Reseñas: La Visión y la Bruja Escarlata: 100% Marvel HC: “Un Año en sus Vidas” (1985-1986)

Tras el éxito de la miniserie dedicada a la Visión y la Bruja Escarlata —una de las primeras Marvel Limited Series en ver la luz—, Marvel decidió dar continuidad a las aventuras de la feliz pareja de Vengadores con otra serie limitada, aunque esta vez en formato maxiserie de doce números.

El equipo creativo, sin embargo, cambia por completo respecto a la miniserie de cuatro números. Si en aquella ocasión los elegidos fueron Bill Mantlo y Rick Leonardi, ahora son Steve Englehart y Richard Howell quienes toman las riendas de la colección.

Lo primero que llama la atención es la forma en que Englehart decide iniciar la serie. Resulta cuanto menos insólito que una colección arranque con un crossover con otra que comenzaba a publicarse exactamente al mismo tiempo. Me refiero a la serie regular de los Vengadores Costa Oeste, también escrita por Steve Englehart y estrenada el mismo mes que esta maxiserie.

Sin embargo, en este recopilatorio solo se ha incluido el segundo número de West Coast Avengers, quedando fuera el primero al no contar todavía con la participación de la pareja protagonista, pese a que allí se inicia realmente la historia.

Entrando ya en materia, Englehart toma como punto de partida el anual número 7 de Iron Man para desarrollar este primer ciclo argumental. En aquel episodio, Iron Man contaba con la ayuda de sus ya compañeros de grupo para derrotar al villano de turno. Ese villano no era otro que Goliat, aunque en su tercera encarnación, bajo la identidad de Erik Josten, viejo conocido de los Vengadores que inicialmente había actuado bajo el nombre de Power Man y más tarde como el Contrabandista.

El caso es que Englehart recupera al nuevo Goliat para reunir también a Hank Pym, Ultrón y el Segador. Si a ellos añadimos al entonces vengador californiano Hombre Maravilla y a la propia Visión, el resultado es la reunión al completo de una de las sagas familiares más emblemáticas del Universo Marvel. La iniciada por Hank Pym al crear a Ultrón y continuada después por el propio Ultrón cuando dio vida a la Visión utilizando los patrones cerebrales de Simon Williams, el Hombre Maravilla, hermano a su vez del Segador.

Pero aún hay más. Englehart consigue reunir en la misma historia a los tres personajes que han llevado la identidad de Goliat: el original Hank Pym, el actual Erik Josten y Clint Barton, que también utilizó esa identidad durante una etapa de su trayectoria. No cabe duda de que el guionista demuestra un gran instinto a la hora de seleccionar ingredientes especialmente atractivos para el lector veterano.

La cuestión es que el escritor aprovecha esta saga para repasar el origen y buena parte del pasado de todos los integrantes de esta peculiar familia mediante una serie de flashbacks que enriquecen el conjunto. Además, el Segador, Goliat y Ultrón no están solos en el apartado de los antagonistas, ya que forman parte de la Legión Letal, el conocido grupo liderado por el propio Segador y aquí completado por el Hombre-Simio, Nekra y Garra Negra.

El plan del Segador es, en esencia, el de siempre: recuperar a su auténtico hermano y destruir a quienes considera aberraciones derivadas de Simon Williams: la Visión y el Hombre Maravilla. Sin embargo, el villano va un paso más allá al pretender extraer la conciencia pura de Simon —la no contaminada— de las mentes de ambos para implantarla en el cuerpo de una especie de muerto viviente, un zombi cuidadosamente modificado para reproducir fielmente la apariencia de Simon Williams. Ultrón, por su parte, tampoco se aparta de sus obsesiones habituales: destruir a Hank Pym y a la Visión, su “padre” y su “hijo”.

La saga no puede evitar caer por momentos en cierto tono ingenuo, tanto en el desarrollo como en algunos diálogos, pero sigue siendo una lectura entretenida, con pasajes realmente emocionantes y un desenlace dramático. También deja ideas discutibles, como esa extraña imagen de Simon Williams y la Visión convertidos poco menos que en hermanos inseparables. Un Englehart de manual, en definitiva.

Llegados a este punto, si el apartado argumental puede dejarse provisionalmente en cuarentena, no ocurre lo mismo con el dibujo. En apenas dos episodios queda patente el flojo nivel de Richard Howell, algo que condiciona negativamente buena parte de la lectura. Solo los dos números entintados por Jim Mooney presentan un acabado digno. El resto resulta bastante olvidable, de modo que cualquier esperanza de mantener el interés recae casi exclusivamente sobre el trabajo de Englehart, lo cual tampoco supone ninguna garantía.

