Reseñas: Capitán Britania: Marvel Limited Edition 1: «El Nacimiento de una Leyenda» (1976-1977)

Marvel UK fue una filial de la editorial Marvel, en un principio, dedicada a reimprimir las historias originales americanas.

Es a partir de mediados de los 70, que la división británica de Marvel da un paso más allá y se aventura a producir sus propias historietas.

De este modo, Marvel UK inicia una nueva etapa en su historia, aunque de forma muy modesta. Estamos ante historietas de tan sólo 7 u 8 páginas, protagonizadas por un nuevo héroe, en magazines semanales. El resto de páginas de cada número se completan con reediciones de los Cuatro Fantásticos o Nick Fury, entre otros.

El nombre que recibe el nuevo héroe no podía ser otro que el Capitán Britania. Un superhéroe que es fácil imaginar como la versión británica del Capitán América, aunque en realidad es una amalgama de atributos y referencias a varios personajes marvelianos y su entorno.

Al ser, ésta, la primera vez que estos tebeos se publican en castellano, es fácil imaginar que la gran mayoría de lectores no los han degustado todavía, así que mejor poner en aviso la posible existencia de spoilers en esta reseña.

Por mucho que éste sea un cómic de producción inglesa, los autores encargados de darle vida no difieren de la Marvel de los EEUU. Artistas ya consolidados como son el guionista Chris Claremont y el dibujante Herb Trimpe, son los nombres iniciales elegidos.

Las peripecias del Capitán Britania empiezan a la manera de la Marvel clásica, con un relato de origen de manual. Brian Braddock trabaja como físico en un complejo nuclear, el Centro de Investigaciones de Darkmoor. Algo así como Bruce Banner en la aventura de origen de Hulk.

En esas que Joshua Stragg, un tipo que se hace llamar el Saqueador irrumpe a los mandos de una destructiva máquina para apoderarse del complejo. En su huida, Braddock se tropieza con un antiguo círculo de poder donde se le aparecen dos figuras que se dirigen a él desde otra dimensión. Dos figuras que, más avanzada la serie, descubriremos que no son otros que Merlín y su hija Roma. La cuestión es que las fantasmales apariciones dan a elegir a Braddock entre dos objetos de poder, una espada y un amuleto. Nuestro protagonista coge el segundo y por arte de magia se encuentra vestido con un uniforme con los colores de la bandera del Reino Unido. Braddock pasa a ser algo así como un continuador del legado de la legendaria Tabla Redonda, vestido con un traje abanderado tipo Capitán América y provisto de poderes propios de un superhéroe y de una singular arma que consiste en una vara desplegable.

La idea de un humilde tipo que se encuentra con un objeto en un paraje desértico, que al tocarlo lo transforma en un superhéroe, nos trae a la memoria irremediablemente al relato de origen de Thor.

Mención aparte para la vara que usa como arma nuestro héroe. La estampa del Capitán Britania armado con su palo desplegable a veces no puede evitar recordarme a un cabaretero con su bastón. Una vara que, por cierto, dispone de un botoncito que al presionarlo crea un campo de fuerza idéntico al de la Chica Invisible de los Cuatro Fantásticos.

Está claro que la historia no es un dechado de originalidad. Claremont crea un cóctel de referencias a la Marvel primigenia, tomando ideas de aquí y de allí. Es más, creo que otro buen ejemplo de esto está en el plantel de secundarios.

El inspector de policía Dai Thomas parece un calco de J. Jonah Jameson en cuanto a personalidad y a su odio fuera de todo límite a la «amenaza» superheroica de turno. Algo parecido ocurre con los amigos de Brian Braddock, Courtney Ross y Jacko Tanner, cuya personalidad no puede evitar recordarnos a Gwen Stacy y Flash Thompson, respectivamente.

Posteriormente también son introducidos los hermanos de Brian, Jamie y Betsy Braddock, piezas francamente muy prescindibles.

