Reseñas: Biblioteca Marvel 122: Los Vengadores 13 (1969)

Aviso de posibles spoilers si nunca has leído estos cómics.

Seguimos con las aventuras clásicas de los Vengadores y seguimos con la larga etapa escrita por Roy Thomas. John Buscema, por su parte, sigue en su prolongado descanso como dibujante de la colección. Si en el anterior volumen era Gene Colan quien tomaba su puesto, para la ocasión son Barry Smith y Sal Buscema los nombres que se ocupan de los episodios incluidos en la presente entrega.

El caso es que el volumen abre con un arco argumental que mejora al que cerraba el anterior. Pero sólo a nivel de guion, porque los dibujos de Barry Windsor-Smith difícilmente pueden ser menos estéticos.

Estamos ante los números en que el Universo Marvel descubre el adamantium, el metal ultrarresistente ficticio del UM. Ni más ni menos que una nueva encarnación de Ultrón, Ultrón-6, acaba construido con el precioso metal, para finalmente ser destruido mediante el otro metal inventado del Universo Marvel, el vibranium, que recordemos que se encuentra sólo en Wakanda.

Uno de los ingredientes que aportan naturalidad a estas historias es el continuo ir y venir de miembros en las filas del grupo. Los Vengadores, más que nunca, no es un grupo cerrado donde sus componentes no pueden faltar al trabajo, sino que cada uno de ellos tiene su propia vida, sus propios asuntos y sus propias aventuras. Así, vuelven a aparecer Thor y Iron Man, y más adelante el Capitán América, uniéndose de forma intermitente a los teóricamente miembros oficiales Chaqueta Amarilla, Visión, Goliat, Avispa y Pantera Negra. Todo ocurre sin necesidad de notificar que vuelven a ser miembros del grupo en activo, simplemente vuelven, se quedan, desaparecen en algunos números para volver a participar de forma activa.

Ya con Sal Buscema a los lápices, creo que en su primer trabajo más o menos continuado en Marvel, los Vengadores se enfrentan, en primera instancia, al Hombre Creciente. Un enfrentamiento que sirve de introducción a un arco con protagonismo de Kang, al que esta vez los Vengadores tienen que prestar ayuda. La premisa es un poco de juguete. Un extraterrestre todopoderoso llamado el Gran Maestro, se entretiene desafiando a gobernantes de planetas, como Kang, a lo que él llama los Juegos de las Galaxias. Los peones acaban siendo los Vengadores, y el precio, como no, es la supervivencia de la Tierra.

Pese a todo, y si obviamos los numerosos agujeros de guion, el arco me parece muy entretenido. Puro Marvel, entre viajes temporales e interdimensionales. Además, los adversarios a los que deben hacer frente los Vengadores son de notable importancia para el futuro. Por un lado, está el estreno del Escuadrón Siniestro, un grupo, obra del Gran Maestro, que está inspirado en la JLA de DC y que es el embrión del futuro Escuadrón Supremo. Por el otro, está la unión del trio de héroes de la segunda guerra mundial, es decir, el Capitán América (el de entonces), Namor y la Antorcha Humana original, en lo que significa un avance de la futura creación del supergrupo retroactivo por excelencia: los Invasores.

La saga también nos deja otra novedad, el ingreso en los Vengadores del Caballero Negro, un personaje que, tras numerosas apariciones, estaba pidiendo a gritos entrar ya en el grupo. Sin embargo, ocurre algo bastante extraño, y es que tras esta aventura desaparece de la colección sin ninguna explicación. Y todo ello tras la celebración de su ingreso en el grupo por todo lo alto, pero el caso es que parece como si nada de ello hubiera existido y no volveremos a saber nada del Caballero Negro en muchos números.

Conclusión.

Un tomo algo mejor que el anterior, sobre todo gracias a algunas presentaciones importantes. Nada excepcional, tan sólo un conjunto de buenas y entretenidas historias, sin más.

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