Reseñas: Doctor Extraño: Marvel Héroes 2: «Relatos Extraños» (1985-1989)

Tras la imprescindible etapa de Roger Stern, esta nueva entrega de las aventuras del Doctor Extraño recoge íntegramente la etapa de Peter B. Gillis. Una etapa que, curiosamente, queda repartida entre tres colecciones: el tramo final del segundo volumen de Doctor Extraño, el inicio del tercero y la parte publicada dentro del título Strange Tales, que hace de puente entre ambos volúmenes y ocupa la mayor parte del presente tomo.

Tan sólo un número de Roger Stern constituye la excepción en el apartado escrito.

El apartado gráfico, en cambio, está mucho más repartido. De momento, Chris Warner se ocupa del primer tramo del tomo, aunque los dos primeros números corren a cargo de Mark Badger y Sal Buscema. El entintado, en prácticamente todo el volumen, corresponde a Randy Emberlin.

Tras librar a la Dimensión Oscura de la tiranía de Umar y ser proclamada Clea como nueva reina, el Doctor Extraño regresa a su Sancta Sanctorum junto a sus fieles Wong y Sara Wolfe.

Un punto de partida que enlaza con el inevitable cruce con Secret Wars II, dedicado en exclusiva a la saga del Todopoderoso. Un episodio que sirve poco más que de paréntesis antes de que Roger Stern afronte su último número en la colección.

Curiosamente, las primeras páginas de este último número de Roger Stern reproducen el final del enfrentamiento con Mefisto narrado por John Byrne en Los Cuatro Fantásticos. Una escena que sirve para introducir una nueva línea argumental que cae irremediablemente en las manos del nuevo guionista. Tras abandonar nuestros héroes el Hades, podemos observar cómo una figura de piedra emerge de las entrañas de este reino de fuego para escalar posteriormente hasta la superficie terrestre.

Quien aparece tras el hechizo pertinente es Topaz, una empata vieja conocida de la clásica colección del Hombre Lobo, que a partir de este momento pasa a hacerse un hueco en el título del Doctor Extraño.

Efectivamente, Peter B. Gillis intenta sacarle partido a la nueva incorporación introducida por Roger Stern, pero con el paso de los números nos queda la sensación de que no sabe muy bien qué hacer con el personaje y opta por resolver su trama en lo que parece un hueco argumental improvisado.

También se aborda la relación entre Wong y Sara y su amor imposible debido a las tradiciones culturales de la familia de Wong, que ya tiene asignada una esposa a la que ni siquiera conoce y que todavía es menor de edad. Una trama que, sin embargo, no tendrá recorrido por parte del nuevo responsable de la colección.

La etapa de Peter Gillis empieza realmente en este punto. El guionista se decanta inicialmente por una serie de relatos autoconclusivos. Primero se enfrenta a Iuriale, una entidad demoníaca invocada desde otra dimensión y basada en la gorgona de la mitología griega. Después llega Khat, otra criatura invocada mediante la magia por el nuevo maestro del monasterio de Kamar-Taj.

Los únicos hilos que mantienen cierta continuidad en estos primeros compases son los relacionados con el deterioro de la capa del Doctor Extraño y con Topaz.

La capa ha acabado deshilachada como consecuencia de una de las batallas del protagonista, de modo que Extraño se ve obligado a acudir a Enitharmon, una especie de sastre místico con aspecto de dinosaurio maestro en tejer prendas mágicas.

Por su parte, Topaz está cada vez más trastornada. La mitad de su alma que contiene su autocontrol ha sido proyectada al infinito y necesita ser recuperada.

Es entonces cuando llega uno de los episodios realmente destacados de esta etapa. Capa, esta vez sin Puñal, es el protagonista de una formidable historia autoconclusiva en la que el dibujante Chris Warner empieza a mostrar todo su potencial. El despliegue de luz y efectos visuales resulta especialmente apropiado para una colección como ésta, una faceta en la que el dibujante demuestra una técnica estimable.