Hechas las presentaciones, es momento de entrar a relatar las aventuras del nuevo superhéroe.

Ya empezamos mal cuando, a rebufo del relato de origen, el terrible Joshua Stragg decide coger el otro objeto perdido en las montañas, la espada. En su caso, el tipo se transforma en un caballero con armadura bastante ridículo, sólo para originar una banal lucha con el Capitán Britania y pasar automáticamente al olvido.

A partir de aquí, entramos en una serie de bloques argumentales que se extienden durante no pocos números. Eso sí, hay que tener en cuenta que cada número son sólo 7 u 8 páginas, por lo que no son arcos tan largos como parece. La expresión más adecuada, en todo caso, es que se hacen largos, porque su calidad deja mucho que desear.

Son historias de corte superheroico clásico sesentero, extremadamente simples, que son un tópico tras otro, empezando por el plantel de secundarios comentado más arriba.

Parece mentira que estemos ante el mismo Chris Claremont que está guionizando la Patrulla-X justo en ese mismo momento.

En cuanto a Herb Trimpe, por lo menos sabe aportar algo de dinamismo gracias a su narrativa visual, pero a nivel estético no da la talla.

Entre diálogos infantiles y guiones ingenuos en exceso, van desfilando villanos de cuarta división. Cada ciclo argumental equivale al desafío del villano de turno, bajo motivaciones tan vacías como derrotar al Capitán Britania porque sí, o recursos tan manidos como el del geniecillo dispuesto a saldar cuentas contra quienes se rieron de él o bien el del clásico chiflado que quiere dominar el mundo.

Nombres para olvidar como los de Huracán o el Doctor Synne. En este último caso, en la parte final de la saga entra Gary Friedrich en sustitución de Chris Claremont, sin causar ningún tipo de efecto positivo.

El máximo exponente en lo naif se da cuando el pobre desgraciado del Doctor Synne es derrotado gracias a la señora de la limpieza. Mientras realiza su jornada laboral, la buena mujer desenchufa una máquina que resulta ser la que proporcionaba los poderes al villano. Ver para creer.

Del mismo calibre es el breve arco de Mente Maestra en cuanto a ideas pueriles. También para olvidar.

Llega el momento de la saga más extensa y ambiciosa de la colección. Una saga que viene acompañada de varias sorpresas.

De entrada, tenemos el primer enlace de Marvel UK con su hermana mayor. El Capitán Britania comparte protagonismo con personajes tan consolidados como el Capitán América, Nick Furia y Cráneo Rojo, siendo de especial interés lo que no deja de ser el primer encuentro entre los dos capitanes abanderados.

Tras la tópica pelea y posterior alianza entre los dos homónimos protagonistas, descubrimos con sorpresa que la vara del Capitán Britania dispone de más botones con truquitos que ni se había molestado en probar. Dicho de otro modo, sigue sin haber cambios en lo que respecta al tono naif e infantil de los guiones. Por lo menos en el primer tramo de la saga.

Porque, es a partir de una escena aparentemente trágica, que Gary Friedrich empieza a dar en la tecla correcta. Es en buena parte gracias a la incursión en el género de espionaje, con la entrada en escena de Nick Furia y la presentación de la agencia gubernamental STRIKE (equivalente británico de SHIELD) y de su director el comandante Lance Hunter, que apreciamos un progresivo incremento en el interés de las tramas. Lo cierto es que Friedrich y Trimpe se ponen las pilas y completan una serie de episodios más emocionantes, dejando a todo el Reino Unido literalmente secuestrado por el Cráneo Rojo y pendiendo de un hilo.

Con Buscema y en blanco y negro.

La otra gran sorpresa nos la encontramos en el número 24 de la serie. Porque a partir de este momento el serial del Capitán Britania pasa extrañamente de ser una publicación a color a serlo en blanco y negro.

