Reseñas: Secret Wars II: Marvel Héroes: «¿Quién es el Todopoderoso?» – «Círculo Cerrado» (1985-1986)

Como bien sabemos, en 1984 Marvel publicó una maxiserie titulada Secret Wars que resultó ser todo un boom de ventas. Una colección histórica por ser la primera vez que reunía a los principales héroes de la casa en una aventura al margen de sus propios títulos que, sin embargo, fue grande por esa importancia histórica y por su éxito mucho más que por su calidad.

Empujado por las cifras de ventas de la colección, Jim Shooter, creador del invento, no tardó en preparar una segunda parte de la historia. Pero esta vez iba a ir mucho más allá, involucrando al Universo Marvel al completo. De hecho, esta segunda maxiserie, de nueve números, tiene también un innegable valor histórico al ser el primer megaevento de Marvel cuya serie central se prolonga en las colecciones regulares de los diferentes personajes; en todas ellas. Una modalidad de ciclo argumental que acabaría convirtiéndose en el pan nuestro de cada día dentro de la editorial años más tarde.

Nacen así las Secret Wars II, un evento que viene recopilado al completo en dos volúmenes de Marvel Héroes que me dispongo a reseñar. Como no tiene demasiado sentido dividir una colección estructural de tan sólo nueve números en dos reseñas, esta vez voy a hacer una excepción y agrupar ambos tomos en una sola.

La serie está guionizada por el propio Jim Shooter, dibujada por Al Milgrom y entintada por Steve Leialoha.

El ser que se oculta tras las Secret Wars, conocido como el Todopoderoso, se presenta en la Tierra con el fin de entender a la raza humana. Aterriza en la casa de la pareja formada por el Hombre Molécula y Volcana, recibiendo los consejos del primero.

Su llegada no tiene un ánimo destructivo. Más bien se comporta como un crío caprichoso, que lo tiene todo, pero para el que nunca es suficiente. Un ser capaz de crear o destruir galaxias que, sin embargo, no entiende por qué los humanos sienten emociones como el miedo, el deseo o la felicidad, muchas de ellas ligadas a la mortalidad, algo totalmente ajeno a una entidad inmortal como él.

Estamos ante un evento excesivamente pretencioso, más relacionado con cuestiones filosóficas y existenciales que con un tebeo de superhéroes al uso. El problema es que la obra, de tan desmesurada, acaba siendo víctima de su propia ambición. Su lectura se dispersa entre una infinidad de títulos y líneas argumentales ajenas a la trama principal y, al mismo tiempo, necesitamos buena parte de esos cruces para comprender correctamente la maxiserie central.

Además, si la maxiserie es obra de Shooter, no ocurre lo mismo con los cruces, que corren a cargo de los guionistas de turno. Una larga lista de autores con sensibilidades y formas de narrar muy diferentes, muchos de los cuales tampoco parecían tener demasiado claro qué hacer con el Todopoderoso. Eso no quita que algunos cruces resulten más interesantes que la propia serie central.

En lo referente al apartado gráfico, se puede afirmar sin miedo que es el que sale peor parado. No se puede hablar de irregularidad, puesto que la maxiserie corre a cargo de un único dibujante, pero la verdad es que Al Milgrom nunca está a la altura del cometido. Todo lo contrario.

La llegada del omnipotente protagonista es advertida por el profesor Xavier, que avisa tanto a la Patrulla-X y los Nuevos Mutantes como a los Vengadores, involucrando así a los primeros superhéroes en la historia.

En una primera fase de tanteo, el Todopoderoso pronto se encuentra frente a conceptos propios de nuestra sociedad como el poder, la ambición o la riqueza, llevándole a provocar, ingenuamente, diferentes situaciones que le ayuden a comprenderlos. Todo ello lo empuja a interactuar con los más diversos estratos de la sociedad: desde delincuentes y mafiosos hasta políticos, empresarios y, por supuesto, superhéroes.

Estos últimos, en concreto, pronto empiezan a convertirse en vehículos necesarios o protagonistas de las situaciones que provoca el protagonista.

Un Todopoderoso que empieza por sentir curiosidad por cuestiones tan básicas de la humanidad como la alimentación, la ropa que vestimos o el propio dinero, hasta que termina concluyendo que lo que realmente mueve a la humanidad es el deseo. De ahí que pase a entregarse a los placeres materiales como son la riqueza, el poder, el sexo o la comida.

Así, entre otras cosas, está a punto de provocar un grave daño en la economía al convertir todo un edificio en oro, en uno de los cruces más interesantes del evento, concretamente el relacionado con las colecciones de Spiderman.

Lo más divertido de todo esto está en que Shooter saca a relucir muchas de las reglas absurdas que nos hemos autoimpuesto los seres humanos.

