelinie y Silvestri.
La nueva línea argumental incursiona en terreno político-militar, concretamente en el conflicto norirlandés, en un nuevo desplazamiento de Parker y Mercado a la caza de noticias. El guionista no escatima detalles en mostrarnos la crueldad del terrorismo, para luego pasar a contarnos una historia diferente aprovechando el mismo contexto. Un conflicto provocado artificialmente por la compañía Roxxon, que pretende sacar tajada de su nuevo y peligroso invento, una potente arma desintegradora, vendiéndoselo a la inteligencia militar británica.
Llama la atención el giro dado a la trama entre el primer y el segundo episodio. La explicación está en que, al parecer, en Marvel recibieron amenazas por parte del IRA que obligaron a prescindir de cualquier referencia a la realidad terrorista, rectificando así la historia hacia el mencionado conflicto provocado por una organización ficticia. En cualquier caso, una buena historia, aunque no especialmente representativa de lo que acostumbran a ser las aventuras de Spiderman.
Sin embargo, Michelinie prepara su retirada de la colección en este mismo ciclo argumental. De hecho, la segunda parte ya corre a cargo de Len Kaminski, que en lo que queda de tomo pasa a ocuparse de los guiones, quedando Michelinie limitado al trabajo de argumentista.
Pero antes hay espacio para un fill-in a cargo del veterano Larry Lieber, el hermano de Stan Lee. Lieber, que se ocupa tanto del guion como del dibujo, pone en recuerdo de Peter una historia, supuestamente acaecida meses atrás, en la que el Trepamuros es suplantado por unos tipos con el fin de desprestigiarle. Prescindible.
Los dos últimos números de la serie mensual incluidos en el tomo, por desgracia cuentan con sendos dibujantes desconocidos: Jim Fern y Del Barras. En ambos casos, un trabajo gráfico bastante discreto para una historia que no es mejor. Michelinie y Kaminski abordan el innecesario regreso de Resbaladizo, el ridículo personaje inventor de una fórmula antiadherente para sartenes, para luego traernos de nuevo al Buitre en una desafortunada aparición. El villano alado interfiere, sin saberlo, en algún plan que están preparando el Duende y el mafioso conocido por La Rosa. Por el momento, nada que despierte interés, debido al torpe desarrollo, pero a la espera de conocer hacia donde nos lleva la línea argumental.
Cierra el tomo el segundo anual de la colección, de nuevo bajo el guion de Ann Nocenti, pero está vez dibujado por el talentoso Arthur Adams. Un número que disfruta de buenas dosis de humor y ternura, más que nada gracias al invitado de turno, el alienígena miembro de los Nuevos Mutantes llamado Warlock. De hecho, Warlock es el protagonista absoluto de la historia, por encima del propio Spiderman. No está mal, pero no aporta nada significativo a la continuidad arácnida.
Conclusión.
En conjunto, podemos considerar este primer volumen de la Telaraña de Spiderman como bastante aceptable. Y eso gracias a una parte central generosa en buenos guiones, porque lo que es tanto el tramo inicial como el final son más bien discretos.
Pero lo que digo, suerte de este puñado de historias sueltas que son capaces de sobreponerse a la escasa homogeneidad en la parte creativa. Aún y así, el tomo quedaría en la parte baja entre las etapas del Lanzarredes vividas hasta el momento.
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Estamos ya más o menos (justo pasado el meridiano de los ochenta) en el punto de corte hasta el que se podía decir lo de hasta aquí todo Spiderman es legible y disfrutable (sí, ya sé que cosas como Marvel Team-Up tenían sus detractores, especialmente si apartamos a un lado lo de Claremont y Byrne, pero a mí el concepto de Marvel Team-Up y Marvel Two-In-One, que bien usadas permitían explorar todo el Universo Marvel al tiempo que hacían algunos team-ups muy peculiares era algo que me encantaba, aunque hay que reconocer que al final las series se caían ya por puto agotamiento, convertidas en la práctica casi ya en series de fill-ins, quizá en parte por no confiarlas a jóvenes talentos con hambre y ganas de experimentar cuando los más veteranos fueron desertando a DC o esquivando cada vez más una serie que a veces requería demasiado de la improvisación) salvo por alguna aventurilla de relleno desperdigada aquí y allá. Otros dirán que el punto de corte apareció ya con las Secret Wars y el traje negro (y razón del todo no les falta, que empieza a aparecer paja más allá de un número suelto, pero el nivel es al principio todavía aceptable y defendible, pese a los altibajos …a partir de aquí las defensas acérrimas cuestan cada vez más si no eres muy Spiderfan…a mí me encanta todo el Spidey de los sesenta, setenta y primera mitad de los ochenta, que no es precisamente pico, y lo tengo casi todo, pero siempre me ha costado considerarme fan de Spidey …o de DD …ya de Iron Man imposible, aunque ame la etapa de Layton y compañía y por lo general me guste verlo en Los Vengadores, al menos hasta que algún guionista se viene arriba con sus «genialidades» y decide convertirlo en traidor, adolescente, futurólogo controlador, herramienta represora gubernamental o algo por el estilo …ideas tan «buenas» como que Spidey o Superman revelen su identidad civil, algo que encaja con el Capi o Iron Man, pero no con estos …o que Peter pacte con Mefisto👿).
Buena reseña. Salud y cómics.🤓🖖