Reseñas: La Tumba de Drácula: Marvel Limited Edition 2: “Sed de Sangre” (1974-1975)

El primer tomo recopilatorio correspondiente a la colección del Drácula marveliano, terminaba con la estupenda saga del Dr. Sol.

En la citada línea argumental acontece un hecho que condiciona parte de este segundo volumen: Drácula es dado por muerto por sus perseguidores.

De esta forma, el vampiro permanece oculto en Londres, mientras el plantel de secundarios, sus mortales enemigos, intentan recuperar sus vidas.

Un momento muy propicio para presentarnos a nuevos personajes que vengan a engrosar el entorno de Drácula.

El primer personaje en ser presentado apuesta fuerte. Lilith, hija de Drácula y, como su padre, no viva desde siglos atrás.

La escultural vampira sirve de reclamo para el nacimiento de la serie trimestral dedicada al Príncipe de las Tinieblas. Nos referimos al primer número de Giant-Size Tomb of Drácula, por supuesto. En realidad, el único número del nuevo título que sigue el hilo de la colección regular, como si fuera un episodio más del título madre.

Los otros cuatro Giant-Size vienen intercalados entre los números de la serie regular, pero, al ser episodios a cargo de otros autores y sin incidencia en ninguna de las tramas, los comento todos juntos al final de la reseña.

Volviendo al hilo central, no sólo Lilith nos es presentada como nuevo personaje recurrente. Drácula necesita nuevo servidor, así como un hogar en Londres adaptado a sus necesidades, y encuentra a ambos en un mismo pack.

Se trata del Castillo de Dunwick, una mansión lo más parecida a su castillo en Transilvania, así como su inquilina, Shiela Whittier.

Shiela despierta en Drácula un sentimiento amoroso en una mujer, algo que hacía lustros que el vampiro no sentía. Pero al mismo tiempo, Drácula considera que la mujer le pertenece y se vale de ella como sirviente. Una de tantas muestras de las dos caras del rey de los vampiros que nos ofrece Wolfman. Aunque no hay que olvidar que, ese comportamiento machista y denigrante hacia las mujeres, ya es un clásico en muchas de las interpretaciones que se han hecho de Drácula, especialmente en el cine.

Pronto, el nuevo hogar de Drácula se erige como epicentro en una trama que toca el clásico recurso de las casas encantadas. Otra muy interesante trama en la que un espectro de un antepasado siembra el terror en el castillo.

La estabilidad del apartado creativo, si nos referimos a la colección madre, ya es absoluta. Todos y cada uno de los números de Tomb of Drácula incluidos en este tomo llevan el sello de Marv Wolfman, Gene Colan y Tom Palmer.

Para nuestra fortuna, porque Wolfman tiene muy claro, en todo momento, donde está y hacia donde ir. Y el trabajo de Colan, con la inestimable ayuda del entintado de Palmer, alcanza ya unas cotas de perfección difícilmente igualables en la historia de Marvel.

Durante esta primera mitad de tomo, como decíamos, Drácula vive alejado del grueso de personajes secundarios, que le creen muerto. Quizás con la excepción del inspector George Chelm, que sigue deambulando por el entorno del vampiro.

Pero eso no significa que el plantel de secundarios haya quedado sumido en el olvido. Todo lo contrario, por medio de diferentes líneas argumentales en paralelo, Wolfman se ocupa de todos y cada uno de ellos.

En el caso de Blade, incluso llega a tener un enfrentamiento con Drácula en su forma de murciélago, sin que el cazavampiros sospeche que se trata del supuestamente destruido vampiro. Una secuencia, por cierto, la de la persecución del murciélago a Blade, excitante como pocas. Menudo jefe está hecho Colan.

No faltan, tampoco, los pequeños paréntesis en la continuidad argumental, intercalando relatos igualmente notables.

Como es el caso del capítulo que supone la presentación de Hannibal King, un detective privado que guarda un oscuro secreto. Un estupendo relato en el que Drácula ejerce prácticamente de actor secundario. Como quien no quiere la cosa, una vez finalizado el episodio, Wolfman encierra a King en la nevera durante largo tiempo, para sorpresa de los lectores. Creo que con toda la intención, esperando el momento más propicio para seguir desarrollando tan interesante personaje.

