Reseñas: Spiderman: Omnigold 8: “Escaramuza Bajo las Calles” (1975-1978)

El anterior tomo recopilatorio de The Amazing Spider-Man ponía colofón a la brillante etapa guionizada por Gerry Conway. De manera que estrenamos guionista para el volumen que me dispongo a reseñar, el octavo ya.

El elegido no es otro que Len Wein, que por aquellos años estaba pasando por uno de los momentos de mayor actividad de su carrera. Precisamente, el tomo recoge su etapa al completo.

En tareas gráficas no hay cambios. Ross Andru sigue su largo periplo como dibujante titular de Spiderman, ocupándose de la práctica totalidad del tomo.

Donde tampoco hay cambios es en el carácter esencial del trabajo argumental. Wein no se aparta ni un milímetro de la fórmula que han seguido sus predecesores, la de conceder tanto espacio a la acción superheroica como a la vida privada de Peter y la relación con su entorno.

Un entorno que ni siquiera suma caras nuevas. Ahí sigue el trabajo de Peter como fotógrafo en el Daily Bugle de J. Jonah Jameson y Robbie Robertson. Lo mismo que sus habituales amistades, Mary Jane Watson, Harry Osborn y Flash Thompson. Y, por supuesto, su querida Tía May.

Es más, Wein hasta trae de vuelta a viejas caras del entorno de Peter, como es el caso de Liz Allen.

Paradójicamente, el guionista inicia su primer número con una imagen que sugiere un punto de ruptura y un nuevo comienzo. Peter Parker se deshace de su clon lanzando el cuerpo a un incinerador de basuras. Wein suelta lastre de la saga que le precede, para así empezar su etapa sin condicionantes.

El Conmocionador es el villano que abre fuego en esta nueva etapa del trepamuros. Una historia sencilla, sin salirse del guion, pero muy correcta. Len Wein hace gala del mismo buen humor que sus predecesores, en unos diálogos amenos y divertidos. Un buen augurio de por dónde irán los tiros en su etapa.

El entintado en este primer número corre a cargo de John Romita, con lo que el dibujo de Ross Andru brilla mejor que nunca. A partir del siguiente episodio el entintador titular pasa a ser Mike Esposito, que desde luego no es lo mismo, pero el buen trabajo de Andru sigue estando ahí.

La única excepción en el apartado gráfico de esta etapa guionizada por Len Wein, la tenemos en dos de los números del tramo inicial, que están dibujados por Sal Buscema. El resto son todos obra de Ross Andru.

Si alguna novedad aporta Len Wein es la de jugar con un género como la intriga en algunas tramas. Relatos modestos, sin ninguna trascendencia y sin apenas necesidad de supervillanos, que no pasan de correctos.

Caso del número sobre el jugador de futbol americano y, sobre todo, el relato que deriva del mismo, en el que una computadora muy especial nos invita a descubrir al asesino de turno entre una lista de sospechosos.

Ya hacía la segunda mitad del tomo, nos encontramos con otro relato, formando crossover con la colección de Nova, que consiste en la misma idea. Bajo la capucha de un supervillano llamado Fotón se esconde uno de los sospechosos del asesinato. Aquí el argumento ya directamente podría ser obra de Agatha Christie.

El resto de las peripecias que vive nuestro protagonista ya estarían dentro de lo esperado.

En algunos casos tirando de supervillanos ya conocidos como sería el Hombre de Arena, y en otros intentándolo con nuevas caras sin demasiada fortuna. Este sería el caso de Espejismo, un villano de tres al cuarto que irrumpe en la boda de Betty Brant y Ned Leeds para robar las joyas de los invitados.

Tampoco es que estén mal todas estas historias modestas, pero en cualquier etapa del trepamuros que se precie se hace muy necesario el formato saga. Dicho de otro modo, la confección de líneas argumentales más ambiciosas.

El primer hilo argumental provisto de cierto cuerpo también opta por el reciclaje de personajes. Un arco que se ha ido gestando a fuego lento desde el inicio del tomo, nos trae de vuelta una nueva contienda entre el Doctor Octopus y Cabeza Martillo, de nuevo con Tía May por en medio. Lo más llamativo está en ese Cabeza Martillo fantasmal, que el propio Doctor Octopus devuelve al mundo de los vivos de forma accidental.

