Reseñas: Alpha Flight: Marvel Limited Edition 1: Alpha Flight de Bill Mantlo 1 (1986-1987)

Alpha Flight, la colección dedicada al grupo de superhéroes canadiense del mismo nombre, nació de la mano de John Byrne, que se ocupó del título como autor completo a lo largo de una treintena de números.

La marcha de Byrne significó la entrada del hombre que da nombre a la etapa que empezamos a recopilar en este tomo: Bill Mantlo. Un Bill Mantlo que llevaba años al frente de la serie de Hulk y que se trae consigo a Mike Mignola, dibujante precisamente de la última etapa de ambos personajes en la colección del gigante esmeralda. Un insólito cruce de equipos creativos, porque quien pasa a Hulk no es otro que el propio John Byrne.

La etapa de Bill Mantlo tiene, en realidad, su inicio en el número 29 de la colección. Un episodio no incluido en el presente volumen porque, argumentalmente, todavía forma parte de la etapa Byrne. De hecho, supone el cierre del ciclo argumental desarrollado por John en el último tramo de su recorrido por la serie. Un ciclo que conlleva importantes y dramáticos cambios para el grupo, pero que al lado de lo que nos espera con Mantlo hasta parecen poquita cosa.

Una vez iniciado el tomo, pronto apreciamos que el único elemento estable es el propio Mantlo, porque Mike Mignola apenas permanece un par de números más. John Bogdanove y Sal Buscema toman el relevo, pero tampoco pasan de uno y dos números respectivamente. Es finalmente David Ross quien se hace con el puesto en una sucesión de episodios que cubre la mayor parte del volumen.

Las labores de entintado, por su parte, corren a cargo de Gerry Talaoc durante la primera mitad del tomo, hasta que cede el testigo a Whilce Portacio.

Al inicio de esta etapa, Alpha Flight está formado por Aurora, Estrella del Norte, Ave Nevada, Puck, Box y la líder Heather McNeil, único miembro sin superpoderes. Por ahora.

Pero también sigue por aquí Madison Jeffries, exintegrante de Gamma Flight con la capacidad de construir prácticamente cualquier tipo de artilugio gracias a su poder para manipular el metal y la maquinaria. Jeffries no es un miembro oficial del grupo, pero, de alguna manera, forma equipo con su amigo Roger Bochs en todo lo relativo a Box. Y no solo en eso.

Entre los personajes secundarios ajenos al grupo cabe destacar al cabo de la Policía Montada del Canadá, Douglas Thompson, también marido de Ave Nevada, y al enlace de Alpha Flight con el Departamento H, Gary Cody. Precisamente, la etapa se inicia con la renovada relación del grupo con dicho organismo gubernamental, que proporciona a Alpha Flight un nuevo cuartel general. Concretamente, una mansión del siglo XIX convenientemente equipada con tecnología punta.

Mantlo abre fuego con lo que será una constante a lo largo de toda su trayectoria en la colección: la recuperación de personajes y villanos de la etapa Byrne. Los primeros en regresar son Mortal Ernest y su enemiga declarada, la misteriosa Némesis.

Pero también hay espacio para personajes de nueva creación que acabarán desempeñando un papel importante en la serie. Es el caso de Mutador, Lionel Jeffries, para más señas, hermano de Madison. Si Madison puede alterar el metal, Lionel puede hacer lo propio con la materia orgánica, lo que lo convierte en un individuo tan poderoso como peligroso. No en vano, es el primer villano al que debe enfrentarse Alpha Flight en esta nueva etapa.

Se trata de un arco argumental que comienza con el tropiezo de una inexperta Heather McNeil y culmina con la emocionante caza de Mortal Ernest por parte de un Puck armado con la espada de Némesis. Una buena historia, sin más pretensiones, que además parece significar el capítulo final tanto para Ernest como para la propia Némesis.

Pero si en algo se caracteriza la etapa de Bill Mantlo es en la densidad argumental. El guionista no se priva de abrir diferentes hilos en paralelo y de hacer un seguimiento casi individual de cada uno de los integrantes del grupo, de acuerdo con sus particulares quebraderos de cabeza. Quizás sea por no querer quedarse atrás respecto al desarrollo emocional de los protagonistas llevado a cabo por Byrne, pero creo que Mantlo acaba excediéndose en este sentido. Y también se nota que no son sus personajes, pues en ocasiones parece que se le van de las manos.

