Reseñas: La Patrulla-X: Omnigold 6: «El Juicio de Magneto» (1985-1986) Incluye La Patrulla-X y Alpha Flight (1985-1986)

La crónica mutante de Chris Claremont sigue su curso en éste, el sexto tomo recopilatorio de su Patrulla-X. Un volumen que abre con la serie limitada compartida por la Patrulla-X y Alpha Flight, cuya reseña desplazó al final de este texto. De la misma forma que he obrado en otros tomos similares, cuándo se trata de un título no protagonizado por el personaje de cabecera, o no sólo por él, prefiero poner un punto y aparte entre la reseña de cabecera y la de este título complementario. Siempre que dicho título no disponga de edición en tomo independiente pues, en caso contrario, tendrá su propia reseña independiente.

Centrándonos ya en la serie de la Patrulla-X, este volumen es el segundo y último de los dos que engloban la etapa dibujada por John Romita Jr. También es cierto que restarán unos pocos números que vendrán incluidos al principio del siguiente tomo. El apartado relativo al entintado, por su parte, sigue en manos de Dan Green.

La Patrulla-X, al inicio de este tomo, la forman Rondador Nocturno, Lobezno, Gatasombra, Coloso, Pícara y la recién llegada Rachel Summers, todavía sin alias de batalla, además del liderazgo que ejerce el Profesor X. Fuera de actividad están el recién casado Cíclope y Tormenta, que perdió sus poderes mutantes en el volumen anterior. Ororo recordemos que se autoproclamó líder de los Morlocks, si bien, a la práctica, no la vamos a ver ejerciendo esa función.

La etapa recogida en este volumen empieza fuerte con el número 193, un comic-book de doble extensión que celebra los 100 números de la renovada Patrulla-X.

Un episodio en el que la Patrulla-X se reencuentra, y no por casualidad, con su compañero Ave de Trueno, fallecido tan sólo iniciarse está segunda etapa de la colección. Sin embargo, no es el Ave de Trueno original quien se presenta por sorpresa ante nuestros protagonistas, sino su hermano, a quien ya conocimos en la colección de los Nuevos Mutantes como parte de los Infernales, el grupo de supervillanos al servicio de la Reina Blanca.

El caso es que el afán de venganza de Ave de Trueno, respecto a quienes considera responsables de la muerte de su hermano (principalmente el Profesor X y Banshee), origina el choque entre la Patrulla-X y los Infernales, grupo que en esta ocasión integran Émpata, Ruleta, Ave de Trueno y la novedad de Estrella de Fuego, personaje nacido curiosamente en la serie animada de Spiderman. Una aventura francamente apasionante en su conjunto, y para mayor gloria de Émpata, el auténtico villano de la historia y quien organiza todo el percal.

Pero incluso más importante que la aventura es el infaltable apartado relativo al desarrollo de las personalidades de los protagonistas. De hecho, Claremont marca aquí el camino que van a seguir no pocos personajes a lo largo de la etapa recogida en este tomo.

De este modo, el Profesor X empieza a notar cierta debilidad en sus poderes tras lo sucedido al final del anterior volumen. Luego, Rachel sufre episodios de inseguridad hasta el punto de ausentarse mentalmente cuando sus compañeros más la necesitan, todo ello provocado por su traumático pasado-futuro. Por si fuera poco, la joven viene también de enterarse del embarazo de Madelyne de un niño, cosa que pone todavía más en duda que el futuro del que proviene sea producto de la misma realidad en la que vive. Recordemos que el padre de la criatura, Scott, es (fue, será) también el padre de Rachel.

También Coloso y Rondador Nocturno ofrecen muestras de distracción o inseguridad en la batalla, el último de ellos por sentirse incapaz de liderar a la Patrulla-X en ausencia de Cíclope y Tormenta.

Pero la historia también sirve para que dos recién llegados, Ave de Trueno y Estrella de Fuego, recapaciten y abandonen el barco de los chicos malos.

A continuación, tiene lugar el estreno a pleno rendimiento de Nimrod, un extraño androide polimorfo que ya nos fue presentado al final del anterior volumen. De momento descubrimos que es una especie de Centinela programado para exterminar a los mutantes, y también que es duro de pelar. En cualquier caso, el episodio nos deja una espectacular batalla de Nimrod contra la Patrulla-X y el Juggernaut, quien también está en la lista de objetivos a exterminar por el androide.