Está lejos de ser el mítico primer choque entre Octopus y Cabeza Martillo, pero no puede negarse que es un arco entretenido.

Si hay números en este tomo que puedan jugar el papel de fill-in, estos serían los dos anuales incluidos, ambos guionizados por Bill Mantlo.

Primero nos encontramos con el The Amazing Spider-Man Annual 10, cuyos lápices tienen la suerte de caer en manos de Gil Kane.

J. Jonah Jameson vive preocupado por la salud del Bugle, en situación delicada a causa del ascenso del Daily Globe, el periódico rival, que cuenta con un flamante nuevo director, K. J. Clayton.

Así que a cara de pasa no se le ocurre otra cosa que encargar la creación de un nuevo superhéroe que derrote a la “amenaza arácnida” y, de esta forma, el Bugle se quede con la exclusiva. Nada nuevo, un guion reciclado del lejano número de origen del Escorpión.

Como se hacía previsible, el nuevo héroe, la Mosca Humana, termina siendo villano, pero en este caso de tercera división. Lo mejor, Kane.

Más avanzado el volumen, también se incluye el Annual 11, con Don Perlin esta vez acompañando a Mantlo.

La trama es de lo más naif. Spiderman acepta trabajar en una película de serie Z, pero un misterioso personaje busca vengarse del trepamuros en pleno rodaje, por medio de tres delincuentes. La escena con los tres tipos disfrazados de arañas es de lo más ridícula. Y el número, también de calibre serie Z.

La anécdota la tenemos en el breve relato que complementa el anual, puesto que son las primeras páginas que dibuja John Romita Jr. (no hace falta aclarar de quien es hijo), para Marvel.

Volviendo a la serie regular, Wein sigue con su tarea de reciclaje de personajes. El Chapucero y el Spidermóvil son las siguientes elecciones en uno de los números más flojos del tomo. Casi que es preferible que Wein se dedique a crear villanos de segunda fila antes que traer de vuelta a los más olvidables. Por si fuera poco, el Chapucero ahora resulta que ya no es un alien con máscara de humano, tal como se nos contó en el lejanísimo número 2 de Amazing Spider-Man, sino que todo fue un engaño y el Chapucero sí que existe como tal. Tampoco era necesario traer de vuelta al Spidermóvil, pero por lo menos parece que el cochecito ha experimentado su último paseo.

A partir de aquí creo que el trabajo de Len Wein va en progresivo ascenso.

Rondador Nocturno y el Castigador aparecen como invitados en una trama que tiene inicio en las típicas peleas absurdas e infundadas entre los tres protagonistas. Por suerte, el arco evoluciona favorablemente hacia la intriga y el género de mafias, y también supone la primera aparición del Puzzle, el archienemigo del Castigador.

Mejor es el siguiente. Un nuevo capítulo en la saga de Kingpin y su desdichado hijo, que sigue explorando esa cara más familiar y sentimental del orondo mafioso. Spiderman es la víctima que ha de insuflar vida al propio Richard Fisk, algo con lo que el propio beneficiado no está muy de acuerdo. También Vanessa, la mujer de Kingpin, muestra sus inquietudes en un episodio que tiene sus cosillas, pero en el que no falta emotividad.

El buen nivel sigue a base de rescatar supervillanos clásicos.

Stegron y el Lagarto protagonizan otro de esos emocionantes duelos reptilianos. El punto naif es de los que dejan huella cuando el hombre dinosaurio devuelve a la vida a sus semejantes, cuyos esqueletos se exponen en el museo de historia natural, mediante un artefacto que bueno… vamos a creérnoslo. Pero esto no quita que el arco sea de los más entretenidos del tomo. Hasta me parece un logro esa metafórica derrota de Stegron en manos de la climatología.

Lo mismo vale para la nueva amenaza del Hombre Ígneo. Otra estupenda historia, aunque muy diferente al citado choque entre reptiles. Una dramática narración que acaba repercutiendo en la delicada salud mental de Harry Osborn.

