Reseñas: Iron Man: Marvel Gold 11: “Combate en el Cielo” (1985-1986)

Tras el espectacular clímax que supuso el número 200 de la colección —con el que concluía el anterior volumen—, esta nueva entrega puede entenderse casi como un largo epílogo de la extensa etapa de Denny O’Neil al frente de Iron Man. Etapa que, precisamente, concluye en este mismo tomo.

Conviene recordar que aquel número 200 suponía un auténtico punto y aparte para la colección. El imperio levantado por Obadiah Stane se derrumbaba definitivamente; Tony Stark recuperaba el control de Stark International y volvía a vestir la armadura de Iron Man, estrenando además una nueva versión de su característica coraza. También desaparecía la sociedad Circuitos Máximos y concluían buena parte de las líneas argumentales que O’Neil había desarrollado durante los últimos años.

El guionista se despide de la colección coincidiendo con el último episodio de este volumen, aunque lo hace ya acompañado por el nuevo dibujante regular de la serie, Mark Bright, que en realidad había debutado al final del tomo anterior. Al entintado continúa el dúo formado por Ian Akin y Brian Garvey, mientras que únicamente un episodio de relleno rompe la continuidad del equipo creativo al correr a cargo de Danny Fingeroth y Paul Ryan.

Pese a que el primer episodio de esta nueva entrega significa el inicio de un nuevo ciclo argumental, en realidad O’Neil retoma la acción exactamente donde la había dejado tras finalizar el anterior número. El primer episodio arranca con Tony regresando al complejo de Stane para rescatar a Happy Hogan, Pepper Potts, Mrs. Arbogast y Madame Máscara, de quienes, literalmente, se había olvidado durante la huida final. Un detalle un tanto forzado, pero que sirve como excusa para poner en marcha el nuevo conflicto de la colección cuando IMA secuestra al doctor Atlanta, el científico responsable de buena parte de la tecnología desarrollada por Stane.

A partir de ahí, O’Neil comienza a reconstruir el statu quo que se encontró cuando tomó las riendas de la colección. Tony vuelve a ejercer plenamente como el Hombre de Hierro; Rhodey recupera su papel de amigo y principal hombre de confianza, desapareciendo por completo los largos episodios de tensión y celos que habían marcado buena parte de la etapa anterior; y Stark International intenta recuperar la normalidad tras años de caos. Y luego, la jugosa batalla en el cielo junto a los Vengadores Costa Oeste no es más que una excusa para confirmar el regreso de Iron Man al grupo, ahora con Tony Stark en su interior en lugar de Jim Rhodes.

Eso no significa que todas las piezas regresen exactamente al punto de partida. Clytemnestra Erwin continúa teniendo un papel importante dentro de la empresa y O’Neil hace un esfuerzo por encontrarle un lugar estable en la nueva situación. Paralelamente, Madame Máscara sigue obsesionada con consumar su venganza contra Tony Stark, aunque el verdadero motor de esta primera parte del tomo pasa a ser el intercambio de cuerpos entre la propia Whitney Frost y Bethany Cabe llevado a cabo por el doctor Atlanta en el anterior volumen.

Francamente, un recurso ya muy trillado en Marvel, el del intercambio de personalidades y el consiguiente juego de engaños. Aun así, O’Neil consigue mantener cierto interés gracias al misterio que rodea la situación y al progresivo descubrimiento de la farsa por parte de Tony. Son mecanismos narrativos clásicos y bastante previsibles, pero bien administrados continúan funcionando.

Justo aquí queda intercalado el mencionado fill-in firmado por Danny Fingeroth y Paul Ryan. Ka-Zar, todavía desubicado tras la destrucción de la Tierra Salvaje y poco convencido de su futuro cercano como padre de familia, acude a Iron Man con la intención de demostrar que puede convertirse en miembro de los Vengadores Costa Oeste. La irrupción del villano conocido por Arreglador sirve para volver a poner a Ka-Zar en su sitio.

Volviendo al hilo central, el secuestro del doctor Atlanta por parte de IMA y los continuos intentos de sabotear a Stark International permiten a O’Neil ir enlazando las distintas líneas argumentales. Incluso Hank Pym reaparece brevemente, está vez para ayudar a Tony utilizando sus poderes de reducción con el fin de inutilizar uno de los últimos dispositivos ocultos que Obadiah Stane había dejado preparados para arruinar definitivamente a su antiguo rival. Un pequeño hilo que nos deja un emocionante viaje de un minúsculo Iron Man por una jungla de cables y circuitos llena de peligros.

A medida que avanza el volumen, O’Neil empieza a entrelazar el conflicto entre Bethany Cabe y Madame Máscara con una nueva amenaza protagonizada por IMA. La organización intenta aprovechar el vacío dejado por Obadiah Stane para hacerse con la tecnología de Stark, mientras Tony trata de devolver definitivamente la estabilidad a su empresa.

La recuperación de Stark International pasa también por definir un nuevo rumbo para la compañía. Decidido a dejar atrás el negocio armamentístico, Tony presenta un ambicioso proyecto destinado a construir una estación espacial con fines científicos y de exploración, una iniciativa que simboliza su voluntad de mirar al futuro y romper con los errores del pasado.