Además, la supresión del coloreado trae consigo otro cambio en el equipo creativo. Esta vez le toca al puesto de dibujante, siendo Herb Trimpe reemplazado ni más ni menos que por John Buscema. Los guiones siguen siendo exclusiva de Gary Friedrich, pero no así los diálogos, donde Friedrich pasa a compartir su escritura con Larry Lieber.

De esta forma, la saga de los dos capitanes y del Cráneo Rojo llega a su fin con tres episodios finales mejores que los inmediatamente anteriores. Una apasionante escena en lo alto del Big Ben pone la rúbrica a una saga que ha ido claramente de menos a más.

Nueva línea argumental y nuevo villano. El turno es para Lord Halcón, un chiflado armado con un destructivo halcón mecánico que la toma con la industria contaminante y con todo signo de modernidad, en general.

Que los diálogos han ganado un mundo en madurez tras la medio incorporación de Larry Lieber, ya sea a causa de ello o por casualidad, es un hecho palpable. No digamos ya en el plano gráfico, con la entrada de un John Buscema en buena forma. Pero que los guiones de Friedrich siguen en la senda de la ingenuidad y la inverosimilitud más cándida, se hace también evidente cuando nos damos de bruces con ocurrencias como el propio Brian Braddock, entre cuyas facultades no recordamos la de genio de la mecánica, resultando ser el constructor del sofisticado Halcón.

Al final del arco entra Ron Wilson en sustitución de John Buscema. Lógicamente, el dibujo sale perdiendo, pero, de todas formas, Wilson hace un buen trabajo. Sea como fuere, el arco es cualquier cosa menos monótono, pero acaba dando demasiadas vueltas y alargándose hasta el absurdo.

La situación resultante genera un giro en el guion tan absoluto como breve.

Mientras el cuerpo del Capitán Britania yace sin aparente vida en las instalaciones de STRIKE, su mente recala en la dimensión donde residen Merlín y Roma. Entramos de lleno en materia mística en un corto periplo que parece más una excusa para modificar el arma que empuña nuestro héroe que otra cosa. Merlín premia al Capitán Britania sustituyendo su vara por el Cetro Estelar, un objeto más glamuroso, cosa que tampoco era muy difícil, que su antigua arma y dotado de prestaciones más poderosas. Entre otras cosas, el Cetro le permite volar.

De vuelta a la normalidad terrenal, entramos en la última saga incluida en este primer tomo. Una saga que nos trae nuevos cambios en el equipo creativo. Gary Friedrich y Larry Lieber son sustituidos por Bob Budiansky, que pasa a ocuparse de los argumentos, y por Jim Lawrence, que hace lo propio con los guiones. Sin cambios en el apartado gráfico, a cargo de Ron Wilson.

Budiansky decide complicar al bueno del Capitán Britania en una trama conspirativa que concede parte del protagonismo al máximo exponente de su nación, la Reina Isabel II.

Un tipo llamado el Manipulador, ayudado por su esbirro, el Bandolero, logra hacerse con la voluntad, primero del Capitán Britania y luego de la Reina, gracias a una gema mental. Su objetivo, reconquistar Umbazi, un ficticio país africano que el Manipulador había gobernado con tiranía.

El argumento sigue siendo de lo más inocentón, pero al menos el arco resulta emocionante.

En el transcurso de esta última saga comprobamos como el título del Capitán Britania llega a su fin en el número 39. A partir de este momento, sus aventuras pasan a complementar una colección dedicada a las reediciones de Spiderman, que pasa a llamarse Super Spider-Man and Captain Britain. De hecho, los dos últimos capítulos de la saga ya corresponden al nuevo título.

Conclusión.

Un volumen en general flojo. En especial una primera mitad del todo olvidable, a base de historias extremadamente simplonas e ingenuas para una época que exige mayor esfuerzo e ideas más lúcidas.

La saga coprotagonizada por el Capitán América incrementa el nivel de calidad a cotas más que dignas, mientras que el tramo final no pasa de correcto, más por la parte gráfica que sobresale por encima de la escrita.

