Cineclub Marvel: Los 4 Fantásticos (2005)

posterCuenta la leyenda que, en 1994, el entonces Presidente de Marvel Studios Avi Arad le compró a Bernd Eichinger los negativos de su primera e infame adaptación de “Los 4 Fantásticos”, por una suma no revelada, ¡sólo para poder quemarlos personalmente! Sea cierta o no la anécdota, la verdad es que a todos los implicados les interesaba enterrar aquella película: la cancelación de su anunciado estreno fue sólo el primer paso para la realización de una segunda producción, esta vez de mucho mayor presupuesto, llamada a unirse al panteón de grandes sagas marvelitas junto a la arácnida y la mutante.

¿Iría a la segunda la vencida?

De no haber rodado su adaptación antes del fin de 1993, Eichinger habría perdido los derechos cinematográficos del cuarteto. El productor carecía de la suficiente financiación, y Chris Columbus, con el respaldo de la 20th Century Fox, emprendió paralelamente su propio proyecto de adaptación. Pero la sorprendente maniobra del alemán al renovar su licencia rodando una cinta de ínfimo presupuesto, obligó a ambos cineastas a entenderse, porque cada uno disponía de lo que al otro le faltaba: Eichinger de los derechos de la adaptación, y Columbus de nada menos que 50 millones de dólares para llevarla a cabo, que hubieran dejado pequeños los 35 que había costado la por entonces gran referencia del género, el “Batman” de Tim Burton. Y así es como la cinta que nos ocupa acabó siendo realizada por las productoras de ambos, Neue Constantine Films y 1492 Productions, con Marvel Studios y la Fox como co-productores.

Chris Columbus

Chris Columbus

Chris Columbus sería el primer director asociado al proyecto, pero le seguiría una década de constantes bailes de rumbos y timoneles. Muy marcado por sus grandes éxitos infantiles, seguiría como productor cuando “Harry Potter” se cruzó en su camino, pero cedió la dirección en 1999 a uno de sus colaboradores habituales, Raja Gosnell, especialista en comedias fantásticas de corte familiar. Pretendía seguir el modelo de “Men in Black” para realizar, en palabras de Avi Arad, la mayor comedia de situación de todos los tiempos. Pero su presupuesto estimado se disparó hasta los 280 millones de dólares, y la FOX decidió dar prioridad a la mucho más barata “X-Men”, cuyo éxito avalaría finalmente el proyecto pero no semejante gasto. Además, los mutantes marcaron una nueva pauta estilística muy alejada de lo que Gosnell representaba, y cuando su productor Ralph Winter se unió al equipo, éste prefirió marcharse a dirigir “Scooby-Doo”.

El sustituto, ya en 2001, fue Peyton Reed, un director más habitual de comedias románticas, que aprovechó el toque kennedyano que siempre ha tenido la Primera Familia para cambiar drásticamente el proyecto hasta convertirlo en una cinta de época. Su idea era ambientarla en la fecha de la primera publicación de los 4 Fantásticos, 1961, para emparentarla con las candorosas comedias clásicas de aquellos años, con George Clooney y Renee Zellwegger como unos glamurosos Reed Richards y Susan Storm. Sin embargo, el proyecto acabaría siendo reconvertido en el “Abajo el amor” del mismo director y actriz. Clooney aún seguiría ligado al personaje de Richards por un tiempo, y también él intentó llevarse la cinta a su terreno, centrándose más en la ciencia ficción, proponiendo cómo no a Steven Soderbergh para dirigirla, pero acabaron rodando en su lugar el remake de “Solaris”.

