Olvidados Marvel: Wonder Man, de Gerard Jones

Pobre Simón Williams. Toda su vida ha sido un desastre.

Su debut no es que fuera brillante, como rival fraudulento de Tony Stark. Sus devaneos desencadenaron los acontecimientos que llevaron a que la Encantadora y el Barón Zemo (Heinrich, no Helmut) le convirtieran el superpoderoso Hombre Maravilla y le mandaran infiltrarse en los Vengadores. No obstante, su heroica muerte al traicionar a sus amos demostró que tenía su corazoncito y quedó guardado en el recuerdo de un puñado de aficionados.904727

Ahora todos sabemos que en realidad no murió, sino que quedó convertido en un ser compuesto de energía iónica, tan poderoso que podía incluso intercambiar sus buenos golpes con alguien como Thor. Irónicamente, lo que debió ser la buena noticia de su retorno llegó acompañada de un paralizante temor a la muerte. Él, casi invulnerable y probablemente inmortal, temía la muerte. No sólo eso, temía el fracaso, a no hacer lo bastante, incluso después de ser admitido en los Vengadores. Un desastre con piernas.

Se libró finalmente de sus problemas sólo para darse de cabezazos contra una pared peor: estaba enamorado de la Bruja Escarlata, pero no se atrevía a confesarlo. ¿Cómo hacerlo? Wanda estaba casada con la Visión. Lo increíble es que ninguno nos diésemos cuenta que era así. Era pura lógica: si la Visión, cuya mente estaba basada en la de Simón, estaba enamorado de Wanda… ¿cómo no iba a estarlo el propio Simón? La revelación llegó con el desmantelamiento del sintozoide, y en su momento no fue muy bien recibida por Wanda…

Este (no muy breve pero creo que necesario) resumen del personaje nos lleva a los años 90, momento que Marvel elige de manera misteriosa dedicarle una serie a este pupas, que ni era demandada ni parecía que pudiera dar de sí nada especial.

¿Los noventa? ¿Wonder Man? ¿Pero qué mierda nos quiere vender éste? Todos sabemos lo desastrosa que fue la década de los noventa y todas esas colecciones infumables que produjo…

Pero…

El guionista Gerard Jones decidió que el personaje merecía la pena. Y se tomó su trabajo en serio. Curiosamente en un personaje con unos poderes eminentemente físicos, el guionista se preocupó sólo por una cosa: dotar a la serie de corazón. Así de simple. Cualquier conflicto de la serie estaba al servicio del desarrollo de los personajes, y no al revés.

628211No era la típica serie hija de los noventa. No había pistolones, ni rayitas por todas partes, ni splash pages cada tres páginas. La serie era ligera, amena, divertida, entretenida. No exenta de drama, pero no un drama artificial, impostado, sino cercano y comprensible. Algo a lo que agarrarse en plena sequía.

Estableció un entorno único para el personaje, que vivía en los Ángeles rodeado por una fauna de secundarios abundante y cuanto menos curiosa: Ginger, su desatalentada “novia”; Araña, el hermano pequeño de ésta decidido a ser el “sidekick” de Simón; Alex Flores, la mujer fuerte e inteligente con la que queríamos que estuviera; Jamie, la hija de ésta, pecado de juventud de su madre; Argus, su vecino intelectualoide alternativo; Neal Saroyan, su agente para hacer carrera en Hollywood, y que no paraba de meterle en líos para promocionarle. ¿Había mencionado que Simón se hizo actor? ¿No? Pues ya lo sabéis. Henry McCoy, la Bestia, también fue invitado de excepción cimentando definitivamente una amistad que nos retrotraía a sus primeros tiempos en los Vengadores, pero que no tenía sitio para desarrollarse en la franquicia mutante.

Jones introdujo a todos estos secundarios, y algunos más, en apenas tres o cuatro números. Y le bastaron para que supiéramos cómo era cada uno, totalmente definidos por apenas unas frases. Genial. Esto ya no se ve.

Gerard Jones se lanzó a desarrollar al personaje de una manera natural y orgánica con muchos toques de humor. Ginger, Araña, Neal… dieron mucho juego en ese sentido. Si pienso en un guionista con un desarrollo similar sólo se me ocurre uno: Peter David.

Jones logró además algo que los buenos guionistas consiguen: aprovechar los cruces con los crossovers para hacer avanzar la serie, no como un obstáculo. Ya que están ahí, que te sirvan.

Tuvimos un pequeño debate en el foro sobre si las mujeres y los hombres escribían superhéroes de manera diferente, si ellas eran más emocionales y cercanas.

Esto no se cumple con Gerard Jones, porque la serie de Wonder Man es totalmente emocional, alejada de toda falsa pretenciosidad. Su vuelta de la saga de Tormenta Galáctica es prueba de ello. Su angustia por la guerra vivida, su fracaso al detenerla, los millones de muertos… es totalmente humana. Cualquiera que hubiera vivido algo similar estaría destrozado. Sin embargo, de todos los que vivieron esa saga, sólo Simón reaccionó como debía, por obra y gracia de Gerard Jones.629647

Aquí hay que decir que la serie tuvo un cambio de tercio, dejando el humor un tanto de lado. Se tomó más en serio a sí misma. No obstante, algo permanecía: el corazón. La honestidad. La humanidad.

El trauma, las dudas y las reflexiones internas que le planteó al personaje su experiencia en la Tormenta Galáctica y que cristalizaron durante el siguiente crossover, la Guerra del Infinito, también me recuerdan a otro genio: salvando las distancias, Jim Starlin y su Warlock. Muy oportuno, dada la naturaleza del crossover. Utilizó a su doble demoníaco como extensión de sus propios temores, externalizando su conflicto interno como quien se enfrenta con su propio reflejo. Un reflejo que no te gusta. Porque ésa es la característica principal de los personajes de esta serie: humanos. Falibles, cercanos, creíbles. Emocionales. Y Simón, más que ninguno.

Jeff Johnson, el dibujante, nunca ha vuelto a estar al nivel que consiguió en esta serie. Dotó a Simón de una imagen diferente y singular a lo que se había visto del personaje, sin necesidad siquiera de cambiarle el traje. Su trazo era limpio y su narrativa simple. Conseguía ser espectacular a ratos, aunque la verdad es que nunca será un hot-artist.

La serie duró 29 números y dos anuales, de los cuales sólo se publicaron en España los quince primeros números (doce en su serie y tres en Tormenta Galáctica) más un anual. No tuvo ni el éxito suficiente como para dedicarle un Grandes Sagas, que casi hubiera finiquitado la colección. Ignoro cómo continuó la serie más allá del número 15, pero algo me dice que debió de seguir siendo así de interesante.

Una pena. Si encontráis esta serie de saldo, no lo dudéis. Os entretendrá, divertirá y expandirá vuestros horizontes marvelitas.

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