Lo primero que hace Mantlo es convertir a Heather McNeil en una superheroína. El talento de Roger Bochs, sumado a la incansable mano de obra que proporcionan los poderes de Madison Jeffries, logra reconstruir el traje de Guardián. Un uniforme que es un arma en sí mismo y que, recordemos, vestía James McDonald Hudson, el fallecido líder de Alpha Flight y marido de Heather. Por supuesto, el traje acaba con Heather dentro, convertida en la nueva Vindicadora.

Justamente, todo el desarrollo de Heather que desemboca en la elección del nombre de Vindicadora es una pequeña muestra de la diferencia entre el impulsivo trabajo de caracterización de Mantlo y la precisión casi quirúrgica de Byrne. Ocurre en una línea argumental que cuenta con la Patrulla-X como invitada, muy especialmente Lobezno. Una historia que sirve de excusa para insertar un flashback sobre el pasado común de Heather, Logan y el fallecido Mac.

El caso es que se presenta una nueva villana, Dama Mortal, acompañada de un batallón de samuráis y ninjas asesinos, que viene a reclamar el adamantium que su padre insertó en los huesos de Lobezno. Este hecho sirve para que Heather ate cabos respecto a una supuesta implicación de su exmarido en el cruel experimento llevado a cabo con Logan, aunque bajo argumentos más propios de una corazonada que de otra cosa. Sin embargo, es suficiente para que Heather dicte sentencia respecto a Hudson y no dude en renegar de él.

Pero eso no es todo, porque, tras haber echado a su exmarido a los leones sin contemplaciones, no se le ocurre otra cosa que ponerse el nombre de guerra que ya usó Mac en su momento: Vindicador. Francamente, un poco incongruente todo ello. Pese a todo, la trama no deja de ser entretenida.

Dama Mortal, por cierto, no es un personaje nuevo, puesto que ya había sido presentada en Daredevil bajo su identidad civil, Yuriko Oyama, aquella joven que vivía para pararle los pies al malvado de su padre. Pero, cosas de la vida, Yuriko regresa aquí convertida en todo lo contrario de lo que era, tras experimentar una profunda reflexión.

Luego, está la abundante temática romántica con la que Mantlo rellena buena parte de las relaciones entre los protagonistas.

El primero en desatarse, en este sentido, es Puck, enamorado de la propia Heather. Como el pequeño acróbata está profundamente acomplejado por su enanismo, buena parte de sus reflexiones quedan confinadas a los bocadillos de pensamiento, un recurso del que creo que el guionista abusa en más de una ocasión.

Pero lo más interesante relativo a Eugene Judd está en el descubrimiento de su pasado, de su origen, en definitiva. Puck, que en realidad cuenta con 71 años de edad, había sido un hombre de estatura normal que vio alterado su cuerpo por el toque de la espada de un fantasmagórico hechicero persa llamado Razer. Un personaje que ahora resurge del propio cuerpo de Eugene, donde permanecía atrapado, deshaciendo el hechizo y devolviendo a Puck su apariencia física real: la de un hombre de 71 años.

Eugene termina regresando voluntariamente a su enanismo para derrotar a Razer, en uno de tantos desenlaces de carácter aleccionador o ético, otra de las constantes de esta etapa guionizada por Bill Mantlo.

Entre regresos y despedidas.

Se puede decir que casi cada personaje tiene su propia cruz o su particular talón de Aquiles. Puck sufre unos dolores insoportables; los gemelos Aurora y Estrella del Norte deben evitar entrar en contacto si no quieren que sus poderes se anulen mutuamente; Roger Bochs no puede permanecer demasiado tiempo en fase dentro de Box porque corre el riesgo de quedar atrapado en su interior…

Pero mención aparte merecen Ave Nevada y Shaman, que en un principio avanzan por una parcela alejada del grupo. Shaman, que acababa de abandonar Alpha Flight tras perder sus poderes mágicos, emprende una peregrinación por las tierras árticas del Canadá. No contenta con ello, Ave Nevada decide seguirlo con la complicidad de su ya esposo Douglas Thompson. Un Doug Thompson, por cierto, a quien Mantlo parece esforzarse en convertir en un personaje antipático y repelente.