ff003Y es que los 4 Fantásticos están efectivamente en algún lugar intermedio entre la aventura fantástica de Chris Columbus, la comedia de acción de Raja Gosnell, el sofisticado romanticismo de Peyton Reed y la ciencia ficción intimista de Steven Soderbergh: la fórmula mágica con la que Stan Lee y Jack Kirby reinventaron todo un género con sólo quitarles las máscaras a sus héroes, haciéndolos exploradores antes que justicieros. El sentido de la maravilla, una idea tan obvia como dificilísima de reproducir; hasta los autores que les sucedieron en su propia colección han sido a menudo incapaces de seguir avanzando un paso más allá de aquellos prodigiosos 102 primeros números. Y después de tantas idas y venidas, también los productores encontraron la misma solución que aquellos: repetir el mismo esquema. Confiar en la mera fuerza de la marca, dejarse de experimentos y anclarse sólidamente en los convencionalismos del género y en los elementos más icónicos y populares de los personajes.

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Ya no hacían falta ni un director con una ambiciosa visión, ni una historia revolucionaria, ni grandes estrellas. Tan sólo un equipo sólido, un reparto atractivo, destinar el grueso del presupuesto a los efectos especiales, y un buen estudio de marketing. Y así, el finalmente elegido para dirigir la película en 2004 sería un Tim Story con sólo cuatro discretísimos títulos en su haber pero de contrastada versatilidad, pues ya había tocado géneros tan dispares como el drama de sus primeras cintas afroamericanas, la amable comedia costumbrista de “La barbería”, o la acción alocada de “Taxi: derrape total” (tampoco tuvo una gran competencia: el otro candidato era Sean Astin, el Sam de “El Señor de los Anillos”, que tan sólo había dirigido un par de episodios de series televisivas). Téngase en cuenta la escasa rentabilidad el año anterior del más arriesgado “Hulk” de Ang Lee; la mejor prueba del giro hacia el convencionalismo que dio Marvel tras aquel fracaso es que ha acabado recuperando a todos los que en su momento fueron desplazados de la adaptación del Goliat Esmeralda por el desembarco del taiwanés: en anteriores sesiones del Cineclub ya hemos hablado de Joe Johnston, que actualmente dirige  “Capitán América”, y de Jonathan Hensleigh, escritor y director de “The Punisher”. Hensleigh había trabajado en el guión de “Hulk” junto a Michael France, e igualmente, ahora se volvería como punto de partida para “Los 4 Fantásticos” al guión sobre el cuarteto que France había escrito en 1997 (junto a un no acreditado Columbus), justo antes de que empezaran los vaivenes en la dirección.

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Haciendo honor a su apellido, Story supervisó el argumento de France para potenciar las referencias a los cómics así como la humanización del villano de la función, un irreconocible Doctor Muerte que figura entre los aspectos más polémicos de la película. Asimismo, el guionista de “Twin Peaks”, Mark Frost, también participó en su escritura, centrándose en el descubrimiento de los nuevos poderes de los protagonistas. Tal vez sea el fragmento más conseguido de la historia, pero acapara demasiado metraje llegando a ahogar al resto de tramas. Es un problema típico de la rigidez del esquema  del género superheroico, agravado aquí a su máxima expresión por tratarse de una película grupal: el guión se estanca en el tramo de origen, equivocando la presentación de personajes con que éstos den reiterativas vueltas sobre sí mismos sin lograr progresar hacia el desenlace, lo que era además especialmente innecesario en este caso al tratarse de unos personajes y una historia sobradamente conocidos por el público. Consecuentemente, cuando llega la confrontación final, ésta acaba antojándose casi mecánica, como si de una cuestión de protocolo se tratara, porque realmente no llega a justificarse. Uno de los grandes aciertos de “X-Men” fue de hecho saltarse dicho bloque al presentar la Escuela directamente en funcionamiento. En el extremo contrario, en plena era del decompressive storytelling en el cómic, no es extraño que en las series de grupo se dedique todo un arco argumental a su fundación, presentando a un único personaje por episodio.