Naturalmente, IMA no tarda en convertir ese proyecto en su principal objetivo. El puntual resurgimiento de MODOK, aparentemente muerto poco tiempo atrás, sirve para devolver protagonismo a la organización criminal. Sin embargo, el auténtico conflicto interno recae en la rivalidad entre los hermanos Yorgon y Valdemar Tykkio por convertirse en el nuevo Científico Supremo de IMA. Una lucha de poder que, pese a proporcionar continuidad a la historia, nunca termina de alcanzar la fuerza necesaria para convertir a la organización en un villano realmente memorable.

Además de todo eso, Iron Man también vuelve a enfrentarse al actual Goliat, el villano Erik Josten, con la ayuda de Ojo de Halcón y Pájaro Burlón.

En paralelo, O’Neil continúa desarrollando las distintas tramas personales. Bethany Cabe decide alejarse temporalmente para intentar ayudar a su marido Alex, nuevamente hundido por sus problemas personales, mientras Clytemnestra Erwin termina consolidándose como una pieza importante dentro de la nueva Stark International.

En realidad, buena parte del tomo transmite precisamente esa sensación de transición. O’Neil ya no intenta levantar una gran epopeya como la protagonizada por Obadiah Stane, sino devolver la colección a una cierta normalidad antes de ceder el testigo. Por eso muchas de las tramas parecen tener un carácter más funcional que realmente trascendente.

Aun así, el interés no decae gracias al buen tratamiento de los personajes. Tony Stark vuelve a comportarse como el empresario seguro de sí mismo que había desaparecido durante buena parte de la etapa anterior, mientras Mark Bright empieza a sentirse cada vez más cómodo al frente del apartado gráfico.

Si en sus primeros episodios su trabajo resulta todavía algo irregular, su estilo pronto se consolida. Especialmente bueno es su trabajo narrativo en las escenas de acción gracias a ese plus de dinamismo que te mete en la lectura. Sin llegar al nivel de los grandes dibujantes de la editorial, Bright termina realizando un trabajo notable y bastante superior al de Luke McDonnell, el anterior dibujante regular de la colección.

La recta final del tomo gira alrededor del conflicto en Boca Caliente, una isla caribeña ficticia. Aprovechando los continuos sabotajes a la estación espacial, IMA logra hacerse con el control de la pequeña isla caribeña y utiliza su posición estratégica para amenazar incluso a los Estados Unidos.

La verdad es que sorprende la facilidad con la que IMA se infiltra en el mismo corazón del proyecto de Tony Stark para llevar a cabo sus sabotajes. Tampoco es que O’Neil de demasiadas explicaciones al respecto, ya se sabe que funciona un poco a trompicones, lejos del gusto por los detalles de otros autores.

La crisis de Boca Caliente acaba convirtiéndose en el eje del desenlace de la etapa de Denny O’Neil. Lo que inicialmente parecía un conflicto más provocado por IMA adquiere una dimensión mucho mayor cuando Tony descubre que la organización se ha hecho con un arsenal de misiles nucleares oculto en la isla. La situación trasciende entonces el enfrentamiento habitual entre héroe y villanos para entrar en el terreno de la política internacional.

Stark intenta obtener ayuda del gobierno estadounidense, pero pronto comprueba que las complejas relaciones diplomáticas derivadas de la Guerra Fría impiden cualquier intervención directa. Una circunstancia que aporta un interesante componente geopolítico a la historia y obliga a Iron Man a afrontar prácticamente en solitario una amenaza con consecuencias potencialmente catastróficas.

Al mismo tiempo, Bethany Cabe descubre por casualidad que el antiguo gobernante de Boca Caliente pretende detonar el arsenal nuclear movido únicamente por el deseo de venganza.

La cuestión es que este último número se convierte en un brillante cóctel de diferentes hilos que convergen dando lugar a uno de los mejores números, no del tomo, sino de toda la etapa. Así que, O’Neil se despide de la colección de la mejor manera.

Eso sí, el caso de Boca Caliente queda abierto y listo para ser retomado por los futuros guionistas de las aventuras de Iron Man. Pero eso ya es materia a tratar en la próxima entrega de esta serie de tomos recopilatorios.

Conclusión.

El volumen que cierra la etapa guionizada por Dennis O’Neil podemos decir que se sitúa en la media de toda la etapa. Si bien tiene el hándicap de no aportar nada especialmente relevante o de no alcanzar la intensidad dramática de los momentos culminantes de la etapa, no es menos cierto que el tipo de historias presentadas aquí son quizás más entretenidas que las incluidas en los tomos inmediatamente anteriores a éste. Sin olvidarnos de algún episodio muy por encima de la media, caso del que cierra el tomo.

También es cierto que gracias al dinámico y eficaz trabajo de Mark Bright estos cómics parten con ventaja respecto a los dibujados por McDonnell. O quizás sea el deseo de nosotros, los lectores, de que las aventuras del superhéroe acorazado regresaran ya a la normalidad, lo que haga que este último volumen se gane un aprobado.

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