A finales de los 60, el entonces guionista de los Vengadores, Roy Thomas, nos presentó un grupo de cuatro superhombres llamado el Escuadrón Siniestro, una creación del Gran Maestro como parte de un juego en el que se enfrentaba a los Vengadores.
La particularidad del Escuadrón Siniestro era que sus integrantes estaban basados en los principales superhéroes de DC. De este modo, Hiperion estaba inspirado en Superman; Halcón Nocturno, en Batman; el Doctor Espectro, en Linterna Verde; y Zumbador, en Flash.
El Escuadrón Siniestro formaba parte de nuestra realidad, la Tierra-616. Es más, uno de sus integrantes, Halcón Nocturno, se convirtió en un fijo de la continuidad marvelita al entrar a formar parte de los Defensores.
Un año más tarde, también en las páginas de los Vengadores, Roy Thomas decidió darle una vuelta de tuerca al concepto creando otro grupo formado por exactamente los mismos cuatro personajes, más algunos añadidos inspirados igualmente en héroes de DC. Sin embargo, aquel segundo grupo ya no pertenecía a nuestra realidad, sino a otro universo, concretamente la Tierra-712, y respondía al nombre de Escuadrón Supremo.
El Escuadrón Supremo tuvo mayor fortuna que su embrión, el Escuadrón Siniestro, obteniendo apariciones en diferentes series de la editorial, hasta que un guionista llamado Mark Gruenwald, que hasta entonces no había escrito nada sobre el grupo, se fijó en él.
De este modo nace Escuadrón Supremo, la segunda maxiserie de doce números publicada por Marvel tras el éxito de Secret Wars. Una serie ideada y escrita por Mark Gruenwald, que cuenta con los dibujos de Bob Hall, encargado de la primera mitad aproximadamente; Paul Ryan, que hace lo propio con la segunda, también aproximadamente; y un número de John Buscema por ahí en medio.
La idea que Gruenwald tiene en mente no puede desarrollarse en el Universo Marvel tradicional por razones obvias, sino que necesita un universo virgen. Precisamente por eso, que el Escuadrón Supremo pertenezca a una realidad alternativa le da manga ancha al escritor para hacer y deshacer sin apenas restricciones.
El Escuadrón Supremo es el supergrupo más famoso de la Tierra (Otra-Tierra). Los Vengadores —o, mejor dicho, la JLA— de esta realidad. Un grupo formado por Hiperion, Halcón Nocturno, Doctor Espectro, Zumbador, Princesa Poder, Anfibio, Pulgarcito, Águila Azul, Arcana, Nuke, Lady Alondra y Arquero Dorado.
Sólo iniciarse la obra, el autor nos presenta una Tierra inmersa en un grave caos social y económico. Todo ocurrió cuando el villano Mente Maestra se hizo con el control mental de los integrantes del Escuadrón Supremo, el grupo de superhéroes por excelencia, y los utilizó para conquistar primero América y después el resto del mundo. La punta de lanza fue uno de sus miembros, Halcón Nocturno, que había llegado a la presidencia de los Estados Unidos pensando que aquel cargo le permitiría mejorar el país. Fue él quien dirigió la conquista, la imagen visible tras Mente Maestra y, a ojos del mundo, un auténtico tirano.
Una vez derrotado Mente Maestra y recuperado el control de sus voluntades, el Escuadrón se encuentra con un mundo roto y sumido en el caos. Como superhéroes que son, intentan resolver los graves conflictos, pero la población los contempla con desconfianza, ya que desconoce que actuaban bajo el influjo del villano.
En una reunión de urgencia, liderada por Hiperion, deciden pasar a la acción para mejorar el mundo. En lugar de limitarse a combatir el crimen o las amenazas exteriores, intervendrán de manera preventiva para mejorar la vida de los ciudadanos, haciendo uso de todo el potencial de sus poderes cuando sea necesario. Una utopía que encuentra su reflejo en el lugar de procedencia de la Princesa Poder, una tierra aislada libre de crimen y pobreza.