Gillis nos presenta aquí a una nueva e interesante villana, llamada Éxtasis, que es capaz de apoderarse de la oscuridad interior de Capa y volverla contra él, dando pie a un viaje fantástico por el interior de su propia oscuridad. Un episodio especialmente sugerente que, además, funciona como aperitivo de lo que está por venir.

Pero el plato realmente fuerte empieza en este punto. Gillis se embarca finalmente en una línea argumental de mayor recorrido que marcará de forma definitiva el resto de su etapa.

Una nueva amenaza se cierne sobre el Doctor Extraño. Urthona, hechicero supremo del planeta Gevaltu, pretende sustituir a Extraño en nuestra realidad. Para conseguirlo hiere gravemente el cuerpo de nuestro protagonista y se lleva el Sancta Sanctorum a su propia dimensión, con Topaz y Wong en su interior.

El Doctor Extraño, privado ahora de la funcionalidad de su cuerpo, sólo puede actuar en su forma astral, de modo que entra primero en el cuerpo de Morgana Blessing, que regresa puntualmente a la colección, y posteriormente en Sara Wolfe. A ésta última la utiliza para introducirse en el quirófano e influir en el cirujano que intenta salvar su propio cuerpo en estado crítico. Una escena, ésta, tremendamente emocionante y estupendamente bien narrada.

En esta saga entra también en escena Rintrah, un monstruoso aprendiz de Enitharmon que se presenta con la capa ya reparada y que pasa a ser un valioso aliado de Extraño.

Por su parte, Urthona posee el Darkhold entre sus objetos de poder, pero también la mitad del alma de Topaz, que terminará desempeñando un papel importante en la espectacular batalla final contra el villano. Pero el momento clave de la historia está en su desenlace, cuando el Doctor Extraño se ve obligado a destruir todos los objetos de poder que posee para impedir que Urthona se apodere de ellos.

En resumen, una saga espectacular por su desarrollo y por el impresionante despliegue imaginativo de Chris Warner en la representación de Urthona y su mundo. Una saga que, además, pone punto final al segundo volumen de Doctor Extraño, pero que también establece las bases de todo lo que Peter Gillis tiene en mente.

Strange Tales.

Una vez cerrado el título propio, las aventuras del Doctor Extraño tienen continuación en Strange Tales, una vieja cabecera recuperada por Marvel como experimento revulsivo ante las bajas ventas de algunas de sus colecciones. Se trata de un comic-book que el Doctor Extraño comparte al cincuenta por ciento con Capa y Puñal, lo que obliga a regresar al formato de episodios de diez páginas en lugar de las veinte habituales.

Por supuesto, Peter B. Gillis continúa al frente de los guiones, mientras que el ilustrador Chris Warner se mantiene únicamente en los cuatro primeros números.

La nueva colección viene a abordar las consecuencias de la batalla contra Urthona, pero antes, Topaz hurga en el corazón de Stephen para intentar sacar a la luz su amor por Clea, un amor al que considera que debe renunciar debido a sus obligaciones como Hechicero Supremo. Como consecuencia, Clea reaparece puntualmente para no llegar a ningún acuerdo con su amado. En cualquier caso, quedémonos con esta escena, porque Gillis se guarda un reflejo de ella para el final de la etapa.

El caso es que, en el desenlace de la batalla contra Urthona, la preocupación de Extraño por salvar a sus amigos ha terminado imponiéndose a su deber como Hechicero Supremo. Al destruir los amuletos y pergaminos de protección que custodiaban la Tierra, nuestro hechicero ha iniciado un período de oscuridad en la Tierra que amenaza con liberar a fuerzas del mal antiguas.