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  1. Momento puntualización: no eran comic-books semanales. Eran magazines. En el mercado británico el formato comic-book (aunque se había probado en el pasado y se volvería a probar en el futuro) no tenía arraigo, allí triunfaban las revistas (semanales, quincenales y mensuales) que ofrecían en plan antología un montón de seriales (normalmente tocando a la vez varios géneros, aunque las había, por supuesto, temáticas).

  2. Casi parece que los copiaron para la serie animada de He-Man (Masters of the Universe): un tipo rubio soso y sensible se transforma gracias a energías mágicas en una masa de músculos imparable.😈

  3. Los mitos artúricos (la mágica materia de Bretaña y sus conexiones feericas) están ahí desde su origen en la serie, pero tardarían mucho en ser explorados y explorados (quedará para futuros tomos …y el breve serial «hermano» del Caballero Negro).

  4. Los nombres de villanos eran a menudo guiños que solo podía captar adecuadamente un británico (o un entendido), como Hurricane (por una revista para chicos), The Highwaynan o Doctor Synne (por el justiciero Doctor Synn aka El Espantapájaros). Pero sí, la serie era muy del montón (y se nota que lo de las historias cortas serializadas no eran el fuerte de Claremont, que tampoco sé lo tomaba más que como un encargo alimenticio …de hecho, si luego recupera al personaje no es porque le hubiese cogido cariño, es porque el que se lo tenía era Alan Davis, al que llevaba tiempo queriendo atraer a la franquicia mutante, pero que no le interesaba hacer a los X-Men y similares, contentándose entonces con el par de bien pagados Anuales que hizo)… Y, por supuesto, la cosa no podía mejorar con Gary Friedrich y Larry Lieber.😈O un desganado Jim Lawrence (más conocido por sus comic-strips para UK y para USA …o sus novelitas noir de Serie B), bastante pez fuera del agua entre súperhéroes Marvel.

  5. Y para los dibujantes no era la serie precisamente un regalo. Vale, eran entregas cortas, asumibles pese a llevar regularmente sus respectivas series y tener otros encargos ocasionales, pero al ser para el otro lado del océano, había que coordinarse bien y tenerlas con más antelación de lo habitual, con lo que en realidad solías ir ya con retraso antes de empezar el capítulo de turno (no digamos ya si el guionista se descuidaba un poco). De Trimpe (escogido muy a conciencia, dadas las circunstancias) solo se puede alabar en este caso el dinamismo y la velocidad (que afecta a la calidad, pero logra mantener su dignidad, en parte gracias a la ayuda de Fred Kida, veterano de la Golden Age y personajes como Airboy y que se había pasado a las comic-strips, haciendo de asistente no acreditado en series como Flash Gordon, volviendo a los comic-books en los setenta, pensando ya en la jubilación, como Robbins, Lubbers, Elias y otros …un Kida que, ante los apuros de las fechas de entrega, como también Bob Budisnsky, tendrá que hacerse cargo de algunas páginas). Al afroamericano Ron Wilson (por lo demás entonces ya un joven dibujante nada despreciable) a veces ni eso, pues se le nota en algunas viñetas mucho las prisas (y hay alguna composición con desproporciones anatómicas que claman al cielo), pese a contar con tintas del mencionado veterano (Fred Kida) o del joven (entonces) talento peruano (que venía de dibujar para los cómics mexicanos de la inabarcable Novaro) Pablo Marcos.

  6. En las revistas británicas, por cierto, la mayor parte de las páginas se publicaban en B/N, solo unas pocas eran a color o en bitono (y alguna era íntegramente en B/N), fuesen las historias nuevas o «reprints» (que como aquí con Bruguera se llevaban mucho las reimpresiones de material de catálogo). Las de Marvel no eran distintas (y eran principalmente reimpresiones troceaditas de los comic-books americanos …eso sí, habitualmente sin sus colores, como hacia acá Vértice, solo que en UK iba todo más troceado y más en plan antología).

