Tras la etapa de Dennis O’Neil, Frank Miller regresaba a la colección que lo había catapultado a la fama para contar una última historia del superhéroe ciego. En esta ocasión, sin embargo, se ocuparía únicamente del guion, dejando el apartado gráfico en manos de David Mazzucchelli, que ya había acompañado a O’Neil como dibujante y que aquí demuestra ser el compañero ideal para esta nueva colaboración.
Born Again narra, en esencia, la caída de Matt Murdock a los infiernos y su posterior resurrección, convertido en alguien forzosamente distinto. Un proceso de destrucción que se desencadena por la decisión de alguien cuya propia vida ya ha caído en el más profundo agujero, aunque por motivos muy diferentes: Karen Page. Enganchada ahora a la heroína y atrapada en una espiral autodestructiva, Karen termina traicionando al hombre con quien estuvo a punto de casarse. A cambio de una dosis, vende lo único de valor que todavía conserva: la identidad secreta de Daredevil.
Ya desde esa primera escena, Miller y Mazzucchelli nos dejan sin habla. La dulce y bella Karen, a quien hacía décadas que no veíamos por estas páginas, aparece convertida en un despojo humano, casi un cadáver andante. Después de haber vivido el sueño de convertirse en actriz y de caer posteriormente en el ostracismo, ha terminado arrinconada al cine porno más barato y el posterior refugio en la drogadicción. Un retrato demoledor que nos sitúa de inmediato ante la crudeza de la historia. Esto no puede empezar mejor.
Como era de esperar, la información no tarda en llegar a manos de Kingpin, que por fin conoce la identidad civil de su enemigo y principal obstáculo para sus actividades criminales. Su plan está claro: si no ha conseguido destruir al superhéroe, acabará con el hombre que hay detrás de la máscara. Para ello, el orondo mafioso mueve sus interminables hilos y ataca a Matt por todos los flancos. En apenas unas páginas, Murdock se ve acusado de soborno, perjurio y mala praxis profesional; pierde su licencia para ejercer como abogado, Hacienda bloquea sus cuentas bancarias y su hogar queda reducido a escombros. A este derrumbe profesional y material se suma el sentimental: su novia, Glori O’Breen, acaba abandonándolo para buscar refugio en el corazón de su amigo Foggy Nelson.
Yo dividiría la saga en tres actos, que se corresponden con los tres intentos de Kingpin de acabar con su enemigo. El primero consiste en destruir la reputación de Matt Murdock como paso previo a su aniquilación personal. El segundo traslada esa misma estrategia a Daredevil, con la intención de desacreditarlo ante la opinión pública como paso previo a su destrucción. Y el tercero supone la ofensiva a la desesperada una vez fracasados los dos intentos anteriores.
Matt, sumido en un estado de delirio que le lleva a acusar a Foggy y a Glori de formar parte de una conspiración para hundirlo en la miseria, acaba siendo capaz de sumar dos y dos e imaginar quién se encuentra realmente detrás de todo. Mientras tanto, Kingpin disfruta contemplando cómo su enemigo pierde progresivamente sus facultades mentales, como aperitivo a su destrucción definitiva. Fisk pretende darse el gusto de vapulearlo personalmente antes de simular una muerte accidental.
Kingpin sigue de cerca la degradación de Matt a través de James Wesley, su hombre de confianza, que aparece por primera vez precisamente en esta saga. Su cometido consiste en mantenerlo informado mientras el mafioso aguarda pacientemente la llegada del Diablo Rojo a su cuartel.
Al mismo tiempo, Fisk ha ordenado eliminar a todo aquel que conozca la identidad secreta de Daredevil, empezando por la propia Karen. La que fuera uno de los personajes secundarios más importantes de la colección vive aquí su propio infierno, tanto por el lamentable estado en el que se encuentra como por la imparable persecución de los sicarios de Kingpin, de los que logra escapar milagrosamente. Por si fuera poco, Karen se cruza con un individuo llamado Paulo, a quien también se vende por un pico. El tipo resulta ser un maltratador, un elemento de mucho cuidado que se permite apropiarse de ella cual furcia barata.