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No sólo el desenlace, toda la película acusa cierta precipitación. Escenas vacías se atropellan innecesariamente unas a otras, como si hubiera demasiadas cosas que contar. Ni siquiera se llegan a presentar convincentemente las relaciones anteriores de los personajes o la misión científica que realizan, lo que dificulta la empatía del público desde el inicio. Puede que en los años 60 no hiciera falta explicar la Carrera Espacial, pero ahora toda la presentación de personajes resulta insuficiente, y para esto quizá hubiera sido mejor ahorrársela y empezar directamente en el espacio para dejar respirar al resto de la historia. Se acaba recurriendo a elipsis tan clamorosas como que no lleguen a aparecer dentro de la nave sino directamente en la estación espacial, y lo mismo de regreso a la tierra, o no molestarse en explicar cómo entra y sale Victor de los aposentos privados del Edificio Baxter sin que nadie parezca siquiera sorprenderse de su presencia (por cómo tiene instaladas cámaras allí mejor ni preguntar). Dichas inconsistencias apuntan a que el proyecto era aún prematuro pese a llevar más de una década en desarrollo, y de hecho el libreto tuvo que ser retocado sobre la marcha en pleno rodaje por Simon Kinberg. No acreditado por ello, sólo había firmado anteriormente la secuela de “xXx”, pero le cogería el gustillo al género después “Jumper” y, de nuevo en Marvel, “X-Men: La decisión final”.

Respecto al reparto, aparte de los ya mencionados Clooney y Zellweger, sonaron durante años nombres tan dispares para los papeles protagonistas como Brendan Fraser de Reed Richards, Elizabeth Banks o Kate Bosworth como Susan Storm (curiosamente Betty Brant en “Spider-man y Lois Lane en “Superman Returns” respectivamente), el Paul Walker de “A todo gas” para Johny Storm, el gran James Gandolfini de “Los Soprano” como Ben Grimm, o Tim Robbins de Victor Von Doom, en la que hubiera sido su vuelta a Marvel casi veinte años después de “Howard, un nuevo héroe”; ninguno de ellos llegó a formar del reparto definitivo, recurriéndose en su lugar a actores menos conocidos que poder ligar al futuro de la franquicia desde su comienzo, sin tener que repetir las duras negociaciones de “X2”. Sin embargo, quizá hubiera estado más justificado recurrir a grandes estrellas en esta ocasión, pues a diferencia del anónimo Peter Parker o los proscritos hombres-X, los 4 Fantásticos son auténticas celebridades. En todo caso, al menos los hermanos Storm (Jessica Alba y Chris Evans) sí que figuraban ya en las listas de aspirantes a estrellas, con clara vocación de eclosionar en esta franquicia. En cambio, para Michael Chiklis (Ben Grimm) y Julian McMahon (Victor Von Doom), provenientes de las televisivas “The Shield” y “Nip / Tuck”, se trataba más de un salto al cine que a la fama, mientras que Ioan Gruffudd (Reed Richards) se encontraba en un escalón intermedio pues ya había intervenido en películas “Rey Arturo” aunque sin destacar especialmente. En comparación con los elencos de las otras grandes sagas de la casa, se echa en falta algún gran nombre como Patrick Stewart o Willem Dafoe que diera mayor altura al conjunto, tal vez cierta solidez interpretativa (aunque todos estén a la altura del guión), y sobre todo una mayor adecuación a sus personajes.

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El Reed Richards de Ioan Gruffudd no resulta creíble ni como científico, ni como pareja de Sue, ni mucho menos como líder del grupo, algo que sólo parece asumir en la lucha final, cuando por fin actúan como un equipo combinando sus habilidades para derrotar al villano, una moraleja de una obviedad pasmosa pero que, reconozcámoslo, siempre ha estado presente en los cómics. El problema está en que este Reed no da para cabeza de la familia: no paran de decirnos que es un genio pero no da muestras de ninguna inteligencia, y en su intento de explotar una inexistente vis cómica acaba cayendo más bien en la torpeza. Aparece como un inmaculado héroe de una sola pieza, honesto y encantador, sin la frialdad y hermetismo científicos de un personaje tan extremadamente calculador. Intentando hacerlo más amable y humano para evitar que al público le pudiera resultar lejano, eligieron a un actor excesivamente joven para el papel, que simplemente le queda grande. Titubearon incluso respecto a sus poco convincentes canas: comienza la película sin ellas, para que después se manifiesten repentinamente… ¿por efecto de los rayos cósmicos?