Lo mismo puede decirse de otro de esos números en los que Drácula recuerda, a modo de diario personal, episodios de su pasado. Tres relatos cortos acontecidos en distintos escenarios: en Alemania en la antesala de la I Guerra Mundial, una especial relación que tuvo con una niña ciega y su primer encuentro con Blade. Tres pequeñas joyas.

El primer arco que se extiende durante varios números, incluido en el presente tomo, tiene como eje central un fetiche místico forjado en Atlantis en los lejanos tiempos antes del hundimiento. El objeto en cuestión es una quimera, desmontable en tres partes, provista de inimaginables poderes.

Es en esta saga donde da comienzo el festival de líneas argumentales, aparentemente independientes, narradas en paralelo. No creo que se puedan encontrar demasiados equipos creativos dotados del suficiente talento para compaginar diferentes tramas de forma tan fluida. Unas tramas que todos sabemos que en cualquier momento pueden acabar confluyendo en una sola.

Tenemos a Frank Drake que se ha desplazado al Brasil en busca de respuestas, a Taj en su India natal, Quincy Harker y Rachel Van Helsing en Londres y, por último, los perseguidores de la Quimera, divididos en dos frentes. Por un lado, Drácula, Shiela y el joven David Eschol, y por el otro, un siniestro personaje que permanece en todo momento en la sombra.

El asunto relativo a la Quimera no es más que un escaparate para lo que mejor sabe hacer Wolfman en esta colección: ofrecer a todos y cada uno de los personajes secundarios, roles de actor principal cuando la trama lo requiera.

De hecho, la Quimera desaparece por completo en el desenlace del arco. Un final convertido en un crudo relato de terror y tragedia. También para Drácula, que llora a Shiela en el último instante, quizás por amor, quizás por egoísmo.

Drácula vive. Vuelta a la normalidad.

El siniestro Conde tiene a punto su venganza contra sus mortales enemigos. Finalmente, el vampiro sale a la luz con el propósito de destruir a Quincy Harker, pero en realidad su plan va mucho más allá.

Llama la atención la brillante forma en la que los autores compaginan las correrías de Frank Drake por un lado, y Taj por el otro. Ambos viven sus propios dramas muy lejos de Londres. Taj inmerso en el peor drama familiar imaginable, y Drake contando con la ayuda del Hermano Vudú para hacer frente a un grupo de zombis. Ambos relatos narrados en paralelo, y de forma simultánea a lo que acaece en Londres.

Precisamente en la mansión londinense de Quincy Harker, la saga llega a su punto culminante. Una lucha encarnizada de Drácula contra Harker a vida o muerte, en otro portento narrativo por parte de Gene Colan.

Ese final, con un Drácula agonizando, gastando apenas su último aliento para destapar su última artimaña traicionera, es de lo más estremecedor.

El villano muestra aquí, una vez más, sus dos caras en apenas una sola página. Por un lado, el hombre de nobles convicciones que siempre cumple su palabra. Por el otro, el cruel y desalmado que destruye la urna que contiene las cenizas de la hija de Harker.

El Dr. Sol regresa al candelero en el siguiente paso. Aunque lo hace, por el momento, de forma virtual. Drácula siente que alguien le está arrebatado sus poderes y sospecha que el Dr. Sol puede estar detrás de ello.

Una trama que indaga un poco más en la compleja mente del vampiro y en los sentimientos que alberga. Drácula, pese a ser, a la práctica, inmortal, teme a la muerte.

Su necesidad de auxilio lleva a Drácula a mezclarse con una modista tan fracasada, como ambiciosa. Un relato que tiene su función en el hilo de continuidad, pero que incorpora un desenlace cerrado a modo de historia autoconclusiva, como demuestra la impactante viñeta final.

Magnífico colofón para el presente volumen, en lo que respecta a la colección regular, donde sigue sobresaliendo la labor de Colan y Palmer. Total dominio del claroscuro, atmósferas sombrías y un trazo sutil, especialmente en las siluetas de Drácula y su alter ego quiróptero. Las secuencias de viñetas que muestran la transformación de Drácula en murciélago son puro movimiento.

Giant-Size Tomb of Drácula.

Como decía al inicio de esta reseña, los Giant-Size protagonizados por el Príncipe de las Tinieblas vienen intercalados a lo largo de todo el volumen. A continuación, reseño de un tirón los que van del 2 al 5, puesto que no influyen para nada en la serie principal.