Pero dentro del grupo surge una discrepancia: la de Halcón Nocturno, que considera éticamente reprobable y un precedente peligroso regalarle a la humanidad una utopía sin que se la haya ganado con su propio esfuerzo. A su juicio, tomar el control del mundo para instaurar un régimen utópico no difiere demasiado de lo que hizo Mente Maestra. Así que abandona el grupo.
La hipótesis que plantea la obra tampoco es nueva en Marvel: si se eliminara el crimen y la pobreza a cambio de recortar tus libertades, ¿lo aceptarías? Es un debate ya planteado a través de personajes como el Doctor Muerte, el Alto Evolucionador o incluso Magneto. La diferencia es que aquí constituye el eje central sobre el que se construye toda una serie de doce números.
Tomada la decisión de poner en práctica la utopía, lo primero es hacer públicas sus identidades civiles. Antes, sin embargo, los miembros deben poner sobre aviso a sus seres queridos. Un capítulo, éste, que nos ofrece abundante información acerca de las personalidades y los lugares de procedencia de los protagonistas.
El caso es que, mientras Halcón Nocturno se dirige a la nación para presentar su dimisión como presidente, Hiperion y el resto del Escuadrón presentan al mundo el Proyecto Utopía.
En un principio todo parece idílico. El Escuadrón Supremo utiliza sus poderes para hacer llegar alimentos a los más necesitados, restablecer los servicios básicos, evacuar campos de internamiento o poner en marcha un programa de desarme progresivo de la población civil.
Pero pronto se percatan de que las cosas no son tan sencillas como esperaban. Su programa de desarme pone en pie de guerra a muchos ciudadanos, que no están dispuestos a renunciar a lo que consideran su único medio de defensa. También el ejército y la policía se ven afectados por la medida, y tampoco la reciben precisamente con entusiasmo. Este episodio, por cierto, pone sobre la mesa, de forma bastante valiente por parte de Gruenwald, un debate tan peliagudo en los Estados Unidos como el de la tenencia de armas.
El caso es que el Escuadrón Supremo necesita incorporar nuevos métodos para sacar adelante su programa, y aquí entra en juego el dispositivo sobre el que gira buena parte de la historia. Pulgarcito inventa una máquina, la Modificadora Conductual, que elimina cualquier tendencia criminal del cerebro y convierte al afectado en un ciudadano absolutamente leal.
Efectivamente, el aparato funciona y los convictos experimentan una rehabilitación total. La prueba definitiva llega cuando someten al proceso a todo un grupo de supervillanos, la Institución del Mal. Pero las discrepancias entre los integrantes del Escuadrón empiezan a aflorar cuando algunos señalan que el método no deja de consistir en una manipulación mental éticamente reprobable y una negación del libre albedrío.
Hay una escena que habla por sí sola. Mientras Gruenwald empieza a dejarnos claro que el programa del Escuadrón Supremo se parece cada vez más al de un régimen dictatorial, vemos cómo uno de los principales supervillanos de la Tierra, el llamado Amenaza Suprema, no está dispuesto ni a esconderse ni a renunciar a su libertad para decidir quién quiere ser, aunque eso signifique optar por el crimen. Es decir, Gruenwald le da la vuelta a la situación con mucha habilidad: mientras los héroes conquistan y someten, el villano lucha por su libertad de elección. Entonces, ¿quién es el verdadero villano?
Luego está el caso de Arquero Dorado, que deja aún más en evidencia al Escuadrón Supremo. Al integrante no se le ocurre otra cosa que utilizar la máquina con Lady Alondra para recuperar su amor perdido. Sin embargo, lo peor llega cuando sus compañeros descubren lo sucedido. En un ejercicio de cinismo, debaten cuál debe ser el castigo para Arquero Dorado, pero ni siquiera se plantean responsabilizar de lo ocurrido a la propia existencia de esa infame máquina. Tiene que ser Anfibio, la única voz realmente contraria al Proyecto Utopía, quien saque a relucir las vergüenzas de sus compañeros.
El regreso de Halcón Nocturno a la acción, de quien no sabíamos nada desde el primer número, marca el inicio de la segunda mitad de la obra.