La relación, ya fracasada, entre Harry y Liz es una de las varias patas que han ido sosteniendo el infaltable factor cotidiano de la colección.

Peter y Mary Jane también pasan por sus altibajos, mientras que J. J. J., fiel a su habitual protagonismo, se deja ver en situaciones de lo más dispar.

Primero, el director del Bugle nos divierte poniendo a prueba nuevas secretarias, que huyen horrorizadas tras descubrir su mal genio.

Luego, caen en sus manos unas jugosas fotos de Spiderman tirando el cuerpo de su clon al incinerador. Una idea que levanta más expectativas que lo que finalmente ofrece. Poco desarrollada y muy desaprovechada.

Finalmente, el episodio quizás más chocante protagonizado por Jameson tiene su origen en el encargo de un nuevo Mataarañas. Jonah contacta con la científica Marla Madison para ese fin. Tras un tira y afloja, la mujer accede a su petición para, más adelante, acabar convirtiéndose en la pareja sentimental del propio Jonah.

Por cierto, en un momento dado, y sin explicación previa, nos encontramos de sopetón a la vecina de Peter, Glory Grant, trabajando en el puesto de secretaria de Jameson.

La parte más endeble sigue estando en los personajes de nuevo cuño que Wein y Andru van intercalando entre los villanos clásicos.

En esta parte final tenemos a Fuego Fatuo, tercera creación de Jonas Harrow, tras el Canguro y Cabeza Martillo. Otro tipo con superpoderes de tercera fila, que además le sale rana a Harrow.

Peor es el Corredor Cohete, un vulgar delincuente disfrazado a bordo de un monopatín.

Al Doctor Fausto ya lo conocemos de la colección del Capitán América. Sus habilidades con la hipnosis lo llevan aquí a intentar hipnotizar a todo el país introduciendo un componente en las vacunas. Una historia que tampoco pasa de discreta.

Otra cosa ya es la nueva intervención del Castigador. Ya sólo por la emocionante escena final en lo alto de la Estatua de la Libertad, merece la pena el arco. También tenemos nuevo villano, el Golpeador, más propio del Castigador que de Spiderman.

Ha habido que esperar al final de su etapa para encontrarnos con la que creo que es la gran saga guionizada por Len Wein para el lanzarredes.

Tal como se veía venir, teniendo en cuenta las pistas facilitadas, el gran supervillano es el Duende Verde. Pero en esta ocasión tenemos ración doble de Duende Verde.

No es éste el único aliciente de la saga. Sin apenas contarnos nada nuevo, y echando mano de la larga trayectoria de Spiderman, Wein creo que es capaz de mantenernos expectantes y jugar muy bien con la incertidumbre.

El guionista emprende un regreso a los orígenes del gran villano arácnido, en su disputa por el control del imperio del crimen de la ciudad. Sólo que, en lugar del malogrado Señor del Crimen, ahora su rival es Cabello de Plata. La cabeza de Spiderman, como no, vuelve a ser el premio para alcanzar el reinado del hampa.

Todo ello mientras la salud de Tía May está en un momento crítico y no hay forma de localizar a Peter.

Con todos estos ingredientes, la saga es cualquier cosa menos aburrida. Además, Ross Andru nos deleita con escenas de acción bastante potentes. Especialmente la batalla en el teatro entre Spiderman, el Duende Verde y Cabello de Plata, y el enfrentamiento final entre los dos Duendes.

Y bueno, de momento se sigue cumpliendo esa máxima que nos dice que cada tomo de Spiderman debe incluir una saga protagonizada por el Duende Verde y otra protagonizada por el Doctor Octopus. Y que ambas deben estar entre lo más destacado del volumen.

Finalizada la etapa guionizada por Len Wein, todavía queda espacio para un número de transición a cargo de Bill Mantlo y Sal Buscema. Un episodio que no es más que un exhaustivo resumen de toda la trayectoria del trepamuros.

Así que, vía libre para el nuevo guionista titular. Pero eso ya lo veremos en el siguiente volumen.

Conclusión.