Kingpin lo tiene todo preparado para acabar con Murdock. No basta con matarlo: nadie debe sospechar que ha sido asesinado y, además, su cadáver tiene que aparecer rodeado de indicios que terminen de destrozar la reputación del abogado. Sin embargo, algo sale mal y Matt consigue escapar de lo que parecía una tumba segura en forma de taxi hundido en las aguas del East River.
Es el primer renacimiento de Matt, aunque todavía no el definitivo, porque su caída puede ser aún más profunda. A la brutal paliza que le propina Kingpin se suman el atropello de un automóvil y una puñalada a manos del granuja de Turk, antiguo colaborador del mafioso, que aparece aquí en una intervención casual.
Y entonces aparece la Virgen. Una figura religiosa irrumpe para salvar a nuestro protagonista como si de un milagro se tratara: la hermana Maggie, su propia madre. Miller ya había coqueteado tímidamente con la temática religiosa durante su primera etapa en la colección, pero es aquí donde decide envolver la historia con elementos propios del catolicismo. Empezando, claro está, por esa estructura de muerte y resurrección que evoca el propio título de la obra.
Cabe mencionar, entre otras cosas, la imagen a toda página que remite a la Pietà de Miguel Ángel, así como los títulos de alusión religiosa de los distintos números.
Miller introduce la fe como un instrumento de supervivencia, una forma de encontrar fuerzas allí donde parecía que ya no quedaba ninguna. De ahí que la recuperación de Matt adquiera tintes casi milagrosos.
Es el resurgimiento de un hombre que ha estado al borde de la muerte y ha llegado a sentirla como tal. Pero renacer, volver a empezar, no significa recuperar la vida anterior, sino descubrir que uno sigue vivo y que puede hacerlo convertido en alguien más fuerte. Ahora podemos hablar, más que nunca, de un hombre sin miedo.
El siguiente capítulo de la obra arranca como consecuencia directa del fracaso de Kingpin en su intento de destruir a nuestro protagonista.
Tras haber tratado de hundir la reputación de Matt Murdock, el abogado, Fisk opta ahora por desacreditar a Daredevil ante la opinión pública, presentándolo como un asesino despiadado. Para ello, disfraza a un delincuente con el traje del Hombre sin Miedo y lo envía a la residencia de Foggy Nelson, antiguo socio y amigo de Matt, con la misión de asesinarlo brutalmente utilizando el bastón de Daredevil como arma homicida.
Pero antes toca hablar de otra pieza imprescindible del rompecabezas: Ben Urich, periodista del Daily Bugle. Conocedor de la identidad secreta de Matt Murdock, Urich empieza a investigar las acusaciones y los trapos sucios que se han vertido sobre él, convencido de que existe una conspiración para destruir a quien considera una persona honesta.
El periodista intenta llegar al fondo del asunto presionando al detective Nick Manolis, colaborador de Kingpin bajo coacción, hasta descubrir el alcance de los tentáculos del criminal. Fisk cuenta con infiltrados en los lugares más insospechados, una muestra más de la magnitud de su poder, que se extiende por toda la ciudad como una metástasis imparable.
Aquí no puedo más que destacar la escena en la que Ben habla por teléfono con Manolis desde la redacción del Bugle, hasta que escucha en directo cómo lo asesinan. Todo ello mientras Urich permanece ajeno a lo mucho que sucede a su alrededor en la propia redacción. Una secuencia impresionante, narrada magistralmente por Mazzucchelli, que nos deja con el corazón en un puño.
La desagradable situación lleva a Ben a renunciar a escribir su artículo, aunque finalmente reúne el valor necesario para seguir adelante, aun a riesgo de sufrir las consecuencias.
El papel de Urich resulta tan heroico, o incluso más, que el del propio Daredevil. Un héroe, eso sí, absolutamente humano en sus reacciones, que no puede evitar ese primer impulso de terror que le lleva a casi a abandonarlo todo. Curiosamente, quien termina dándole el empujón que necesita es el mismísimo J. Jonah Jameson, con amenaza incluida por parte del viejo Jonah.
Finalmente, Urich se arma de valor y se arriesga jugándose el cuello y, literalmente, el de su querida esposa.
Se podría decir que el título «Born Again» no solo es aplicable a Matt Murdock/Daredevil, sino también a Ben Urich e incluso a Karen Page.
Otro personaje que desempeña aquí un papel, aunque más reducido, es Melvin Potter, alias el Gladiador. Convertido en un ciudadano plenamente reformado, Potter se ve obligado a confeccionar el disfraz de Daredevil bajo las amenazas de Kingpin.
