Tras la celebrada etapa de Bill Mantlo, la colección de Hulk vivió en 1985 un insólito intercambio de equipos creativos con Alpha Flight. Mientras John Byrne abandonaba la colección canadiense para hacerse cargo por completo del Gigante Esmeralda, Bill Mantlo y Mike Mignola recorrían el camino inverso para sustituirlo en Alpha Flight.
Toda la producción de Byrne al frente de Hulk queda recogida en el presente volumen. Una etapa corta que consiste en seis números de la serie regular, un anual y un episodio adicional publicado poco después en Marvel Fanfare.
Byrne toma las riendas de la colección justo después de dos grandes acontecimientos. Por un lado, la magnífica Saga de la Encrucijada de Bill Mantlo; por otro, el crossover con Alpha Flight que devolvía a Hulk a la Tierra y recuperaba su personalidad más clásica tras las profundas transformaciones sufridas durante la etapa anterior. Con el tablero ya dispuesto, Byrne no tarda en dejar claro que su intención pasa por devolver a la colección a sus orígenes, o al menos a la situación anterior al Hulk controlado por la mente de Bruce Banner de Mantlo.
El volumen abre con el Annual nº 14, el único episodio de la etapa que Byrne no realiza como autor completo. En esta ocasión cede el apartado gráfico a un viejo y primordial conocido de la colección, Sal Buscema, que regresa así puntualmente al título del que tantos años se ocupó.
El argumento responde al esquema clásico de las aventuras de Hulk. Un hombre atrapado dentro de una gigantesca masa de grasa cree encontrar en una transfusión de la sangre del coloso la solución a su enfermedad. Un episodio autoconclusivo, sin demasiada trascendencia para la continuidad de la etapa, para mayor lucimiento de Buscema.
Es con el inicio de la serie regular, ya con John Byrne también al dibujo, cuando el autor empieza realmente a mostrar sus cartas.
Empezamos con un clásico: Hulk luchando contra apariciones fantasmales de sus peores enemigos, está vez provocados por el subconsciente de Banner. Mientras vemos cómo reaparecen, en primera instancia, Doc Samson y Betty, y posteriormente Rick Jones, el General Ross o incluso Clay Quartermain.
El arranque no puede ser más reconocible para cualquier lector veterano de Hulk: el desierto como escenario principal, la Base Gamma, el retorno de los secundarios clásicos y el Hulk eternamente perseguido por el ejército y las autoridades.
Pero claro, como todo buen escritor, Byrne también marca perfil propio. Su primera gran aportación consiste en hacer que Doc Samson consiga, por fin, separar físicamente a Bruce Banner y Hulk. Una idea que nos vuelve a dejar sin el formato del Hulk más tradicional, pero que permite explorar una situación inédita hasta entonces, por lo menos de forma prolongada en el tiempo.
Sin embargo, la alegría dura poco. SHIELD, dirigida por Clay Quartermain, interviene inmediatamente con la intención de capturar y eliminar al monstruo. Samson consigue impedirlo, pero pronto comprende que la separación ha tenido consecuencias mucho peores de las previstas. Sin la influencia subconsciente de Banner, Hulk ya no conserva ningún freno moral ni emocional. Ha quedado reducido a una fuerza de destrucción completamente irracional, capaz incluso de provocar la caída mortal de un helicóptero de SHIELD. Convencido de su error, Samson llega a la conclusión de que el monstruo debe ser destruido definitivamente.
Cómo único pero, sorprende la facilidad con la que Doc Samson consigue separar a Bruce Banner de Hulk. Después de tantos años viendo fracasar a científicos de toda clase en el intento, Byrne resuelve una de las grandes incógnitas de la colección casi en un visto y no visto.
Eso sí, Banner tiene que pasar por una traumática fase recuperación tras la separación de cuerpos. Tras décadas compartiendo existencia con Hulk, su mente se había adaptado psicológicamente a esa convivencia desarrollando un mecanismo de defensa natural que, al haberse quedado sin respuesta, le ha provocado un colapso mental. Momento en que Hulka entra en escena al ser el familiar más cercano de Bruce y quien debe autorizar el uso de los fármacos que le lleven a su recuperación.
La segunda gran novedad que incorpora el autor aparece como consecuencia de la primera. Ahora, Bruce Banner es el principal interesado en eliminar a su antiguo alter ego y así evitar cualquier daño que pueda provocar. De modo que Banner se convierte en el nuevo director del Proyecto Hulkbuster, una iniciativa destinada a localizar y detener a la criatura que un día formó parte de él mismo.