Extraño debe, entonces, ocuparse de combatir a estas fuerzas oscuras, pero no puede permitirse repetir el mismo error, de modo que antes debe proteger a Wong y Sara aplicándoles un hechizo de olvido que permita apartarlos de él. Pero para que el hechizo sea efectivo debe llegar todavía más lejos: borrar de la Tierra la existencia del propio Doctor Extraño. Stephen Strange ha muerto para el mundo, de modo que es el momento de recuperar la identidad que ya creó tiempo atrás para el mismo fin, la de Stephen Sanders. La única excepción es el fiel Rintrah, a quien Extraño permite que le acompañe en su arduo camino.

Comienza entonces un largo viaje cuya primera parada es Hong Kong, uno de los centros del mal. Posteriormente regresará a Kamar-Taj, en un tramo que coincide además con una fase de transición en el apartado gráfico. Una serie de números que se reparten entre Larry Alexander y Terry Shoemaker antes de la entrada definitiva de Richard Case como dibujante estable. En cualquier caso, el trabajo realizado por todos ellos queda bastante por debajo de lo hecho anteriormente por Chris Warner.

Extraño debe viajar, atravesando las montañas del Himalaya, hasta la Lamasería donde aprendió el arte de las artes ocultas en busca de pergaminos y talismanes con los que combatir el antiguo mal despertado.

En mitad de este viaje aparecen los Defensores, concretamente aquellos que quedaron atrapados en el umbral entre la vida y la muerte al finalizar la colección del no-grupo. Colección que precisamente el propio Peter Gillis estaba guionizando. Valquiria, Carnicero, Intruso y Andrómeda se convierten así en improvisados invitados de la colección. Ciertamente, la inclusión de los Nuevos Defensores queda un tanto en falso y marca el inicio, en mi opinión, del tramo más flojo de toda la etapa.

Y es que cuando Gillis empieza a ser Gillis, cuando se pone a filosofar como ya hiciera en sus etapas de Los Eternos o Micronautas, es precisamente cuando la lectura se vuelve más pesada. En cambio, cuando modera esa tendencia es cuando consigue sacar lo mejor de sí mismo. Porque buenas ideas no le faltan y esta etapa de Doctor Extraño es, precisamente, un buen ejemplo de ello.

A continuación, el turno es para un crossover con los personajes con los que comparte protagonismo en Strange Tales: Capa y Puñal. En este doble relato, los tres protagonistas quedan atrapados en la dimensión de Pesadilla, donde se enfrentan al villano. Otra historia que no pasa de correcta, quizá también por un apartado gráfico bastante mediocre, aunque importante para la continuidad.

Sin embargo, a partir de aquí es cuando la colección empieza a ponerse realmente interesante con el regreso de Kaluu, uno de los antiguos adversarios del Anciano, al que ya conocimos durante la lejana etapa de Dennis O’Neil. Esta vez, sin embargo, Kaluu regresa como aliado y maestro autoimpuesto de Stephen.

Gillis empieza a poner las cartas sobre la mesa cuando Extraño se ve obligado a matar a un hombre cuyo cuerpo albergaba una forma demoníaca, el primero al que mata en toda su trayectoria.

Un episodio que anticipa el giro radical que Gillis está a punto de imprimir a la colección: el Doctor Extraño se pasa a la magia negra. Si el Anciano fue su maestro en magia blanca, ahora Kaluu, uno de sus más poderosos enemigos, será quien le instruya en su vertiente oscura. Dicho de otro modo, Extraño renuncia a las enseñanzas de su maestro para aprender a usar aquello a lo que siempre había combatido.

Gillis rubrica el cambio de paradigma de nuestro protagonista con una alteración física. En el transcurso de una lucha contra una entidad demoníaca, el Doctor Extraño queda tuerto y comienza a lucir un parche en el ojo izquierdo. Un suceso seguramente hecho con toda la intención de proporcionar a Extraño un aire más siniestro y acorde a su nueva personalidad.