El turno es ahora para otra línea argumental, más o menos autónoma, que forma un crossover con la colección Power Pack. Louise Simonson, guionista de Power Pack, introduce a sus niños en el universo mutante desarrollado por Chris Claremont en una historia que se resuelve precisamente en un número de la Patrulla-X.

El cruce empieza con una aventura, tan extraña como emocionante, en la red de alcantarillado bajo la ciudad. Tras hacer frente a los peligrosos cocodrilos que, al parecer, habitan las cloacas, Power Pack son capturados por otros habitantes de los pestilentes canales subterráneos: los Morlocks. La organizadora del secuestro es Analee, una integrante de estos mutantes proscritos que había visto perder a sus hijitos. Por suerte, Rondador Nocturno y Gatasombra, que estaban de visita, ayudan a los pequeños a escapar. No contentos, los Morlocks vuelven a la carga en un segundo intento en el que la Patrulla-X al completo tiene que mediar en el conflicto con los mutantes marginados encabezados por Calisto. En resumen, una notable historia que rezuma humanidad y ternura.

El arco también sirve de presentación para un buen número de nuevos e interesantes Morlocks, como el caso de la mencionada Analee. El resto reciben los nombres de Bella Durmiente, Ergio, Simio, Brea y Flautista.

La tanda de historias más o menos autoconclusivas (con Claremont eso nunca es una verdad absoluta) de este tramo termina con un par de episodios solistas. Primero está una aventura protagonizada por Coloso y Gatasombra cuya única función parece la de limar asperezas entre la antigua pareja. En cualquier caso, uno de los números menos interesantes y una historia en que los dos jóvenes son víctimas de uno de los desagradables juegos de Arcade.

Bastante mejor es el número protagonizado por Tormenta, un episodio en el que Barry Windsor-Smith hace otro puntual regreso como dibujante invitado, y no será el único.

Claremont no se ha olvidado de Ororo en estos números precedentes, pues puntualmente nos ha ido poniendo en línea de comunicación con su regreso a su África natal. Sin embargo, la aventura aquí contada marca distancias con lo relatado hasta ahora por Claremont. Una historia hecha a medida para Windsor-Smith y su despliegue visual, en la que Ororo ve de cerca la muerte, pero necesita sacar el último resquicio de fuerza para salvar la vida de una pobre indígena embarazada. Un episodio que nos devuelve a una Tormenta revitalizada y en paz. Un ejercicio de aceptación de su nueva realidad como humana corriente, en lo que simboliza un nuevo comienzo para el personaje. O el cierre de un ciclo.

Un nuevo Magneto… y una nueva Fénix.

Curiosamente, es en el primero de los dos cruces de la Patrulla-X con las Secret Wars II donde Claremont mete más miga. De hecho, aquí es donde se empieza a gestar la que podemos considerar trama culminante de esta etapa, la que confirma, ahora sí fuera de toda duda, el cambio de orientación de Magneto. Pero no sólo eso, sino que la historia también nos ofrece novedades determinantes respecto a la otra gran protagonista de lo que resta de volumen, Rachel Summers. Como es lógico, el Todopoderoso hace acto de presencia en la historia, en uno de sus habituales jugueteos con las mentes de quien convenga, pero lo que a nosotros nos interesa es la parte que afecta al desarrollo personal de las estrellas de la función, los propios Magneto y Rachel Summers.

Como digo, el paso adelante de Magneto hacia el lado de los buenos es aquí ya incuestionable, pero la habilidad de Claremont está en ponerlo en contraste con Rachel, en teoría uno de los buenos. En un intercambio de papeles en toda regla, la personalidad de Magneto parece un calco de la de Xavier, mientras que Rachel podría pasar por ser el Magneto que conocíamos.

La explicación de la actitud de la joven la encontramos en el futuro del que proviene, mucho más perturbador de lo que nos podíamos esperar. Claremont nos descubre cómo Rachel fue esclavizada por los humanos y convertida en caza mutantes, viéndose obligada a asesinar a sus seres más queridos. Los episodios de alteración mental de la chica no son para menos.

Dejando de lado todo el contenido continuista con la colección que nos ocupa, vale decir que todo el episodio gira en torno al racismo de forma muy ejemplarizante.

