Aviso de posibles spoilers si nunca has leído estos cómics.
Nueva entrega de las aventuras de nuestro arácnido favorito del Universo Marvel. Un volumen que sigue la estela de los precedentes, siempre con Stan Lee en cabeza, más el arte de John Romita, que continúa alternando sus dibujos con los del otro John, Buscema. Un John Buscema que, precisamente, se despide de la colección en los primeros números de este mismo volumen. Por otra parte, Jim Mooney sigue en su labor de entintador en casi todos los episodios.
El volumen empieza con la llamada saga del Maquinador. Un arco que trae de nuevo a Kingpin, quien no hace mucho protagonizaba la fabulosa saga de la Tablilla.
Para la ocasión, Stan Lee nos muestra a un Kingpin algo más humano. Un Kingpin que, de alguna forma, no deja de recordarnos a los clásicos films de gángsters, en que los capos del crimen disponen de su lado sensible, habitualmente respecto a sus familiares. El caso de su mujer, Vanessa Fisk, es un buen ejemplo.
El caso es que Kingpin acaba mentalmente fuera de la realidad tras descubrir la verdadera identidad del Maquinador, que resulta ser alguien muy cercano al mafioso.
A continuación, tenemos una importante intervención de la Viuda Negra. Importante más que nada por ser su primera aparición con el traje negro clásico. Pero el peso argumental recae, una vez más, en los infaltables problemas de Peter, que encima se multiplican.
Primero, siente cómo el Capitán Stacy se está acercando demasiado y puede descubrir su identidad secreta. Luego, Peter se siente mareado y débil como nunca antes. Finalmente resultará ser una simple gripe, pero lo bueno del caso es que la fiebre y su inestabilidad mental lo llevan a presentarse, medio grogui, en la fiesta de su novia confesando ser Spiderman. Pero claro, lejos de mostrarse comprensiva, la reacción de Gwen es de puro terror.
La suerte es que entre los invitados no está la Tía May, porque el corazón de la pobre anciana no está para este tipo de sobresaltos. Quien sí acude a la fiesta, acompañada de Harry, es Mary Jane, a quien hacía bastantes números que no veíamos.
La cuestión es que, para arreglar el desaguisado y restablecer su identidad secreta, Spidey le pide a Hobie Brown, el Merodeador, que aparezca disfrazado de Spiderman delante de Peter y sus amigos. Bueno, un poco cogido por los pelos, puesto que la forma de agarrarse a los muros de uno y otro pijamero es notablemente diferente, pero no seamos quisquillosos. De más difícil explicación es que Hobie no sume dos y dos y deduzca que Peter y Spiderman son la misma persona, pero tampoco tiene mayor importancia.
Llega el momento de hacer historia. De Marvel, y del cómic de Superhéroes de siempre, y es que, en este punto, iniciamos una de las sagas más brillantes de la historia de Spiderman, con el protagonismo del Doctor Octopus como mortal oponente.
La historia empieza con una de las imágenes más impactantes de esa época, los tentáculos del Doctor Octopus abriéndose paso solos, gracias al fuerte control mental que ejerce su propietario desde la cárcel. Y, a continuación, tenemos el secuestro del avión, que es toda una lección de cómo crear tensión en el espectador, de cómo van sumándose las diferentes piezas que protagonizan la escena. Un avión en el que, por cierto, iban a viajar Jameson y su hijo John.
Pero eso es sólo el principio, porque lo mejor de la saga está en los otros dos números que la completan. Pero para eso habrá que esperar a la próxima entrega de esta colección.
Conclusión.
Otro volumen absolutamente imprescindible de la mejor Biblioteca Marvel. Especialmente por el inicio de una genial saga que terminará en el próximo, pero el resto de los episodios no se quedan muy lejos.
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