Justo aquí tiene lugar un cruce con la colección del Capitán América, también guionizada por Mark Gruenwald. Un crossover que parece obedecer más a la intención de reclutar nuevos lectores para la maxiserie que a una necesidad real de la historia. Halcón Nocturno viaja hasta nuestra realidad para pedir ayuda con la que derrocar el régimen instaurado por sus antiguos compañeros. Finalmente, es el Capitán América quien acepta la petición.
Volviendo a la propia maxiserie, Halcón Nocturno, que simboliza la libertad individual frente al intervencionismo representado por Hiperion, considera que las buenas intenciones de sus amigos no pueden justificar que se haya traspasado una línea moral que nunca debería haberse cruzado. De este modo, toma el liderazgo de la oposición activa al régimen.
Aquí, Gruenwald vuelve a dejarnos fuera de juego cuando el equipo que reúne Halcón Nocturno para derribar un régimen dirigido por superhéroes está formado por supervillanos. Una vez más, el autor nos sitúa ante una disyuntiva entre buenos y malos deliberadamente ambigua.
Los nuevos aliados de Halcón Nocturno, los Redentores, están formados inicialmente por Pinball, Retal y Visón, mientras que su antiguo líder, Amenaza Suprema, decide ir por libre. El plan del supervillano consiste en sustituir a Hiperion por el Hiperion de nuestra realidad, el del Escuadrón Siniestro. Amenaza consigue traer de vuelta al otro Hiperion, atrapado hasta entonces en un vacío interdimensional, y lo manipula para que se enfrente al Escuadrón Supremo. Como era de esperar, la trama desemboca en un cara a cara entre los dos Hiperion.
El acto final representa una nueva carambola dentro del juego que se trae Gruenwald. Resulta que el plan de Halcón Nocturno incluye recrear la máquina de Pulgarcito, pero con el objetivo de revertir las conductas modificadas por la original. Una vez más, los principios morales de un supuesto superhéroe saltan por los aires al contrastarlos con los de un supervillano (de nuevo, Amenaza Suprema).
Si hay que ponerle un pero al desenlace de la colección, quizás ese final esperanzador rompa demasiado con el tono derrotista que domina la obra y, más en particular, con la escabechina perpetrada en el último capítulo.
Por supuesto, la colección no se limita al análisis moral, sino que también deja espacio para el habitual desarrollo convivencial propio de un colectivo formado por superhéroes. No faltan las rencillas fruto de las fuertes personalidades de sus integrantes, ni tampoco varios líos amorosos. Tramas más ligeras que complementan el debate de fondo planteado y contribuyen a la lectura en un sentido de puro entretenimiento.
Por ejemplo, está el caso de Nuke, primera de las muchas bajas del Escuadrón Supremo, y de sus padres, enfermos a causa de la radiación que desprenden los poderes de su hijo. Una situación que acaba teniendo importantes repercusiones para Pulgarcito y el Doctor Espectro.
También asistimos a la incorporación de los rehabilitados miembros de la Institución del Mal —Simio-X, Cenagal, Molde, Llama Astuta, Doctor Decibelio y Lamprea— a las filas del Escuadrón Supremo. O tramas como la de la búsqueda de una cura para el cáncer que padece Pulgarcito, o la de las cápsulas hibernáculas.
La impresión final que deja la serie es que la historia no distingue entre buenos y malos. Mark Gruenwald juega deliberadamente con esa ambigüedad con la intención de sembrarnos todas las dudas posibles y evitar que tomemos partido por ningún bando.
En definitiva, Gruenwald conduce al lector hacia una reflexión, en clave política, sobre el poder y la moralidad de los superhéroes, en una obra que bien podría calificarse de adelantada a su tiempo. Y es que no sería ninguna tontería afirmar que Escuadrón Supremo marcó el camino de las grandes deconstrucciones del género superheroico que llegarían poco después, empezando por Watchmen.
Es más, Gruenwald nos invita a la reflexión final con una pregunta que queda en el aire: si los resultados de un programa como éste fueran realmente espectaculares, ¿en qué punto dejaríamos de preocuparnos por la libertad?
Para terminar, el apartado gráfico quizá sea el punto más flojo de la colección. No se puede negar que tanto Bob Hall como Paul Ryan realizan dos de esos trabajos cumplidores que acostumbran a firmar, pero la obra habría ganado muchos enteros de haber contado con un dibujante capaz de aportar una personalidad más marcada y una narrativa más atrevida e innovadora.