A partir de aquí, los hechos se precipitan en una nueva lección de storytelling, culminando en otro número doble especial, el 200 de la colección.

Empezamos con el regreso forzado de Cíclope ante el preocupante estado de salud de Charles Xavier, dejando sola a una Maddy en estado avanzado de embarazo.

En paralelo, Mística ofrece a Valerie Cooper, del Consejo de Seguridad Nacional, crear un grupo de mutantes al servicio de la Casa Blanca sin condiciones, pero a cambio de un indulto por sus fechorías pasadas. El grupo, que trabaja bajo el nombre de la Fuerza de la Libertad, no es otra cosa que la Hermandad de Mutantes Diabólicos, que ya lideraba Mística, y que está formada por Mole, Destino, Avalancha, Piros y una nueva e importante incorporación, Espiral. Val acepta, pero exige la detención de Magneto como prueba de lealtad del super grupo de Mística.

Todo ello trae como resultado el primer combate de la Patrulla-X codo con codo con Magneto. Un Magneto que decide finalmente entregarse para evitar males mayores y rendir así cuentas por su pasado. Quién le ha visto y quien le ve.

Por su parte, Rachel Summers sigue evolucionando como personaje e incorporando jugosas novedades. Tan jugosas como la propia Fénix, identidad que toma una desequilibrada Rachel de forma inesperada. Era todavía reciente el regreso a la vida de Jean Grey, el personaje que, como recordamos, mató Claremont en la mítica saga de Fénix Oscura y que la editorial había decidido recuperar con el fin de reunir a la Patrulla-X original (Factor-X). Quizás fuera por eso que a Claremont se le ocurrió traer de nuevo a la vida al otro 50% del personaje, a Fénix, sacándose de la manga una bola de cristal que Rachel conserva de su madre. Una bola que guarda la esencia de la personalidad de Jean Grey, y al parecer también la de Fénix.

El esperado juicio a Magneto no decepciona. Gabrielle Haller, la israelí ex de Xavier, se encarga de la defensa del mutante, mientras que el fiscal general del Reino Unido, James Jaspers, lidera la acusación de un juicio al que asiste la Patrulla-X al completo, incluidos Cíclope y Tormenta.

Un juicio que se celebra en París, ante la expectación de medio mundo. Una capital cuyos ciudadanos no tardan en emitir su propio veredicto en las calles, con manifestantes a favor y en contra de Magneto y, por extensión, de la raza mutante. Racistas contra antirracistas, el perfecto caldo de cultivo para la proliferación de altercados, como así ocurre, incluidos atentados terroristas. Sin embargo, los atentados son, en realidad, parte del juego que nos plantea Claremont. El guionista introduce un elemento externo en la figura de los Fenris, un par de gemelos con superpoderes cuyo objetivo es vengar la muerte de su padre, de la que responsabilizan a Magneto. Un padre que no es otro que el Barón Strucker, que recordemos que protagonizó un episodio del pasado de Magneto. El caso es que el asalto de los Fenris al juicio propicia una heroicidad de Magneto con la que logra callar muchas bocas, pero también el inesperado desenlace que nos tenía preparados Claremont. Un Charles Xavier al filo de la muerte logra sacarle a su amigo Magneto la promesa de ocupar su lugar como mentor de la Patrulla-X y de los Nuevos Mutantes. Un Profesor X que sólo encuentra su salvación en su amada Lilandra, que se presenta acompañada de los Saqueadores Estelares para llevarse a Xavier rumbo a avanzadas tecnologías médicas al otro extremo del Universo. Pero sin billete de vuelta.

Quizás lo más chocante del juicio, francamente interesante, dicho sea de paso, sea la prueba que saca Gabby Haller para exculpar a Magneto. La abogada se agarra a aquel episodio de los Defensores en el que Magneto decrecía hasta edad de bebé para luego volver a su condición de adulto. Un proceso que probaría que Magneto hizo una especie de reset por el cual no se le puede responsabilizar de sus actos cometidos con anterioridad. Una prueba que acaba siendo aceptada.

Entre tanto alboroto, y por si fuera poco, Madelyne rompe aguas de forma inesperada. Ello nos lleva a un episodio que es puro culebrón claremontiano, y que cuenta con Rick Leonardi como dibujante invitado.

