Reseñas: Los Micronautas: Marvel Omnibus: La Etapa Marvel Original 3 (1983-1986)

Con este tercer tomo ponemos el cierre definitivo al paso de los Micronautas por el Universo Marvel.

El inicio de este nuevo tomo continúa directamente del volumen anterior, que dejaba a medio concluir la monumental crónica de Bill Mantlo a falta de tan sólo cuatro números, precisamente los que abren este tercer tomo. Un Mantlo que sigue acompañado por el dibujante Jackson Guice durante toda esta recta final.

El Barón Karza se ha apoderado de Mundo Hogar y prepara ahora la conquista definitiva del Microverso.

Por otro lado, Marioneta lidera ahora a unos reducidos Micronautas formados también por Bicho y Acroyear, más la compañía de Huntarr, mientras el comandante Arcturus Rann tiene otros planes. El antiguo líder del grupo parte junto a Lumbreala en busca de la ayuda de la Fuerza Enigma.

En un vibrante episodio, Huntarr termina incorporándose de forma definitiva al grupo después de intentar, en solitario, asaltar Mundo Hogar para vengarse de Karza.

A continuación, en su búsqueda de aliados para la batalla final, los Micronautas viajan a Kaliklak, pero sólo para descubrir que la invasión de Karza ya ha comenzado. Butch Guice vuelve a ofrecer aquí algunos de los paisajes más espectaculares de toda la colección, acompañados de escenas de acción realmente brillantes.

Finalmente, Arcturus Rann acaba rechazando las condiciones impuestas por los Viajeros del Tiempo y termina reuniéndose de nuevo con sus compañeros. Karza, mientras tanto, tampoco acepta la posibilidad de convertirse en una divinidad a cambio de renunciar a sus ansias de conquista, una decisión que vuelve a poner de manifiesto hasta dónde alcanza la maldad del villano.

La siguiente parada lleva a los Micronautas hasta el mundo de Nuncaverano, un planeta habitado por individuos de aspecto animal donde el invierno es permanente y el verano es ansiado. Karza también se presenta en el helado planeta con la intención, paradójicamente, de incinerarlo mediante una gigantesca lente solar. Otro escenario visualmente deslumbrante que vuelve a demostrar la indiscutible capacidad imaginativa de Mantlo y el talento de Guice.

El cuarto número culmina la extensa etapa de Mantlo. Y lo hace situándonos justo después de los acontecimientos sucedidos en la miniserie de la Patrulla-X y los Micronautas. Nuestros protagonistas —incluidos los recuperados Biotrón y Microtrón— regresan al Microverso para encontrarse con un Mundo Hogar muerto y a Karza gobernando únicamente a monstruosidades. Sin embargo, para ser el desenlace de una obra megalítica resulta bastante menos espectacular de lo que cabría imaginar. Da la sensación de que Mantlo tenía ganas de finiquitar su etapa y pasar a otra cosa, quedando finalmente un cierre al que le falta desarrollo y emotividad. Pero un cierre coherente, al fin y al cabo.

Los nuevos viajes.

Aunque pueda parecer lo contrario, la colección inicial de los Micronautas no termina aquí, sino que todavía queda un número más, el 59, ahora sí, último de la colección.

Y es que este último número supone paradójicamente un nuevo comienzo para los Micronautas. Peter B. Gillis toma el relevo de Bill Mantlo como guionista, mientras Kelley Jones se encarga del dibujo, en un episodio que funciona como epílogo de la etapa anterior, pero sobre todo como punto de partida de una nueva era para los Micronautas.

En este número 59, los Micronautas abandonan definitivamente el devastado Mundo Hogar y emprenden un nuevo viaje por el Microverso a bordo de la nave Endeavor. Todo el episodio gira alrededor de una reflexión colectiva sobre el futuro del grupo tras haber perdido su hogar. Cada uno de sus integrantes recuerda episodios de su pasado mientras intenta encontrar un nuevo propósito. En cierto modo, Gillis ya está anunciando el tipo de serie que nos ofrecerá a continuación, y también uno de los recursos que más usará a lo largo de su recorrido, el de las secuencias del pasado explicadas por alguno de los protagonistas.