Así, Byrne nos presenta al equipo de especialistas que trabajará bajo las órdenes de Banner, los Hulkbusters. Un equipo que tendrá un notable recorrido en etapas posteriores, formado inicialmente por Craig Saunders, Carolyn Parmenter, Samuel LaRoquette, Armand Martel y Hideko Takata. Un grupo de científicos brillantes, pero también cargados de conflictos personales y secretos que el gobierno utiliza para forzar su incorporación al proyecto.
Lo que nos viene a plantear Byrne no es poco. Hasta entonces, Bruce Banner y Hulk habían sido dos caras inseparables de un mismo individuo. Ahora, Banner pasa a convertirse en el auténtico protagonista —dentro del lado de los buenos—, el héroe de la función, mientras que Hulk pasa ahora a ser el archienemigo de Banner, el auténtico supervillano de la colección.
Casi diría que la mortal destrucción del helicóptero de SHIELD es la primera ocasión en la que Hulk provoca conscientemente la muerte de otras personas.
Naturalmente, Byrne sabe muy bien que un cómic de Hulk sin escenas de acción explosiva no sería un cómic de Hulk, de modo que la etapa va bien servida en este sentido. Dejando de lado las muchas intervenciones del siempre incisivo Doc Samson, cabe destacar el episodio en el que los dos grupos de Vengadores envían a sus pesos pesados para detener al descontrolado gigante verde. El Hombre Maravilla, Iron Man, Namor y Hércules comparten con Hulk la imprescindible lluvia de puñetazos devastadores. Un espectáculo al que contribuye decisivamente un John Byrne en uno de los mejores momentos de su carrera.
Mientras los Hulkbusters entran en acción a la caza de Hulk, más la intromisión de un discordante Doc Samson, Byrne aborda otra de las líneas argumentales que quedan para la posterioridad: la boda entre Bruce Banner y Betty Ross. La forma como el autor narra la historia creo que es especialmente tierna y emocionante, dejándonos a los lectores con la duda hasta la última viñeta sobre si esta vez sí se consumará la ceremonia o volveremos a estar en las mismas de siempre. Además, este episodio supone el feliz regreso de Rick Jones a la colección y el no tan feliz retorno del General Ross, que irrumpe dispuesto a boicotear la gala nupcial.
Por desgracia, éste es el número que cierra esta etapa de un John Byrne que abandonaría la colección (y la editorial) por fuertes discrepancias con los editores. Un número que finaliza precisamente con la imagen de Bruce y Betty felizmente unidos en matrimonio. No sé si éste era exactamente el final que Byrne tenía pensado para este mismo número, pero desde luego es un bonito cierre de etapa.
Uno de los factores que motivó la renuncia de Byrne estuvo en el rechazo a uno de los clásicos experimentos del autor. Byrne había concebido un episodio construido íntegramente por viñetas a toda página. Veintidós viñetas por veintidós páginas en un sólo número que, por alguna razón, Marvel rechazó para ser publicado en la serie regular. Sin embargo, acabaría publicándolo pocos meses después dentro del título Marvel Fanfare, convirtiéndose precisamente en el episodio que cierra este volumen recopilatorio.
Más que una historia trascendental para la continuidad del personaje, este episodio de Marvel Fanfare debe entenderse como una curiosidad gráfica. Un episodio visualmente muy atractivo y dado a un mayor detallismo, pero también, obviamente, como parte de una historia especialmente corta.
Se trata del número que enfrenta a Hulk con el Azote de los Supervillanos, el misterioso asesino que durante unos meses fue apareciendo por numerosas colecciones de Marvel hasta desembocar en una auténtica masacre de supervillanos dentro del título del Capitán América. En realidad, el objetivo del Azote no es Hulk, sino dos viejos enemigos del gigante esmeralda: Martillo y Yunque.
Conclusión
La sensación que deja esta etapa es la de una obra interrumpida justo cuando empezaba a despegar. Una etapa que apuntaba a ser grande y quizás entre las más grandes obras de Byrne. Una lástima.
A pesar de todo, algunos conceptos los aprovecharía Peter David en su celebrada etapa. Por tanto, la breve contribución de Byrne no cayó, ni mucho menos, en saco roto.
Enlace a la ficha:
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Breve estancia de Byrne pero se queda una buena etapa. Y por cierto, una etapa bastante desconocida para algunos que empezaron a leer a mediados de los 90 y coleccionar en serio desde el año 2000 y no la conocen, que de todo hay.