  7. El momento de gloria de este tomo (al menos grafito) son las planchas de John Buscema, sin duda (respaldado bien por Fred Kida, bien por Tom Palmer).

  8. En las portadas tenemos un poco de todo: Larry Lieber, Trimpe, Ron Wilson, Pablo Marcos, incluso John Romita (para la reedición americana remontada de los orígenes de Britania), pero por lo general son muy dignas (y alguna hasta bastante buena).

  9. El que esperase algo más del Capitán Britania tendrá que esperarse a la llegada a la serie de Alan Davis, al que acompañarían sucesivamente Dave Thorpe, Paul Neary, Alan Moore, Steve Craddock, Mike Collins y Jamie Delano. Especialmente Alan Moore y Jamie Delano, pero, claro estos eran monstruos.

  10. El momento del Capitán Britania sería principalmente el primer lustro de los ochenta. Y luego, claro, su segundo desembarco americano, con los Excalibur (ambientados en cambio en tierras británicas…y probablemente por eso para el público norteamericano nunca pasó de ser una serie secundaria), aunque solo cuando Alan Davis dibujaba al grupo (parece como que si no está Davis en la ecuación el Capitán no llega siquiera a hacerse un hueco destacado ni entre los segunda fila).

  11. No es mi HEROE, me da la sensación de ser un superhéroe de andar por casa , el simple hecho de tener que tener que coger enemigos de otros HÉROES ya lo dice todo «CRANEO ROJO»

    Quizás alude ALAN DAVIS si que me lo pillaría, pero por el dibujante que para mi es uno de los mejores .

    Lo dicho este tomo en concreto no me aporta absolutamente nada «quizás conocer su origen » por lo demas buf .»ojo es mi opinion»

    Gran reseña ROCKOMIC krack .
    Trabajador incansable ,ya te lo comente una vez , mucha peña antes de pillarse un comic se asesora con tus reseñas .

  12. Es para completistas o del personaje o de Claremont, principalmente. Yo lo he pillado por ser muy de Trimpe y de Buscema, pero por méritos de los cómics me quedaría solo lo del Marvel Héroes de Alan Davis.

  13. Marvel UK hizo algún serial más de héroes Marvel: Nick Fury, Agent of SHIELD (breve serial en el magazine de Hulk, por Steve Moore y un jovenzuelo Steve Dillon) y Caballero Negro (personaje como Britania también vinculado a lo artúrico, serial como el de Nick también breve y también incluido en el semanario de Hulk, por Steve Parkhouse y el estupendo dibujante británico John Stokes…y Paul Neary).

  14. E intentaron lanzar algún héroe propio. Night Raven, justiciero nocturno expeditivo y muy pulp a lo The Shadow, que protagonizó varios relatos literarios ilustrados y cómics entre 1979 y 1985 con textos de Alan McKenzie, Alan Moore, Paul Neary, Jamie Delano y algún otro)y que intentarían repescar a comienzos los noventa Jamie Delano y David Lloyd con el one-shot House of cards.

  15. Del material propio de Marvel UK, lo que mayor éxito y continuidad tendría en su día sería lo del Doctor Who (personaje al fin y al cabo muy británico y muy popular …y toda una institución allá ya en aquel entonces) con escribas como Steve Moore, Pat Mills, John Wagner, John Peel o alguna historia corta de Alan Moore (explorando los orígenes de los Señores del Tiempo), y dibujo de Dave Gibbons, David Lloyd, John Stokes, Mick Austin o Steve Dillon. Y con seriales spin-off recomendables como los de Abslom Daak, Dalek Hunter y Kroton, the Cyberman with soul (ambos de Steve Moore).

  16. A mí me da pena no leerlo principalmente porque recuerdo al leer el Capi de Davis que hacen referencia a todos esos villanos y personajes que aparecen aquí y claro no sabes de donde salen, aparte de la curiosidad por leer el origen claro, por lo demás gastarse esa pasta en esto no me llama claro….

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