Scott debe ahora decidir cuál es su prioridad, si liderar a la Patrulla-X o bien dedicarse exclusivamente a su función como padre y marido. Para sorpresa de propios y extraños, y de la misma Madelyne, Cíclope está dispuesto a recuperar su puesto en la Patrulla-X, motivado también por su desconfianza en Magneto. Pero a Scott se le aparece un obstáculo en la figura de una Tormenta que está también dispuesta a ocupar el liderazgo de los mutantes, y eso pese a ya no poseer superpoderes. El reto lo gana Tormenta y Cíclope regresa con su mujer y su hijo, ya de camino a otros horizontes, llamémosle Factor-X.

En este punto viene insertado un episodio fuera de título. Una historia de la Patrulla-X publicada en Marvel Fanfare igualmente escrita por Chris Claremont y dibujada por June Brigman que se escenifica en la llamada isla de Magneto, la extraña isla artificial que ahora sirve de residencia para el amo del magnetismo y su ya confirmada nueva pareja sentimental, Aleytys Forrester.

La Patrulla-X está pasando una jornada de descanso en la isla, cuando son atacados por un extraño ser llamado el Exterminador Jefe. En realidad, se trata de la creación de un pacífico alienígena con la que espera salvar a su mundo, pero que se le ha acabado yendo de las manos. En definitiva, una historia con mensaje final pacifista que no está mal, pero que no es necesaria dentro de la continuidad mutante.

El segundo cruce de la colección con el mega evento Secret Wars II viene tan cargado de contenido como el primero, y en esta ocasión abarca dos números consecutivos. Como es lógico, los números comprenden mucho fondo de carácter filosófico ligado a la continuidad del evento, pero nos centraremos en lo que nos interesa.

Rachel es la estrella absoluta al volver a recurrir a su forma de Fénix para enfrentarse al Todopoderoso. El protagonista del evento juega como quiere con la joven, hasta el punto de traerse a los Centinelas de su futuro con el fin de aniquilar a la Patrulla-X del presente y así revivir en Rachel su peor pesadilla. Pero lo que mayores consecuencias trae para los siguientes números es la absorción de la fuerza vital de la Patrulla-X por parte de Fénix con el fin de derrotar al Todopoderoso.

Unas consecuencias que ya se empiezan a notar en dos episodios que en otro tipo de colección del Universo Marvel podríamos calificar de fill-in, pero que en el caso de Chris Claremont nunca se debe hablar en esos términos puesto que el escritor siempre se guarda algún enlace con la continuidad.

Se trata de dos números consecutivos en los que volvemos a tener dibujantes invitados y que, además, protagonizan sendos Hombres-X en solitario.

El primero de ellos, dibujado por June Brigman, es una aventura de Rondador Nocturno con la que Claremont quiere dar algo de aire al un personaje que últimamente tiene un poco abandonado. Y, de paso, el relato sirve para dejar atrás los episodios de inseguridad manifestados por Kurt últimamente. Eso sí, a costa de la pobre Amanda Sefton, pareja sentimental de Rondador, a quien Claremont parece enseñar la puerta de salida. Al menos de momento. El caso es que el rescate de una pobre chica del Mundo Asesino de Arcade (otra vez) vuelve a animar al decaído Kurt.

Bastante más interesante es el número dedicado a Lobezno. Especialmente por el espectacular despliegue visual de un Barry Windsor-Smith que vuelve a ocuparse de un número de la colección, y esta vez compartiendo la labor escrita con Chris Claremont.

Logan de enfrenta a una renovada Dama Mortal tras pasar por las manos de Espiral. La mutante cuenta ahora con unos largos dedos a modo de garra capaces de rivalizar con las de Lobezno, y pasa a convertirse, de ahora en adelante, en uno de sus rivales a tener en cuenta. De hecho, Logan sale malherido de ésta, en parte también por las secuelas de lo perpetrado por Fénix dos números atrás. El episodio también cuenta con una sorprendente aliada de Lobezno, Energizadora, la más pequeña de Power Pack.

El primer ataque a la Patrulla-X por parte del nuevo supergrupo gubernamental, la Fuerza de la Libertad, da paso a la saga que cierra este volumen que nos ocupa. Una Fuerza de la Libertad, por cierto, que cuenta con un nuevo miembro en la figura de Spiderwoman, pero la nueva versión del personaje, Julia Carpenter, que nos fue presentada en las Secret Wars.