El hecho es que todo lo relativo a Ave Nevada y Shaman acaba convirtiéndose en la primera gran saga de esta etapa.

Es justo aquí, además, donde David Ross pasa a ocuparse de los lápices, notándose un descenso de calidad respecto a sus predecesores. Nada especialmente notable en lo relativo a la narrativa visual, pero sí más evidente en el apartado técnico. La verdad es que su trabajo resulta bastante irregular, con algunas páginas muy conseguidas y otras en las que flojea en varios aspectos, especialmente en los rostros. Quizás salga algo mejor parado bajo las tintas de Gerry Talaoc que bajo las de Whilce Portacio. Pero bueno, tampoco creo que se pueda hablar de mal trabajo.

La cuestión es que Ave Nevada regresa al cuartel general de Alpha Flight gravemente afectada por algún tipo de dolencia que desestabiliza sus poderes mágicos, y solo Shaman puede curarla. El propio Shaman también acaba regresando tras haber recibido nuevos poderes de los espíritus de sus ancestros. Algo que sirve de excusa para hacerle un lavado de cara al personaje, con nuevo uniforme y con su vieja bolsa de trucos sustituida ahora por un báculo.

Shaman diagnostica que Ave Nevada simplemente está embarazada. Por supuesto, tratándose de una criatura nacida de la magia, el parto no puede ser convencional, sino que debe tener lugar en un enclave de poder.

Justo en ese momento se une a la fiesta la hija de Shaman, Talismán, y no precisamente con espíritu constructivo. Talismán responsabiliza a su padre de haberse convertido en lo que es y adopta casi un papel de villana hasta que el propio Shaman se sacrifica heredando la tiara de poder que le otorgaba sus habilidades, liberando así a Elizabeth de la maldición. Dicho de otro modo: Shaman es ahora Talismán. Pese a ello, sus compañeros siguen refiriéndose a él como Shaman.

Antes de eso, el dichoso lugar de poder resulta ser en realidad un enclave de maldad dominado por un espíritu llamado Podredumbre, que acaba poseyendo al pobre bebé.

No falta tampoco la intervención de los tres Dioses del Norte vinculados al origen de Ave NevadaHodiak, Nelvanna y Turoq—, e incluso hay un puntual regreso de las Siete Grandes Bestias, esta vez invocadas por Podredumbre.

En resumen, un compendio de las constantes de Bill Mantlo en esta etapa: acumulación de personajes, densidad argumental, continua recuperación de figuras procedentes de la etapa Byrne y una extraña sensación final que oscila entre cierta dispersión de ideas y un entretenimiento que, desde luego, nunca llega a resultar aburrido.

La saga está, en realidad, dividida en dos partes. La segunda de ellas, ya más avanzado el tomo, supone el desenlace de todo el asunto del hijo de Ave Nevada, que permanece poseído por Podredumbre en cuerpo y alma. Otra locura de trama que además significa el capítulo final para varios personajes, y no precisamente en los mismos términos. Me refiero a Douglas Thompson o al bebé de Narya, pero sobre todo a la propia Ave Nevada y a Shaman. Y esto es solo el principio de la profunda revolución que Mantlo está ejecutando en la disposición de las piezas de Alpha Flight.

Pasamos ahora a la otra gran línea argumental incluida en el presente volumen. Una saga que recupera a otra de las olvidadas de la etapa Byrne, la exmiembro de Alpha Flight, Marrina, y que además supone un nuevo capítulo en su romance con Namor. Parte de este hilo argumental, de hecho, avanza en paralelo a la saga de Ave Nevada, de forma que Mantlo nos va poniendo la miel en los labios con lo que está por venir.

Marrina, que recordemos terminó convertida en una versión monstruosa de sí misma, es capturada por Attuma como prueba de la deslealtad de Namor hacia el pueblo atlante. Una Atlantis que, precisamente, está gobernada por el propio Attuma tras haber sido Namor obligado a abdicar.