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Jessica Alba, de sólo 23 años durante el rodaje, resulta también demasiado joven para asumir el rol “maternal” de Susan Storm, y parece haber sido elegida teniendo en cuenta más bien lo ceñido del neopreno de los uniformes. Es cierto que el personaje no debía andar muy lejos de esta edad cuando fue creado, pero el papel de la mujer en la sociedad ha cambiado mucho desde 1961, como evidencia su transformación en la película de ama de casa a genetista, una modernización similar a la “doctora Jean Gray” de los mutantes cinematográficos. Sorprendentemente se nos la presenta trabajando al servicio de Victor Von Muerte (aunque parezca más su asistente personal), rol que en el Universo Ultimate sería después curiosamente asumido por su madre, la doctora Mary Storm. Pero la película va aún un paso mas allá, al plantear un inaudito triángulo amoroso entre Reed, Sue y Víctor, quizá en referencia a los orígenes de la futura Valeria Richards / Muerte. En el comic, Sue ha podido tener sus devaneos con Namor, incluso se ha apuntado a que Ben esté enamorado de ella, pero el antagonismo de Reed y Víctor está muy por encima de una mera pelea de gallos. Y ni siquiera así reducida logra aprovecharse, pues en cuanto vuelven del espacio se prescinde de explorar sus posibilidades, con lo que se desdibujando su relación con Reed y se vacía al villano.

reed_and_sue_redneckLos rejuvenecimientos de Reed y Sue se llevaron a cabo en consonancia con la presentación de los 4 Fantásticos adolescentes del Universo Ultimate. Siempre se ha pretendido buscar paralelismos entre las encarnaciones cinematográficas y las definitivas, y era casi un lugar común plantear que éstas eran un campo de pruebas para aquellas.  Así parecían indicarlo  entonces los prácticamente simultáneos lanzamientos de ambas versiones de los 4 Fantásticos, marcando probablemente el cénit de dicha línea, así como el anuncio de la llegada de Brian Singer a los guiones de “Ultimate X-Men”. Pero éste plantó a Marvel para hacerse cargo de “Superman Returns”, y el Universo Ultimate no tardaría en caer en una decadencia que intenta superar en la actualidad marcando las distancias con el universo tradicional, que será en adelante la única referencia para comparar las adaptaciones fílmicas. Con esta perspectiva, podría mantenerse ahora lo contrario que entonces, que eran los autores ultímate quienes se inspiraba en las películas para tratar de pescar nuevos lectores entre los espectadores (que fue para lo que Bill Jemas lanzó la línea), pero al menos en el caso de “Los 4 Fantásticos” y su secuela, la comunicación entre ambas recreaciones fue mucho más estrecha. La película pretendió conciliar la moderna apariencia de los definitivos (incluidos sus uniformes) con el espíritu de los clásicos. El problema es que se quedó en un irreconocible espacio intermedio.