Así nace Micronauts: The New Voyages, una nueva cabecera escrita de arriba abajo por Peter B. Gillis y dibujada, casi en su totalidad, por Kelley Jones, con la única excepción de un número dibujado por Rod Whigham y otros dos por Howard Bender. Veinte entregas que completan el recorrido de los Micronautas por el Universo Marvel.

La primera escala lleva al grupo hasta un extraño planetoide que alberga una misteriosa forma de vida alienígena en su interior. Se trata de un arco de marcado carácter filosófico que concluye con los Micronautas expuestos a una peligrosa dosis de radiación letal. Además, Huntarr comienza a sufrir una transformación física provocada por su contacto con aquella criatura, un cambio que tendrá continuidad durante buena parte de la etapa.

Posteriormente llegan a un planeta metálico, en su superficie, habitado por extraños depredadores también recubiertos de metal. Sin embargo, este episodio no es más que el prólogo de una historia mucho más ambiciosa, quizás lo único parecido a una epopeya cósmica de toda esta nueva colección.

A partir de aquí, Gillis multiplica los giros argumentales, las secuencias oníricas, las alucinaciones y los simbolismos hasta construir una narración casi surrealista que, por momentos, resulta realmente difícil de seguir. A ello se suma el continuo recurso a los recuerdos y a las escenas del pasado, que interrumpen el ritmo de la narración con demasiada frecuencia.

Finalmente descubrimos que aquel planeta no era sino un inmenso campo de pruebas creado por unos graciosos alienígenas conocidos como los Hijos de la Confluencia. También aquí se introduce el concepto de los Hacedores, otra misteriosa raza de entidades, emparentadas en cierto modo con los Viajeros del Tiempo y estrechamente vinculadas al origen del Microverso como responsables de la creación de su vida.

Durante estos episodios se incorpora además una nueva integrante al grupo: Solitaria, una metamorfa que acabará convirtiéndose en una Micronauta más. Incluso hay espacio para un episodio con evidentes ecos de la película Alien.

Tras varios enfrentamientos, primero contra la Fuerza Enigma y posteriormente contra la armada acroyear dirigida por Lady Cilicia, los Micronautas terminan atrapados más allá del Muro Espacial. Arcturus Rann queda fuera de combate y abandona temporalmente el grupo. Todo ello desemboca en la aparición de Vástago, un nuevo personaje que asume el liderazgo de la expedición con el propósito de devolver a los Micronautas al Microverso. Como ocurre con buena parte de los personajes creados aquí por Gillis, Vástago es un personaje moralmente ambiguo, en lo que es un juego de confusión por parte del guionista acerca de las intenciones del personaje.

A modo de bucle, nuevos mundos pasan por el itinerario de nuestros viajeros, caso de Fiame o Aegis, mientras Gillis no ceja en mostrarnos escenas del pasado. A destacar el dedicado a Marioneta que ocupa un número entero. En él, la Princesa revela un hecho del pasado que es un buen ejemplo de cómo el guionista viste de pretendido giro argumental algo que queda diluido entre el mar de reflexiones y filosofadas que caracterizan la obra.

Otra pieza del engranaje es Diablo. El viejo compañero de los Micronautas, renacido de las cenizas de Lumbreala, aparece de forma recurrente como una presencia casi virtual cuya existencia resulta importante para el complejo rompecabezas que plantea Gillis. Finalmente regresa completamente trastornado para sacrificar su vida y propiciar el renacimiento de Lumbreala, además de favorecer el regreso de Arcturus Rann al grupo.

Luego, también está el inevitable cruce con las Secret Wars II que no ofrece nada especialmente distinto al resto de episodios. Eso sí, el Todopoderoso se mueve como pez en el agua en una colección que, en gran parte, va de lo mismo que el macroevento que protagoniza.