Mantlo tira así del hilo del final de la serie limitada protagonizada por Namor, momento en el que se produjo dicha abdicación y la partida del monarca de su amado reino. A partir de aquí, el guionista nos descubre cómo el sumo sacerdote Shakkoth se rebeló contra el poder, precipitando a Atlantis a una guerra civil, y cómo el pueblo recurrió a Attuma y a su ejército de bárbaros para doblegar a los tiranos. Hasta llegar a la situación actual.

Namor, ahora miembro de los Vengadores, entra en escena de la mano de su primo Byrrah, el otrora villano, que pega aquí un giro de 180 grados hacia el lado de la razón. El antiguo monarca se encuentra con el desolador panorama de un pueblo atlante consumido por el odio y entregado al cruel Attuma, en una historia de desengaño y aflicción que acaba transformándose en rabia, pero también en un bonito canto al amor, el de Namor por Marrina.

Un ciclo argumental que desemboca en un crossover con los Vengadores y en una batalla total bajo el océano que aporta la inevitable dosis de acción y épica.

Se trata de una saga que creo que está emocionalmente muy bien construida y que situaría, probablemente, entre lo mejor de esta etapa. Por eso mismo, creo que el capítulo final posterior merece valorarse aparte, a modo de epílogo. Un añadido a la historia que no la contradice, pero que en el fondo va de otra cosa.

Aparentemente estamos ante un relato de ciencia ficción, cuando Marrina descubre que está «embarazada» de decenas de criaturas bajo su piel, pero la historia acaba yendo más allá al plantear un interesante dilema moral. Y para rematar, ese final de cuento de hadas.

La historia también nos deja otra sorpresa: el nacimiento de Deluvia, un nuevo reino de atlantes leales a Namor bajo los mares.

Antes de volver a asuntos mayores, la etapa se permite un par de episodios más independientes.

En primer lugar, tenemos el primer anual de la colección, en el que Bill Mantlo se acompaña del dibujante Larry Stroman. Un relato que recupera a otro personaje de la etapa Byrne, Lily Dorada, así como a su creador, el clásico villano Diablo. Una historia correcta, pero que queda muy lejos del maravilloso relato que nos regaló John Byrne.

Luego está un episodio ajeno a la colección regular. Se trata del número 28 de Marvel Fanfare, dedicado a Alpha Flight y realizado por Mantlo junto al dibujante Ken Steacy. Una historia protagonizada fundamentalmente por Estrella del Norte, que profundiza en su pasado y en su supuesta vinculación al terrorismo.

Un interesante thriller con elementos políticos acerca de cómo los gobiernos pueden llegar a controlarnos y utilizarnos en maniobras vengativas propias del terrorismo de estado. Jean-Paul debe salvar a sus antiguos camaradas de ser asesinados por el misterioso villano Azote.

Bastante más jugosa resulta la entrada en escena de una nueva e interesante pieza: la Chica Púrpura. En comparación, el episodio de la caza de Mesmero por parte del Departamento de Interdefensa de los Estados Unidos resulta bastante más prescindible, más allá quizá de la presentación de los nuevos Centinelas.

El número de presentación de la Chica Púrpura es bastante divertido. Una historia de tono desenfadado que cuenta cómo Kara Killgrave —hija del Hombre Púrpura, por supuesto— descubre con sorpresa que posee el poder de controlar por completo la voluntad de cualquier individuo.

En un divertido cruce con un indefenso Estrella del Norte, la adolescente se comporta exactamente como cabría esperar de una adolescente con semejante poder, para posteriormente reflexionar al verse reflejada en un caso de abuso de autoridad. El episodio concluye con la Chica Púrpura inaugurando una nueva etapa para Beta Flight, algo así como el equivalente a los Nuevos Mutantes dentro del particular universo de Alpha Flight.

El fin de un ciclo.

Volviendo al desarrollo principal, dentro del panorama de tensiones internas que nos va dejando Bill Mantlo, los gemelos Beauvier juegan un papel especialmente espinoso.

Aurora se comporta como una caprichosa e insensible chiquilla cuando juega a seducir al pobre Roger Bochs. Un comportamiento que, en realidad, encaja bastante bien con la caracterización que John Byrne hizo del personaje. Mientras tanto, su hermano Jean-Paul siente repulsión, no por la actitud de su hermana, sino por el simple hecho de que esta pueda sentirse atraída por un tullido.