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Por el contrario, Chris Evans es bastante mayor que el Johnny Storm de los 60, que incluso tuvo que dejar el Edificio Baxter durante una temporada para acabar la secundaria, y de hecho le saca un par de meses a su pretendida hermana mayor. Como ella, también está mucho más preparado que el original y es de hecho el piloto de la nave (siempre me he preguntado en qué pensaba Richards para llevarse de paseo a su novia y a su cuñado a una misión espacial clandestina), también al servicio de Víctor. Mantiene eso sí su mismo espíritu juerguista, egocéntrico y alocado, excusa para colarnos videoclips de deportes extremos y grupies de calendario con los que amenizar el metraje al espectador adolescente.  Y sin embargo, tal vez Johnny sea quien disfruta de un arco mejor definido durante la película, progresando simultáneamente en el control de sus poderes y en la aceptación de su propia responsabilidad. Para Evans, que nunca había sido un aficionado a los cómics, ésta sería su primera adaptación pero ya suma cuatro (las dos de los 4F, “Scott Pilgrim contra el mundo”, “The Losers”), siendo ya todo un especialista en el género si contamos también “Push” y las hasta nueve películas por las que ha firmado con Marvel como Capitán América, por mucho que pueda extrañarnos verle encarnando a dos héroes distintos de la misma editorial (aunque si contamos a los secundarios no es el primer actor que cambia de personaje en dos películas Marvel, ni tampoco el mismo personaje que cambia de actores). Sorprendentemente, lo más protestado de su Antorcha Humana fue que no luciera su característico flequillo. La causa del cambio de look fue puramente técnica, facilitar los efectos de las llamas, pero luego algunos dibujantes lo han trasladado a la inversa hasta las viñetas.
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Mucho más pelo le falta a un Ben Grimm completamente calvo. El comienzo de la película está lleno anticipaciones, guiños en nuestra opinión algo forzados, como la estatua en hierro de Victor o el chiste que éste hace de que Richards siempre se “estira para tocar las estrellas”, y la sorprendente apariencia de Ben tal vez pretenda adelantar también su futuro aspecto como La Cosa; o simplemente alguien decidió acertadamente que hubiera sido ridículo plantarle un peluquín a Michael Chiklis. Pero en esta ocasión no hubo ni una sola queja por el cambio de aspecto, seguramente porque fue lo único que le faltó, junto a alguna referencia a la tía Petunia, para haber sido una adaptación perfecta. No le falta ni la gabardina cuando sale de paisano, incluso se permite el que quizá sea el mejor guiño de la cinta, el “yo antes fumaba” en alusión a la prohibición quesadiana de que los personajes lo hagan. Dado lo fallido del triángulo romántico, le toca cargar con toda la carga emocional de la película, y sale airoso del reto de retratar las contradicciones existenciales de uno de los personajes más queridos de la historia del noveno arte. Chiklis, que no en vano había ganado ya un globo de oro, es lo mejor de la cinta, y  es capaz de transmitir la honda humanidad bajo el monstruo, la complejidad de su carácter solitario y extrovertido, cascarrabias pero siempre fiel, triste y toscamente cómico al mismo tiempo. Y por supuesto, tampoco podían faltar las broncas con la Antorcha.
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Y eso que su aparición como la Cosa en los primeros carteles y tráilers de la película fue recibida con mucho miedo por los aficionados, que no tardaron en compararla con la  versión de 1994. Sin embargo, aquella ya fue en su momento lo más conseguido de su adaptación, igual que ahora debe aplaudirse a Tim Story por atreverse a optar por un efecto físico en plena euforia digital por el Gollum de “El Señor de los Anillos”. De lo contrario no habríamos podido ver los ojos de Ben Grimm bajo las piedras de La Cosa, porque es la interpretación de Chilis la que da vida al traje. Igual que los lectores esperamos la interpretación que da cada nuevo dibujante de la Cosa como si se tratara de un examen, debe reseñarse aquí la labor del diseñador de vestuario José Fernández (no casualmente técnico de efectos especiales de profesión, y encargado de este departamento por única vez en su carrera), y del supervisor de maquillaje de “Hellboy” Miguel Elizalde por su recreación. El traje venía a ser un enorme mono de látex de 27 kilos de peso, que en algunas zonas tenía hasta quince centímetros de espesor. La sensación de llevarlo puesto debía ser tan claustrofóbica que Chiklis precisó de asistencia psicológica, y aunque esto pueda parecer algo exagerado, considérese que para ventilar su interior en los recesos del rodaje (quitárselo que hubiera tomado tres horas), una de las “piedras” del cráneo podía extraerse para introducir una manguera de aire frío.