El único de estos cuatro especiales que cuenta con alguno de los autores estables es el número 2. Marv Wolfman guioniza mientras Don Heck se encarga de los lápices. Ni que decir tiene, que el contraste visual con respecto a los números que lo acordonan, dibujados por Gene Colan, es como la noche y el día.

Por lo demás, se trata de un relato de brujería sobre unos ancestros milenarios. Empieza bien, pero termina convertido en un embrollo de muchas cosas. Se puede saltar sin problemas, pero me da la sensación de que es una de esas historias que te la coge Colan y le saca brillo, y no lo digo sólo por el factor estético.

Del Giant-Size 3 se encargan Chris Claremont y el mismo Don Heck.

La historia hace referencia a un relato incluido en el magazine Dracula Lives! Una hechicera ciega, procedente de la época medieval, es aquí la antagonista.

Los dioses la habían concedido hace siglos la inmortalidad a cambio de su inocencia y su amor. O como buscar una excusa facilona para convertir a la mujer en un ser despiadado. Y total para que, a la hora de la verdad, sienta remordimientos cuando va a consumar su venganza.

Bastante flojo relato de un Claremont poco reconocible.

Los dos últimos Giant-Size gozan del mismo guionista, David Kraft. Mientras que el apartado gráfico se lo reparten Don Heck y Virgilio Redondo.

No se desenvuelve mal Kraft. Su prosa difiere de la de Wolfman, supliendo la capacidad poética de aquel por textos más directos.

Y el Drácula de Kraft también guarda distancia con el de Wolfman. Extrañamente más moralista y menos distante.

Curiosamente, ambos relatos contienen algunas escenas cortadas por el mismo patrón, pero no me parecen malas historias.

El número 4 es un extraño relato de terror psicológico, sobre un corazón descomunal que controla las mentes. Por lo menos aquí, Don Heck hace un trabajo aceptable.

En el Giant-Size 5, Drácula ni siquiera es el sujeto de la narración, quedando relegado a un papel menor. Destacaría el juego de saltos temporales, que está bien hecho. En cuanto al dibujante, su estilo parece más propio de finales de los 50. No está mal.

Cierra el tomo otro Giant-Size, pero perteneciente a otro título. Se trata del primer Giant-Size Spider-Man, donde Drácula es la estrella invitada, que será digno de análisis en la correspondiente reseña de Marvel Team-Up.

Conclusión.

La presencia de tantos Giant-Size, aceptables en el mejor de los casos, no logra empañar un volumen que calificaría como imprescindible.

Desde luego, el apartado gráfico constituye una de las páginas doradas de la historia de la editorial, pero el universo que concibe Wolfman alrededor del vampiro protagonista, no se queda muy atrás.

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8 Comments

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8 Comments on “Reseñas: La Tumba de Drácula: Marvel Limited Edition 2: “Sed de Sangre” (1974-1975)
  1. Bueno, Drácula es un aristócrata del Antiguo Régimen, Rock, ja. No respetaban mucho los derechos de los siervos (oxímoron, que los siervos entonces no tenían derechos, ni a la propia vida…todo ello quedaba en manos de su señor).

  2. …Al menos en terror Don Heck (al que tampoco alabaré) se maneja mucho mejor que entre pijamas.
    …Los Giant Size material secundario (digno al menos), también bel de Spidey (Marvel Team-Up) por Ross Andru, pero la serie regular magistral. De esas cosas que ya solo ellas (La Tumba de Drácula y Shang-Chi Maestro del Kung-Fu) justifican la existencia de la línea Marvel Limited Edition.

  3. Gracias, Suso! 😉

    Sí, Drácula es un hombre de costumbres un tanto pasadas. Hijo de su época, vamos. Pero creo que muchas de las versiones que se hicieron en el cine muestran a un personaje más déspota que el de la novela original. El Drácula de Wolfman y Colan va más en la linea del de las películas, pero es un personaje tan complejo como el de la novela.

  4. Aunque la referencia gráfica (únicamente para el prota, no para su universo) de La Tumba de Drácula es la del telefilme americano, la referencia emocional (y su imaginería) es la de la Hammer, pero más enriquecida por el “Hombre Lobo” (que dirían Morrison y el PsicoPirata 😈).

  5. Ke reseña tan magnífica y ke ganas da de leerlo. Lástima ke es uno de mis imposibles. No debería haber sido MLE.
    Me conformaré con el formato Biblioteca.

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