Solo falta que Bochs quede medio atrapado en el interior de Box para que Jean-Marie amenace al pobre chico con abandonarlo.

Para terminar de complicar todavía más las cosas, entra en escena un viejo conocido de la colección: el mismísimo Walter Langkowsky, que recordemos mantuvo también un romance con Aurora antes de desaparecer del mapa, aparentemente para siempre.

Pues no. Resulta que el alma de quien fuera Sasquatch seguía residiendo en la bolsa de trucos de Shaman, alojada en el diminuto cuerpo de Sabelotodo Alec, miembro de Omega Flight. Una bolsa que, por cierto, reaparece por sorpresa tirada por la casa como si fuera una prenda de ropa cualquiera.

Como Langkowsky cambia de cuerpo recipiente más que de calzoncillos, pronto pasa otra vez al interior del robot Box para luego recuperar su forma de Sasquatch. Aunque no el Sasquatch original, que se destapó como una de las Grandes Bestias, sino la forma albina en la que se convertía Ave Nevada.

¿Y quién ocupa el lugar dejado por Roger Bochs en Box? Pues su amigo Madison Jeffries.

El caso es que todo este embrollo desemboca, entre otras cosas, en un triángulo amoroso formado por Roger Bochs, el renacido Walter Langkowsky y una Aurora que parece ir completamente a su bola.

Más aún cuando descubrimos, estupefactos, que Walter Langkowsky es ahora Wanda Langkowsky. Efectivamente, cuando Langkowsky abandona su forma bestial para regresar a la humana, lo hace en un cuerpo femenino como consecuencia de la influencia de la desaparecida Ave Nevada, propietaria original del Sasquatch albino.

Pero todavía hay más, porque, cuando pensábamos que con un triángulo amoroso era suficiente, Mantlo se saca de la manga un segundo formado por Heather, Madison y el pobre Puck, que no gana para disgustos. Todo ello no hace más que acrecentar la impresión de culebrón telenovelesco un poco salido de madre.

Lo que quizás traspasa todos los límites, en este sentido, es esa escena de Heather haciendo literalmente de portera cotilla. La líder de Alpha Flight se entera de todos los tejemanejes de sus compañeros escuchando lo que hablan entre ellos a través de las cámaras de vigilancia de la mansión.

Por si fuera poco, entra en escena un nuevo actor, el jovencísimo doctor Whitman Knapp, que acabará flirteando con Kara Killgrave. Knapp es el ayudante de Lionel Jeffries (Mutador), quien recibe el encargo de librar a Roger Bochs de su encarcelamiento en la armadura de Box. Es más, el hermano de Madison usa sus poderes para hacer que a Bochs le vuelvan a crecer las piernas perdidas.

A todo esto, June Brigman sustituye a David Ross en este último tramo del tomo, realizando un trabajo aceptable. Aunque, en realidad, un par de números cuentan con dibujantes invitados.

Uno de ellos es un fill-in dibujado a varias manos que cuenta una historia en solitario de Vindicadora. Un relato de ciencia ficción sobre unas semillas extraterrestres que convierten a la gente en árboles andantes. El otro número está dibujado por Terry Shoemaker.

El tramo final del volumen no pierde ritmo respecto a lo vivido hasta ahora. Todo lo contrario: hay tal acumulación de hechos y giros argumentales que resulta hasta agotador.

De este modo, además de todo el cúmulo de líos amorosos, tenemos a un Roger Bochs cada vez más fuera de sí, sobre todo cuando sus nuevas piernas empiezan a descomponerse. Luego, Estrella del Norte ha enfermado gravemente tras el toque de Podredumbre, mientras que Madison Jeffries, por su parte, adopta definitivamente la identidad de Box. El protagonismo de Jeffries, por cierto, no ha hecho más que crecer, salvando la papeleta del grupo en numerosas ocasiones gracias a sus asombrosos poderes. De hecho, aprovecha su capacidad para moldear cualquier tipo de metal para renovar por completo la imagen de Box.

El caso es que Mantlo da una explicación razonable a algunas de estas cuestiones mediante una nueva vuelta de tuerca. Resulta que los integrantes del antiguo grupo suplente, Beta Flight, como es el caso de Bochs, Jeffries y Puck, procedían de una clínica para superseres socialmente inadaptados. Ello daría explicación a los problemas de inestabilidad emocional o depresión de Roger Bochs y Puck.

