Reseñas: Longshot: 100% Marvel HC (1985-1987)

Longshot es una serie limitada de seis números publicada a mediados de los años 80 que sirve de presentación para el propio protagonista. Es decir, estamos ante un conjunto de ideas y personajes de nueva factura.

La responsable del invento es Ann Nocenti, que debuta aquí como guionista. Pero Nocenti no es la única que se estrena, porque Longshot también supone el debut de un dibujante que acabaría regalándonos algunas de las mejores páginas de los años venideros: Arthur Adams. Un Adams todavía algo verde, sobre todo en los dos primeros números, pero que ya deja entrever el enorme talento que desarrollaría poco después.

El entintado, por su parte, corre a cargo de Whilce Portacio en casi la totalidad de la obra.

Longshot es un joven de apariencia humana que llega a la Tierra a través de un portal interdimensional conectado con el universo del que procede. Mientras intenta recordar quién es realmente, va descubriendo tanto sus extraordinarias capacidades como su verdadero origen: no es un ser humano, sino una criatura creada artificialmente por Mojo, el grotesco y despótico gobernante del Mojoverso.

Toda la sociedad dominada por Mojo gira en torno a los índices de audiencia televisivos. La población consume espectáculos violentos de forma compulsiva y la propia existencia se ha convertido en un inmenso show de excesos, abusos y degradación moral. Dicho de otro modo, el régimen no se sostiene mediante la fuerza de las armas, sino a través de la adicción de sus habitantes al entretenimiento más vacío, a su idiotización.

Longshot era uno de los esclavos creados por Mojo, pero acabó rebelándose contra el sistema cuando descubrió la podredumbre que ocultaba. Un joven que luce estética new wave cuya pérdida de memoria contribuye a construir una personalidad ingenua, optimista y desinteresada. Sus poderes también son de lo más peculiares, especialmente esa extraordinaria capacidad para que la suerte juegue siempre a su favor, algo estrechamente ligado a su actitud positiva ante la vida. Longshot representa el polo opuesto a la sociedad enfermiza de la que procede y que se ha aprovechado de él durante toda su existencia. De hecho, Nocenti construye buena parte de la obra sobre ese juego de contrastes, enfrentando constantemente la visión positiva del protagonista con el pesimismo y el cinismo de muchos de los personajes que va encontrando en su camino.

Más que un tebeo de superhéroes al uso, la serie parece una mezcla ciencia ficción con denuncia social y política —la sociedad convertida en un circo de entretenimiento permanente, la manipulación de los medios de comunicación o la crítica a la industria del espectáculo—, todo ello acompañado de abundantes dosis de ironía —el hombre obsesionado con un inminente holocausto nuclear o el gafe que funciona como reverso perfecto de Longshot—.

Casi podría decirse que la propuesta de Nocenti tiene algo de premonitoria cuando retrata una sociedad convertida en un gigantesco reality show, muy similar a los que acabarían inundando nuestras televisiones años después. Aunque, en realidad, una idea parecida ya había sido explorada unos años antes por Stephen King en «The Running Man», una novela que bien pudo servir de inspiración para Nocenti.

La lectura resulta algo densa al principio, más por la sensación de desconcierto que provoca la historia y por la abundancia de diálogos que por una verdadera complejidad argumental. Sin embargo, poco a poco todas las piezas van encajando, especialmente a partir de la entrada en escena de Mojo. Resulta especialmente satisfactorio asistir al proceso mediante el cual Longshot recupera poco a poco sus recuerdos, ya que ese mismo viaje sirve también al lector para descubrir la auténtica naturaleza del conflicto.

Por otro lado, tampoco faltan los invitados que nos recuerdan que seguimos dentro del Universo Marvel. Spiderman, Hulka y el Doctor Extraño participan puntualmente en la historia, aunque en el caso de los dos primeros sus intervenciones son más bien estériles.

Si esta miniserie acabó siendo importante fue, sobre todo, por lo que vino después. Sus personajes terminarían integrándose plenamente en el universo mutante de Chris Claremont. No sólo el propio Longshot, sino también Mojo y su inseparable Espiral acabarían convirtiéndose en piezas fundamentales de la crónica mutante. De hecho, Claremont ni siquiera esperó a que finalizara la serie limitada para incorporar a Espiral a sus historias. Todo ello, además, pese a que Longshot no contiene referencia alguna al universo mutante.

Mojo y Espiral, principales antagonistas de la historia, no fueron los únicos personajes del Mojoverso que tendrían recorrido más allá de esta colección. También sería el caso de Magog, la criatura que acompaña a Longshot durante buena parte de la aventura. Un personaje moralmente ambiguo que ejemplifica el componente de humor y surrealismo que caracteriza parte de la obra. Lo mismo puede decirse de Gog —padre de Magog—, el Mayor Domo, Arize o el rebelde Quark, todos ellos recuperados posteriormente por otros autores.

Conclusión.

Longshot no es una serie de lectura fácil. La abundancia de texto y la deliberada sensación de desconcierto de los primeros números pueden hacer dudar de la propuesta. Sin embargo, una vez terminada y con la perspectiva del conjunto, podemos afirmar que es una muy buena experiencia.

En cualquier caso, estamos ante una serie atrevida y diferente, algo que ya tiene mucho mérito por sí solo. Y basta comprobar el largo recorrido que tuvieron tanto su planteamiento como los personajes creados por Ann Nocenti en manos de otros autores, empezando por Chris Claremont, para entender la importancia que acabaría adquiriendo esta pequeña miniserie.

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