La Novela Gráfica.
Unos años más tarde, Mark Gruenwald volvió a la carga con el Escuadrón Supremo en una Marvel Graphic Novel dibujada por Paul Ryan.
La acción se sitúa tras lo ocurrido en la maxiserie. El Programa Utopía ha sido desmantelado y el Escuadrón Supremo se ha disuelto. Ni siquiera existen ya diferencias entre los antiguos miembros del grupo y quienes formaron parte de los Redentores. Los bandos de buenos y malos han quedado atrás y ahora los supervivientes de la batalla final reman en una misma dirección. De este modo, el grupo protagonista está formado por Hiperion, Princesa Poder, Doctor Espectro, Zumbador, Arcana, Lady Alondra, Resplandor Lunar, Molde, Roca Roja, Inercia y Alambre.
No hay que entender esta novela gráfica como una segunda parte de la maxiserie, sino como una historia independiente protagonizada por los mismos personajes. Es cierto que parte directamente del desenlace de aquella, pero no pretende desarrollar sus consecuencias ni continuar su discurso. Simplificando, se podría decir que no pasa de ser una «inofensiva» aventura cósmica.
El caso es que Hiperion recibe la alerta del profesor Imam, una especie de hechicero supremo, de que una entidad cósmica está consumiendo el Universo y amenaza ya con devorar el mismísimo Sistema Solar.
Superados por las circunstancias, a nuestros protagonistas no les queda otra opción que unir fuerzas con sus archienemigos, Amenaza Suprema, Mente Suprema y Centurión Escarlata –este último convertido ahora en el tirano gobernante del futuro– que también se ven afectados por la inminente destrucción de toda la existencia.
La sorpresa nos la encontramos cuando la entidad resulta ser el Hombre Enésimo, un personaje creado por el propio Mark Gruenwald junto a Ralph Macchio para la mítica saga del Proyecto PEGASO en Marvel Two-in-One. Gruenwald tiende así un puente entre el universo del Escuadrón Supremo y el Universo Marvel principal.
La idea tiene sentido si recordamos cómo se planteó originalmente al Hombre Enésimo en aquella saga. Sin embargo, el giro final quizá quede un tanto desnaturalizado. Da la impresión de que toda la historia no sea más que un vehículo para desembocar en ese final, que traslada al Escuadrón Supremo al Universo Marvel tradicional.
Lo singular de la propuesta está en el hecho de desarrollar una crónica de las últimas diez horas de existencia de un universo entero. Quizá la escena más interesante sea aquella en la que vemos cómo cuatro de los protagonistas, uno a uno, afrontan emocionalmente el inminente fin de toda la existencia.
En cualquier caso, estamos ante una buena aventura cósmica, entretenida y de lectura muy disfrutable, aunque conceptualmente quede bastante lejos de la ambición y la profundidad de la maxiserie.
Conclusión.
En resumen, Escuadrón Supremo es mucho más que un tebeo de superhéroes. Es una reflexión sobre el poder y la moralidad que pone patas arriba al propio género superheroico.
Pero, además, resulta lo suficientemente entretenida y cuenta con un clímax final lo bastante emocionante como para que nunca caiga en el aburrimiento.
Es la obra por la que siempre será recordado Mark Gruenwald. Imprescindible.
Enlace a la ficha:
![]()
- Reseñas: Escuadrón Supremo: Marvel Limited Edition (1985-1986) - 18 junio, 2026
- Reseñas: Biblioteca Marvel 128: Los Cuatro Fantásticos 18 (1969-1970) - 18 junio, 2026
- Reseña: Biblioteca Marvel 127: Estela Plateada 3 (1969) - 18 junio, 2026



Una gran historia bien hecha de Gruenwald y con un dibujo apropiado por Bob Hall y Paul Ryan que sin ser autores de los catalogados «Top» funciona y ha envejecido muy bien.
Una joya marvelita. Y el mejor trabajo de Gru como guionista.
Gran trabajo, Rock.👏👏👏