La primera Spiderwoman, Jessica Drew, ya privada de sus poderes, curiosamente también participa en el número. Y es que Claremont parece hacer sitio a los personajes de la cancelada serie de la arácnida, personajes a los que el propio Chris Claremont escribió o creó como guionista del último tramo de Spiderwoman. Concretamente, Lindsay McCabe, David Ishima y la teniente Sabrina Morrel, además de la mencionada Jessica.

Que Rachel Summers es el nuevo juguete de Chris Claremont, la mujer a la que dedica mayor desarrollo, como ya hiciera con Kitty Pryde en anteriores etapas, lo confirma este último arco con el que cerramos el tomo. Eso sí, la traumática realidad de Rachel poco tiene que ver con la dulce Kitty.

El escritor aborda el caso de la que es, ya oficialmente, la nueva Fénix a lo largo de una historia dramática en la que la joven parece perder su equilibrio mental cada vez de forma más acusada. Sólo faltaba que sus compañeros le recriminen haberlos debilitado al absorber su fuerza vital, cosa que casi hace que Lobezno pierda la vida en su lucha con Dama Mortal.

Rachel necesita cortar de raíz las terribles pesadillas que sufre y que tienen su origen en su trágico pasado (o futuro), por lo que no se le ocurre otra cosa que redimir sus pecados ejecutando a Selene, la actual Reina Negra del Club Fuego Infernal, bajo el pretexto de su naturaleza asesina. Pero Lobezno se apresura a impedirlo ante lo que considera un asesinato a sangre fría, por mucho que la víctima se alimente de los cuerpos de pobres inocentes, y lo hará matando a la propia Rachel, si es necesario. De este modo, Claremont crea un conflicto ético a tres bandas, entre Lobezno, Fénix y el resto de la Patrulla-X con el que hábilmente nos hace reflexionar. Más, cuando vemos cómo la recién salvada por Lobezno Selene asesina a dos pobres inocentes a sangre fría.

Desde luego, Logan está siendo uno de los grandes beneficiados en este tramo de la colección, como quizás el personaje con las ideas más claras y, por qué no decirlo, más crudamente sensato. Al justificado ataque a Rachel ante la desaprobación de sus compañeros, hay que sumar que Lobezno haya sido el principal valedor de Magneto, en oposición a Cíclope.

Para acabar de complicar las cosas, el androide aniquilador de mutantes, Nimrod, irrumpe en plena batalla en el Club Fuego Infernal para llevar a cabo su cometido. La situación requiere una tregua entre la Patrulla-X y el grupo liderado por Sebastián Shaw en pro de una amenaza mayor, desembocando en una nueva, dramática y espectacular batalla.

La historia termina con un bonito cliffhanger de cara al próximo tomo, cuando vemos a una desorientada Fénix siendo engañada por la pérfida Espiral mediante la creación de ilusiones.

Las Guerras Asgardianas.

Dejo para el final el análisis de un mini evento mutante que acontece justo antes del juicio a Magneto y que en el presente tomo viene insertado justo ahí, pero que es claramente una aventura independiente. Se trata de las Guerras Asgardianas, un conflicto provocado por el dios del engaño, Loki, que guarda algún hilo de continuidad con la miniserie de dos números de la Patrulla-X y Alpha Flight, miniserie que abre el volumen y cuya reseña incluyo justo a continuación de ésta.

La saga en cuestión comprende el especial de 65 páginas New Mutants Special Edition y el anual número 9 de la Patrulla-X. Una historia también escrita por Chris Claremont, que esta vez viene acompañado por el dibujante Arthur Adams. Adams no es precisamente un manco de la ilustración, pero su estilo detallado y recargado nada tiene que ver con el de Romita Jr.

Loki pretende hacer de Tormenta su diosa del Trueno particular con la que poder usurpar el trono a su hermano Thor, digno heredero tras la desaparición de Odín. Para ello cuenta con la ayuda de la Encantadora, que con su magia accede a traerle a la mujer-X. Sin embargo, los Nuevos Mutantes interfieren en el plan de la asgardiana para acabar todos ellos desperdigados por los Diez Reinos, previo paso por el Limbo de Illyana. Empieza así un épico relato en el que cada uno de los nueve mutantes vive su propia aventura en la parte de reino que le ha tocado. Paisajes ya conocidos del universo asgardiano, caso del Reino de los Enanos, el desierto de Asgard o Hel, entre otros. Precisamente, Illyana centra buena parte de las miradas al ser su lado oscuro el arma que usa la Encantadora para capturar a sus compañeros.