Definitivamente, la oscuridad se ha apoderado del Doctor Extraño. Un practicante de magia negra al que Topaz ni siquiera reconoce cuando vuelve a cruzarse en su camino.

La siguiente en dar cuenta de las nuevas malas artes de nuestro hombre es Victoria Bentley, que regresa puntualmente en un episodio con dibujante invitado, Dan Lawlis. De forma traicionera, Stephen roba a Victoria la magia que albergaba en su interior, en una nueva demostración de su actitud cada vez más alejada de los principios que siempre había defendido.

El final del viaje del Doctor Extraño y sus esclavizados demonios tiene lugar en la dimensión de otro viejo conocido de la colección: Shuma-Gorath. Es el desenlace de la larga batalla contra el mal que, sin embargo, todavía va a mancillar más la esencia del viejo Stephen Extraño.

Por cierto, en el apartado gráfico, llama especialmente la atención cómo el estilo de Richard Case recuerda en determinados momentos al de Steve Ditko. Especialmente en algunas composiciones y en la representación de determinadas criaturas y dimensiones.

Una vez vencido el mal, los últimos episodios de Strange Tales hacen las veces de pequeños epílogos de la saga. En primera instancia, descubrimos que en el cuerpo del Doctor Extraño ya no queda prácticamente nada del propio Doctor Extraño. Sólo queda un vacío provocado por sus coqueteos con la magia negra y por el paso de Shuma-Gorath y demás demonios por su interior.

Así, Enitharmon, Kaluu y Rintrah recurren a los recuerdos y a los antiguos amores del hechicero para recuperar su esencia. El caso es que Gillis vuelve a incidir aquí en el amor que alberga Stephen, un recurso con el que parece especialmente obsesionado y que funciona como contrapunto al mal, pero personalmente me parece un añadido poco interesante a la obra.

De vuelta a la normalidad, Extraño devuelve sus recuerdos a Sara Wolfe y a Wong, que se presenta acompañado de su prometida Imei Chang. También devuelve sus poderes místicos a Victoria Bentley.

Pese a todo, la oscuridad todavía no ha sido completamente erradicada. Una premisa con la que termina el recorrido del Doctor Extraño por Strange Tales.

Doctor Extraño: Hechicero Supremo.

Finalizado el invento de Strange Tales, el Doctor Extraño recupera cabecera propia, esta vez estrenando un nuevo subtítulo, Doctor Strange: Sorcerer Supreme. En este tomo se incluyen únicamente sus cuatro primeros números de esta tercera colección del Doctor Extraño, precisamente los últimos guionizados por Peter B. Gillis. Richard Case, por su parte, continúa reinando en el apartado gráfico.

La nueva colección comienza con un plato fuerte, el regreso del archienemigo Dormammu. El antiguo monarca de la Dimensión Oscura se ha apoderado del cuerpo del Doctor Extraño aprovechando uno de los habituales paseos de éste en su forma astral. El villano, ataviado ahora con el uniforme de nuestro protagonista, invoca a los hechiceros oscuros de otras dimensiones para utilizarlos como aliados para apoderarse de la Tierra.

Extraño, mientras tanto, no tiene más remedio que introducirse en el cuerpo de una rata de cloaca e intentar buscar ayuda. Ayuda que encuentra inicialmente en un grupo de ranas con las que logra comunicarse, en una escena de lo más surrealista.

Pero es Topaz, gracias a sus poderes empáticos, quien logra localizar al Extraño-rata. La suma de Clea a la fiesta propicia el feliz desenlace de un arco argumental en el que llama la atención el paso adelante dado por Richard Case. Resulta sorprendente la mejora del dibujante, que nos regala algunas ilustraciones a toda página extraordinarias, así como algunas composiciones de página también bastante potentes. También es cierto que no todo el trabajo de Case es igual de bueno y que algunas de sus páginas siguen estando a un nivel más discreto.