Si la tendencia telenovelesca del primer ciclo argumental ya resulta evidente, en el siguiente Englehart parece dispuesto a llevarla todavía más lejos. ¿Y qué mejor manera de reforzar ese contexto familiar que con la llegada de un hijo? Efectivamente, Wanda descubre apenas un episodio después que está embarazada —prácticamente “por arte de magia”, tras un reconocimiento del Doctor Extraño—. A partir de ese momento, la espera por el nacimiento del hijo de la Visión y la Bruja Escarlata se convierte en el auténtico hilo conductor de la colección. No en vano, los nueve episodios restantes vienen a simbolizar —aunque en realidad no coincidan literalmente— los nueve meses de gestación.

Es más, los doce números de la maxiserie pretenden narrar un año en la vida de la pareja. Buena prueba de ello son las continuas referencias a festividades y celebraciones repartidas a lo largo del calendario estadounidense. Más que una sucesión de aventuras superheroicas, Englehart plantea la dinámica familiar de un matrimonio que intenta construir un hogar en el pequeño pueblo de Leonia mientras espera ilusionado la llegada de sus hijos.

Ese planteamiento favorece la aparición de nuevos personajes secundarios ligados al entorno vecinal. Es el caso de Glamour e Ilusión, una pareja de magos de espectáculo que en realidad posee auténticos poderes y esconde actividades bastante turbias. También el de Holly LaDonna, una joven aspirante a hechicera que recibe las enseñanzas de Wanda.

Por supuesto, tampoco faltan los personajes vinculados familiarmente a la pareja protagonista. Desfilan por la colección el Hombre Maravilla, Mercurio y su esposa Crystal, e incluso Magneto, padre de los gemelos, cuya aparición pone en guardia al resto de personajes, aunque ya muy lejos del papel de gran amenaza que había desempeñado en otras épocas.

A ellos se suman también primeros espadas de la editorial ya sin una relación familiar directa con Wanda y la Visión, como Namor, el Capitán América, el Doctor Extraño, Power Man o Spiderman.

Que Englehart pretende construir ante todo un relato costumbrista y romántico, más que una serie de superhéroes convencional, queda patente en la abundancia de recursos propios de ese género. Tenemos los celos de Wanda provocados por las manipulaciones de la Encantadora, la infidelidad de Crystal a Mercurio con un joven del pueblo, un reportaje para la prensa del corazón realizado por Peter Parker o, naturalmente, todo lo relacionado con el embarazo y la convivencia cotidiana de la pareja.

Incluso la presencia de Namor y del Capitán América responde en parte a ese factor familiar sobre el que gira la historia. Conviene recordar que ambos fueron compañeros de aventuras de la Antorcha Humana original, el androide cuyo cuerpo acabaría convirtiéndose en el de la Visión.

Pese a ese marcado enfoque doméstico, no deja de tratarse de un cómic de superhéroes, aunque sea en la forma, por lo que tampoco faltan las escenas de acción, los supervillanos y las amenazas de toda clase. Muchas de ellas están relacionadas con la naturaleza sobrenatural de los protagonistas o incluso nacen del rechazo que despierta entre algunos vecinos el hecho de que Wanda sea una mutante y la Visión un sintezoide.

Entre los antagonistas destacan un par de enfrentamientos con los Siete de Salem, grupo estrechamente ligado a Agatha Harkness, la antigua mentora de Wanda en las artes místicas.

También reaparece un Sapo profundamente transformado gracias a unos nuevos poderes obtenidos mediante la tecnología alienígena del Extraño.

Finalmente, también están la mencionada intervención de la Encantadora y el episodio final, que recupera un hilo del primer arco con el regreso del Segador, del falso Simon Williams y de Nekra.

Mención aparte merece la enfermedad de Crystal, que obliga a su traslado a Attilan, así como la colérica reacción de un Mercurio tan orgulloso e inflexible como siempre al descubrir la infidelidad de su esposa.

Y, cómo no, la colección concluye con el esperado parto de Wanda, con sorpresa final incluida.

Conclusión

En esencia, esta maxiserie plantea cómo una pareja formada por una mutante y un sintozoide intenta construir una vida normal pese a todas las peculiaridades que rodean su existencia. Un relato de marcado carácter romántico y costumbrista disfrazado de cómic de superhéroes, correctamente desarrollado por Steve Englehart, aunque bastante inofensivo y que seguro que tiene su público.

Personalmente, sin embargo, tanto contenido de carácter doméstico y sentimental, ocasionalmente moralizante, me ha resultado por momentos algo empalagoso y plomizo, más allá de algunos episodios entretenidillos.

El apartado gráfico tampoco ayuda, precisamente. Richard Howell firma un trabajo especialmente flojo, si bien para una obra de género romántico, sus limitaciones narrativas terminan pesando algo menos de lo que lo harían en una serie de superhéroes más convencional.

En cualquier caso, la maxiserie deja varios momentos importantes para la continuidad del Universo Marvel, como el nacimiento de los mellizos de la Visión y la Bruja Escarlata o la ruptura entre Mercurio y Crystal. Además, anticipa algunos de los caminos que décadas más tarde explorarían otros autores en las diferentes colecciones protagonizadas por la Visión y su particular concepto de familia.

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