Pese a que algunos de nuestros protagonistas sufren transformaciones físicas (Magma se convierte temporalmente en elfo y Karma adelgaza hasta su talla original), no creo que la saga signifique un notable avance en el desarrollo de personajes, sino que estamos más bien ante una aventura pura y dura. Una aventura que tiene su continuación en el anual de la Patrulla-X, con la incorporación del grupo liderado por Cíclope al rescate de Ororo.

Aquí vemos cómo en el Reino de los Enanos el maestro herrero Eitri forja un nuevo martillo uru que acabará en las manos de una Tormenta manipulada mentalmente por Loki. Una aventura que termina de forma espectacular gracias a imágenes impactantes como la de Tormenta blandiendo el martillo o la de Lobezno abriéndose paso ante el infinito poder de la nueva diosa y la posterior irrupción de Hela reclamando el agonizante cuerpo de Logan. Todo ello gracias, en gran parte, al estupendo trabajo de Arthur Adams con el lápiz, pero también al notable guion de Claremont.

Conclusión.

Chris Claremont y sus mutantes siguen en todo lo alto en una etapa, la recogida aquí, que no queda muy lejos de las disfrutadas en anteriores tomos. Sin olvidarnos del dibujo de un John Romita Jr. que en todo momento está a la altura del cometido.

Otro volumen imprescindible que creo que supera al anterior.

 

La Patrulla-X y Alpha Flight: Marvel Limited Series (1985-1986)

Está serie limitada, que abre el tomo que nos ocupa, consta extrañamente de dos números, siendo el primer caso existente en la historia del Universo Marvel. Sin embargo, este hecho no significa que estemos ante una colección reducida en páginas respecto a las habituales miniseries de cuatro números, porque los dos números de que consta son de doble grosor. Ignoro la razón por la cuál en Marvel decidieron fraccionar la historia en dos partes en lugar de cuatro.

La serie es obra de Chris Claremont y de Paul Smith, quien ya dibujara a la Patrulla-X a lo largo de una gran etapa de medio recorrido. La historia, si bien es autoconclusiva, queda integrada en la crónica mutante de Claremont, más que nada por el avance en la construcción de los personajes.

Partimos de una Patrulla-X formada por el Profesor X, Lobezno, Rondador Nocturno, Coloso, Gatasombra, Pícara y la recién llegada Rachel Summers. Mientras que Alpha Flight lo forman Aurora, Sasquatch, Shaman, Ave Nevada, Estrella del Norte, Puck y Talismán, más la civil Heather Hudson.

La historia se inicia cuando Cíclope, Madelyne y el grupo de ecologistas especializados que los acompañan son los primeros afectados por un extraño fenómeno por el cual desarrollan superpoderes de carácter benefactor. La Patrulla-X por un lado, y Alpha Flight por el otro, también se ven atraídos por el fenómeno, encontrándose con un ambiente óptimo. Todo parece maravilloso, soy hay que exponerse a la atmósfera de aquel lugar y pasar a obtener habilidades inexplicables que pueden mejorar la vida de los demás. Pero existe un “pero”, si bien los mortales corrientes salen fortalecidos de la experiencia, ésta es letal para cualquier ser humano que deba el origen de sus poderes a la magia, como es el caso de Shaman y Ave Nevada, del supergrupo canadiense.

La sorpresa viene cuando descubrimos que todo forma parte de un juego, obra del asgardiano Loki, con el objetivo de ganarse el favor de Los que se Sientan Arriba en las Sombras, una especie de tribunal de Dioses oscuros que lo pueden todo, o algo así. El plan de Loki consiste en hacer una buena obra en beneficio de la felicidad de los mortales.

Pero lo importante de la historia, por encima del componente de acción y fantasía, está en cómo reaccionan las diferentes piezas del tablero. Así, unos personajes se sitúan a un lado u otro de la balanza ante la tesitura de aceptar o no estos nuevos poderes en bien de la humanidad, sabiendo que ello significará el sacrificio de los centenares de humanos que controlan la magia.

Conclusión.

Creo que estamos ante una estupenda miniserie que no desmerece demasiado el trabajo de Chris en la Patrulla-X.

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