El clímax final lleva toda la propuesta existencialista de Peter Gillis hasta sus últimas consecuencias. La posible destrucción de Mundo Hogar como única vía para salvar el Microverso, las ambiguas intenciones de los Hacedores, las continuas dudas morales de los protagonistas y una sucesión de giros argumentales hasta el agotamiento. Al menos, Gillis tiene la oportunidad de cerrar la historia sin dejar cabos sueltos, aunque dudo mucho que Gillis tuviera todo este galimatías en la cabeza desde el principio, por lo que yo apuesto por la improvisación en buena parte de la obra.

Mirando la obra en conjunto, hemos pasado de la aventura espacial y la acción al estilo Star Wars propuesta por Bill Mantlo, a la ciencia ficción más metafísica y contemplativa, y de avance parsimonioso, más cercana al espíritu de Star Trek que nos ofrece Peter Gillis.

Dicho de otro modo, la adrenalina ha sido sustituida por densos textos de carácter filosófico y la intención exploratoria. De hecho, la exploración del Microverso con la paz por bandera es la premisa con la que Gillis inicia la obra. Una colección cuya mayor virtud está en descubrirnos la inmensidad del Microverso, sus diferentes culturas y nuevos conceptos.

Y aquí es donde entra el apartado gráfico. Kelley Jones demuestra un estilo un tanto expresionista en las figuras, quizás algo deudor de Paul Gulacy o similares en algunos planos y construcciones, pero con una narrativa muy distinta. Un estilo que parece todavía por hacer, en estado embrionario, aunque la evolución de su personalidad como dibujante que demuestra entre los primeros números y los últimos es notable.

En cualquier caso, el punto fuerte de Jones está en la narrativa visual y la creación de ambientes, donde creo que sí ya empieza a destacar, aspectos que constituyen uno de los factores de mayor disfrute de la obra.

Conclusión.

La breve recta final de Bill Mantlo mantiene, en líneas generales, el excelente nivel alcanzado en el volumen anterior y proporciona un cierre digno a su larga etapa al frente de la colección.

Muy diferente resulta la propuesta de Peter B. Gillis. Es de agradecer que el guionista no intente imitar a Mantlo y opte por crear perfil propio. Sin embargo, su viaje filosófico y metafísico por el Microverso acaba convirtiéndose en una lectura excesivamente densa y compleja. Más allá de la capacidad imaginativa del autor y de la creciente espectacularidad gráfica de Kelley Jones, reconozco que, personalmente, la lectura se me ha hecho bastante bola.

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rockomic
One comment to “Reseñas: Los Micronautas: Marvel Omnibus: La Etapa Marvel Original 3 (1983-1986)”
One comment to “Reseñas: Los Micronautas: Marvel Omnibus: La Etapa Marvel Original 3 (1983-1986)”
  1. Muy buena critica Rockomic, justo este fin de semana pasada me acabe de leer el omni y coincido contigo. Me da que Mantlo por lo que fuera se fue por su cuenta o bien le conminaron a terminar su etapa y aunque el final no esta mal es un poco abrupto. Supongo que a lo mejor Marvel quería revitalizar la serie con Gillis y por eso lo del final. Curiosamente la etapa de aquel es muy diferente y original y a pesar de lo densa que es tiene su aquel y ofrece algo mas adulto a lo linea Epic dando algo diferente. Como dices muy metafísica y con toques de Hard- Sci-Fy. A mi me da que Marvel y Hasbro iban a cortar relaciones y dejaron a Gillis a narrar lo que quisiera finiquitando la licencia. En definitiva que incluyendo la etapa de Mantlo esta serie tuvo un toque mas adulto al ser ofrecida parte de ella en venta directa con lo cual los temas que trataba mas la violencia explicita nos da un comic muy curioso de los editados por Marvel en los 80’s. A mi me ha gustado bastante en general. Dándole así un final cerrado a esta gran saga.

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