Fiel a su habitual proceder, Len Wein echa la mirada atrás en busca de ideas y personajes del pasado del trepamuros. Los pocos villanos y demás que crea junto a Ross Andru no pasan de lo discreto, lo mismo que algunas líneas argumentales, no muchas, que se mueven en la mediocridad.

Pero creo que ambos autores también saben contagiarse de la inercia positiva que llevaba el título, y completar unos cuantos arcos, los más, que no desentonan demasiado con el pasado.

En resumen, está lejos de llegar al nivel de los siete tomos anteriores, pero sigue siendo una buena etapa.

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  1. Len Wein abandona desesperado por la sobrecarga de trabajo (y hastiado del trato con los jefazos) el cargo de Editor en Jefe de Marvel en el que había relevado en 1974 a Roy Thomas (le sucede Marv Wolfman, que soportará todavía peor ciertas gestiones …y tampoco logrará convencer a los de arriba de la necesidad desesperada de ampliar el cuerpo editorial para afrontar debidamente la gestión de ya demasiadas series y autores), reservándose la edición de unos cuantos títulos y asumiendo los guiones de la cabecera principal del personaje enseña de la Casa de las Ideas: Asombroso. Donde permanecerá muy cómodo hasta la llegada de Shooter al poder absoluto…que otro tomase la corona no le importaba (aunque alguien poco invasivo como Goodwin le había resultado mucho más cómodo, obviamente), pero que el nuevo regente invadiese lo que consideraba su parcela ya era otra cosa (Shooter no veía con buenos ojos que los guionistas se editasen a sí mismos, ni siquiera que delejasen la función de supervisarlos en sus antiguos ayudantes …y Wein, Wolfman y Thomas estaban poco dispuestos a que de repente los “nuevos” los tutorasen …o les dijesen lo que podían o no hacer en series de las que llevaban ocupándose años …coño, ya les parecía mal que simplemente otros se ocupasen de editar las series que escribían, aunque alguno de ellos tuviese tendencia a sufrir retrasos cíclicos en sus colecciones), así que Wein volvió a DC (y otros lo siguieron).

  2. La serie, a estas alturas, ya ha visto sus mejores días (al menos a la espera de Stern y sus brotes verdes), pero resulta todavía un agradable entretenimiento en todos los aspectos. También en el apartado gráfico (Ross Andru se encargará además del histórico crossover con Superman), aunque palidezca al compararse con sus predecesores. Andru también regresará a DC.

  3. El tomo lo cierran, por imperativo/necesidad Bill Mantlo y Sal Buscema, dos agradables autores que apenas recibieron en su día el favor del público que merecían (aunque estaban ahí en tantas queridas historias). Una suerte de apagafuegos y rellenahuecos semioficiales de la Marvel de aquellos días (y es que cuando alguien abandonaba precipitadamente una serie o no llegaba a las fechas de entrega, ahí solían estar ellos para que no tuviese que hacerse cargo un Tony Isabella o un Don Heck), que no lograrían la merecida atención hasta desembarcar en Increíble Hulk (hasta entonces parecían siempre los sustitutos, que parecían no poder aspirar a titulares más que en seriales muy secundarios, aunque el amigo Sal hizo no pocos Defensores).

  4. Cabe recordar que con Nova se intentaba crear (sin fortuna) al nuevo Spiderman para los setenta (aspiraba a ser el nuevo súperhéroe adolescente estrella de la compañía …como posteriormente el Speedball de DeFalco, el Nova de Wolfman se quedaría en agua de borrajas).

  5. Es curioso recordar esas primeras páginas arácnidas (casi anecdóticas) de JR Jr …ya con un dibujo que promete (aunque todavía dea poquito), pero con evidentes problemas narrativos que evidencian lo bisoño del entonces jovencito.