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Menos afortunada fue en cambio la labor de Fernández con su polémico rediseño del Doctor Muerte. Los fans protestaron porque su característica capa casi pareciera un abrigo, si bien debe puntualizarse que la adaptación de 1994 había demostrado que tampoco hubiera funcionado una traslación literal del diseño original de Kirby. Mucho más grave es que una adaptación por lo demás básicamente fiel a sus personajes se permita tantas licencias con el que quizá sea uno de los villanos más representativos de la historia del cómic, tan famoso como los propios héroes a quienes se enfrenta, no olvidemos que fue incluso una de las inspiraciones de George Lucas para crear a Darth Vader. Julian MacMahon apenas puede hacer nada por darle entidad a un personaje insulso e irreconocible desde el mismo guión: el soberano absoluto de Latveria se ve reducido a un empresario sujeto a las intrigas de sus accionistas, que incluso llega a reconocer el genio de Richards y no parece una gran mente científica, mejor no preguntar por la brujería, ni por Mefisto y el alma de su madre. Ninguna de las motivaciones del original está presente en la película, que las sustituye por una rabieta. Es lo que pasa cuando tu novia te deja por tu antiguo mejor amigo el mismo día en que te conviertes en un mutante tecno-orgánico, ¿quien no intentaría matarlos?

009Como si de un “What if…?” se tratara, Víctor acompaña al cuarteto a su misión espacial (¿exactamente para qué?) y sufre la misma exposición que éstos a los rayos cósmicos.  Volvemos a encontrarnos con el habitual atajo de guión de vincular el origen de los héroes y su némesis, al que tantas veces recurre el cine superheroico tanto para darle más relevancia a su posterior enfrentamiento, como simplemente para ahorrar cinta. Lo malo es que en este caso se diluye con ello un elemento tan esencial como el sentimiento de culpa de Reed por la condición de Ben. Además, también anula el planteamiento inicial de Lee y Kirby de que sus protagonistas encarnaran los 4 elementos griegos (tierra la Cosa, aire la Mujer Invisible, fuego la Antorcha Humana y agua Míster Fantástico), aunque supuestamente la transformación de Muerte se justifique en el quinto elemento de la cultura china, el metal; porque a partir del accidente, Víctor comienza a manifestar unos inéditos poderes electrokinéticos, mientras una pequeña herida provocada por un fragmento irradiado de los escudos de la estación va extendiéndose como una infección metálica que acaba haciendo de su propio cuerpo el equivalente de su antigua armadura. El proceso es gradual, y nuevamente brillan (literalmente) los progresivos maquillajes protésicos de  Elizalde, pero se demora demasiado y apenas sí llegamos a ver a Víctor ejerciendo de Doctor Muerte.  Todos estos cambios vuelven a estar en sintonía con su relectura Ultimate, en la que también sufre el mismo accidente que los héroes y experimenta una transformación similar (que no incluye rayos pero sí unas protestadísimas patas de cabra). Aún así, más adelante acabaría adquiriendo finalmente un aspecto casi idéntico al tradicional, del mismo modo que el último plano de la película, con los restos de Muerte partiendo en un barco rumbo a Latveria, dejan claramente la puerta abierta a un futuro replanteamiento. El operario que cierra la puerta de su container, se trata por cierto del productor Ralph Winter.