Todo este desarrollo nos conduce a lo que funciona claramente como un final de acto. Un desenlace de violencia, sangre y un escenario dantesco de matanzas, con Matt convertido en una especie de ángel de la guarda, capaz de sacar fuerzas increíbles para salvar in extremis a Urich, Foggy y Karen en distintas escenas.
Y qué mejor ocasión para volver a maravillarnos con la narrativa gráfica de David Mazzucchelli que el desarrollo de todo este acto. A lo largo de estas secuencias, las distintas escenas se entremezclan magistralmente, en ocasiones viñeta a viñeta, creando una atmósfera de puro noir. El dibujante nos sumerge de lleno en la historia mediante una narrativa de marcado carácter cinematográfico, siempre al servicio del guion y nunca por encima de él. Eso no significa, sin embargo, que Mazzucchelli renuncie a experimentar insertando algunas viñetas en blanco y negro, o con esos juegos de luces y sombras de una belleza lúgubre.
Aquí cabe destacar la memorable escena de la matanza en la prisión, en la que Ben Urich se ve obligado a matar a uno de los sicarios de Kingpin para salvar su propio pellejo.
Miller se muestra especialmente incisivo a la hora de elegir a los villanos de la historia, como fiel reflejo de la podredumbre de la sociedad. Ahí tenemos al asesino que viste el traje de Daredevil, un lunático sometido a tratamiento, o al tal Paulo, cuyo historial delictivo es de auténtico terror. Y, cuando no recurre a figuras abiertamente repulsivas, el guionista da la vuelta a personajes que en apariencia deberían inspirar confianza, como esa enfermera asesina infiltrada por Kingpin, protagonista de otra escena especialmente sobrecogedora en el hogar de los Urich.
El último acto de la obra nos presenta a un nuevo adversario: Nuke, un combatiente militar que lleva tatuada la bandera estadounidense en plena cara. Un patriota llevado hasta extremos psicopáticos, armado con una ametralladora a la que ha bautizado como Betsy. Frank Miller utiliza esta figura a modo de crítica del patriotismo como instrumento de manipulación y para poner sobre la mesa las atrocidades que pueden llegar a cometerse en nombre de la nación. Kingpin recurre a Nuke para que acabe de una vez por todas con su adversario, no sin antes seducirlo con un discurso de exaltación patriótica.
Pero la irrupción de Nuke también propicia la inesperada entrada en escena de un nuevo personaje: el Capitán América. Miller se desvía aquí ligeramente del eje argumental para abordar otras cuestiones. La fuerza y la constitución física de Nuke despiertan las sospechas de Steve Rogers, que acaba descubriendo que el combatiente es producto del Proyecto Renacimiento. Se trata de un programa de experimentación, similar al del Supersoldado, destinado a crear supercombatientes para la guerra de Vietnam. La intervención del Capitán América está planteada con toda la intención por parte de Miller: Nuke representa el reverso corrupto y perverso de lo que encarna el Capi, su polo opuesto.
La llegada de Nuke convierte la Cocina del Infierno en un auténtico escenario de guerra, con decenas de muertos, como consecuencia de la ofensiva desesperada provocada por Kingpin. El mafioso comete así el error que terminará condenándolo, pese a las reiteradas advertencias de su fiel Wesley.
En definitiva, el todopoderoso Kingpin encuentra su punto débil en un hombre que ha renacido de sus propias cenizas, transformado en alguien cuya fortaleza reside precisamente en no tener ya nada que perder.
Conclusión.
Estamos ante una obra que trata, literalmente, de una caída y un renacimiento, pero también de la fe, la culpa, la venganza, la corrupción y la capacidad de resistir cuando parece que ya no queda nada a lo que aferrarse.
Un relato con un guion tan brillante que puede competir perfectamente con toda la primera etapa de Frank Miller en Daredevil, pese a que aquella fue mucho más extensa que la obra que nos ocupa.
Pero no solo eso, porque Born Again cuenta también con un dibujante difícilmente mejorable. Un David Mazzucchelli cuyos dibujos transmiten con exactitud todo aquello que Miller pretende contarnos.
En definitiva, una de las obras maestras de la historia de Marvel.
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