A medida que avanza la serie, el intervencionismo del protagonista sube enteros.

Sus juegos caprichosos en busca de la verdad lo llevan tanto a ayudar a un narcotraficante como a una prostituta. Hasta que decide que necesita ir más allá y empieza a moldearlo todo a su gusto. Comienza utilizando su poder para volver leales a las mafias, empezando por Kingpin, y poco a poco extiende su influencia al resto de la humanidad.

Tan sólo el Hombre Molécula utiliza sus poderes para evitar ese influjo sobre él y sobre Volcana.

Pero finalmente descubre que el placer del deseo no está en tomar, sino en conquistar. Que sin riesgo al fracaso tampoco existe satisfacción.

Ésta es, en esencia, la idea de base de toda la obra: que el valor de la vida reside en la imperfección, no en la omnipotencia.

Algo parecido ocurre cuando se propone experimentar el más profundo de los sentimientos humanos: el amor. Decide que Dazzler es la mujer que desea. Sabe que podría obligarla a quererle, pero finalmente la libera cuando comprende que aquello no sería amor verdadero.

La serie también nos deja estrenos importantes, como el de la mutante Boom-Boom, que hace aquí su primera aparición y juega un papel de contrapunto del Todopoderoso.

O Kurse, antes Algrim el Elfo Oscuro, a quien el Todopoderoso convierte por capricho en un ser inmensamente poderoso.

Pero, por encima de todos ellos, está el Hombre Molécula, que juega un papel totalmente aparte del resto de personajes. Se podría decir que es el consejero humano del Todopoderoso, el único personaje que llega a considerarlo su amigo. También resulta importante para la psique del Hombre Molécula la relación que mantiene con su amada Volcana.

Finalmente, el Todopoderoso también se las ve con la propia Muerte como entidad, a la que debe destruir para lograr sus propósitos. En una escena simbólica con la que entramos de lleno en el acto final.

La recta final supone la confirmación del Todopoderoso como un ser capaz de destruir el Multiverso entero, frustrado por no haber completado su aprendizaje. El aviso del Vigilante pone en alerta a Mefisto, que reúne a noventa y nueve supervillanos para hacer frente a la amenaza, así como a las entidades cósmicas, empezando por Eternidad, manifestación misma del universo. Pero todos ellos se encuentran con la inesperada oposición de la Cosa, uno de los personajes que más afectados quedaron por la intervención del Todopoderoso en las primeras Guerras Secretas.

Ahora sí, la frustración lleva al Todopoderoso a iniciar la destrucción de todo, a borrar la propia existencia, y sólo el Hombre Molécula puede persuadirlo para que no lo haga… o intentar destruir a su amigo.

Entrando ya en el desenlace final, el Todopoderoso comprende finalmente que, para llegar a entender qué es el deseo, debe convertirse en un mortal. Pero también llega a la conclusión de que, aun siendo mortal, debe conservar todo su poder cósmico.

Mortal o no, todos los héroes ya se han reunido para acabar con la amenaza que representa el Todopoderoso. El Hombre Molécula se les une, desembocando así en la batalla final. Un Hombre Molécula que es, sin duda, el personaje que sale más beneficiado del evento en cuanto a relevancia.

En lo referente a los cruces con las colecciones regulares de Marvel, como decía, los guionistas de turno se vieron obligados a insertar al Todopoderoso puntualmente sin interrumpir demasiado la continuidad propia de cada título. Básicamente, llegaba el Todopoderoso, manipulaba algún elemento o protagonista y provocaba algún tipo de giro en los acontecimientos. Giros a veces más persistentes, pero la mayoría de las ocasiones bastante volátiles.

Entre otras cosas, mata literalmente a los Nuevos Mutantes para luego devolverles la vida, pone a prueba la mente de Míster Fantástico, le devuelve la vista a Daredevil

Entre otras muchas cosas que ocurren que reman a favor de la obra, pero de las que también se podría prescindir.

 

Conclusión.

La idea de base es buena, incluso diría que fascinante, y con posibilidades de profundizar mucho más que lo que lo hicieron las primeras Secret Wars. De hecho, diría que estamos más ante un experimento filosófico que ante un simple tebeo de superhéroes.

Pero la propuesta acaba perdiéndose entre una infinidad de títulos que tenían la atención puesta en otros asuntos, y en el proceso termina perdiéndonos también a nosotros, los lectores. Y bueno, el apartado gráfico, digamos que tampoco ayuda demasiado, precisamente.

En cualquier caso, si logramos separar el grano de la paja, puede quedar una obra bastante coherente y una experiencia de lectura hasta satisfactoria.

Enlaces a las fichas:

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rockomic

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