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Pero si había un cameo esperado, sobre todo después de su ausencia en “X2”, era el de Stan Lee. Fiel a sus creaciones, vuelve además para interpretar por primera y hasta el momento única vez a un personaje Marvel, el entrañable cartero del Edificio Baxter Willie Lumpkin. En lo años 80 ya estuvo a punto de encarnar nada menos que al despótico John Jonah Jameson en la frustrada adaptación de “Spider-man” de Cannon Films, y aunque obviaremos los paralelismos entre las sombras biográficas de los editores del Bullpen y el  Bugle, es justo destacar aquí la idoneidad de Lumpkin, pues igual que su creador él tampoco quiere retirarse aún completamente de su profesión pese a su avanzada edad, porque siente que aún le quedan aventuras por vivir junto a los 4F. Y razón no le falta, aunque a primera vista pueda parecer un personaje menor, pues ha llegado a salvarles la vida (aunque accidentalmente), a viajar en la máquina del tiempo del Doctor Muerte e incluso, en las realidades alternativas del “What if…?”, a ser miembro del cuarteto o heraldo de Galactus. La única pena es que su línea de diálogo en la película no hiciera referencia a su genial presentación en el número 16 de los 4 Fantásticos, cuando se atrevió a pedirle en broma a Mr. Fantástico ser admitido en el grupo gracias a su poder de… mover las orejas. ¡Excelsior!

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Pero la película se encierra prácticamente en sus cinco protagonistas y apenas se asoma al rico universo en que se desenvuelven en los cómics, sin casi personajes secundarios ni ninguna referencia externa, una perspectiva opuesta por ejemplo a la de la franquicia mutante, porque en el fondo los 4 Fantásticos tratan sobre una familia y los X-Men sobre una especie. Apenas sí podemos destacar la forzadísima aparición de Alicia Masters, por supuesto desvinculada completamente de su padre el Amo de las marionetas, y sin ninguna entidad propia más allá de servir funcionalmente para reafirmar a Ben Grimm tras ser abandonado por su prometida, que ni siquiera existía en los cómics. Sorprende que se haya recurrido a una actriz afroamericana, Kerry Washington, cuando la original no lo era, y en 2006 la serie de dibujos animados “Fantastic Four: World’s Greatest Heroes” volvió a cambiarle el color de piel por influencia de la película.

La comparación con los mutantes es relevante, máxime compartiendo ambas franquicias a Ralph Winter como productor. Como sabe cualquiera que haya leído el segundo número de “Marvels”, ambos grupos representan los dos extremos opuestos, la fama y la clandestinidad, en el Universo Marvel. La primera familia tiene un registro más desenfadado y aventurero, con más espacio para el humor que para el drama, y su adaptación rompe en consecuencia con el dogma de sobriedad que Singer impuso al género. Es lo que el director de fotografía Oliver Wood llama “una película de luz de día”. Él mismo venía de rodar las mucho menos coloridas primeras dos “Bourne” y “U-571”, pero aquí adopta una paleta radiante y luminosa que busca reflejar el tono más liviano (podríamos también decir banal) de esta aventura.

Lógicamente, este espíritu “fantástico” se traslada también a los escenarios del diseñador de producción Bill Boes (“Monkeybone”), que apuesta por una sorprendentemente ecléctica mezcla de estilos más clásica y atemporal de lo que hubiera sido esperable, desde el art-decó del Baxter a la arquitectura industrial de la oficina de Víctor,  definitivamente alejado de la desbocada imaginación de Kirby. Pretende externalizar la idiosincrasia de cada personaje pero resulta demasiado obvio, ni transmite verosimilitud, nunca olvidas que es un decorado. Es una opción estética coherente y premeditada, pero chirría porque va contracorriente del género y casi parece más una cinta de los 90. No obstante, es meritoria su reconstrucción del puente de Brooklyn, rodada en estudio. Es una escena muy representativa de lo mejor y lo peor del filme, pues demuestra un gran trabajo de producción al servicio de un guión efectista y vacío.