Los últimos números de la etapa, con los que se despide Peter Gillis, rayan a un nivel bastante menor.

De entrada, el puntual regreso de Clea propicia una nueva dosis de romanticismo. Extraño ha comprendido finalmente que el amor es el camino. Ahora vuelve a tener a Clea, a quien rechazó debido a sus obligaciones y a quien ahora considera que necesita, cerrando así el círculo iniciado con la primera aparición de Clea en este tomo. De hecho, la historia termina con una boda exprés y fuera de plano. Un aroma a final feliz que creo que queda desnaturalizado.

Y es que toda esta vuelta a la normalidad resulta un tanto chocante después de la gravedad de todo lo sucedido. Después de haber llevado al personaje a cruzar el umbral entre la luz y la oscuridad, la sensación es la de un «y aquí no ha pasado nada», un desenlace demasiado frívolo para todo lo que acabamos de vivir.

Los dos últimos números significan el regreso de los Nuevos Defensores al mundo real. Ahora pasan a convertirse en el Círculo del Dragón, uniéndose al cuarteto un personaje que acabará convirtiéndose en Arthur Pendragon.

Se trata de una historia de magia que utiliza las leyendas artúricas como vehículo y al Dragón de la Luna como adversario.

Francamente, resulta bastante confusa y queda bastante por debajo de lo que Gillis había conseguido en otros momentos de su recorrido.

Conclusión.

Gillis nos presenta un Doctor Extraño vulnerable y corruptible. En este sentido, el guionista rompe con buena parte de los esquemas clásicos del personaje y se adelanta a lo que vendrán a plantear otros guionistas en etapas muy posteriores.

No se le puede negar el mérito ni el trabajo de conjunto de la obra. Si dejamos a un lado su tendencia a la prosa filosófica y algún que otro desliz, estamos ante una buena etapa y bien hilada.

En esta ocasión sí se puede afirmar que Gillis tiene claro en todo momento lo que quiere hacer y hacia dónde quiere conducir al personaje. La progresiva transformación de Extraño, su caída en la magia negra y el posterior regreso a sus principios forman un recorrido coherente que acaba dando sentido al conjunto.

El apartado gráfico es bastante irregular, aunque cabe destacar especialmente el trabajo de Chris Warner y también, en parte, los últimos números de Richard Case.

Desde luego, la etapa no está a la altura de la inmediatamente anterior de Roger Stern, que sigue estando varios escalones por encima. Pero eso no impide que estemos ante una buena etapa y, sobre todo, ante una interesante evolución del personaje que se atreve a llevar al Doctor Extraño a territorios previamente no explorados.

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rockomic
3 comments to “Reseñas: Doctor Extraño: Marvel Héroes 2: «Relatos Extraños» (1985-1989)”
3 comments to “Reseñas: Doctor Extraño: Marvel Héroes 2: «Relatos Extraños» (1985-1989)”
  1. Hola
    Hay una cierta tendencia a despreciar a Gillis y que no se le perdonan cosas que a otros se les pasa. Aquí hace un trabajo excelente con un personaje complicado y complejo. La de autores que no han sabido qué hacer con él o que no han podido. Cierto que seguir a Stern es tema espinoso, pero creo, como tú, que Gillis está a gran altura.
    También estoy releyendo sus relatos de Los Defensores y, que quieres que te diga, me está gustando mucho más de lo que recordaba. De hecho, hasta Perlin me está no-disgustando (quizá tener un buen entintador y no al «maestro» Colleta también cuenta.
    Y de Gillis también recuerdo que me gustaron varios de sus What if

  2. Gracias, amigos. 🤗
    La verdad es que no comparto demasiado vuestra opinión respecto a Gillis, pese a que en este tomo me ha gustado. El problema es que es lo único que me ha gustado de él.
    Precisamente me estoy enfrentado a toda su producción a lo largo de unos pocos meses. El primero de los Defensores está a la vuelta de la esquina.

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