Llega un punto en que el panorama es desalentador, con casi todo el grupo peleado o deprimido. Y la pobre Heather teniendo que lidiar con todo.

Para acabarlo de complicar, Mutador vuelve a sacarse la careta de buen chico para descubrirnos sus verdaderas intenciones: experimentar con Alpha Flight con el fin de crear una nueva raza de superseres. La cosa acaba con el propio Lionel Jeffries fusionado con Roger Bochs en una monstruosidad llamada Omega, y con el recién llegado Whitman Knapp entrando también en la rueda superheroica. Producto del toque de Mutador, el joven despierta un superpoder latente de lo más singular. Un poder que le permite dividirse en cuatro individuos distintos que representan su futuro, su presente y dos formas de su pasado. Knapp adquiere el nombre de Maniquí justo antes de ser invitado por Alpha Flight a convertirse en el segundo miembro de la nueva Beta Flight.

Una vez más, un arco argumental muy loco, que también significa el capítulo final para Bochs y para Mutador.

Y llegamos así al número que cierra el tomo, un comic-book de doble grosor que conmemora el número 50 de la colección. Un número que retoma el hilo de la Limited Series de la Patrulla-X y Alpha Flight, pero que, por encima de todo, pone colofón a toda una era de la colección.

Alpha Flight se desplaza al lugar mágico en el que se desarrollaba aquella miniserie guionizada por Chris Claremont, con el objetivo de buscar una cura para el moribundo Estrella del Norte. Y lo hacen a sabiendas de que aquella fuente mágica curativa no fue más que una ilusión creada por Loki.

Como era de esperar, el grupo vuelve a tropezar con la misma piedra, siendo engañado y manipulado una vez más por el Dios de la Mentira. Pero lo verdaderamente trascendente de la trama no está en toda esta cuestión, sino en las consecuencias que acarrea para el grupo.

Mantlo empieza por mezclar el Reino de los Elfos Oscuros con Razer, desembocando en una nueva recuperación por parte de Puck de su apariencia física real. Y luego aprovecha para sacarse de la manga el relato del origen de los mellizos Beauvier, que resultan ser hijos de un humano y una elfa de luz, lo que explicaría por qué tienen las orejas acabadas en punta.

Total, que el relato termina con tres bajas más para Alpha Flight. Mientras Estrella del Norte, ya recuperado, entra en Alfheim, reino de los elfos de luz, Aurora queda atrapada en el reino opuesto, Svartalfheim, el de los elfos oscuros. Puck, por su parte, es teleportado a su añorado Tíbet.

Y Alpha Flight queda reducido a la mínima expresión de tres miembros oficiales, culminando así la profunda renovación llevada a cabo por Bill Mantlo.

Un último número, éste, que se podría afirmar que resume muy bien toda la etapa incluida en este tomo. Una aventura densa y dispersa, en la que ocurren tantas cosas que no hay lugar para el aburrimiento.

Solo hay que comparar el grupo que heredó Mantlo con el que queda al final de este volumen para advertir la dimensión de la reforma llevada a cabo por el guionista. Hemos pasado de un grupo formado por Aurora, Estrella del Norte, Ave Nevada, Puck, Box (Roger Bochs), Shaman y Heather McNeil, al actual integrado por Vindicadora, Box (Madison Jeffries) y Sasquatch (Wanda Langkowsky). Una formación ya sin ninguno de los miembros originales.

En cualquier caso, la etapa de Bill Mantlo no termina aquí. Habrá que esperar al próximo tomo para descubrir qué más nos tiene preparado el autor.

Conclusión.

Desde luego, esta etapa está bastante por debajo de la de John Byrne, pero no se puede decir que éste sea un mal tomo, ni mucho menos. En realidad, seguramente despertará opiniones para todos los gustos.

El tratamiento emocional de los personajes llevado a cabo por Bill Mantlo es, en ocasiones, impreciso, y la densidad argumental general puede hacer la lectura algo farragosa. Pero también dudo que nadie se aburra ante la cantidad de giros y hechos relevantes que nos depara toda esta serie de números.

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rockomic

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