Los efectos especiales orquestados por Kurt Williams absorbieron el grueso del presupuesto y son la gran baza de la película, a cuyo constante lucimiento se supedita cualquier criterio de lógica o coherencia. Por supuesto, las escenas de acción son correctas aunque se quedan cortas y son escasas, y tal vez por ello se apueste por exhibir constantemente los poderes de los protagonistas con las excusas más peregrinas, como por ejemplo ver a Reed Richards estirándose la cara para afeitarse. Son precisamente sus gags los de un acabado más obviamente infográfico que acaba sacando al público de la escena, pero en general cabe destacar el esfuerzo por definir una física propia para cada uno de los poderes hasta hacerlos creíbles, aunque sin lograr nunca abrumar al público. Para eso hubiera hecho falta un mayor atrevimiento, como por ejemplo haber mostrado alguna de las tres transformaciones de Ben en la Cosa, pero todo lo que se ve en pantalla suena a ya visto en un género obligado al más difícil todavía.

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Tampoco la banda sonora de John Ottman llega a la altura que cabía esperar tras su partitura para “X2”, que de hecho le había valido hacerse cargo también de “Superman Returns”, con lo que podía decirse que tenía el género en sus manos. Su score resultó sin embargo demasiado discreto y funcional, limitándose a subrayar las escenas humorísticas y cayendo incluso en la redundancia en las de acción, muy ensombrecido por las pegadizas canciones que salpican el metraje, especialmente para acompañar las exhibiciones deportivas de Johnny.

En conclusión, es un producto estrictamente comercial que no duda en sacrificar épica por palomitas. Apuesta por una visión positiva del superhéroe, muy alejada de las constantes del género en su momento pero revalidada actualmente por cintas tan abiertamente hedonistas como “Iron Man”. El problema no es esta perspectiva, sino que le falta el carisma de un Robert Downey Jr. para hacerla atractiva, así como un director que aporte más nervio y dinamismo a la puesta en escena. De hecho, sus mayores logros los consigue paradójicamente cuando se separa de dicha premisa, como el ajustado retrato de la soledad de Ben Grimm, mientras que el humor o la trama romántica llegan a estorbar al carecer del soporte de un argumento o una composición de personajes suficientemente sólidos. Pero pese a todas sus carencias, sabe al menos no tomarse en serio a sí misma, sus limitaciones son coherentes con sus pretensiones, y no engaña a nadie. Da lo que promete, y entretener, su principal objetivo, entretiene. Cosa distinta es que como lectores esperáramos algo más de uno de los pilares fundamentales del Universo Marvel, pero está claro que no nos buscaba a nosotros sino a la taquilla veraniega, que respondió triplicando sobradamente su presupuesto, lo que garantizaba la continuación de la franquicia. Al menos no rompió nada y deja un amplio margen de mejora que aprovecharía la segunda parte.

 

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Jata y Promethea

Jata y Promethea

Sara García Rodríguez, periodista, e Iñigo de Prada, abogado, son co-autores de "El viaje del Superhéroe: la historia secreta de Marvel en el cine" (Dolmen, 2012, y una continuación en camino), sobre la base de sus colaboraciones en el Cineclub Marvel y el blog TBO en el cine de las webs de Universo Marvel y Panini Comics. Han participado, juntos o por separado, en la extinta Marvelmanía, el Podcast de Spider-Man: Bajo la Máscara o la revista Dolmen, e Iñigo es Redactor Jefe de "Marvel Age". Siguen viajando con los superhéroes en Twitter (@MarvelCineComic) y Facebook (Marvel: El viaje del superhéroe).
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Un Comentario

en “Cineclub Marvel: Los 4 Fantásticos (2005)
Un Comentario en “Cineclub Marvel: Los 4 Fantásticos (2005)
  1. Aún recuerdo cuando se estrenó. Fui a verla sin tener casi ni idea de Marvel (apenas había leído el primer arco de Ultimate Spiderman, y unos números de Marvel Team-Up que venían con El Mundo) y después de salir del cine empecé a leer la BM de los 4F de mi padre 😀

    Así que, con todos sus defectos, le sigo teniendo cariño a esta película.

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