  6. Fuego Fatuo (también conocido entre nosotros como Will el del mechón) y Corredor Cohete intentarían (como Merodeador) reinsertarse en varias ocasiones (intentando incluso ejercer de héroes con escasa gloria). Ambos (al igual que el Hombre de Arena) serían reclutados por la espectacular Marta Plateada (la Sablinova merecía mejor suerte)

  7. Para mi Ross Andru es el que me hizo interesarme por el arácnido. Ya que fueron sus aventuras las primeras que disfrute (si mal no me acuerdo) a John Romita Sr exceptuando alguna historia suelta en comics de Bruguera lo “disfrute” mas adelante, vamos, cuando saco Forum el Jonh Romita en grapas. El crossover con Superman y lo que comentaba Suso del comic Vertice con Rondador Nocturno y el Castigador fue uno de mis escasos comics (en posesión) de mi infancia. Se puede decir que es mi dibujante preferido del trepamuros… y además ilustra a ¡Stegron el Hombre Dinosaurio! Me gusta cuando saca a enemigos menos conocidos como el Hombre Ígneo, Will el Mechón, Cabeza Martillo y ¡Stegron! Sin desmerecer a los clásicos como Octopus, Cabello de Plata, Los Duendes y ect… Tambien me gustaba como dibujaba a las féminas con un toque muy sexi a mi parecer

    • Estos cómics fueron repartidos en su día entre Vértice y Bruguera (está última los mezcló desordenados con las anteriores etapas), siendo recordados con mucho cariño (y por tanto sobrevalorados, pero tampoco es que fuesen flojos ni mucho menos, es que veníamos de un momento muy a tope de power en Amazing) por la peña veterana, claro. Y Ross Andru, que no es muy valorado por muchos otros (el estimado Rockomic incluido) fue un gran profesional que dio en esta serie (y otros cómics arácnidos) sus mejores momentos (aún por encima de su célebre Superman). En su regreso a DC empezó curiosamente como editor, aunque no tardó demasiado en volver a los lápices. Y Wein, en su regreso a DC (como también luego Denny O’Neil, este tras ser despido por Shooter, vale que cumpliendo órdenes del presi tras una airada llamada nocturna de Byrne a este) destacó mucho más como editor que como guionista (muy discreto en lo último ya, pero en cambio uno de los mejores editores DC de aquellos años, responsable de éxitos de público y crítica como Camelot 3000 y Watchmen, entre muchos otros títulos muy relevantes).

  8. Pues hacíamos mención de Stegron en la anterior reseña, y aquí lo tenemos. Casualidades de la vida.

    Y en esta reseña tenemos a Len Wein y… En la próxima… Y en la próxima… Y en la próxima. Más casualidades. 😉

    • Era el momento en que Wein abandonaba el cargo de Editor en Jefe (por ser demasiado trabajo, muy poco agradecido y demasiado conflictivo …y no dejarle tiempo para trabajo creativo), así que volvía a disponer de tiempo para escribir (no ya solo editar series, que lo seguiría haciendo), así que durante un tiempo lo haría como si no hubiese un mañana (para darse el gusto tras lo del año anterior …y para compensar lo que se había acostumbrado a ganar en el último año😈)

  9. Ross Andru es un dibujante que no me disgusta en general, y creo que aquí su trabajo es francamente bueno.
    Lo que pasa es que, comparando con las anteriores etapas de Romita y Kane, el hombre sale perdiendo.

    • Comparados con John Romita, Gil Kane o John Buscema pocos Spiderman dan la talla (aunque la dean es lógico que nos parezca que no estén al nivel). Las comparaciones, que ya se dice que son odiosas.😈

  10. Ke naïf me suena todo con esos villanos y esta manera tan clara y amable de Rockomic. Los nombres de los villanos lo dicen todo 😅.
    Ke ganas tengo de conocerlos…. Ke mi Spiderman es de los 80 volviendo de las Secret Wars con su traje negro.

    Además aún solo tengo su primer OG. Aunque tras Thor serán mis próximas adquisiciones.

    • Yo lo tengo y esta bastante bien no es Romita, pero son buenos comics, por cierto la portada es muy chula yo tengo una camiseta con ella que compre hace unos 12 años cuando empezaban los Marvel Gold en La Fira del Comic de Barcelona.

      • Obviamente no es Romita (tampoco Wein entra aquí en los pantalones de sus predecesores, pues Conway estuvo aquí mejor que en otros trabajos marvelitas, vale también que lo tutelaron bastante Lee y Thomas, especialmente en sus inicios), pero son cómics que se leen a gusto todavía.

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